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Por: Martínez, Enrique Mario

Energía + medio ambiente + alimentos: Un humilde llamado de atención

14 de Marzo de 2007. La globalización no significa solamente la unificación de los mercados, posibilitada por la enorme agilización de las comunicaciones y por la absoluta movilidad de los capitales. También lleva a la unificación de los problemas y de los intentos por resolverlos. Al menos para el mundo central, que fija pautas sobre las cuales luego se ordena toda la vida planetaria.

En ese sentido, la seguridad en la disponibilidad de la energía necesaria para mantener y expandir la calidad de vida actual, es seguramente el tema que hoy domina el espacio de las decisiones estratégicas de la política mundial. Además, como destino inexorable, algunos de los caminos allí elegidos, vinculan esa temática con el segundo gran frente -el medio ambiente- y también con la ecuación alimenticia, al entrar en el escenario la discusión sobre el posible destino alternativo de la tierra agrícola, para producir combustibles.

Vale la pena esclarecer la relación entre los tres espacios, antes de formular algunas reflexiones sobre las posibles políticas. El problema, a nuestro juicio, es de cantidad, también de calidad y también de poder.


Centro Latino Americano de Ecología Social · Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad en América Latina.


 La cantidad.
 La calidad.
 El poder.
El interés nacional.

Para tener los elementos completos que lleven a definir una política de interés nacional en el tema, hace falta evaluar dos cuestiones:

  1. El uso alternativo de la tierra para los llamados cultivos energéticos o casi lo mismo: el uso alternativo del propio producto como alimento o como materia prima energética.

  2. El ámbito donde se consume la energía disponible o generada. La diferencia entre producir energía para consumo interno o para exportar.

Ambos aspectos son de muy alta importancia. Sin embargo, cuando el sector evoluciona traccionado por las inversiones de corporaciones que utilizan la lógica simple del mercado, quedan ocultos o ni siquiera son tenidos en cuenta.

La posibilidad de usar soja o maíz con un nuevo destino –el energético– aún no ha puesto en peligro la oferta global de alimentos y es probable que eso no suceda. Pero sí afectará –y seriamente– el precio de la soja o el maíz como materias primas alimenticias, por el simple hecho que hay una demanda incremental y sostenida. Con el maíz ya sucedió, producto de una política nada meditada del gobierno de Estados Unidos, de promoción de la producción de etanol. De tal forma, se han superado techos históricos de precios y se pronostica que esto es solo el comienzo. No caerá la oferta teórica de maíz o soja para alimentación, pero será mucho más difícil acceder a ella para quienes tengan pocos recursos económicos.

En cuanto al ámbito donde se consume la energía generada, la necesidad de tenerlo en cuenta es casi obvia. Es casi un axioma de la política económica que un país que exporta energía está desperdiciando oportunidades de desarrollo. Solo se justifica ese flujo si se basa en un recurso natural disponible de manera descollante y los ingresos generados se usan para fundar una estructura productiva nacional de jerarquía.

Ese marco conceptual se trabajó históricamente alrededor del petróleo. Pero el tema se hace mucho más imperativo con los biocombustibles. En efecto, la relación de energía utilizable respecto de la energía necesaria para extraer y procesar el producto, es de 7 a 1 en el petróleo. Ya se ha dicho que para el biodiesel es 3 a 1 y para el etanol a partir de maíz puede ser 2 a 1 o hasta menor a 1 a 1, según los estudios disponibles. En todos los casos –petróleo, biodiesel, etanol– si se produce para exportar es obvio que el balance de energía para el país es negativo: Se consume energía aquí para producir energía que se consume en otro país. Pero al menos en el caso del petróleo y bastante menos de la soja, se generan divisas que pueden ser utilizadas para mejorar la vida comunitaria, incluyendo, por caso, el apoyo a contar con fuentes de energía enteramente renovables, a partir del viento o del sol. Para el etanol, el balance energético neto es tan negativo que no queda claro que gana el país con la propuesta, más allá del eventual beneficio empresario fruto de una relación de precios internacionales favorable al etanol.


 Conclusión.
Fuente original:http://www.peripecias.com/ambiente/209MartinezAmbienteEnergiaAlimentos.html.

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