Comunicados y Declaraciones
Versión abreviada Manifiesto que orienta la Campaña por una Convención Interamericana de los Derechos Sexuales y los Derechos Reproductivos.
Autores corporativos:
Campaña por una Convención Interamericana de los Derechos Sexuales y los Derechos Reproductivos (autoría)
Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (canal)

Descripción
Lugar:
Lima (Perú).
Entradilla:
El texto es un resumen del Manifiesto por el cual diversas organizaciones de América Latina señalan por qué es necesaria una Convención sobre derechos sexuales y reproductivos.

En él se plantea que la sexualidad y la reproducción, han pasado y siguen pasando por diferentes miradas, dependiendo del momento y del lugar en el que nos encontremos. La ausencia de información para las grandes mayorías permanece y la expansión de la libertad en estos terrenos fue sustituida por mandatos únicos, que de diferentes maneras una de las privilegiadas fue precisamente la religión fueron sedimentando progresivamente ideas fijas sobre estos campos, que simultáneamente se plasmaron en leyes nacionales.

En consecuencia, estas dimensiones de tanta importancia en la vida de la gente fueron ocupando el lugar que los poderes de turno les fueron asignando, siempre desde la imposición de un determinado modelo de vida, desde la óptica de las obligaciones, intentando extirpar toda disidencia, diversidad y diferencia. Ello aunado a una doble moral que se hace más fuerte en estos ámbitos, en donde lo que se predica dista mucho de lo que se practica.
URL:
http://www.convencion.org.uy/01campana/manifiesto_abrev.pdf
Actividades relacionadas:
IV Foro Internacional Democracia y Cooperación
Publicado en:
Gloobalhoy nº14 - 15
Secciones GloobalHoy:
110- Sociedad-civil
Clasificación
Escenarios:
Internacional
Descriptores:
Campañas ; Derechos de las mujeres ; Derechos humanos ; Derechos sexuales y reproductivos ; FIDC ; IV Foro ; Políticas de igualdad ; Principio de no discriminación
Regiones:
América Latina
Documento
 Índice:
     Prefacio.
     1. ¿De qué Mundo estamos hablando?.
     2. Tiempo de lucha contracultural.
     3. El nuevo sentido de los derechos.
          Pero, finalmente, ¿qué entendemos por derechos sexuales y derechos reproductivos?.
          Nos preguntamos: en este movimiento entre control y transgresión, ¿dónde se sitúa la prostitución?.
     4. Principios esenciales de los derechos sexuales y de los derechos reproductivos.
     5. Núcleos.
     Significados.
Prefacio.
La Campaña por una Convención Interamericana de los Derechos Sexuales y Reproductivos presentó su primer manifiesto en el año 2002. Luego de un proceso de consultas y acopio de reacciones provenientes de varias personas y organizaciones, hemos elaborado, con el aporte de muchos y muchas, la segunda versión del Manifiesto.

Queremos una convención, es decir un instrumento de derechos humanos para el sistema interamericano, que garantice nuestros derechos sexuales y reproductivos, pero consideramos que para construir esa convención es necesario llevar a cabo un amplio proceso de consultas. Este texto tiene por objeto expresar en un lenguaje más sencillo la segunda versión del Manifiesto. Se trata de nuestra carta política, que nace de una alianza entre redes, organizaciones y campañas feministas de América Latina y El Caribe. El Manifiesto no es un texto terminado; está abierto y necesita ser integrado a la sociedad de manera amplia, para que a partir de allí podamos trabajar en el proceso de construcción colectiva de la convención que queremos tener.

Queremos tener una convención, porque cada vez más personas, hombres y mujeres, jóvenes, transexuales, de todas las etnias y edades, piensan que la libertad y la equidad en el campo de la vida sexual y reproductiva deben estar garantizadas para todos y todas, sin ningún tipo de discriminación.

Queremos tener una convención, porque percibimos cada vez con mayor claridad que no podemos vivir nuestra sexualidad ni las diversas opciones en el campo reproductivo en la forma que deseamos. sentimos que esas dimensiones de la vida están llenas de restricciones e injusticias y que existe mucha discriminación para la mayoría de la gente. La violación de los derechos sexuales y los derechos reproductivos provoca hoy la muerte evitable de muchas personas, incluida la mortalidad materna, así como abortos inseguros, homofobia, prácticas discriminatorias inaceptables y privación de los derechos básicos.

Invitamos a leer este texto y a divulgarlo, así como a conversar sobre su contenido con los diversos grupos organizados y movimientos sociales. Esperamos sus opiniones, que pueden hacer llegar a nuestras direcciones electrónicas. También les invitamos a visitar nuestra página www.convencion.org.uy.


1. ¿De qué Mundo estamos hablando?.
Vivimos en un período de transformaciones permanentes y aceleradas, fruto del avance a grandes pasos de la ciencia y la tecnología. Las comunicaciones, que nos permiten estar al tanto de todo cuanto ocurre en nuestro planeta en directo es decir, en tiempo real, provocan importantes cambios en nuestro día a día. Jamás circuló en el mundo tanta información como ahora y éste es uno de los aspectos importantes del tan mencionado mundo globalizado.

Este proceso de globalización también se manifiesta en otro tipo de relaciones: económicas políticas y culturales. En el campo económico, impera la lógica del mercado, y el capital ya no tiene una cara definida, sino que es transnacional.

Los contrastes y las desigualdades sociales y económicas van en aumento, pero a la vez que las personas procuran defenderse de esta avalancha de manera individual y fragmentada, cabe reconocer que existen múltiples iniciativas y esfuerzos que buscan la democratización y la puesta en valor de la dignidad humana.

El cambio no se ha dado solamente a nivel de las estructuras económicas y políticas; las personas también cambiaron por dentro. El anonimato de las grandes ciudades, si bien oprime por un lado, por el otro ofrece un ambiente propicio para la manifestación de todo tipo de diversidades: tribus de jóvenes organizados, protestas de movimientos sociales, de mujeres, indígenas, negros y negras, homosexuales, espacios gay (en bares, en la prensa, en los centros comerciales), grupos ecológicos, entre otros. Esta diversidad está reivindicando una nueva forma de relacionarse entre las personas y la construcción de nuevos vínculos con todos los seres vivos y la naturaleza.

Los significados culturales de lo que es ser hombre o mujer van transformándose. Los hombres ya no son necesariamente los proveedores y las mujeres ya no se restringen al espacio doméstico. La sexualidad se manifiesta de manera plural, como un abanico abierto: la visibilidad conseguida por travestis, transgéneros, transexuales y personas intersex[1] altera el sistema de relaciones de género y los papeles sexuales establecidos tradicionalmente.

Por tal razón, no solo se hace necesario reconocer la pluralidad de formas con que las personas se relacionan con sus cuerpos y sexualidades, sino también recrear estructuras sociales, institucionales y políticas que expresen ese reconocimiento. La democracia, la libertad y el derecho a la igualdad no solo son valores, que aparecen en el horizonte de activistas sociales que tratan de desencadenar procesos de transformación macro política, sino también están presentes en la reconstrucción de las relaciones interpersonales y las relaciones de interdependencia entre los seres vivos que pueblan nuestro planeta.

Por lo tanto, urge desarrollar un enfoque democrático de las sexualidades, las formaciones familiares y los vínculos con la naturaleza y los demás seres vivos. Al mismo tiempo, no podemos ignorar que en este mundo globalizado, si bien por un lado hay avances, por el otro las relaciones arcaicas y de dominación siguen vigentes: las mujeres todavía son discriminadas, cumplen más de una jornada de trabajo, se responsabilizan del trabajo doméstico y sufren violencia física, sexual y simbólica. Todo ello apunta a la necesidad de un Estado que haga valer los derechos básicos individuales y colectivos de los pueblos. Necesitamos otro tipo de Estado, uno que integre efectivamente a la totalidad de ciudadanos y ciudadanas.


NOTAS:
  1. ® Al final de texto se explica el significado de cada una de estas expresiones.


2. Tiempo de lucha contracultural.
Si hoy en día existen nuevas ópticas democráticas relativas a la igualdad en la diferencia, ello se debe principalmente a la audacia de los movimientos feministas, grupos de mujeres y de diversidad sexual, así como de otros movimientos democráticos que, a lo largo del siglo XX, rompieron con la idea de que la exclusión y la discriminación de todas las expresiones sexuales que difieren de la norma establecida son algo legítimo y natural.

Se trata de un proceso de cambio de patrones culturales que avanza en dirección contraria a la de la cultura dominante. Los cambios culturales pasan no solo por transformaciones sociales, sino también por el propio cuerpo. el cuerpo es el lugar donde la dominación o emancipación se manifiesta. en el cuerpo se hacen visibles las diferencias étnicas, de clase, género, orientación sexual, identidad y expresión, edad y capacidad física, como parte de un mismo sistema de dominación. es por ello que nuestro cuerpo es al mismo tiempo personal y político.

Desencadenar una lucha contracultural que reconozca el cuerpo como lugar central, significa aspirar a transformaciones materiales y simbólicas. en este sentido, la cultura es un campo de transformación muy importante, porque en ella están enraizadas las visiones dominantes que se presentan como universales. en la cultura y en la tradición se encuentran los referentes simbólicos que legitiman los fundamentalismos.[2]

Las otras culturas que cohabitan en nuestra región suelen ser medidas y juzgadas bajo los criterios de la cultura occidental, y con ello perdemos la posibilidad de acceder a una visión más plural y democrática. estamos ante el desafío de construir relaciones sociales entre las diferentes culturas y las diferentes personas que somos.


NOTAS:
  1. ® El término fundamentalismo ha sido utilizado con sentido tanto religioso como político. Las personas y las propuestas fundamentalistas creen que sus posiciones son verdades absolutas, indiscutibles y no se abren al diálogo.


3. El nuevo sentido de los derechos.
En el siglo pasado, la concepción de los derechos humanos nos llevó a la necesidad de crear formas de proteger a las personas, buscando la igualdad para todas. estas conquistas fueron importantes, pero se trataba de una igualdad formal que temía a las diferencias. Ahora sabemos que los seres humanos, para tener derechos iguales, también necesitan ser reconocidos en sus diferencias y particularidades. se trata de la búsqueda de la igualdad en la diferencia. Las diferencias no necesitan ni deben generar desigualdades. Por ejemplo: para el estado, hombres y mujeres deben tener los mismos derechos.

Entonces, como la mayor parte de las veces el hombre y la mujer ocupan lugares culturales diferentes, esta diferencia debe tenerse en cuenta para poder garantizar efectivamente los derechos de ambos.

Podemos decir lo mismo de las diferencias étnicas o generacionales, o de la diversidad sexual. Una persona, homosexual o heterosexual, debe tener garantizados sus derechos a la salud, a la educación, a la vivienda, a la vivencia del placer sexual, a la posibilidad de construir una familia y al acceso al mercado de trabajo. Asimismo, las personas con identidad sexual que difiere de la norma predominante, como por ejemplo las personas transexuales, deben tener acceso a los mismos derechos, y la diferencia que presenta su cuerpo o cualquier disimilitud subjetiva no puede ser motivo de desigualdad. Por el contrario, tales diferencias han constituido un aporte importante para entender con mayor claridad las relaciones entre los sexos y las combinaciones que existen entre el cuerpo, la identidad sexual y las orientaciones sexuales. es decir, en esta nueva concepción de derecho es necesario no solo buscar la igualdad para todos y todas, sino también considerar las diferencias para que éstas no generen desigualdades.

Los derechos son el resultado de la controversia y el conflicto; es por ello que no son estáticos ni eternos, sino que sufren transformaciones. Hoy en día reconocemos que los derechos económicos, sociales y culturales muchas veces fueron olvidados por la humanidad y deben ser considerados y garantizados. en cuanto a los derechos sexuales y los derechos reproductivos, la resistencia del pensamiento conservador es aún mayor, ya que a lo largo de la historia estos derechos fueron invisibilizados.

Se trata de un problema político que supone la construcción de sujetos políticos conscientes de su derecho a tener derechos. La opresión sufrida por causa de la diferenciación con un modelo de ser humano, con una norma preestablecida (hombre, blanco, clase media, heterosexual), no está justificada por la naturaleza. Las discriminaciones son construcciones y, como tales, pueden ser deshechas siempre que existan sujetos políticos dispuestos a ampliar sus horizontes y a organizar una lucha contracultural en los espacios públicos y privados. No es una ley divina la que discrimina a quienes difieren de la norma, sino la ley de seres humanos que obtuvieron poder para definir la forma en que todos y todas debemos ser.


  Pero, finalmente, ¿qué entendemos por derechos sexuales y derechos reproductivos?.
Derechos sexuales: los derechos sexuales se refieren al ejercicio de la sexualidad de todas las personas. Esta vivencia expresa la manera en que cada persona configura su identidad sexual, identificándose, o no, con los patrones masculinos y femeninos establecidos socialmente; la manera en que vive su sexualidad y quién es objeto de su deseo sexual, pudiendo éste ser alguien del mismo sexo o del sexo opuesto. Cuando hablamos de derechos sexuales, estamos afirmando que el ejercicio de la sexualidad de cada persona debe ser respetado por todas las otras personas e instituciones sociales y religiosas, y debe ser protegido por el Estado. Una práctica individual se convierte en derecho solamente cuando el Estado hace que el respeto de esa práctica sea obligatorio. Cada vez que se discrimina a una persona homosexual o transexual, o que se ejerce control sobre las prácticas sexuales de las mujeres en base a principios de orden religioso, no se está respetando ese derecho.

Derechos reproductivos: los derechos reproductivos tienen que ver con la autonomía necesaria para el ejercicio de la propia capacidad reproductiva. Están relacionados con la decisión de tener o no hijos y en qué número, con la elección del momento para la reproducción y la forma en que ésta se dará. Son derechos que inciden principalmente en la vida de las mujeres, puesto que los hijos y las hijas se crean y se desarrollan en el cuerpo de las mujeres, incluso en los casos de fertilización in vitro. El movimiento feminista ha afirmado y afirma que ni el Estado ni la Iglesia tienen derecho a controlar el cuerpo de las mujeres. Tampoco los maridos o las parejas tienen ese derecho; son las mujeres quienes deben decidir si quieren tener hijos o hijas y en qué momento. Estos derechos han sido violados, tanto cuando las mujeres son esterilizadas sin su consentimiento, como cuando se las sanciona penalmente por interrumpir el embarazo.

Entendemos que los derechos sexuales y los derechos reproductivos son diferentes tanto en la teoría como en la práctica. La vinculación entre sexualidad y reproducción diluye la importancia de ambas como campos separados de la realización humana. La conexión forzosa entre el acto sexual y la procreación desvirtúa el potencial que el placer tiene en nuestras vidas.

Hacemos hincapié en que la necesidad de afirmar los derechos individuales no se contrapone a la afirmación de los derechos sociales. Traemos en nuestras historias la experiencia de emprender luchas por alcanzar la democracia y mejores condiciones de vida para la población de nuestros países. Entendemos que el ejercicio de la ciudadanía no puede prescindir de esfuerzos que garanticen los derechos sexuales y los derechos reproductivos. No podemos hablar de la defensa de los derechos humanos cuando no entendemos que los derechos sexuales y los derechos reproductivos son parte de los derechos humanos que deben ser defendidos. Estos derechos, al implicar autonomía personal para su ejercicio, se configuran como derechos individuales; sin embargo, necesitan amparo social para mantenerse con plena vigencia. Si para vivir necesitamos trabajo, salud, educación y vivienda, también necesitamos libertad, integridad, dignidad y una vida libre de violencia. Entre los derechos humanos no existen jerarquías, unos no son más importantes que otros.

Por lo tanto, constatamos que el debate público[3], que pone sobre la mesa los temas de la discriminación y la necesidad de reconocimiento de libertades y condiciones para su realización, tales como la lucha por la conquista de los derechos sexuales y los derechos reproductivos, enriquece la noción de democracia. Cuando relacionamos la sexualidad y la democracia, no solo establecemos un horizonte de relaciones equitativas y democráticas en el ámbito público, sino que también proponemos relaciones interpersonales y sexuales democráticas.

¿Qué queremos decir con esto? Que nuestro cuerpo, que es a la vez personal y político, encuentra la posibilidad de liberarse de los controles establecidos cuando nuestras referencias de entendimiento son democráticas. Que la democracia es incompatible con el sexismo y la homofobia[4], que se expresan cuando se comprende la sexualidad femenina como complemento de la masculina, cuando se afirma que el único comportamiento válido y normal es el heterosexual o cuando se condena el placer por indecente.

Durante siglos se dictaron normas morales y legales sobre la sexualidad y la reproducción humanas, explicitando lo que no debía hacerse. Cuando las aspiraciones democráticas alcanzan el campo de la sexualidad, se inaugura otra forma de pensar y concebir este campo, se abre un camino subversivo que promueve la movilización. El poder de la sexualidad adquiere expresión y ya no desea sujetarse a los controles, sobre todo los religiosos, que condicionan la práctica sexual a la procreación como la única forma moralmente válida de ejercicio sexual. Así, el matrimonio y la familia muchas veces han servido como instituciones que legitiman la violencia y el abuso. Hay resistencia al reconocimiento de otras formas de familia que existen a nuestro alrededor. También hay resistencia a la concepción democrática en el campo de la reproducción humana, cuando se niega a las mujeres autonomía para decidir sobre su propio cuerpo.


NOTAS:
  1. ® Cabe destacar el debate que ha tenido lugar al interior de los movimientos sociales y en las conferencias internacionales de la ONU Viena, El Cairo y Beijing, así como en otros espacios públicos.

  2. ® Sexismo es la discriminación de las personas por razón de su sexo. Homofobia es un término creado para expresar el odio, la aversión o la discriminación a homosexuales.


  Nos preguntamos: en este movimiento entre control y transgresión, ¿dónde se sitúa la prostitución?.
Las corrientes abolicionistas consideran que el ejercicio de la prostitución expresa la violencia entre los géneros y es un símbolo de la condición de subordinación femenina. Las antiabolicionistas sustentan que, como se trata de una profesión escogida, debe ser reconocida y conferir derechos laborales. Aunque no exista en el feminismo una visión de consenso sobre la prostitución, ambas corrientes rechazan los delitos que la enmarcan: el proxenetismo, el tráfico de mujeres, la mafia y la prostitución infantil. en medio de esta polémica, las mujeres que ejercen la prostitución están organizándose y hablando sobre su realidad compleja y contradictoria.

4. Principios esenciales de los derechos sexuales y de los derechos reproductivos.
Aspiramos a construir una democracia radical que reivindique la interrupción del orden naturalizado de dominación e instituya el reconocimiento social de las personas desprovistas de derechos. De acuerdo con esta visión, la economía debe subordinarse a la política y el mercado a los derechos humanos. Además, debe concebirse la democracia no solo como un sistema político, sino como una forma de organización de la vida social, tanto en los aspectos público y privado como en los ámbitos local y global.

  1. Es urgente y necesario recuperar la igualdad, no como un principio abstracto y universal que jamás se realiza, sino como fruto de un proceso concreto que vaya derrumbando las barreras de la exclusión, a partir del reconocimiento de nuestras diferencias y desigualdades reales en el acceso a los derechos con respecto a un modelo hasta ahora privilegiado: masculino, blanco, occidental, heterosexual, adulto y sin discapacidades visibles.

  2. Es esencial mostrar la incompatibilidad que existe entre pobreza y derechos humanos. Para erradicar la pobreza, el mercado debe subordinarse a los derechos humanos y, a partir de allí, algunos derechos individuales como por ejemplo la propiedad privada, que construyen desigualdad y sustentan el mercado deben relativizarse con respecto al principio de igualdad.

  3. Es preciso romper con la perspectiva liberal de libertad. Muchas veces vemos la libertad como un anhelo individual imposible de realizar. No percibimos nuestra libertad condicionada por la libertad de otras personas. Es más libre quien tiene más posesiones que le permiten competir, comprar y vender. En esta libertad aparece un individualismo posesivo. En el ámbito de la sexualidad, las relaciones son realmente libres solo si existe consentimiento mutuo y esto presupone personas que se reconozcan iguales entre sí. No existe libre consentimiento entre personas desiguales. Esto significa que la libertad individual debe subordinarse a no causar daño a otro ser. Éste es el límite ético que nos orienta.

  4. Es vital recuperar el cuerpo como espacio político. El cuerpo es el lugar donde habitamos, y en nuestro cuerpo se encarnan los derechos. Estos derechos han sido negados a mucha gente que, por este motivo, se organiza en los diferentes movimientos sociales. Históricamente, la mala distribución de los recursos y del poder, hace inviable el acceso a los derechos humanos. El cuerpo se enferma y, hoy en día, la epidemia del SIDA concentra en los cuerpos los resultados de los prejuicios y la ignorancia. La salud es una cuestión de mercado y el acceso a ella es sumamente desigual. El cuerpo es objeto de prohibiciones morales, es masacrado en los conflictos armados y en las guerras. En estas situaciones, el cuerpo de mujeres y travestis es objeto de abuso, violación y castigo. El cuerpo sufre por el color de su piel y por las características étnicas que lo hacen diferente. Desde el punto de vista simbólico, el cuerpo sufre el impacto del modelo consagrado socialmente, tanto en estética como en la forma de relacionamiento heterosexual, que es considerada la única posibilidad de relación sexual normal. Las diferencias que se expresan en el cuerpo son motivo de exclusión y, en casos de intersexualidad, los cuerpos que no siguen los modelos de lo femenino y lo masculino incomodan, y debido a ello muchas veces son mutilados a tierna edad. El cuerpo expresa desigualdad económica y social: por un lado, la obesidad producto de la mala nutrición, la desnutrición y el envejecimiento precoz por exceso de trabajo forzado y, por otro, la bulimia y la anorexia[5]. Por todo ello, el cuerpo es el lugar político más visible de las desigualdades e injusticias que impactan en la humanidad y, por lo tanto, no puede ser materia de una generalización abstracta. Los cuerpos tienen carne, colores, rasgos y formas diferentes que delatan las desigualdades. Cuando se hace una abstracción de los cuerpos o se pretende uniformarlos, se está negando su dimensión política.

  5. Es importante reconstruir una noción de felicidad que no sea la definida por el mercado ni por los condicionamientos sociales. La búsqueda de la felicidad se vuelve inalcanzable cuando depende del acceso a determinados bienes o formas de vivir que simbolizan culturalmente lo que es ser feliz. Necesitamos imaginar referentes de felicidad no contaminados por el mercado ni por las desigualdades sociales y económicas.

  6. Resulta imperioso entender el placer desde una perspectiva democrática. El placer sexual es una de las diversas expresiones del placer, la más estigmatizada y prohibida, sobre todo para las mujeres, los jóvenes y las diversidades sexuales. Por lo general pensamos en el placer solo como búsqueda individual y según el modelo heterosexual. Con esta lógica, el cuerpo femenino está al servicio del placer masculino. Desde esta perspectiva, las personas homosexuales, trans, intersex,ancianas, gordas y con discapacidades estarían excluidas de la experiencia del placer. Vivimos en sociedades que por lo general no tratan el tema del placer sexual con propiedad. El sexo solamente se aborda desde el punto de vista científico o de manera irónica en programas humorísticos de la TV. Todos y todas tenemos derecho al placer, tanto en el juego erótico, amoroso, sexual, como en otras esferas de la vida, por ejemplo la maternidad, cuando ésta es producto de la libertad de escoger. Recuperar el derecho al placer implica la existencia de políticas públicas en torno a la sexualidad, expresadas en la educación y en una cultura secular. Sin embargo, no compete al Estado establecer normas para la vivencia del placer, porque esa experiencia es diversa, es múltiple, es genital, es corporal, pero también es sensorial y emocional. No son las prescripciones las que nos llevan al placer, pero sí la libertad de imaginar y la fantasía.

  7. Es urgente considerar que en sociedades democráticas debe haber una separación clara de las competencias del estado y de las Iglesias. Nos estamos refiriendo al Estado laico, que tiene una posición neutra frente a los dogmas de fe. Compete a las Iglesias orientar y prescribir comportamientos a sus fieles, y no a los ciudadanos y ciudadanas en general. Compete al Estado elaborar leyes y políticas para todos y todas, independientemente de sus religiones. Por este motivo, los legisladores y gobernantes no pueden ceder a las presiones que ejercen sobre ellos sectores religiosos fundamentalistas, cuando se trata de la sexualidad y de la reproducción humana.



NOTAS:
  1. ® Bulimia es un trastorno de la conducta alimentaria. Las personas ingieren grandes cantidades de alimentos y después utilizan métodos de purga, como vómitos autoinducidos, uso de laxantes y diuréticos y práctica de ejercicios extenuantes, para evitar subir de peso debido al miedo exagerado de engordar.

    La anorexia es una disfunción de la conducta alimentaria que se caracteriza por una ingesta rígida e insuficiente de alimentos y estrés físico. La anorexia es una enfermedad compleja en la que intervienen factores sicológicos, fisiológicos y sociales. Una persona anoréxica también puede ser bulímica.


5. Núcleos.
  1. Construcción de nuevas relaciones de maternidad y paternidad.

    Históricamente, el control de la vida de las mujeres en los ámbitos social, económico, político y sexual se ejerce a través del control de su capacidad reproductiva. Por lo tanto, la conquista de autonomía por parte de las mujeres en el terreno reproductivo significa la posibilidad de emancipación femenina, no solo en tanto seres sexuales, sino también como ciudadanas. Paralelamente al control de su capacidad reproductiva, las mujeres fueron aprisionadas en los servicios domésticos y consideradas únicas responsables de velar por la educación y salud de los hijos e hijas. esto dificultó su inserción en la vida económica, social y política. si las responsabilidades relacionadas con la reproducción fueran compartidas en la vida familiar y respaldadas por políticas públicas, las mujeres estarían efectivamente en mejores condiciones para participar en la vida social, sin la sobrecarga que significan las jornadas de trabajo dobles o triples.

    La reproducción es un derecho y un placer cuando se escoge libremente, pero puede ser una fuente de dolor e intolerancia cuando el derecho a decidir es bloqueado por influencias religiosas o morales, o por limitaciones económicas.

    Los hombres también poseen derechos reproductivos; sin embargo, la afirmación de tales derechos pasa necesariamente por el acuerdo con la pareja y por su compromiso de compartir las responsabilidades que se derivan de la paternidad.

    La reproducción es vista como función femenina por excelencia, por cuanto la norma de las relaciones sexuales se establece en función de la heterosexualidad. esta concepción limita la posibilidad de que parejas homosexuales y personas transexuales tengan hijos o hijas, ya sea mediante la adopción o el uso de tecnologías de inseminación artificial.

  2. No hacer de la vida un objeto de compraventa.

    Nos estamos refiriendo a las nuevas tecnologías reproductivas: la maternidad in vitro, los bancos de semen, los nuevos medicamentos eficaces contra pandemias como el SIDA, el descubrimiento de que el ADN comprueba la paternidad y a otros hallazgos que seguramente se harán en los próximos años.

    Reconocemos el potencial positivo para la vida humana de estos nuevos descubrimientos, pero no ignoramos que tales avances científicos y tecnológicos están a merced de los intereses del mercado, del monopolio de la clase médica y científica, y generan utilidades solo para unos pocos.

    Por lo tanto, existe un problema de acceso a las nuevas tecnologías, pero también un problema ético sobre la orientación de su uso. Por ejemplo, en el caso de las cirugías estéticas, si bien por un lado representa un avance la recomposición de aspectos físicos corporales con los cuales se prefiere no continuar, por otro lado tales cirugías tienden a reforzar una imagen estereotipada de belleza construida de forma mercantil, sin confrontar la desvalorización social existente con respecto a la edad, sobre todo en el caso de las mujeres.

  3. Control ciudadano sobre las tecnologías reproductivas.

    ¿Quién decide la manera en que se utilizarán las nuevas tecnologías reproductivas? ¿Cómo garantizar que se utilizarán en beneficio de todas las personas? Para ello se necesita actuar con transparencia, rendir cuentas a la población y también ampliar el universo de los derechos ciudadanos; por ejemplo, el derecho de las lesbianas a optar por el acto de la reproducción con atención médica garantizada por la salud pública.

  4. Las manifestaciones de género son múltiples y diversas.

    Cuando admitimos solo dos manifestaciones de género como normales y adecuadas, estamos excluyendo a todas las demás formas de feminidad o masculinidad, tales como: mujeres masculinas, hombres femeninos, travestis, mujeres trans u hombres trans, mujeres intersex u hombres intersex, personas trans, personas intersex, personas andróginas, etc.

    Las manifestaciones de género no expresan formas correctas o incorrectas de ser. Las relaciones que las personas tienen con su cuerpo, su identidad y las prácticas sexuales, no pueden reducir el reconocimiento de su subjetividad plena y de sus derechos de ciudadanía.

  5. Construcción de una ética pública emancipadora.

    La moral pública existente se basa en doctrinas religiosas represivas que pretenden convertirse en una única visión para todas las personas, independientemente de sus filiaciones religiosas. La ética feminista busca, a partir de la experiencia, construir interacciones entre los intereses personales y sociales. Es preciso reconsiderar la ética de las relaciones humanas, reconociendo tanto el derecho a la igualdad como a la diferencia. La ética pública emancipadora se sustenta en los derechos humanos, se construye a partir de una pluralidad de visiones y recupera el sentido democrático de la vida.


Lima, noviembre del 2007



Significados.
Personas intersex: son aquéllas cuyo cuerpo sexuado (cromosomas, gónadas, genitales, etc.), varía respecto al promedio femenino o masculino. Muchas de estas variaciones son habitualmente corregidas mediante cirugías realizadas en la primera infancia y sin el consentimiento de quienes las sufren. El movimiento intersex ha denunciado estas intervenciones calificándolas de mutilaciones genitales. La mayoría de las personas intersex se identifica como hombres o mujeres, y un porcentaje más pequeño elige la intersexualidad como modo de auto identificación en el género.

Personas transexuales: son aquéllas que se identifican en el sexo opuesto al que se les asignara al nacer. En su gran mayoría recurren a modificaciones corporales, tales como tratamientos hormonales o quirúrgicos. Sin embargo, existen muchas personas transexuales que eligen no llevar adelante tales modificaciones, por razones médicas, económicas, reproductivas, o sencillamente porque no lo desean. Solo algunos países tales como Gran Bretaña, Sudáfrica y España reconocen el derecho de cambiar de sexo sin necesidad de cirugías de reasignación sexual y esterilizadoras; pero la transexualidad es considerada una patología aún en esos países.

Personas transgénero: son quienes se identifican a sí mismas en un género diferente al que se les asigna al nacer, y que relacionan de manera contingente su cuerpo, su identidad, su expresividad y su sexualidad. Pueden modificar o no su cuerpo a través de medios hormonales y/o quirúrgicos,con fines expresivos, eróticos o de bienestar personal. La transgeneridad como teoría y como política, se enfrenta a las versiones patologizadas de la transexualidad, como a la idea de que existen solo dos sexos vinculados normativamente a dos géneros posibles. Las personas transgénero rechazan la idea de que la diferencia sexual es una ley a la que hay que obedecer.

Personas travestis: en el contexto latinoamericano se definen así aquellas personas que habiendo sido asignadas al género masculino al nacer, se expresan a sí mismas en modos auto construidos de la feminidad. Pueden modificar o no su cuerpo mediante procedimientos hormonales y/o quirúrgicos. Para muchas travestis, el travestismo constituye una identidad en sí misma. La emergencia del travestismo como un género definido en sus propios términos se relaciona con la politización de la experiencia travesti llevada a cabo por las activistas y teóricas travestis de la región.

Aclaración: cualquiera de los siguientes términos identificatorios no debe ser impuesto desde afuera, sino que debe respetarse, en cada caso, el modo en que cada persona lo experimenta.


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