Ponencias
Discurso del presidente Rafael Correa, en la ceremonia de ingreso a la Alternativa Bolivariana para las Américas, ALBA
Autores corporativos:
Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (canal)

Autores personales:
Correa Delgado, Rafael (Autor/a)

   Descripción    Clasificación    Relacionados   
Lugar:
Maracay (Venezuela)
Fecha:
24 de Junio de 2009
Entradilla:
La VI Cumbre Extraordinaria de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), creada en 2004 como alternativa al Área de Libre Comercio de las Américas (Alca), se realizo a finales de junio del año 2009 en Venezuela. Su objetivo: recibir a Ecuador y a otros dos países caribeños. A los actuales miembros Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Honduras y Dominica se sumarán Ecuador, San Vicente y las Granadinas y Antigua y Barbuda.

La ceremonia de ingreso de los nuevos socios se efectuó en Maracay, en el marco de la conmemoración de los 188 años de la batalla de Carabobo, que selló la independencia venezolana de la Corona española.

Ecuador se mantenía como observador de este bloque regional de integración, pero el presidente Rafael Correa decidió adherirse especialmente por ser un espacio de coordinación política en los foros internacionales.
Introducción/Descripción:
Queridas compañeras, queridos compañeros:

Como revolucionarios, bolivarianos y alfaristas, venimos a poner el alma, las manos, la conciencia libertaria, la voluntad de mi pueblo en este proceso de integración, de construcción de la Patria Grande.

Doscientos años atrás, Simón Bolívar soñó  conformar América, la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas, que por su libertad y gloria. No hemos venido solos, aquí están las voluntades de millones de ecuatorianas y ecuatorianos; hemos venido  insumisos, con como Rumiñahui, Lempira, Túpac Amaru, Túpac Catari, que resistieron a la conquista y a los execrables abusos del coloniaje; están con nosotros el pensamiento, la acción, la voluntad libertaria de Eugenio de Santa Cruz y Espejo, Manuelita Sáenz, Rosita Campuzano, los próceres del diez de agosto de 1809, las mujeres heroicas, libertarias, compañeras incansables de los ejércitos de emancipación, las libertadoras, los libertadores, los mártires del 2 de agosto de 1810, los combatientes del 24 de mayo de 1822; aquí estamos insurgentes, visionarios, libérrimos, junto a Simón Bolívar y Francisco de Miranda, Francisco Morazán, Augusto César Sandino y José Martí, Farabundo Martí, Salvador Allende y Fidel Castro, el Che Guevara; todos ellos y los que no hemos nombrado, los ríos de sangre generosa que se han derramado fecundos, fértiles, en miles de sueños de libertad, nos convocan desde la historia insurrecta de nuestros pueblos y han logrado reunirnos -por fin- aquí, a la luz del amanecer de la Patria Americana Nuestra, a la luz del ALBA, para amasar el nuevo día, para organizar nuestro futuro de dignidad, de bienestar común, de desarrollo equitativo.

Compartimos la comunión de un espíritu que se agiganta, que existe y se expresa, con infinidad de matices, en una dilatada geografía de cordilleras y llanuras, de selvas y archipiélagos, de tierra nuestra, de mares nuestros, de gente nuestra, de nuestros sueños.

Asumimos los ideales que impulsaron los procesos de lucha, honramos la memoria, la consecuencia revolucionaria que, en nuestros días, se expresan bajo una palabra irrenunciable: soberanía. Soberanía que significa potestad de tomar decisiones sin someter la propia voluntad a ninguna voluntad extraña y menos a intereses contrarios a nuestros propios fines.

Proponemos una fructífera relación hemisférica basada en el respeto mutuo y en el diálogo simétrico y franco.   Esta época de crisis es nuestra oportunidad para profundizar los cambios que requieren nuestros países, fortaleciendo y dinamizando los mercados internos, armonizando los novedosos esquemas de integración regional recientemente surgidos en América Latina y el Caribe, incorporando nuevos actores a los sistemas económicos, consagrando la soberanía alimentaria, perseverando en nuestros proyectos energéticos, anulando el neoliberalismo.

Esa es la relación fraternal que anhelamos y, al mismo tiempo, la que reafirma nuestra voluntad soberana de no permitir jamás una violación a nuestra soberanía, ni pesquisas ni requisas de información, no bases militares extranjeras, ni falsos protectorados. Así entendemos cualquier relación de respeto entre los pueblos, independientemente del poderío de los mismos.

Hoy, cuando asistimos a la agonía de un proceso que comenzó en las postrimerías del siglo XV y que se ha desarrollado bajo el signo del capital, reivindicamos el derecho de nuestros pueblos a elegir su destino y a priorizar los intereses de la vida.

Esta es la ocasión propicia para re-definir el escenario internacional, de forma suficientemente explícita como para garantizar nuestras soberanías alimentarias, no esa ambigua seguridad alimentaria en la que medran impunes los especuladores de Wall Street, tanto como las transnacionales de la biogenética, sin que les importe si nuestros pueblos padecen hambre o si se destruyen sus ecologías.

Se requieren nuevas actitudes para acordar la arquitectura financiera que hemos venido delineando, para promover un nuevo modelo de desarrollo. Luego del estrepitoso fracaso del ALCA, vamos a negociar tratados para el desarrollo que garanticen nuestras soberanías alimentarias y energéticas, nuestras industrias nacientes, el comercio justo, la inserción de nuevos actores sociales, el control de las transnacionales y el derecho a la salud de nuestros pueblos. Mantener los TLC sería condenarnos a la exportación primario extractiva, es decir a la dependencia y a la sumisión.

El eje central de nuestra visión política es el individuo social y solidario, que se realiza en la vida compartida con los demás. Esta forma de concebir la sociedad y la naturaleza, no es espontánea, es producto de la extraordinaria y multiforme riqueza cultural de nuestros pueblos, que han sabido sobreponerse a la adversidad, que nunca han claudicado frente a la opresión, que repudian la injusticia. Son los obreros, campesinos, pequeños propietarios, poetas, la señora que vende en el mercado, los maestros, agricultores, todas y todos tenemos el mismo derecho a participar en la construcción del futuro.

América es un pueblo que sigue siendo joven, gracias a la sabiduría de nuestras culturas originarias. Un pueblo que piensa diferente, que tiene una renovada propuesta de integración, que propone avanzar más allá de la desgravación arancelaria y del intercambio comercial, sin despreciarlos. Esta visión implica integrar la infraestructura física, compartir los proyectos energéticos, planificar el desarrollo social en forma compartida, construir una nueva arquitectura financiera, promover nuevos tribunales regionales para la solución de las controversias que nos afectan.

Queremos, con toda el alma, aportar en la construcción de un nuevo mundo, prueba fehaciente del nuevo tiempo, de esta nueva era que está pariendo esperanzas, justicia y soberanía, que son, al final, palabras afines y destinos certeros.

Hace doscientos años, nuestras repúblicas iniciaron con audacia el largo camino hacia la independencia y la emancipación de nuestros pueblos. Hoy, celebrando su memoria, sabemos que el mejor homenaje que podemos hacer a su lucha es suscribir nuestro ingreso al ALBA.

Nuestro objetivo fundamental se expresa en nuestra nueva Constitución de la República, bajo el nombre de Sumak Kausay, que condensa en la melodiosa lengua de los Andes la filosofía del buen vivir, que no entiende nuestro destino como resultado de la competencia en el consumo irracional y frívolo, sino como la armonía del ser humano consigo mismo, con sus semejantes y con la naturaleza.

Nunca como hoy, es tan imperativa la integración de nuestros pueblos con el fin de eliminar para siempre la pobreza y asegurar la inclusión efectiva de todos los habitantes de nuestros territorios en los beneficios de un sistema político fundado en el respeto a los derechos humanos, a los derechos laborales, a los derechos de los niños y de las mujeres; a la igualdad de género y, en el establecimiento de un esquema que, teniendo como principio y fin al ser humano, permita su racional y armónico equilibrio con la naturaleza.

Esta decisión asumida reflexiva y maduramente, con realismo político y respeto a la Constitución ecuatoriana, de solicitar formalmente el ingreso del Ecuador al ALBA.

La decisión de mi Gobierno de ingresar a la Alternativa Bolivariana para los pueblos de nuestra América se fundamenta en la convicción de que la América morena, ésta que Martí llamó con acierto nuestra América, está llamada a ser la protagonista de un nuevo proceso histórico que culmine y perfeccione la herencia que hemos recibido de nuestros antecesores en la lucha. Un proceso no marcado por la competencia individualista, sino por la solidaridad; no encaminado al saqueo de las riquezas naturales, sino a su aprovechamiento; no destinado a sustentar la inequidad, sino a promover la igualdad.

No tenemos por qué reducir esta propuesta de integración solo a la búsqueda o ampliación de mercados; para nosotros, esta decisión no implica ninguna negativa a los procesos integracionistas que se encuentran vigentes. No nos alejamos de ninguno, siempre que no encubran ni permitan la injerencia de quienes consuetudinariamente han pretendido asegurarse las ganancias, aprovechándose de nuestros bienes naturales y culturales. Apoyamos, por lo tanto, la consolidación de la Comunidad Andina y del Mercosur, y apoyamos con firmeza la construcción de la UNASUR y de una naciente Organización de Estados Latinoamericanos y del Caribe.

Esta geografía de hombres y mujeres, con todos los colores del arco iris en la piel, con todos los pigmentos, con infinidad de lenguas y culturas, forma la Patria Grande, establece una fiesta increíble de acentos y modos, de timbres y giros; hay en Nuestra América todo esto, que es una verdadera maravilla vestida de asombros
De un tiempo a esta parte, con la luz del nuevo amanecer, hemos visto que no es solo un horizonte ampliado el que nos contiene a todos, y mucho menos un simple mercado ampliado, capaz de esconder, tras el fetichismo de unos objetos, las relaciones entre los seres humanos. No; es, un abrazo de hermanos; es, la voluntad de ser; es, el reencuentro en Abya-Yala lo que nos motiva, lo que nos anima, lo que nos convoca.

Estamos aquí, para sumarnos y multiplicar la fuerza de un proyecto de unidad nacido de lo más hondo de nuestra historia común. Aquí estamos, para colaborar, para sumar nuestras energías, nuestras fuerzas positivas, creativas. Estamos aquí para imaginar juntos, para juntos tomarnos la vida por asalto; para perseguir, juntos, las utopías que nos permitan caminar. Ya lo dijo Galeano, para eso sirven las utopías, para caminar.

Es un caudal incontenible de cariño; es, el deseo de nuestros pueblos de acabar con las distancias que nos fueron impuestas; es, por fin, nuestra decisión irrevocable de SER.

Hemos dicho que en el proceso de integración de los pueblos de la América Nuestra, no podemos marchar al ritmo de los más lentos; porque, como decía el General Alfaro: en la tardanza está el peligro; y, además, porque tenemos el convencimiento de que la revolución es ahora, no mañana, es ahora.

Hasta la victoria siempre.


Rafael Correa Delgado.
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR.

24 de junio de 2009.
Publicado en:
Gloobalhoy nº19
Secciones GloobalHoy:
040- Global-economía
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