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Por: Castro Castillo, Marcela

El VIH en África: Campañas contra mitos

Madrid (España). 21 de Junio de 2007. Las campañas que tienen como centro el Sida se ven afectadas por los mitos que circulan sobre esa enfermedad en Lesoto y Zambia.

Instituto de Estudios Políticos para América Latina y África.


Es conocido que África es uno de los continentes más afectados por el Sida. Diversas campañas tanto de Naciones Unidas como de diferentes ONGs y de los gobiernos pretenden crear conciencia en la población para detener esta pandemia. Por ejemplo, la que lleva a cabo el gobierno sudafricano, en la que se recomienda a las personas con Sida que coman ajo, cebolla, aceite de oliva y cierto tipo de papas africanas para reforzar su sistema inmunológico, lo que está demostrando efectos positivos.



Sin embargo, las últimas informaciones provenientes de algunos países africanos son desalentadoras. Aún cuando el SIDA sea una de las principales causas de muerte, está cargado de estigmatización y de discriminación social, lo que conspira contra el establecimiento de un diagnóstico, tratamiento y prevención de esta enfermedad. Éstas son algunas de las razones por la que más del 90% de los seropositivos no estén al tanto de su enfermedad, que sigan propagando la enfermedad, y que las campañas de prevención no tengan efectos significativos. Otro motivo es la tardanza de los gobiernos africanos para adoptar medidas. Y está el hecho que en el continente hay escasez de especialistas que han hecho fracasar los planes estratégicos contra esta enfermedad.



Pero la gran barrera con la que se encuentran los diferentes organismos para tratar el tema es la ignorancia y la cantidad de mitos sobre el Sida, que a primera vista pueden parecer ridículos, pero que tienen directa influencia en la grave situación médico-social que vive el continente.



El VIH.



Hay que recordar que el VIH ataca a los linfocitos, que son las células responsables de las respuestas inmunitarias, divididos entre los que son del tipo B (los que nacen en la médula ósea, que son los que producen los anticuerpos) y los de T (que nacen en el timo y que son los que generan las respuestas inmunes mediadas por células, así como de funciones de cooperación para que se desarrollen todas las formas de respuestas inmunes, incluida la respuesta de anticuerpos por los linfocitos B).



El test para detectar el Sida, ELISA, mide la presencia de los linfocitos en la sangre. El CD4 hace referencia a los antígenos de diferenciación de leucocitos humanos (CD, cluster of differentiation), y los 4 son uno de los 130 grupos, localizados en los órganos linfoides, o sea, donde se generan nuestras defensas.



El "periodo ventana" o de seroconversión, es el que identifica la primera fase de la infección. O sea, que aún cuando la persona haya dado negativo o positivo en un examen, si ha tenido una conducta de riesgo sexual puede estar infectado, lo que se determina no a los días de que el acto de exposición se haya producido, sino unos meses después, cuando el organismo ha tenido tiempo de desarrollar la suficiente cantidad de anticuerpos en la sangre para ser detectados a través del Test de Elisa. El período ventana, entonces, se extiende desde el potencial ingreso del virus al organismo hasta el momento en que éste genera el número de anticuerpos necesario para ser captados por las pruebas. Es por este motivo que se debe repetir la prueba en un período de 3 meses para asegurar el resultado.



Campañas contra mitos.



En Lesoto hay en funcionamiento una campaña donde los niños pueden denunciar los abusos sexuales y de todo tipo que sufran con sólo levantar el teléfono, en un plan piloto de teleasistencia de UNICEF y el Ministerio de Salud y Seguridad Social de Lesotho.



Los niños, no sólo en Lesoto sino en otros países africanos, son los grandes perjudicados. Un estudio de la Unidad de Protección Infantil y de Género de Lesoto estima que el abuso contra los niños está por completo fuera de control, sobre todo en el sector más vulnerable que son los huérfanos, los que diariamente sufren explotación y discriminación, ya que 100 mil de los 180 mil censados, lo son por la muerte de sus padres por el VIH. El Sida está destrozando a la sociedad, porque no sólo la esperanza de vida no supera los 40 años, y porque fallecen quienes deben sostener el hogar, lo que aumenta los índices de pobreza, sino que además muchos niños, de padres fallecidos por esta enfermedad, acaban contrayéndola por la violación. Alrededor del 30% de la población es portadora o está infectada. Todo lo anterior es lo que subyace en la crítica situación de los huérfanos. El desamparo, los malos tratos y la soledad llevan a los niños a someterse a la explotación en todas sus formas únicamente para sobrevivir.



Poner un freno y proteger los derechos de los niños y su seguridad es lo que se pretende con esta línea de ayuda en Lesoto. Dar a los niños un lugar donde puedan recibir atención y auxilio, donde puedan denunciar las violaciones a sus derechos, que sufren no sólo dentro de sus hogares sino incluso en los centros de acogida, en las escuelas... Y donde aprendan a convivir con el SIDA o a usar métodos de protección. Porque uno de los datos que se tiene de Lesotho es que si bien es unode los paises con más altos índices de VIH, es también uno de los que presenta el mayor desconocimiento tanto de las causas del contagio como del uso de profilácticos. La evidencia demuestra que cuando los esfuerzos de prevención seria y continua se dirigen a la juventud, la tasa de VIH desciende.



Pero topan con los mitos que circulan en el país. Y que precisamente están en las causas de por qué cada vez más niños son objeto de violación. Dentro de los más graves están el que realizar el acto sexual con una virgen puede curarlo o que alguien de aspecto saludable no puede estar infectado, que está en la raíz de la explotación sexual infantil.



En el caso de Zambia, las Fuerzas Armadas de ese país se niegan a aceptar reclutas con VIH y pretenden exigir el examen de Elisa, decisión que han adoptado Rwanda, por ejemplo, lo que levantó la polémica en la reunión organizada por los delegados del Plan Presidencial de Emergencia de Estados Unidos para el Sida (US President´s Emergency Plan for AIDS Relief, PEPFAR).



Zambia es un país interior africano, fundamentalmente montañoso, con múltiples depresiones y hundimientos tectónicos, con una gran cantidad de pantanos rodeados de sabana y selva, y cuyo atractivo turístico principal son las cataratas Victoria, en la frontera con Zimbabwe. La esperanza de vida en ese país es de no más de 40 años, debido principalmente a dos enfermedades: cólera y Sida. Hace unos años, morían cerca de 200 personas al día por el cólera y hay alrededor de un 2,5% de la población infectados de VIH, en un país cuya población alcanza los 11 millones y medio.



No suena del todo ilógico que los nuevos reclutas se sometan al examen de ELISA, aun cuando hay que tomar en cuenta el problema de los derechos de los soldados, que fue lo que centró la discusión en la reunión. Hacer los test obligatoriamente no debería ser centro de polémica, dado que los africanos en general y los zambianos en particular, a pesar de las campañas, demuestran bastante ignorancia de una enfermedad que los está diezmando. Y en el caso de un soldado el examen debería ser rutinario, ya que en las circunstancias en las que se manejan los africanos puede ser presa de una serie de enfermedades que no contraería estando sano y con un sistema inmunológico fuerte.



Pero como en todo país africano, los mitos circulan más rápido que las informaciones médicas y gozan de mayor credibilidad. En el caso de Zambia, uno de ellos es que el enfermo de Sida es identificado cuando presenta los síntomas (fiebre, cefaleas, diarrea, etc...) como ha demostrado la intervención castrense de ese país en la reunión celebrada hace unos días. Por ende, muchas vece un enfermo de malaria o de cólera es señalado como infectado de Sida. Lo que arruina su vida, ya que inmediatamente se transforma en un paria social. Además, ignoran el "periodo ventana" y sólo se conforman con el primer examen, que puede dar un falso positivo. Estas dos circunstancias están dentro de las causas de por qué los antivirales son mal distribuidos, lo que los encarece aún más, y provoca errores en el tratamiento que tiene como consecuencia que las personas tengan menos defensas y sean presa de otras enfermedades, como el ébola. Zambia está llena de pantanos, los mosquitos portadores de enfermedades son plaga, pero cuando una persona está bien alimentada e hidratada tiene más posibilidades que una enferma o débil. Y un mal diagnóstico y el abuso de fármacos no adecuados debilita a una persona y la deja disponible para todo tipo de infecciones y enfermedades. Y en Zambia una gran parte de la población tiene un grave déficit nutricional, que provoca un descenso en las defensas.



El discriminar a una persona por no estar sana para el servicio militar, en un país como Zambia, es grave porque un enfermo de VIH tendría más oportunidad de mejorar su calidad de vida si recibe atención y esa atención podrían dársela en las Fuerzas Armadas. Zambia es un país pobre, el acceso a los retrovirales no es masivo. El discriminar y no dar atención a los postulantes que tienen Sida por el coste que ello significa no ayuda en nada, sólo sirve para aislarlos más. Una detección temprana del virus ayuda mucho a quien está infectado, y una campaña de las Fuerzas Armadas tendría no sólo efectos positivos médicamente hablando, sino socialmente. Haría conciencia de que los enfermos pueden desarrollar una vida normal cuando están tratados farmacológicamente, y daría pie a discutir qué es el Sida, desechándose los mitos que circulan por esos países.



Combatir el Sida no es sólo un asunto de médicos, es de sociedad. No sólo en África, en todas partes. El Sida no es una enfermedad de un sector social determinado, ni de cierto tipo de personas. Todas corremos el riesgo de contraerlo, porque basta sólo una vez que se tenga una conducta sexual de riesgo, o una vez que se use una jeringuilla o recibir una transfusión con sangre infectada para quedar contagiado. El dinero que se invierte en campañas es siempre menor que el coste que tiene el Sida. Y entender eso es fundamental.


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