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El impacto de la microempresa rural en la economía latinoamericana
Autores corporativos:
Comité de Servicios de los Amigos Americanos (canal)

Autores personales:
Parra Escobar, Ernesto (Autor/a)

Descripción
Fecha:
15 de Mayo de 2006
Entradilla:
El autor de este artículo analiza las oportunidades y debilidades de la micromepresa rural como inciativa dinaminazadora del medio rural en Latinoamérica. Este tipo de actividad económica puede constituir una fuente de empleo y de riqueza alternativa y complementaria a la agricultura, así como una vía para terminar con la pobreza rural.
URL:
http://www.revistafuturos.info/futuros13/microempresa_rural.htm
Publicado en:
Gloobalhoy nº8 ; Revista Futuros
Secciones GloobalHoy:
040- Global-economía
Notas:
Este trabajo es un fragmento de un trabajo más extenso publicado por el Programa de Apoya a la Microempresa Rural y El Caribe PROMER.
Clasificación
Descriptores:
Desarrollo rural ; Economía ; Empleo ; Microempresas ; Pobreza rural
Regiones:
América Latina
Documento
 Índice:
     Introducción.
     El concepto de microempresa rural.
     Tipos de microempresas.
     Retos y oportunidades de la microempresa rural.
     Debilidades y amenazas: la problemática de la microempresa rural.
          Formación empresarial.
          Capacidad técnica.
          La financiación de la microempresa rural.
          Comercialización.
          Organización.
     Políticas para el desarrollo de la microempresa rural.
Introducción.
Cincuenta años de planes y políticas para el desarrollo rural han sido incapaces de resolver el gran problema del campo latinoamericano: la pobreza, que sigue agobiando a más del 50% de la población rural.

Sin embargo, los años noventa trajeron una luz de esperanza al aparecer nuevas iniciativas de producción que prometen aumentar el empleo y elevar los ingresos mejorando el nivel y calidad de vida de los habitantes del campo. Una de las más prometedoras es la microempresa rural, que a partir de tecnologías modernas al alcance de la población rural, agrega valor a la producción tradicional y busca nuevos bienes y servicios para el mercado.

¿Qué es la microempresa rural?. ¿Qué tipos de microempresa existen?. ¿Cuál es el impacto que está llamada a producir en el agro latinoamericano en términos de valor agregado, empleo e ingresos?. ¿Cuáles son los elementos básicos de una política para el desarrollo de estas unidades, así como las principales acciones de apoyo que ellas requieren?.

Esbozar respuestas a estas cuestiones a la luz de la experiencia adquirida en los últimos diez años es el propósito de este trabajo.


El concepto de microempresa rural.
Si se ve la economía rural en esta forma, como parte de un proceso más amplio al cual se articulan diversas actividades, es posible identificar nuevas alternativas para los productores y la agricultura deja de ser la única opción. Es posible identificar actividades extraprediales de generación de empleo e ingresos en el sistema agropecuario-agroindustrial, capaces de dinamizar el desarrollo rural.

Este es el lugar lógico donde su ubica la microempresa rural. En su caracterización hay que destacar ante todo el carácter empresarial que está explícito en la denominación misma. Se trata de empresa en el pleno sentido de la palabra, es decir, 1) de una unidad permanente de producción de bienes o servicios que busca la rentabilidad en su operación, en el sentido mínimo de obtener un resultado económico por encima de los costos de insumos, trabajo y maquinaria, y 2) de una unidad dotada de un mínimo de tecnología moderna y organización empresarial, que trabaja para el mercado con base en la competitividad que aquellas le garantizan. El elemento "micro" califica este carácter empresarial, restringiéndolo al ámbito de la actividad económica en pequeña escala.

Pero el concepto de microempresa implica algo más específico de naturaleza cualitativa, que consiste en una clara diferenciación frente al concepto de unidad tradicional de economía campesina, por una parte, y al de agricultura comercial capitalista moderna, por la otra.

La diferencia con la unidad tradicional de economía campesina radica fundamentalmente en las dimensiones subsectorial, comercial y tecnológica: la unidad campesina se limita a la producción primaria que lleva al mercado inmediato por canales tradicionales, prescindiendo de cualquier proceso de transformación, y aplica tecnologías tradicionales en cuanto a utilización de insumos y técnicas culturales. La microempresa, por el contrario, produce para el mercado moderno con sistemas modernos de producción, o adiciona a la producción actividades de postcosecha en las áreas de transformación y comercialización, o realiza actividades extraprediales de provisión de bienes o prestación de servicios en el ámbito rural.

La diferencia con la empresa comercial moderna está dada por aquellos rasgos que son esenciales a la microempresa en general: la ausencia de división orgánica del trabajo y la existencia de una escasa división técnica del trabajo, junto con una escala reducida de actividad.

La primera significa que en la microempresa no hay separación de trabajo y capital como sí la hay en la empresa comercial capitalista, sino que el empresario dueño de la empresa es a la vez trabajador directo en al menos alguna de las etapas de la cadena productiva: él mismo realiza con su familia las actividades materiales de producción agropecuaria, de transformación y de comercialización, a lo más ayudado por algunos trabajadores asalariados.

La segunda consiste en que las distintas actividades del proceso productivo no son ejecutadas por diferentes personas en forma especializada, sino que el empresario de la microempresa y sus pocos trabajadores asalariados realizan cada uno, si no todas, sí al menos varias de las actividades de los procesos de cultivo, transformación y comercialización.

Desde el punto de vista puramente técnico referido a los sistemas e instrumentos de producción, la microempresa rural se encuentra en un punto intermedio entre la unidad campesina tradicional y la empresa comercial moderna, en el sentido de que combina sistemas y herramientas tradicionales con técnicas y equipos modernos.

Se podría entonces aventurar una aproximación a la definición de microempresa rural diciendo que es aquella unidad permanente de producción de bienes y servicios en el sector rural, capaz de generar valor agregado, en la que el empresario y su familia participan directamente en el proceso de producción, existe una escasa división técnica del trabajo y se labora en pequeña escala para el mercado introduciendo sistemas y equipos modernos de producción de tecnología intermedia.


Tipos de microempresas.
Desde una perspectiva más empírica, se pueden distinguir cuatro tipos de microempresas rurales:

  1. Producción agropecuaria tecnificada para el mercado moderno.

    Son explotaciones agropecuarias o grupos de explotaciones agropecuarias que se articulan a través de relaciones contractuales de coordinación horizontal o vertical con agentes comerciales cumpliendo con las condiciones de calidad, homogeneidad, cantidad y oportunidad de entrega del mercado. Se podría hablar aquí de unidades agropecuarias en proceso de modernización, tecnificación y vinculación contractual al mercado. Las distingue de la producción primaria tradicional la vinculación al mercado moderno y, en función de ella, la modernización tecnológica. Se ubican aquí los proyectos tecnificados de producción de hortalizas, frutas y semejantes con destino a mercados modernos específicos.

  2. Comercialización.

    Son unidades empresariales surgidas de la integración de unidades agropecuarias con el fin de adquirir insumos o de comercializar sus productos llegando al mercado con la oportunidad, las cantidades y los requisitos de calidad y homogeneidad exigidos por éste, condiciones que les permiten agregar valor y retener parte del valor agregado a la producción primaria. Se ubican aquí los proyectos asociativos de comercialización que agregan ofertas importantes y que añaden a la producción primaria el valor de las actividades de postcosecha como selección, empaque y transporte, con miras a mercados modernos.

  3. Agroindustria.

    Son unidades empresariales surgidas por lo general de la integración de productores agropecuarios, con el fin de efectuar procesos agroindustriales de transformación o procesamiento de la producción primaria, con el objetivo de llevarla al mercado moderno con un nuevo valor agregado y reteniendo parte de éste. Pertenecen a este tipo los proyectos agroindustriales adelantados por organizaciones campesinas, sean cooperativas o asociaciones de productores, o simplemente uniones temporales.

  4. Bienes o servicios no agropecuarios.

    Son unidades empresariales conformadas por integrantes de la comunidad rural que no realizan actividades agropecuarias o no dedican a ellas todo su tiempo disponible, las cuales se dedican a realizar en la localidad actividades extraprediales de producción de bienes y servicios diferentes a la actividad agropecuaria. Aquí se ubican microempresas similares, por su actividad y organización, a las microempresas urbanas, que se dedican al comercio, la manufactura (madera, cuero, metal) y los servicios. Algunos de estos son específicos del área rural, como son los servicios que giran en torno al turismo, sea de tipo convencional, sea en las nuevas formas de turismo agrológico y ecológico.


Retos y oportunidades de la microempresa rural.
Sobre la microempresa rural se han planteado, aunque con menor intensidad, los mismos interrogantes que era frecuente escuchar en América Latina a propósito de la microempresa urbana en los años setenta y comienzos de los ochenta: ¿Tiene posibilidad de competir? ¿Va a subsistir en el futuro? Estas preguntas adquieren hoy una gravedad nueva en el entorno globalizado en que se mueve la economía mundial, en el cual se viene agudizando la competencia en todos los sectores productivos con base en los más recientes avances tecnológicos. La respuesta hay que buscarla tanto en el entorno como al interior de la microempresa misma.

El entorno globalizado y de creciente competencia se presenta a primera vista como un conjunto de amenazas por el lado del mercado y de la tecnología. Pero en él quedan suficientes nichos favorables que permiten encontrar oportunidades para la producción microempresarial.

Identificar esas oportunidades es equivalente a identificar la existencia de mercados para la producción microempresarial y de posibilidades de competir en estos mercados. Estas posibilidades son específicas por producto y tienen su origen en último término en las áreas tecnológica y comercial: las posibilidades de producir y colocar en el mercado a precios competitivos bienes y servicios que éste demanda en cantidades relativamente reducidas, con tecnologías intermedias y con mano de obra no especializada, y, por consiguiente, con escaso capital.

La microempresa rural es capaz de convertir estos factores del entorno en oportunidades gracias a lo que constituye su gran fortaleza: su flexibilidad, que le permite cambiar fácilmente de un producto a otro y de un sistema productivo a otro, gracias a que trabaja en pequeña escala y con tecnologías intermedias que no implican grandes inversiones ni instalaciones complejas de difícil readecuación en caso de cambios necesarios.

Por lo que respecta al producto, la microempresa puede competir en el mercado con bienes y servicios en cuya producción no sean relevantes las economías de escala a base de equipos sofisticados de alto costo y manejo delicado. No es posible, por ejemplo, competir en la trilla de café que se hace rentablemente en grandes volúmenes con máquinas costosas operadas por técnicos. Pero sí es posible competir en el secado de café que, aunque dispendioso, se puede realizar rentablemente en pequeñas cantidades utilizando la energía solar por trabajadores no calificados.

En cuanto al mercado, la microempresa tiene un amplio espacio, pues hay muchos segmentos/nichos que le son accesibles. Es claro que cuanto más modernos sean los mercados que se logra atender con éxito, tanto mayor será la rentabilidad, tanto más segura la sostenibilidad y crecimiento. Pero no es necesario empeñarse en llegar a los supermercados. Se puede atender en forma favorable a los mercados mayoristas de abastos, así como a las tiendas y almacenes de las ciudades, pero también pueden ser suficientes para garantizar el desarrollo los mercados locales modernos, con tal de que sean crecientes o al menos estables.

Suele ser ventajoso llegar al consumidor final para evitar intermediarios, pero aprendiéndolos a manejar, los mercados intermedios, por ejemplo la industria de transformación, pueden ser suficientes para asegurar la permanencia y crecimiento en el futuro. Lo importante es tener claramente identificado el nicho o segmento de mercado al que se quiere atender, y acertar en las estrategias y canales apropiados para llegar a ellos.

Con relación a los volúmenes de producción, existen muchos productos que se pueden elaborar en pequeñas cantidades con calidad, logrando a la vez una rentabilidad aceptable. En los procesos de transformación agroindustrial, las primeras fases suelen ofrecer esta posibilidad, como se demostró en el caso de la yuca seca con destino a la producción de alimentos concentrados. Eso sí, a medida que se avanza hacia mercados más modernos, suele ser necesario garantizar una oferta relativamente grande, la cual solo se logra agregando los modestos volúmenes ofrecidos por los productores individuales.

Cuando se manejan volúmenes reducidos de producción, la experiencia ha mostrado que es posible desarrollar tecnologías sencillas tanto en cuanto a los procesos productivos como en cuanto a la maquinaria y equipo empleados, que no obstante su simplicidad presentan características modernas de eficiencia y calidad. En muchos casos es sólo cuestión de manejar con cuidado técnicas elementales de manejo y transformación, fácilmente asimilables por personas sin gran calificación. Tal es el caso de muchas conservas, productos lácteos e insumos productivos.

Estos criterios se cumplen en una gran variedad de bienes y servicios que son objeto de la microempresa rural. A continuación se presenta una clasificación de los más relevantes de ellos, clasificados de acuerdo a la tipología propuesta al comienzo de este trabajo, pero insertando la comercialización en los demás tipos de microempresa: producción agropecuaria ligada al mercado moderno, transformación agroindustrial, producción y servicios no agropecuarios.


Debilidades y amenazas: la problemática de la microempresa rural.
Siendo una realidad nueva en el contexto latinoamericano por lo que hace a su reconocimiento dentro de la estructura económica de los países, la microempresa rural experimenta el mismo tipo de problemas que padece la microempresa urbana, surgidos de su marginamiento estructural, pero agravados por todos los factores que discriminan en el continente a lo rural frente a lo urbano. Ellos se refieren a cuatro conjuntos de áreas críticas: la formación empresarial y laboral; las áreas financiera, técnica y de mercado; el apoyo por parte de los organismos de desarrollo, y el grado de organización gremial y sectorial.

  Formación empresarial.
Por las mismas condiciones en que se ha desarrollado su vida familiar y comunitaria, así como por su experiencia laboral, el empresario de la microempresa rural presenta fallas de gestión empresarial en los dos conjuntos de componentes que la conforman, es decir, tanto por falta de algunas destrezas o actitudes empresariales como por deficiencias de gestión administrativa. Por mencionar algunas, hay debilidades en los procesos de planeación y control en las áreas de mercadeo, personal, contabilidad y finanzas; hay débil actitud planificadora hacia el futuro, débil actitud de asumir riesgos en torno a la diversificación de productos y mercados y de aprovechar oportunidades en estas áreas, y escasa capacidad de persuasión e influjo en el entorno.

Todas estas fallas tienen su raíz en el ambiente familiar tradicional y en deficiencias de educación básica de la población rural, marcada aún en varios países por altas tasas de analfabetismo absoluto o funcional y por altas tasas de deserción escolar, las cuales hacen que los conocimientos básicos sean precarios en la mayoría de los productores rurales y que, en general, estos padezcan de algún grado de incapacidad de hacer uso de información escrita, lo que los obliga a limitarse a utilizar la información oral que proviene de amigos, comerciantes o técnicos. Estas carencias determinan un bajo nivel de negociación que deja al productor microempresarial en desventaja frente a los mercados, a merced de cualquiera de los agentes con que se relaciona, y estrechan significativamente sus posibilidades como empresario.

La falta de formación empresarial se manifiesta en una personalización del negocio en manos de su propietario, que tiene repercusiones negativas sobre todo en la microempresa que tiene un mayor grado de conexión con el mercado. El empresario no delega funciones porque supuesta o realmente carece de mano de obra suficientemente calificada que lo pueda sustituir en algunas de ellas. Así, sometido a largas jornadas de trabajo que frecuentemente llegan a las doce horas, apenas tiene tiempo para hacerse cargo de las ventas, la cobranza, la adquisición de materias primas, la supervisión de la producción, etc., funciones críticas debido a que los mercados modernos que pretende atender exigen una gestión por demás eficiente.

La formación que brindan los programas existentes de apoyo a la microempresa rural por lo general no consideran estos problemas, ya que suele partir del supuesto de que el microempresario posee una formación educativa básica y la disposición a aplicar conocimientos administrativos convencionales. Cuando se ha tratado de introducir otros contenidos de capacitación en función de los intereses expresados por los microempresarios, como manejo del crédito, seguridad laboral o aspectos institucionales, la ausencia de una conexión entre los aspectos técnicos del cada día y los administrativos hacen los programas demasiado académicos y poco interesantes para los usuarios.


  Capacidad técnica.
Puesto que la microempresa rural, según la hemos definido, se caracteriza por introducir innovaciones tecnológicas que van más allá de la producción agropecuaria tradicional, o se dedica a actividades por fuera de dicha producción, lo técnico desempeña en ella un papel vital. El problema de base radica entonces en que en el área rural no existe ni por tradición, ni por la evolución endógena de los procesos esta capacidad, sino que ella tiene que ser de alguna manera creada con insumos de fuera.

Las instituciones de formación profesional para el sector rural por lo general carecen de programas específicos diseñados para responder a las necesidades tecnológicas de la microempresa rural. Las clasificaciones de sectores y oficios que guían a dichas entidades en el diseño de sus programas de formación técnica siguen en muchos casos atadas a una concepción tradicional que las hace concentrarse exclusivamente en actividades de índole productiva primaria, con cursos de cultivos, especies menores, maquinaria agrícola y, a lo más, administración agropecuaria. No incluyen o lo hacen muy superficialmente, formación en procesos de postcosecha como clasificación, empaque y comercialización, ni tampoco actividades agroindustriales. Actividades extraprediales que no tienen que ver con la producción agropecuaria quedan totalmente excluidas, pues se supone que son actividades urbanas, que deben ser atendidas por los programas orientados a estos sectores.

Por otra parte, buena parte de los servicios tecnológicos de las entidades responsables, han sido diseñados para la pequeña y mediana empresa, con escasos alcances para la microempresa. De ahí que los cursos y demás eventos de capacitación técnica que por su nivel y metodología estarían más cerca de la realidad de la microempresa, son en realidad destinados a asalariados de las pequeñas y medianas empresas. Por lo tanto, no existen mecanismos de capacitación técnica para la microempresa rural, lo que hace muy difícil que ésta alcance un nivel técnico aceptable.

Todo esto, expresado en términos institucionales, significa que en general son escasas las instituciones que brindan apoyo técnico adecuado a la microempresa rural, son escasas las instituciones que realizan diseños técnicos o adaptaciones microempresariales de los diseños existentes, y mucho menos que innoven de acuerdo a los requerimientos de estas unidades.


  La financiación de la microempresa rural.
Ante la escasez de recursos propios de los habitantes de las zonas rurales, es imposible el desarrollo de la microempresa sin recursos suficientes de crédito en condiciones adecuadas al entorno en que opera la microempresa rural. Con todo, es repetitiva la queja de que la microempresa rural carece de fuentes de crédito realmente accesibles en condiciones que hagan rentable la producción. Una serie de problemas inhiben el acceso al crédito por parte del microempresario rural:

Tradicionalmente los productores rurales han financiado sus actividades con recursos de los bancos rurales o agropecuarios que existen en los distintos países latinoamericanos.

Dichos bancos trabajan con sistemas tradicionales de crédito, garantizados preferentemente con hipotecas sobre la tierra de sus usuarios campesinos. Como se explica en las líneas siguientes, estos mecanismos resultan inadecuados como instrumentos de financiación de la microempresa rural, dada su inadecuación a la naturaleza de esta, diferente, como se ha explicado, de la explotación agropecuaria convencional.

En primer lugar, la banca comercial demuestra escaso interés por colocar crédito en este segmento empresarial, debido a la baja rentabilidad de estas operaciones, la cual se debe principalmente a su reducido tamaño, que hace que los costos administrativos unitarios sean muy superiores a los de créditos de mayor cuantía para empresas de mayor tamaño. Tampoco se interesan por intermediar líneas de fomento, como son las líneas proporcionadas por el FIDA, debido a que los márgenes que suelen conceder los bancos centrales en estos casos se asemejan a los márgenes usuales en los mercados internacionales, generalmente inferiores a los márgenes a que están acostumbradas las entidades financieras en la mayoría de los países latinoamericanos. A esto se añade, según aducen los banqueros, el mayor riesgo de cartera implícito en estos créditos, el cual también los hace menos rentables.

En segundo lugar, se advierte un escaso, apenas incipiente desarrollo de entidades financieras alternativas al sistema bancario, que puedan ocupar el lugar que este no quiere tomar en la financiación de la microempresa rural. En los programas de microempresas de varios países operan cooperativas y ONGs financieras, pero su orientación es preferentemente urbana y su cobertura rural es mínima. Además, por lo general estas entidades carecen del respaldo patrimonial que exigen los bancos centrales o bancos de segundo piso para permitirles intermediar recursos cuantiosos, por lo que su operación de líneas de crédito de este tipo es reducida.

Algunas de las carencias de las entidades financieras alternativas se han tratado de solucionar mediante convenios. La ONG, por ejemplo, estudia y aprueba los créditos y asume todas las responsabilidades consiguientes, en tanto que el banco se encarga de recibir los pagos en sus oficinas. Pero esta tarea es frecuentemente realizada con disgusto por parte de las oficinas bancarias, debido al trabajo que exige la multitud de pequeñas operaciones y a que el estrato social de los prestatarios choca con el de sus clientes habituales.

En tercer lugar, en muchas zonas rurales de los países latinoamericanos la estructura financiera es insuficiente. Puesto que las entidades financieras, tanto los bancos convencionales como las instituciones alternativas, buscan ubicarse en áreas donde la operación sea rentable o al menos financieramente viable por el volumen y el monto potencial de los créditos, se ubican preferentemente en zonas de agricultura comercial capitalista moderna, o agricultura campesina de tamaño mediano. Por este motivo las zonas rurales de minifundio y pequeña producción suelen quedar desatendidas.

En cuarto lugar, los microempresarios rurales carecen de garantías suficientes para avalar los créditos ante las entidades financieras, una dificultad que constituye el argumento más generalizado que estas esgrimen para excusarse de atender las solicitudes de aquellos y de las entidades de apoyo al sector microempresarial. Puesto que en algunos programas de crédito para este sector efectivamente se han dado altas tasas de morosidad, las entidades financieras que superan las barreras mencionadas anteriormente, tratan de protegerse del riesgo insistiendo en las garantías.

Algunos programas han tratado de obviar el problema de la falta de garantías suficientes creando fondos de garantías con recursos estatales y de cooperación internacional, y exigiendo a los usuarios pagar las cuotas que aquellos cobran para expedir los certificados de garantía. Los fondos de garantías han mostrado efectivamente capacidad de resolver, parcialmente, el problema, pero experimentan problemas como la falta de un respaldo oficial suficientemente sólido que les permita resistir coyunturas difíciles de morosidad. Además, el pago de los certificados de garantía conlleva el encarecimiento del crédito, por no hablar de la tramitología acostumbrada en estas instituciones, la cual aleja a los intermediarios financieros.

Finalmente, los microempresarios se quejan de los altos costos y la falta de oportunidad del crédito para la microempresa rural. La revisión de la literatura disponible sobre el tema y los testimonios de funcionarios y de algunos usuarios sugieren que el factor costo tiene menor importancia que la oportunidad. Acerca de la importancia de la oportunidad no cabe duda; efectivamente, es vital que el momento de desembolso y los plazos de repago coincidan con los momentos críticos del ciclo de producción agropecuaria, pues una siembra tardía determina el fracaso del cultivo, lo mismo que una compra tardía de las cosechas arruina los procesos de postcosecha, agroindustrialización y comercialización. Además, los productores necesitan contar con un flujo seguro de recursos para mantener su operación, de manera que las interrupciones o demoras en los procesos de desembolso hacen que ellos opten por no pagar, con tal de contar de recursos para las nuevas operaciones.

Pero a pesar de la validez de estas afirmaciones, no se puede negar la importancia de los costos financieros. Tasas de interés que superan significativamente los niveles de inflación, como se han dado con frecuencia en la última década en los países latinoamericanos, no pueden ser sufragadas sin menoscabo de la unidad productiva, a no ser gracias a aumentos excepcionales de productividad o a condiciones también excepcionales de precios de sus productos, por encima de la media. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que ninguna de estas condiciones suele verificarse en el caso de la producción microempresarial rural. Por eso es preciso aceptar que el factor costo financiero (tasa de interés más costos colaterales) sigue siendo relevante para el éxito de la microempresa rural.


  Comercialización.
Las principales dificultades que enfrenta la microempresa rural en el área de comercialización se centran en la dificultad de obtener insumos y materias primas en condiciones favorables de precio, calidad y oportunidad de entrega, en la inexistencia de planes, técnicas y herramientas de expansión comercial y en problemas de legalización, normalización y control de calidad para participar en mercados modernos.

La mayor parte de las microempresas rurales enfrenta situaciones monopólicas, ya sea en la adquisición de insumos o en la venta de la producción. Y aun cuando exista la competencia, la pequeña escala de la microempresa encarece los insumos y los servicios que debe contratar. Los productores de mayor tamaño tienen una ventaja competitiva sobre la microempresa en coyunturas críticas de escasez, pues pueden pagar precios más altos y se quedan con las materias primas de mejor calidad; y en épocas de abundancia pueden diversificar su producción y los mercados a los que llegan. Por otra parte, con frecuencia utilizan técnicas modernas para hacer un mejor manejo de los inventarios.

Estas estrategias no están al alcance de los empresarios de la microempresa, quienes están obligados a mantenerse en pequeñas escalas de producción y a aplicar estrategias de lealtad, reciprocidad y buena voluntad que impiden el manejo empresarial del negocio. Como resultado, los mercados de la microempresa rural son frecuentemente locales y de exiguo crecimiento. No existen planes de expansión comercial que obliguen al uso de información, al estudio de mercados más amplios o a establecer nuevos contactos comerciales.

Aunque existiera la posibilidad de expandir los mercados, a veces no se pueden aprovechar las oportunidades por falta de capital de trabajo para financiar la compra de materias primas o la cartera, o por la imposibilidad del empresario de delegar algunas de sus tareas. Cuando estas se aprovechan y la microempresa trata de expandirse más allá de las fronteras locales, surgen las exigencias de normalización, control de calidad, conservación y diseño de empaques aceptables desde el punto de vista de seguridad e higiene.


  Organización.
Característica típica de grupos de pequeños productores de nivel socioeconómico relativamente bajo es la ausencia o debilidad de organización, por falta de interés o por falta de posibilidades y mecanismos eficaces para desarrollarla. En general, la microempresa rural carece de una tradición asociativa que le permita hacer frente a problemas comunes de producción y comercialización, carece de una estructura corporativa que le permita mejorar y crecer a partir de relaciones con el entorno, y carece de representación ante las entidades encargadas del diseño de las políticas para el sector.

La organización al nivel más elemental de vecindad geográfica entre productores que comparten una problemática común, no es usual en el mundo microempresarial rural. Los ensayos exitosos que existen han sido liderados por entidades externas que tienen capacidad de presión por los servicios que prestan, como la asistencia técnica o el crédito.

Los intentos de establecer organizaciones gremiales a un nivel más amplio se frustran en muchos casos ante la dificultad de conseguir recursos para sostener la organización, y porque en general ésta carece de servicios que ofrecer y de mecanismos de apoyo eficaz para los usuarios, por lo que no logra su motivación real y el compromiso de ellos con la entidad. Por el contrario, muchas organizaciones, presionadas por la difícil situación económica terminan compitiendo por servicios con las mismas entidades de apoyo, lo cual les resta credibilidad en el momento de discutir las políticas públicas en las instancias gubernamentales.

En cuanto a la estructura corporativa, esta se entiende como el conjunto de nexos permanentes que las microempresas logran establecer con empresas de distintos tamaños para cooperación e integración, ya sea en subcontratación de actividades, ya sea en el suministro de insumos o en la atención conjunta de mercados.

Existen casos exitosos de modelos corporativos que han sido beneficiosos para los empresarios de la microempresa, por ejemplo en el suministro de frutas y verduras para supermercados modernos. En todos ellos se verifican condiciones que tienen que ver, por una parte, con el tipo de actividad y producto manejado, los cuales presentan condiciones asequibles a la idiosincrasia y a las competencias de los microempresarios, y por otra, con una concientización de estos sobre la necesidad de adaptar su forma de trabajo a las exigencias de los mercados. Pero esos casos, que aportan valiosas pistas para el diseño de programas de desarrollo del sector, son todavía excepcionales en la mayoría de los países latinoamericanos.


Políticas para el desarrollo de la microempresa rural.
Focalización, integralidad, atención al entorno, orientación hacia el mercado, base tecnológica, impulso a proyectos amplios y articulación con empresas medianas y grandes son lineamientos de política que aseguran un grado satisfactorio de éxito en los programas de apoyo.

  1. La focalización se interpreta en el sentido indicado anteriormente, como una orientación consciente de los programas hacia la población excluída, con el fin de evitar dicha exclusión. Implica la diferenciación de los servicios, que no pueden ser uniformes, sino que tienen que adaptarse a las condiciones de cada grupo, pues los más deprimidos no soportan las condiciones que se pueden imponer a los más pudientes, so pena de causar irremediablemente exclusión, así esta no sea pretendida. Cuando se es cuidadoso en definir operativamente la microempresa y en dirigir el apoyo a las unidades que cumplen con la definición formulada, la focalización es un hecho.

  2. La integralidad se entiende en dos sentidos: por una parte, como el esfuerzo por desarrollar simultáneamente las distintas áreas empresariales, y por otra, como la combinación de acciones para lograr este objetivo. Un desarrollo significativo y permanente de la microempresa rural solo se logra si se fortalecen simultáneamente al interior el área de gestión empresarial, el área técnica y el área comercial, y se enfrentan al exterior las variables del entorno, ya que la relación sistémica que existe entre ellas hace que el desempeño de cada una de ellas repercuta en las demás, inhibiendo su desarrollo si es negativo, o potenciándolo sinérgicamente si es positivo. Por otro lado, la efectividad de cada tipo de acción de apoyo (capacitación técnica o asesoría, por ejemplo) es de por sí limitada, por lo que un efecto sensible solo se logra con la concurrencia de todas.



    El Gráfico No. 1 muestra la acción covergente de todo el conjunto de variables que constituyen la estrategia integral: el proyecto parte de un enfoque de mercado, la microempresa se dota de una a tecnología apropiada, se fortalece empresarialmente con un sólido proceso de formación, se fortalece técnicamente a través de acciones de capacitación y asistencia técnica, se fortalece al exterior mediante la organización gremial y económica, y logra acceso a un financiamiento adecuado.

  3. La microempresa no actúa aisladamente sino inserta y en estrecha interrelación con el entorno, constituído por los conjuntos de agentes económicos que operan en el mercado y de agentes institucionales públicos y privados con quienes interactúa. Una articulación favorable con los mercados y las instituciones permite que los grupos sociales con desventajas queden incluídos en los efectos multiplicadores generados por los sectores, zonas y grupos sociales más dinámicos de las áreas rurales.

    Además, sólo si se comprende el entorno en su actuar y en sus relaciones con la microempresa, es posible encontrar la ubicación justa de ella frente a las oportunidades y amenazas que aquél presenta, identificar el tipo de relacionamiento adecuado con él y operar de manera expedita y exitosa. De nada sirve un fortalecimiento interno que no consulta las condiciones vigentes al exterior de la empresa, las cuales pueden hacer inoperantes los mecanismos desarrollados desde dentro de ella.

  4. La atención al entorno lleva como meta central a la identificación del mercado para el bien o servicio que se quiere producir. Son exitosos solo aquellos proyectos microempresariales que se concentran en productos que cuentan con mercado amplio con espacio para nuevos oferentes, y que de antemano conocen ese mercado con sus condiciones de características del producto, volúmenes demandados, términos de entrega y forma de pago. Muchos proyectos de artesanías y de productos agropecuarios tradicionales fracasan porque no hay suficiente demanda, porque se enfrentan a mercados saturados.

  5. El desarrollo de la microempresa rural requiere el fortalecimiento de la misma con una base tecnológica que le permita ofrecer bienes y servicios que satisfagan los requerimientos necesarios para competir en el mercado moderno. Existe experiencia suficiente para hacer los desarrollos de tecnología intermedia, asequibles a la población rural sin elevados niveles educativos, pero que garantizan una productividad suficiente y una calidad aceptable, de manera que la producción asegure la demanda y sea rentable.

  6. Producir para el mercado moderno bienes agropecuarios y agroindustriales sólo es posible si se logra reunir una oferta suficientemente amplia para cumplir con los volúmenes que exige dicho mercado, los cuales rebasan ampliamente los producidos por una o unas cuantas microempresas. Por eso los proyectos microempresariales de producción agropecuaria moderna y de producción agroindustrial exitosos son proyectos de tipo asociativo en los que el proceso productivo se realiza en pequeña escala a nivel individual por un grupo relativamente numeroso (puede realizarse a nivel asociativo), en que la producción de las unidades individuales se agrega para garantizar el volumen de oferta que demanda el mercado. El número de productores y el volumen agregado de producción están en función de las exigencias de la demanda.

  7. Establecer de antemano conexiones contractuales de mercado con empresas demandantes de los productos de la microempresa es condición casi infalible de éxito, si hay la capacidad de cumplir con las exigencias de aquellas, porque permite planificar en detalle ajustando la producción en volumen, calidad y tiempo a los requerimientos, y asegura la salida de aquella en condiciones de precio y forma de pago preestablecidos; esto da seguridad a la empresa y permite adquirir oportunamente los insumos necesarios, organizar a los productores y desarrollar las actividades productivas en forma expedita.


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