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Fecha:
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4 de Mayo de 2005
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Entradilla:
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El pasado mes de marzo, el diario The New York Times denunció en un editorial que la población carcelaria de Estados Unidos era mayor que la de cualquier otra nación en el mundo. Esta semana un informe emitido por el Buró de Estadísticas de Justicia de ese país ha revelado que la población carcelaria en Estados Unidos creció en el último año a un ritmo de unos 900 presos por semana.
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Introducción/Descripción:
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La población carcelaria de Estados Unidos, la mayor del mundo, ha incluso aumentado. Uno de cada 138 residentes en el país se encuentra hoy entre rajas. El crecimiento, desde mediados de 2003 hasta mediados de 2004 ha sido de 900 nuevos presos por semana.
Hasta el pasado mes de junio, 2,1 millones de ciudadanos estadounidenses, según el informe del Buró de Estadísticas de Justicia, se encontraban encarcelados. La tasa de encarcelados ha alcanzado un récord de 726 personas por cada 100.000 residentes.
El Instituto de Políticas de Justicia, que propugna por un sistema de castigos menos severos, ha señalado que ésta es la mayor tasa del mundo, cinco veces mayor que la del Reino Unido y 12 veces mayor que la de Japón.
Según el informe del Buró, el número de presidiarios en Estados Unidos sobrepasó la cifra de dos millones. El estado de Texas, del cual fuera gobernador el actual presidente George W Bush, es el que cuenta con el mayor índice de personas encarceladas (casi 170 mil personas, lo que equivale a 700 cada 100.000 residentes de Texas).
El aumento, según expresan los autores del informe, puede ser atribuido en gran medida a políticas de mano dura implementadas en los distintos estados en las décadas de 1980 y 1990, que se encuentran, en su mayoría, vigentes.
El gobierno federal, por su parte, ha señalado que la política de poner criminales tras las rejas de hecho es fructífera y que los crímenes violentos se redujeron un 2% en el país en el primer semestre del pasado año.
Las cifras del informe muestran que se mantiene la tendencia y que proporcionalmente, son las minorías negra e hispana las que más padecen encarcelamiento. El 12,6% de los hombres de origen africano está preso; el 3,6% de los hispano y cerca de 1,7% de los blancos. El 63% de los encarcelados pertenece a las minorías negras e hispanas (constituyendo una mayoría en las prisiones) mientras que dichas minorías sólo constituyen un 25% de la población nacional.
Muchos estudiosos del sistema de encarcelamiento estadounidense han señalado que estas proporciones responden a una insidiosa continuación de las políticas raciales discriminatorias del país que en lo formal, al menos, desaparecieron tras las luchas de los activistas en la década de 1960.
Texas, estado del cual fuera gobernador el presidente George W. Bush, se encuentra hoy a la cabeza de los encarceladores. Hasta 2003 Texas ocupaba el segundo lugar en cuanto a población penal, detrás de Louisiana.
Rejas y morbilidad.
Mientras el gobierno federal, con Bush a la cabeza, busca reducir los gastos que ocasionan las cárceles, y algunos estados intentan hacerlo con la reducción del dinero que debe estar dedicado a la salud en los centros penitenciarios, enfermedades como la tuberculosis y la hepatitis pululan entre los detenidos, con peligro para la vida. Por otra parte, según datos, uno de cada seis reos padece una severa enfermedad mental.
Mientras el gobierno sostiene que las personas que son sancionadas por la ley no merecen la ayuda pública, el mes pasado, el editorial del New Cork times señalaba que "los presos son literalmente las personas más enfermas de nuestra sociedad". Por otra parte, la atención de salud en el sistema correccional ve recortados sus fondos debido, en gran medida, a que las reglas federales niegan a los prisioneros el acceso al programa de salud estatal Medicaid.
La gran maquila penitenciaria.
La sobrepoblación carcelaria es producida por políticas de "mano dura", entre ellas los cada vez más estrictos requerimientos para pedir la libertad bajo palabra, la aplicación obligatoria de las sentencias mínimas y por la ley de las tres ofensas (three strikes), que permite encarcelar por períodos prolongados a cualquier infractor capturado por tercera vez, aún si se trata de un delito menor o excarcelable. Esta sobrepoblación ha planteado un problema básico de presupuesto que llevó a algunas gobernaciones a invertir en el mantenimiento de los correccionales cifras similares a las invertidas en educación. Las soluciones son cada vez con más frecuencia de corte típicamente neo-liberal; por un lado la privatización de los institutos carcelarios y por otro la utilización con fines comerciales de la fuerza laboral de los reclusos.
Estas nuevas facetas en el desarrollo del "complejo carcelario industrial" (prison industrial complex), término con el que los defensores del sistema se refieren al mismo en referencia al "complejo militar industrial" acuñado por Eisenhower en la guerra fría, se extendieron rápidamente a lo largo de la década de 1990. El primer sistema de prisiones privadas se desarrolló en forma experimental durante el gobierno de Ronald Reagan, quién alentó el desarrollo de centros de detención privados en Houston y Laredo, Texas. Esta invitación pública a los inversores llevó a que un par de interesados, utilizando dinero de la cadena de comidas rápidas Kentucky Fried Chicken y el know how de veteranos directores de cárceles, formara la CCA (Corrections Corporation of America), la primera compañía de prisiones privadas. La CCA se orientó en un principio al establecimiento de centros de mínima seguridad, pero se fue extendiendo y conformando un poderoso lobby de gran influencia monetaria sobre el sector político, llegando a ser CCA el principal inversionista privado en las campañas políticas del estado de Tennessee. Gracias a esta política agresiva y a lo rentable del servicio, CCA y sus competidoras controlan hoy en día la seguridad, reclusión y trabajo de alrededor de 100.000 confinados a lo largo de Estados Unidos, extendiendo su servicio a países como Puerto Rico, Australia y el Reino Unido.
Las ganancias que las compañías privadas producen no alivian los costos estatales de las prisiones ya que las cifras de los contratos son similares a la inversión pública en las prisiones estatales. La diferencia en el haber se debe esencialmente a los recortes que las compañías privadas realizan a los servicios de los detenidos y a las diferencias salariales a favor que implican el contratar mano de obra menos capacitada como guardianes, lo que empeora el trato y aumenta el promedio de abusos. También la utilización directa o tercerizada de la mano de obra de los reclusos, que son a su vez consumidores "cautivos" (en todos los sentidos del término) de servicios telefónicos y alimenticios.
Tal vez la más agresiva en cuanto a la maximización de beneficios mediante el trabajo de los reclusos sea la segunda compañía de prisiones privadas en importancia, Wackenhut Corrections. Fundada por el ex agente del FBI George Wackenhut, es una subsidiaria de la empresa de seguridad privada que Wackenhut fundó hace cuarenta años y que se caracterizó por la elaboración de dossiers (luego pasados al FBI) de tres millones de norteamericanos "potencialmente subversivos". Wackenhut ha favorecido y alentado la instalación en su complejo carcelario de Lockhart, Texas, de tres compañías locales que substituyeron a su mano de obra libre por la de reclusos que trabajan por el salario mínimo, al que Wackenhut descuenta por diversos conceptos hasta un 80% del mismo. Leonard Hill, dueño de LTI Inc., una empresa de ensamblaje de circuitos que despidió a sus 150 empleados en Austin mudando sus equipos a Lockhart, declaró con honestidad que esperaba aumentar considerablemente los beneficios de su empresa ya que "cuando se trabaja en el mundo libre hay gente que llama porque se enfermó o tuvo un problema con el auto. Aquí (en la prisión de Lockhart) no tenemos ese problema", señalando también que el estado paga por todos los gastos médicos de sus nuevos trabajadores que, además, "no toman vacaciones". Tal vez, sin embargo, los empleados reclusos de LTI sean casi unos privilegiados ya que las leyes federales prohíben el comercio doméstico de los bienes fabricados por reclusos a menos que estos sean pagados con salarios similares a los de fuera de prisión, pero esta legislación no se aplica a los bienes fabricados con fines de exportación, por lo que existen en prisiones como la de Monterrey, California, convictos trabajando en jornadas de nueve horas diarias en la confección de camisas de trabajo azules destinadas a los mercados asiáticos por salarios de 45 centavos la hora, lo que totaliza, después de las deducciones impositivas, un sueldo de 60 dólares por mes, conformando una situación extrañamente similar a la del trabajo forzado en las prisiones chinas que el gobierno estadounidense condena sistemáticamente.
Los reclusos no realizan estos trabajos tanto por sus exiguas ganancias o por la posibilidad de aprender una nueva habilidad, como pregonan los directores de las cárceles al ser interrogados al respecto, sino esencialmente para no perder sus privilegios carcelarios de acceso a la cantina, reducción de pena por buena conducta y para no ser mudados a complejos disciplinarios, algo que sucede habitualmente con quienes se rehúsan a realizar estos trabajos. Por lo general el aprendizaje laboral que reciben es específico de su función en la cadena de fabricación y difícilmente aplicable a trabajos en el exterior que no fueran idénticos. En 1980 las ganancias obtenidas por el trabajo de los reclusos fueron de 392 millones de dólares; en 1994 habían aumentado a 1.310 millones gracias al gran aumento en la proporción de presos trabajando. Dentro de las empresas multinacionales que utilizan mano de obra reclusa se cuentan Colgate Palmolive, Microsoft, Starbucks, Victoria´s Secret y TWA, pero en general las transnacionales siguen prefiriendo utilizar la mano de obra extranjera tercerizada por contratos, mano de obra que aún sigue siendo más barata que la carcelaria.
En un artículo denunciando la brutalidad con la que los guardias de la prisión de Brazoria, controlada por la compañía privada CCRI, habían realizado un registro el activista negro Mumia Abu-Jamal, preso en el pabellón de la muerte por haber supuestamente dado muerte a un policía en un confuso enfrentamiento, escribía: " En una nación donde la ideología dominante es la acumulación y el dominio del capital, el ingreso de las descontroladas fuerzas de las corporaciones es profundamente inquietante. Porque, ¿cuál puede ser el futuro del encarcelamiento cuando el motivo ulterior es la ganancia? En un régimen en el que más cuerpos significan más ganancia, las prisiones están dando un enorme paso hacia su antecesor histórico, la jaula de esclavos".
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Publicado en:
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Gloobalhoy nº3 - 4
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