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Por: Ríos, Xulio

China y sus relaciones con EEUU: ¿Competencia o interdependencia?

22 de Febrero de 2007. Las relaciones entre EEUU y China constituyen una de las claves esenciales que pueden definir el sistema internacional del siglo XXI. Washington sigue con mucha atención la evolución del poderío chino, asumiendo a regañadientes pero cada día con mayor claridad que China no solo tiene vocación de ser una potencia comercial de proyección regional y mundial, sino que aspira a traducir en términos globales ese notable incremento de su capacidad económica. Por ello, para EEUU, con una política claramente orientada a impedir el surgimiento de cualquier rival en el mundo que pueda desafiar su supremacía absoluta, China constituye su mayor reto estratégico. En Beijing, por su parte, quizás consciente de su debilidad en muchos frentes, se multiplican los esfuerzos por eludir cualquier enfrentamiento directo, tanto haciendo gala de la modestia para disimular sus inocultables éxitos en numerosos campos como estimulando un diálogo sectorial y estratégico con EEUU (y multilateral con otros actores) que siguiendo la lógica del doble beneficio pueda restar virulencia a las críticas y reticencias estadounidenses y garantizar el clima exterior necesario para proseguir en calma con su ambiciosa transformación.

Observatorio de la Política China.


 Introducción.
 Interdependencia económica.
Concepciones y modelos políticos diferentes.

En lo político, cabe destacar tres ámbitos con diferencias profundas y marcadas.

En lo interno, los derechos humanos. La forma de encarar las crisis internacionales es otro factor de desencuentro. Por último, cabe considerar el problema de Taiwán.

Robert B. Zoellick, subsecretario de Estado, ha reiterado en más de una cocasión el deseo de que las relaciones entre los dos países no solo se establezcan en función de la gestión de sus intereses comunes, sino también sobre la base de compartir una “concepción común de los valores esenciales”, en alusión a los derechos humanos y la democracia política. Pero China insiste en que seguirá su propio camino. Lo reiteró Hu en su viaje de abril a EEUU: no imitarán ningún modelo y apreciarán en todos aquellos instrumentos y principios que se adecuen a la realidad china. Al insistir Bush en que acepte “las reglas de juego”, Hu ha respondido que el diálogo debe ser de igual a igual, aceptando, con normalidad, las diferencias que les separan.

Cuando en noviembre de 2006, EEUU hizo público su informe sobre la libertad religiosa en el mundo, señalando que China es uno de los países que deparan mayor preocupación en este asunto, su Ministerio de Asuntos Exteriores rechazó aparecer en ninguna lista de EEUU considerando que el informe es una ingerencia inadmisible que, bajo pretexto de la religión, interviene en sus asuntos internos [7]. Cualquier insinuación en este ámbito, sea cual sea el problema abordado, la respuesta siempre será la misma, con un lenguaje que muchos no dudarían en atribuir a otra época.

En la gestión de crisis internacionales, de Corea del Norte a Irán, China guarda una prudente distancia, conceptual y fáctica, en relación a EEUU: la ingerencia es un atentado contra la soberanía, principio que, en su opinión, sigue siendo la base de las relaciones internacionales. Beijing no secunda a pies juntillas la política de sanciones auspiciada por Washington, optando por anteponer la búsqueda de compromisos. Con su discurso y su práctica (como se ha demostrado en el diálogo hexagonal sobre Corea del Norte), multiplicando sus iniciativas internacionales, aparece cada vez más como un contrapeso con credibilidad frente a la superpotencia estadounidense, más partidaria de recurrir al uso de la fuerza, lo que muchos consideran peligroso, como señaló en Munich el presidente ruso Vladimir Putin. El discurso chino pone el acento en la cooperación, la complementariedad, la búsqueda de las oportunidades, siempre apostando por una evolución lenta y armoniosa que tenga en cuenta las especificidades de quienes no pueden seguir el paso. Es previsible que este perfil se acentúe en el futuro y se afiance a medida que su poder económico vaya en aumento, poniendo en jaque las estrategias de EEUU basadas en el recurso a la fuerza.

Las diferencias a propósito de Taiwán son elocuentes, a pesar de que EEUU parece no secundar la estrategia soberanista del presidente Chen Shui-bian, ya en la recta final de su mandato. Pero en Beijing produce alarma la insistencia de las presiones para que el Parlamento de Taipei de su visto bueno a los proyectos de compra de armas que la oposición mayoritaria rechaza de plano e insistentemente.

Pese a los compromisos de apoyo al principio de “una China”, en Beijing existe el convencimiento de que Washington no apoya la unificación ya que, entre otras razones, brindaría a China el control de la ruta marítima del estrecho de Taiwán. Ello explica también el principal giro en la política hacia Taiwán en tiempos de Hu y que consiste en hacer lo posible por ganarse el favor de la sociedad isleña, lo que le permitiría limitar la trascendencia de una negociación harto difícil con EEUU [8].

China intenta construirse una imagen positiva en el mundo que vaya más allá de la capacidad de atracción de su cultura y que ha sido la fuente principal de su poder blando desde siempre, el activo que le ha permitido absorber a ciudadanos extranjeros que le han servido de puente para su proyección exterior. Ahora, con un comercio e inversiones que llegan a todos los rincones y que a veces generan tensiones locales, precisa una diplomacia que integre numerosos factores (incluyendo el cine o el deporte) para beneficiarse del rechazo que el unilateralismo de EEUU provoca en buena parte de la opinión pública mundial. El momento actual le brinda una oportunidad quizás única y que gestiona con habilidad y reflejos.
NOTAS:
  1. ® Despacho de Xinhua, 21 de noviembre de 2006. La preocupación del gobierno estadounidense por estos derechos no se ve correspondida en otros ámbitos igualmente importantes. Es conocida, por ejemplo, la presión ejercida por sus multinacionales para evitar la aprobación de una Ley de contratación laboral en el Parlamento chino que pondría fin, al menos formalmente, a la actual situación de abuso y flagrante violación de algunos derechos humanos elementales de los trabajadores chinos.

  2. ® Ríos, Xulio, La paradiplomacia asimétrica de China en Taiwán, Agencia de Información Solidaria, 19 de abril de 2006.


 Desencuentros estratégicos.
 Conclusiones.
Fuente original:http://www.politica-china.org/?p=285.

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