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Por: Ríos, Xulio

China y sus relaciones con EEUU: ¿Competencia o interdependencia?

22 de Febrero de 2007. Las relaciones entre EEUU y China constituyen una de las claves esenciales que pueden definir el sistema internacional del siglo XXI. Washington sigue con mucha atención la evolución del poderío chino, asumiendo a regañadientes pero cada día con mayor claridad que China no solo tiene vocación de ser una potencia comercial de proyección regional y mundial, sino que aspira a traducir en términos globales ese notable incremento de su capacidad económica. Por ello, para EEUU, con una política claramente orientada a impedir el surgimiento de cualquier rival en el mundo que pueda desafiar su supremacía absoluta, China constituye su mayor reto estratégico. En Beijing, por su parte, quizás consciente de su debilidad en muchos frentes, se multiplican los esfuerzos por eludir cualquier enfrentamiento directo, tanto haciendo gala de la modestia para disimular sus inocultables éxitos en numerosos campos como estimulando un diálogo sectorial y estratégico con EEUU (y multilateral con otros actores) que siguiendo la lógica del doble beneficio pueda restar virulencia a las críticas y reticencias estadounidenses y garantizar el clima exterior necesario para proseguir en calma con su ambiciosa transformación.

Observatorio de la Política China.


 Introducción.
Interdependencia económica.

Para analizar la situación y perspectivas de las relaciones bilaterales chino-estadounidenses, debemos centrar nuestra atención en tres aspectos principales: económico-comercial, político y estratégico.

El auge de la economía china, a pesar de sus sombras, parece imparable. Según estimaciones del Diario de la Bolsa de Shanghai, citando fuentes de las aduanas chinas, su comercio exterior alcanzaría en 2006 el valor récord de 1,7 billones de dólares.

Cuando China entró en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, la cifra era de 510 mil millones, es decir, 1.248 mil millones menos que a finales de 2006, con un crecimiento del 345%. Esas cifras han permitido que China pasara de la sexta posición mundial en cuanto a intercambio comercial con el exterior, a la tercera, justo detrás de EEUU y Alemania. En 2001, representaba el 3,9% de los intercambios mundiales, y ahora el 7,5%.

Esas cifras han estado sobre la mesa en el primer “Diálogo económico estratégico” sino-americano que tuvo lugar en Beijing entre el 14 y 15 de diciembre de 2006 (un nuevo mecanismo de concertación que se suma a la Comisión China-EEUU de Comercio y a la Comisión Económica Conjunta China-EEUU). Su objetivo, encontrar un punto de acuerdo que permita resolver los grandes problemas que afectan al comercio bilateral (desequilibrio, el valor del yuan, la propiedad intelectual, etc.), y a la inserción de China en la economía mundial, excluyendo el recurso a medidas punitivas para resolver los habituales roces.

China ha triplicado su participación en la producción mundial en los últimos 15 años. El impacto del crecimiento económico y de las exportaciones de China en el mercado internacional y el flujo comercial es ya visible y según una última encuesta de la OCDE, se perfila como el mayor exportador del mundo en 2010. En la actualidad, EEUU sigue siendo el mayor productor industrial, con 23,3 por ciento de la actividad mundial, seguido de Japón con 18,2, Alemania, con 7,4, y China, con 6,9 por ciento.

En paralelo al Diálogo citado, en un discurso pronunciado en la Academia de Ciencias Sociales, George Bush senior reclamaba una actitud “más sensible” de Beijing hacia los intereses de EEUU, afectados por un enorme déficit comercial (202 billones de dólares en 2005, 230 billones en 2006). Las causas de tan desigual balance radican, según Washington, en la debilidad del mercado interno chino y el poco empeño de las autoridades en estimular el consumo, las trabas a la penetración exterior y la sobrevaloración del yuan. Por su parte, China argumenta que el déficit no es tal ya que buena parte de esa cifra equivale a los beneficios de las multinacionales estadounidenses que operan en su territorio y que, además, otra cosa resultaría si EEUU abandonara la trasnochada cerrazón que impide a China, por razones de seguridad, acceder a la adquisición de productos tecnológicos de calidad.

El Diálogo bilateral institucionalizado ha permitido constatar la existencia de poderosos intereses comunes, dijo Henry Paulson, secretario del Tesoro, pero también evidenciar la existencia de estrategias económicas y de desarrollo sustancialmente diferentes [3]. Si la delegación estadounidense reclamó mayor flexibilidad en la tasa de cambio del yuan, la moneda china, y una mayor apertura de su economía, especialmente en el sector financiero, revelando su impaciencia respecto al progreso de la reforma, Wu Yi, vice primera ministra, señaló que EEUU “no comprende enteramente a China” cuando algunos sectores postulan la imposición de sanciones como mecanismo para influir o corregir el rumbo de la reforma. Wu Yi, además, envió un claro mensaje al gobierno de EEUU: “la propiedad estatal permanecerá en el núcleo central de nuestro sistema económico” y controlará los definidos como siete sectores estratégicos de la economía nacional (industria de defensa y los sectores eléctrico, petroquímico y carbón, telecomunicaciones y aviación civil y transporte fluvial y marítimo). Entre 30 y 50 grandes corporaciones empresariales públicas integrarán este núcleo especial de la economía china, abierto a la participación privada y con poder de competitividad internacional [4]. En suma, la política china no será en ningún caso la de soltar las riendas, liberalizando al máximo su economía, sino la de persistir en la reforma sin renunciar a considerables dosis de administración gubernamental (y partidaria).

En cuanto a la moneda, el yuan ha elevado su valor un 3,73 por ciento desde la puesta en marcha de la reforma monetaria el pasado 21 de julio de 2005, batiendo desde entonces numerosas marcas históricas en un proceso que para Washington resulta demasiado lento. Pero no parece que Beijing esté dispuesto a acelerar el paso a la ligera ni a sacrificar sus intereses en aras de un mayor entendimiento con EEUU.

La cuestión clave es determinar si el desarrollo de China perjudica los intereses económicos fundamentales de EEUU. En la cumbre de abril de 2006, Hu recordaba a Bush que el 70% de las exportaciones chinas a EEUU consiste en productos transformados, lo que viene a suponer que China obtiene en ese proceso un pequeño porcentaje de los costos de transformación. Aplicando la regla de origen de las mercancías, los beneficios se calculan como rentas obtenidas por China en sus exportaciones hacia EEUU pero, en realidad, esa no es la imagen completa y fidedigna del proceso, ya que son las multinacionales estadounidenses quienes obtienen la mayor ventaja. Son los empresarios y los consumidores de los países ricos quienes más se benefician de los bajos costes de la producción final de juguetes, ropa, calzado, productos electrónicos, y otros objetos de uso común que inundan nuestros mercados.

Son las empresas extranjeras las que se quedan con la mayor parte de las ganancias generadas por este comercio. China se queda con los beneficios salariales de la globalización, pero no con las ganancias de la globalización, afirma Yasheng Huang, profesor asociado de la Sloan School of Management del Massachussets Institute of Technology. Así lo cree también Dong Tao, economista de UBS en Hong Kong: de una muñeca Barbie que se vende a 20 dólares, China percibe 35 centavos. Hu recordó entonces a Bush que muchas empresas estadounidenses hacen grandes y buenos negocios en China: la cadena de distribución Wal-Mart es el séptimo mercado exportador de China [5].

Por otra parte, la presencia de empresas estadounidenses en China ha crecido de forma significativa en los últimos años. Según Ma Kai, director de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, en 1980 había en China 23 empresas de EEUU, con inversiones que sumaban 120 millones de dólares. En 2005, eran 49 mil las empresas y la inversión ascendía a 51 billones de dólares. En paralelo, es verdad que también crece la inversión exterior de China. En 2006 se consolidó en la posición número 13 del ranking de países inversores (adelantando cuatro posiciones respecto al ejercicio anterior). Su volumen global (16.100 millones de dólares en 2006 con un aumento del 32 por ciento) es pequeño aún en comparación con la actual inversión extranjera directa recibida, que alcanzó en el mismo año el valor de 63.000 millones de dólares. En 1999, el volumen de las operaciones de adquisición de empresas estadounidenses por parte de empresas chinas era de 344 millones de dólares, pasando a 7.000 millones en 2004, que podrían ser 80.000 millones de dólares a finales de 2007, según Merrill Lynch & Co.

Por otra parte, según los datos hechos públicos por el Banco Popular de China el 15 de enero último, el volumen de reservas de divisas ha superado en 2006 el billón de dólares, con un incremento del 30,22%, aumentando a un ritmo de 200.000 millones de dólares anuales y confirmándose como el país con mayor reserva de divisas del mundo [6]. Tan gigantesca suma, que excede en un 25% el volumen recomendable por las instancias internacionales, provoca importantes desequilibrios económicos en el país (cesión de oportunidades de inversión, incremento del precio de bienes raíces, etc.), pero casi los dos tercios de dichas reservas chinas están depositados en dólares, la mitad en bonos del Tesoro estadounidense (247 mil millones de dólares) y cualquier insinuación de diversificación de la cartera produce una enorme intranquilidad en Washington. El gobierno chino sopesa cambiar la estrategia tradicional de invertir en renta fija y siguiendo el ejemplo de otros países busca nuevas formas de gestionar sus inversiones.

China es, desde hace tiempo, uno de los principales compradores de bonos del Tesoro, transformándose en uno de los mayores acreedores del gobierno estadounidense.

Las compras de China han contribuido a mantener bajas las tasas de interés en EE.UU. ya que cuanto mayor es la demanda de los bonos de un país, menor es la tasa de interés que ese gobierno tiene que ofrecer. Los expertos insinúan que China podría destinar entre US$200.000 millones y US$300.000 millones de sus reservas a inversiones más agresivas. Aún un leve cambio en esta dirección podría tener un gran impacto en los mercados estadounidenses. Cualquier decisión de China para ampliar y diversificar sus inversiones significaría que compraría menos deuda de EE.UU.

Las compras chinas se encuentran a veces con obstáculos, como ocurrió con la oferta de adquisición por parte de la Union Oil Company of California (UNOCAL) por la China National Offshore Oil Corporation (CNOOC), una operación vetada por la Cámara de Representantes de EEUU, por el hipotético peligro que podía suponer para la seguridad nacional que los comunistas chinos se hiciesen con el control de una empresa situada en un sector estratégico. Eso a pesar de que el inspirador de la iniciativa no fue el PCCh sino Goldman Sachs JP Morgan Chase y Rothschild and Sons, quien aporta a CNOOC consejo y apoyo financiero.

En 2006, China sustituyó a EEUU como primer país fuente de las importaciones de la UE. La UE es una importante fuente de inversiones en China y de suministro de tecnologías. La UE es su primer socio comercial. El volumen de intercambios se ha situado en 2006 en 272.300 millones de dólares, con un crecimiento del 25 por ciento respecto al ejercicio anterior.

Así pues, en lo económico, la agenda bilateral es muy amplia y claramente interdependiente. La reciente institucionalización del diálogo estratégico a este nivel ofrece un marco para discutir y resolver los problemas, excluyendo, a priori, la militancia en guerras comerciales que, de uno u otro modo, perjudicarían a ambas partes.

No obstante, la fluidez de esta comunicación es inseparable de la evolución del entendimiento bilateral en otros órdenes.
NOTAS:
  1. ® En Renmin Ribao, 26 de septiembre de 2006.

  2. ® Despacho de Xinhua, 21 de septiembre de 2006.

  3. ® Ríos, Xulio, EEUU-China: los ecos de la cumbre Bush-Hu, Centro Argentino de Estudios Internacionales, www.caei.com.ar .

  4. ® Despacho de Xinhua, 15 de enero de 2007.


 Concepciones y modelos políticos diferentes.
 Desencuentros estratégicos.
 Conclusiones.
Fuente original:http://www.politica-china.org/?p=285.

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