Artículos
El ciudadano y su diplomacia
Autores corporativos:
Comité de Servicios de los Amigos Americanos (autoría; canal)
Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (colaboradora)
Foro de Diplomacia Ciudadana (responsable)

   Descripción    Clasificación   
Fecha:
2004
Entradilla:
El desarrollo humano sustentable se juega también en los espacios de donde emerge el nuevo derecho y normatividad internacional. Por ello no puede ser prerrogativa absoluta de los funcionarios estatales su discusión y diseño. Es un derecho y un deber ciudadano el practicarla.
Introducción/Descripción:
El uso del término "diplomacia ciudadana" es relativamente reciente aunque su práctica tenga ya algo más de medio siglo (según lo que algún que otro historiador desee identificar como sus antecedentes remotos).

La diplomacia era hasta fechas cercanas un ejercicio reservado a los funcionarios gubernamentales de los estados quienes la ejercían en supuesta representación de la voluntad soberana de sus naciones. La naturaleza ciertamente compleja de las relaciones internacionales y el carácter indiscutiblemente delicado de las continuas negociaciones que ella conlleva, rodearon a esta actividad de cierta mística elitista y secretiva. Las expresiones críticas de parte de la opinión pública a cualquier política oficial en esta esfera fueron por mucho tiempo desdeñadas por "desinformadas" o "irresponsables" por los círculos selectos de aquellos "elegidos" que las diseñaban e implementaban. Aun peor, a veces, ha sido el impacto de dinámicas políticas electorales, cuando la diplomacia se define por intereses estrechos y parroquiales en contra de las opiniones e intereses de la gran masa de la sociedad civil.

Pero de manera paulatina se fue tomando conciencia de que la diplomacia era demasiado importante para dejarla en manos exclusivas de los diplomáticos. Millones de personas morían en guerras evitables, los derechos humanos de poblaciones enteras eran negados por aquellos gobiernos que ostentaban su representación ante la comunidad internacional, el medio ambiente continuaba deteriorándose con rapidez sin que se avanzara en acuerdos para remediar la situación y la economía mundial adoptaba modelos de funcionamiento cada vez más socialmente excluyentes sin que los diplomáticos oficiales parecieran tomar debida cuenta de ello. La voluntad soberana de los representados no parecía siempre expresarse de manera eficaz a través de sus representantes gubernamentales en los foros internacionales y se fue abriendo paso la concepción de que era imprescindible al ciudadano encontrar el modo de involucrarse más directamente en los llamados procesos diplomáticos.

El mismo Comité de Servicio de los Amigos (Cuáqueros), del cual nace esta revista (Futuros), ha sido promotor de la diplomacia ciudadana como parte de su misión a favor de la paz y justicia por más de 80 años. El AFSC ha promovido en algunos casos la mediación ciudadana entre partes en conflicto armado, como en el Medio Oriente, y en el conflicto Nigeria-Biafra. Ha creado espacios para diálogo entre las organizaciones de la sociedad civil (OSCs) y oficiales de la ONU, o entre diplomáticos y oficiales de la ONU para consensuar fuera de los foros oficiales algún avance en algo importante que fue estancado, como por ejemplo en la evolución de la Ley del Mar, o control de armas ligeras.

El desarrollo humano sustentable preciado objetivo global de la humanidad en su actual coyuntura histórica- se juega también en los espacios de donde emerge el nuevo derecho y normatividad internacional. Por ello no puede ser prerrogativa absoluta de los funcionarios estatales su discusión y diseño. Es un derecho y un deber ciudadano el practicarla.

Semejante desafío a los criterios establecidos hasta entonces acerca de la diplomacia y sus operarios causó cierto estupor inicial en los medios oficiales de algunos estados. Aun lo más democráticos gobiernos de sociedades abiertas se resistían a tomar en serio a estos improvisados activistas de las relaciones internacionales que ahora invadían por decenas -luego por centenares y ahora por miles- los reservados predios de su actividad cotidiana. Pero su presión por participar de algún modo significativo en el quehacer negociador fue creciendo pareja con su creciente especialización y eficacia en el manejo de la información y de su aprendizaje de las técnicas de negociación diplomática.

Este creciente activismo político de las organizaciones no partidistas de la sociedad civil global tiene también su explicación local en otro factor: el debilitamiento general de los partidos políticos tradicionales para cumplir su función de actuar eficazmente como vehículo de las preocupaciones de la sociedad civil. Ese fenómeno responde, a su vez, a causas diversas tales como su incapacidad de responder o renovarse, por corrupción, o por falta de credibilidad. Su insuficiente capacidad de negociación en cuanto a las exigencias de la nueva economía global, el poder desmesurado de los países desarrollados en ella y las demandas de las instituciones financieras multilaterales ha hecho que en muchos países los ciudadanos se hayan decidido a forjar sus propios vehículos de representación y negociación. Esto ya era novedoso para la política local, pero mucho más lo era en los foros internacionales.

Un conjunto de reservas y objeciones comenzaron a expresarse por parte de los representantes de aquellos estados menos acostumbrados a la democracia. La nueva y activa presencia de organizaciones de la sociedad civil en lo que hasta entonces consideraban sus foros multilaterales los perturbaba. Algunos de sus argumentos eran poco atendibles, pero otros encerraban algún elemento de verdad.

Entre los últimos se destacaban los siguientes:

  • Las llamadas organizaciones de la sociedad civil (OSC) no habían sido electas democráticamente para representar a toda la nación como era el caso de los gobiernos.

  • Las OSC eran, a menudo, la fachada de grupos de oposición al gobierno establecido en sus países.

  • Las OSC tenían una actitud confrontativa y antigubernamental que no ayudaba al buen desenvolvimiento de las negociaciones.

  • Las OSC sólo creaban problemas y demoraban los procesos negociadores con distracciones políticas que obedecían a su falta de preparación adecuada respecto a los temas en discusión y a su desconocimiento de las técnicas y procedimientos de las negociaciones.

  • Las OSC no traían una postura común a las negociaciones, por lo que se hacía imposible tenerlas seriamente en cuenta dada la fragmentación de sus propuestas y posiciones.

  • Las OSC no tenían ningún poder negociador, por lo que, pragmáticamente, no era necesario tener en cuenta sus posiciones y propuestas.

Sin embargo, las OSC fueron reafirmando progresivamente su legitimidad y ganándose el respeto de los funcionarios de los foros multilaterales. Aun aquellos gobiernos que tenían mayores razones para sentirse inquietos por la gestión diplomática ciudadana se percataron de que no podrían deshacerse de ella tan fácilmente y acudieron a otras tácticas para obstaculizar su labor. El nuevo fenómeno la eclosión de la presencia y acción de organizaciones de la sociedad civil mundial organizada en los foros internacionales- había llegado para quedarse.

Desde la Cumbre de Río sobre el medio ambiente (1992) hasta el presente, millones de ciudadanos se han involucrado activamente, a través de miles de organizaciones desde sus países o directamente en los corredores de los foros mundiales- en el nuevo activismo que acompaña a la diplomacia del ciudadano. Casi sin excepción puede decirse que los principales acuerdos internacionales que han venido a engrosar la normatividad del derecho a escala mundial, fueron el resultado de iniciativas y propuestas salidas de las OSC y negociadas con los gobiernos que, en mayor o menor medida, las recogieron en nuevos acuerdos, tratados, convenios y pactos internacionales. La creación de la posición del Alto Comisionado para Derechos Humanos de la ONU, la prohibición del empleo de minas terrestres, el reclutamiento militar de menores de edad por ejércitos regulares o irregulares, la creación de la Corte Criminal Internacional, la Agenda 21 para el medio ambiente, el esfuerzo de condonación de las deudas de los países mas pobres, derechos de pueblos indígenas, y muchos otros avances normativos de la humanidad al cerrar el violento siglo XX tuvieron su origen en el activismo de la diplomacia ciudadana. Lo que falta por lograr no debe hacernos perder de vista lo ya logrado.

¿Cómo fueron posibles esos éxitos políticos en un tiempo relativamente breve si se tienen en cuenta las objeciones y resistencias que habían sido planteadas por los gobiernos a esta forma de activismo?

En primer término quedó claro que la legitimidad y prestigio de las OSC no estaba dado por el número de sus afiliados sino por la calidad y profesionalismo con que asumían los temas a los que otorgaban prioridad. El prestigio de Amnistía Internacional, por poner un ejemplo, viene dado por los valores que representa y el profesionalismo con el que ejercen su meritoria labor. La pretensión de que las OSC no representaban a nadie por no haber sido elegidas nacionalmente resultaba endeble viniendo a menudo de gobiernos que, o bien se han eternizado en el poder sin pasar por elecciones libres y pluralistas, o bien han sido electos por una fracción minoritaria del electorado total en procesos signados por la apatía y el ausentismo masivos a las urnas.

Por otro lado, la vigencia de normas de procedimiento y comportamiento claras para la participación de estas organizaciones en esos foros internacionales hace irrelevante el hecho de si sus planteamientos reflejan o no los criterios de partidos o movimientos de oposición por lo que nada deberían temer esos gobiernos salvo escuchar en publico aquellas voces que quizás sean ahogadas por la represión política en sus países. Las sociedades abiertas no han de inquietarse por escuchar en la ONU lo que pueden leer en sus periódicos o escuchar en la radio y TV cada día.

Las restantes objeciones, sin embargo, se apoyaban en debilidades reales que caracterizaban el trabajo de muchas OSC, sobre todo en aquellos años iniciales que siguieron a su masiva presencia en el sistema de instituciones multilaterales. La diplomacia es per se una esfera de actividad que supone un aprendizaje profesional para su ejercicio eficaz, la practiquen funcionarios gubernamentales o ciudadanos. Con la experiencia acumulada y la voluntad de juntar saberes y voluntades, estas capacidades están al alcance de un creciente grupo de organizaciones y redes, como es en el caso de las que forman el Foro Latinoamericano y Caribeño de Diplomacia Ciudadana (FDC).

A lo largo de la última década e inicios del nuevo siglo, la ciudadanía fue forjando organizaciones capacitadas técnicamente para diseñar sus propuestas y negociarlas de manera eficiente. También ha venido aprendiendo que el poder negociador de sus representantes radica precisamente en la protesta y movilización populares en sus propios países e internacionalmente. Sin protesta no hay poder negociador; sin propuesta no hay negociación exitosa.

Nuevos retos se han presentado en el mundo posterior al 11 de septiembre del 2001. Una visión estrecha de la seguridad nacional y global cobró fuerza de inmediato y en muchas partes se inició una tendencia dirigida a criminalizar toda protesta social y a cuestionar el derecho de las organizaciones de la sociedad civil a emitir críticas vinculadas con las violaciones de derechos políticos y civiles que la llamada "guerra contra el terrorismo" pretendía justificar. Pero nada pudo ya detener la diplomacia del ciudadano.

La diplomacia ciudadana se ejerce con sarape y sandalias, protestando la injusticia e inequidad desde las calles de nuestro continente. Pero también de cuello y corbata, en los pasillos y recintos de los foros multilaterales, donde con excelente elaboración técnica y lenguaje apropiado a las circunstancias, los representantes de las OSC promueven las propuestas técnicas que aportan soluciones al clamor de sus pueblos.

Sin embargo, la tensión entre esas dos esferas de trabajo es real y a veces conduce a conflictos entre las OSC. La resolución de estos conflictos es en si un desafío constante, y existe una relación directa entre la capacidad creciente del empleo del diálogo y la transparencia para resolver estos conflictos internos de la sociedad civil y los avances logrados por ella en los foros multilaterales.

Este número de la Revista Futuros esta dedicado a la diplomacia ciudadana en nuestra región, a sus reflexiones, procesos de aprendizaje y acumulación de fuerzas. Esperamos así acercar a nuestros lectores a una esfera, a veces no muy comprendida, de las luchas populares.
URL:
http://www.revistafuturos.info/futuros_7/presentacion_f7.htm
Actividades relacionadas:
I Foro de Diplomacia Ciudadana
Publicado en:
FDC 2002 - 2004 ; Gloobalhoy nº21 ; Revista Futuros
Secciones GloobalHoy:
110- Sociedad-civil
Notas:
Publicado en Revista Futuros No 7. 2004 Vol. II
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