Artículos
Hacia un nuevo modelo de integración que abarque integralmente la dimensión geocultural
Autores corporativos:
Foro de São Paulo (canal)

Autores personales:
Baráibar, Carlos (Autor/a)

   Descripción    Clasificación    Documento   
 Índice:
     Presentación.
     Introducción.
     Dos modelos de integración.
     El Consenso de Buenos Aires.
     La V Reunión de la OMC de Cancún y la Red Parlamentaria Internacional.
     Por un nuevo orden internacional.
     Las contradicciones de la globalización.
     La renovación del Mercosur.
     El ALCA y el Mercosur.
Presentación.
Resumen de la ponencia sobre la necesaria renovación del Mercosur presentada por el diputado Carlos Baráibar (Frente Amplio, Uruguay) en la Mesa Redonda “Una estrategia geocultural para América Latina”(*), del 4to. Encuentro del Mercosur, organizado por la Fundación OSDE, el Grupo Brasil y la Universidad de Chile, Buenos Aires, 23 y 24 de octubre de 2003.

“El Mercosur no es sólo un bloque comercial sino que constituye un espacio catalizador de valores, tradiciones y futuro compartido”.
Consenso de Buenos Aires, 16 de octubre de 2003

NOTAS:
  • (*) El coordinador del evento fue el historiador y politólogo uruguayo Gerardo Caetano y los expositores, además del diputado Carlos Baráibar, fueron Marcelo Cavarozzi, de la Universidad San Martín de Argentina, el Dr. Fiorisvaldo Fier (Rosinha), diputado del Partido de los Trabajadores (PT) y presidente de la Comisión Parlamentaria del Mercosur de Brasil, el Dr. Jaime Gazmuri, senador del Partido Socialista de Chile, y el Lic. Torcuato S. Di Tella, secretario de Cultura de la Presidencia de Argentina.


Introducción.
La reciente firma del Consenso de Buenos Aires(1) por los presidentes Néstor Kirchner, de Argentina, y Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, ha puesto en el centro de la atención el tema de la integración y la renovación del Mercosur.

En 1989, otro Consenso, el de Washington(2), impulsó una propuesta que recorrió el mundo, en especial nuestro continente, promoviendo, cuando no imponiendo, el modelo neoliberal.

Según el economista y Premio Nobel Joseph Stiglitz, “las reformas aumentaron la exposición de los países al riesgo, sin acrecentar su capacidad para enfrentarlo(3).

En un momento fermental para América Latina, dos visiones se contraponen: una, la que impulsan los poderosos: el Consenso de Washington; otra, la de quienes, desde el Sur, reivindicamos una visión nueva, que abarque la dimensión geocultural.

El Consenso suscrito por los presidentes de Argentina y Brasil plantea como objetivo prioritario “el bienestar de los pueblos” y “garantizar a todos los ciudadanos el pleno goce de sus derechos y libertades fundamentales, incluido el derecho al desarrollo, en un marco de libertad y justicia social acorde con los valores, propósitos y objetivos establecidos en la Cumbre del Milenio”.
NOTAS:
  1. Consenso de Buenos Aires, diario “La República” de Montevideo, 20 de octubre de 2003.

  2. El denominado Consenso de Washington, de 1989, fue un documento adoptado a partir de una reunión realizada en Washington entre académicos y economistas norteamericanos, funcionarios de gobierno de EEUU y funcionarios del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

  3. Joseph E Stiglitz, “El rumbo de las reformas. Hacia una nueva agenda para América Latina”, Revista de la CEPAL, Nº80, agosto de 2003.


Dos modelos de integración.
A grandes rasgos y más allá de matices o factores nacionales, hay dos modelos distintos para insertarse en este mundo globalizado y que esos modelos comportan diferencias fundamentales.

Esas dos visiones son, para expresarlo con las palabras del catedrático argentino Aldo Ferrer(4), “por una parte, (el modelo) asociado a la perspectiva neoclásica y a la visión fundamentalista de la globalización, el cual está incorporado en la política de estabilidad y de ajuste estructural del llamado Consenso de Washington”.

Y, por otra parte, prosigue Ferrer, “la integración sustentable (alternativa) refleja la visión crítica de la globalización y las estrategias nacionales de desarrollo humano y protección del ambiente, las cuales, al proyectarse a las políticas comunitarias, configuran una integración participativa y la transformación convergente de todos los socios del Mercosur”.

Para Ferrer, el modelo que nosotros denominamos neoliberal, “refuerza la especialización de la subregión en las exportaciones de productos primarios y tiende a acrecentar la brecha del contenido tecnológico de las exportaciones e importaciones”. Esto lleva al desequilibrio estructural del comercio exterior en nuestra región y “profundiza la vulnerabilidad histórica del desarrollo de nuestros países”.
NOTAS:
  1. Aldo Ferrer, “El Mercosur: entre el Consenso de Washington y la integración sustentable”, revista “Comercio Exterior”, México, mayo de 1997.


El Consenso de Buenos Aires.
Afortunadamente hay señales importantes de toma de conciencia en nuestra región acerca de las causas de esta situación. Es sintomático y esperanzador que, creemos que en alusión clara al Consenso de Washington y en contraposición a él, los presidentes Kirchner y Lula hayan puesto en la agenda la discusión del Consenso de Buenos Aires, en el que ambos países líderes del Mercosur se comprometen "a instrumentar políticas públicas que apuntalen el crecimiento y la distribución equitativa de sus beneficios".

Brasilia y Buenos Aires expresan que tienen "la certeza de que la pobreza no se resuelve con planes asistenciales" y proponen "llevar a cabo todas las acciones necesarias para reducir los niveles de pobreza". Señalan asimismo la intención de fortalecer institucionalmente al Mercosur, "un espacio de valores y futuro compartido".


La V Reunión de la OMC de Cancún y la Red Parlamentaria Internacional.
El momento fermental a que hacemos referencia también se ha expresado en la V Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) realizada en Cancún, México, en setiembre de este año.

Hubo un profundo desencuentro entre las posiciones del grupo de países desarrollados, que impulsó la reunión de la OMC de Singapur, de 1996, y el denominado bloque de los 22, liderado por Brasil, China, India y Sudáfrica, que reclamó la caída de los subsidios y los aranceles de los productos agropecuarios en Estados Unidos, la Unión Europea y Japón.

Para James D. Wolfensohn, presidente del Banco Mundial, “lo que vimos en Cancún fue que los países en desarrollo ocuparon sus posiciones para que sus puntos de vista sean considerados con más seriedad y mostraron que ya no están dispuestos a aceptar los acuerdos que han sido promovidos en nombre de ellos por los países ricos”.

Durante los mismos días de la cumbre ministerial de la OMC, también en Cancún, se llevó a cabo la Reunión de la Red Parlamentaria Internacional, creada a partir del Foro Social Mundial de Porto Alegre. La RPI, en la que participamos, congregó a 166 parlamentarios de Europa y América Latina, quienes expresaron el punto de vista progresista sobre los temas abordados por la OMC, afirmando en su Declaración que “otro paradigma económico y social es posible, para el beneficio de las mayorías de las poblaciones en todo el mundo”.


Por un nuevo orden internacional.
En el cuadro de esta caótica globalización, dentro de la cual nos es tan difícil insertarnos a los países pobres, reclamamos un nuevo orden internacional.

Creemos que la consolidación y renovación de experiencias como el Mercosur, con una concepción de integración que abarque lo social, será una valiosa contribución a los cambios que está requiriendo el mundo.

Esta visión de la integración, a la que concebimos como un proyecto estratégico, no se contradice con los factores que están en la génesis de lo que se ha dado en llamar globalización.

Los aspectos de la globalización que son irreversibles, contra los que no podemos ni queremos ir, son aquellos que están determinados por los factores tecnológicos y el avance del conocimiento. Con las tecnologías de la información y comunicación, las llamadas TIC que han revolucionado nuestra época, se superan las barreras geográficas y de tiempo, se logra la simultaneidad y la interactividad (intercambios en tiempo real), todo a un bajo costo relativo.

Pero en la época en que el conocimiento ha pasado a ser la principal fuerza productiva, millones y millones de hombres y mujeres quedan al margen de sus beneficios. En la llamada era digital, cuando las tecnologías de la información y la comunicación alcanzan un desarrollo impresionante, hay millones de seres humanos que nunca hablaron por teléfono, para no referirnos a la imposibilidad que tienen para acceder a servicios esenciales.

El investigador y técnico de CEPAL Martín Hopenhayn(5) señala: primero, “la creciente brecha entre integración simbólica e integración material que enfrentan las sociedades de la región, vale decir, el contraste entre un acceso cada vez más difundido a imágenes, símbolos y mensajes colectivos; y un acceso cada vez más concentrado al dinero y a los beneficios económicos del nuevo patrón de inserción global”. Segundo, el llamado “desencanto postmoderno”, “ligado a la secularización de valores y a la pérdida de grandes utopías movilizadoras”, así como “a la desmovilización ciudadana y a la pérdida de confianza en la capacidad de la política para recrear proyectos de desarrollo”. Tercero, “la emergencia de una nueva utopía educativa, que promueve el acceso difundido a la información y los conocimientos estratégicos, en la que intenta conciliar a futuro la competitividad económica, la construcción de ciudadanía y la equidad social”. Y por último, “el peso decisivo que adquiere la industria cultural a través de los medios de información y comunicación”.

El acceso a la información, a la ciencia y a la tecnología es condición básica para poder insertarnos en las coordenadas de un paradigma productivo cuyos ejes son el conocimiento y la innovación.

El Consenso de Buenos Aires expresa que “la revolución informática trae novedosas oportunidades de participación y de acceso al conocimiento, pero presenta inéditos peligros de exclusión, generando una brecha tecnológica entre nuestras naciones y los países altamente industrializados. En este marco, nuestros pueblos deben incorporarse al mundo digital, por lo que nos proponemos desarrollar la infraestructura necesaria, de manera tal que todos los ciudadanos y las empresas, especialmente las pequeñas, estén en condiciones de participar activamente de las ventajas que ofrece la sociedad de la información”.
NOTAS:
  1. Martín Hopenhayn, “Nuevas relaciones entre cultura, política y desarrollo en América Latina”, CEPAL, Santiago de Chile, 1999.


Las contradicciones de la globalización.
Considerar que esta globalización pone en tela de juicio la integración social no supone negar la globalización como proceso inevitable y necesario, determinado por el propio desarrollo de la ciencia, la tecnología y la producción, y por cambios culturales que es imposible desconocer.

Además no se caracterizaría correctamente este complejo mundo contemporáneo sin tener en cuenta las nuevas expresiones sociales que, de alguna manera, estuvieron representadas en el Foro Social Mundial de Porto Alegre y en otras instancias de protesta y propuesta en el mundo.
Armand Mattelart, destacado investigador social francés que hace poco estuvo en Montevideo participando en el Foro Social Uruguay sostuvo que el propio Foro de Davos, donde se dieron cita los representantes de los grandes centros de poder económico, “está obligado a incorporar, aun si no está de acuerdo, la visión global del reordenamiento del mundo que opone el movimiento social”(6).

Afirma que “hay una conciencia que recuerda: ‘No, señores, este tipo de desarrollo, encuadrado en la desregulación, (niega) la justicia social, empobrece al mundo’”. Y agrega que “la fuerza del movimiento social es agrupar (...) una multitud de formas de organización”, como resultado del “cambio de los movimientos sociales”.
NOTAS:
  1. Armand Mattelart, entrevista en Radio El Espectador, de Montevideo, 8 de octubre de 2003.


La renovación del Mercosur.
Entonces, no queremos un Mercosur encerrado en sí mismo. Sería suicida volver, como en el pasado, a un proteccionismo y una economía cerrada cuyos costos, varias décadas después, seguimos pagando. Queremos un bloque de carácter abierto, que nos permita la articulación con otros bloques.

Nos adscribimos al concepto de regionalismo abierto, que no contradice las normas del multilateralismo global.

Las capacidades y potenciales virtudes de cada país podrán complementarse y, de esa forma, potenciar el conjunto, no para una mera suma de fuerzas, sino para multiplicar nuestras posibilidades en este mundo desigual y competitivo.

Pese a sus defectos de funcionamiento, el Mercosur ha promovido la expansión del comercio interregional. Sin embargo no hemos logrado ir más allá de lo comercial. El Mercosur no tiene aún una estructura institucional en correspondencia con los objetivos que se trazaran los países miembros a partir del Tratado de Asunción.

No está expresada la supranacionalidad, o lo está muy débilmente. No tenemos mecanismos permanentes de solución de controversias. No hay instancias importantes y sistemáticas de coordinación de las políticas económicas de los países integrantes.

Digamos también que en el Tratado de Asunción no contiene compromisos de promover la dimensión social de la integración.

El Frente Amplio dio su apoyo al Mercosur desde su comienzo. Se trató sí de un “apoyo crítico”, porque advertimos -y creo que la vida nos dio la razón- que un proceso que se amoldara al neoliberalismo imperante no aparejaría los resultados que nuestros pueblos desean. En tal sentido nos propusimos jugar un papel activo en el proceso. No dejar que la integración “nos cambie el Uruguay”, sino proponer y bregar para ser protagonistas impulsando “un proceso consciente y deliberado de profunda transformación interna”(7), para avanzar hacia una integración latinoamericana que se inscribe entre los grandes objetivos de nuestros pueblos desde la época de los próceres de la independencia.

Confiamos que con la reafirmación del proyecto de integración que han hecho Argentina y Brasil, refrendado en el Consenso de Buenos Aires, podamos comenzar a transitar este nuevo camino.

El senador Danilo Astori, al analizar el fracaso de la reunión de la conferencia sobre comercio realizada en Cancún, que la vía externa para fortalecen el Mercosur “se tiene que basar en la profundización de las relaciones con los demás países de América del Sur”(8).
NOTAS:
  1. II Congreso Ordinario del Frente Amplio, “Grandes líneas de acción política”, noviembre de 1991.

  2. Danilo Astori, “Después de Cancún”, suplemento “Economía y Mercado”, diario “El País”, de Montevideo, 2 de octubre de 2003.


El ALCA y el Mercosur.
Si se consolida y prosperan el Mercosur y otras experiencias de integración regional, estaremos ante una nueva situación. Pero no es correcto plantearse el Mercosur (o cualquier otro proceso integrador que pretenda legitimarse) como un mero escalón hacia el ALCA.

Lo anteriormente dicho no debe interpretarse como un rechazo a los acuerdos con Estados Unidos y con bloques en los que este país participe, como el NAFTA. Lo que sostenemos es que el Mercosur debe profundizarse y consolidarse, pero practicando ese regionalismo abierto al que hemos hecho referencia, lo que implica la búsqueda de acuerdos con la Unión Europea, con otras áreas, como las de Asia, y, ni que hablar, con bloques de Latinoamérica, y también con el NAFTA o con cualquier otro bloque.

El Consenso de Buenos Aires sintetiza con precisión un aspecto relevante de la integración, que no ha sido tenido en cuenta: “Redoblaremos los esfuerzos para que nuestras universidades e institutos de ciencia y tecnología multipliquen y potencien sus vínculos, con el fin de generar un polo científico tecnológico regional que profundice las investigaciones básica y aplicada, con criterios de sostenibilidad y equidad social”.

Debemos construir una integración sustentable desde una región abierta, que nos fortalezca mediante la incorporación de nuevos países y la aplicación sistemática de esos criterios de flexibilidad, firmeza, gradualismo, búsqueda permanente de acuerdos y equilibrios entre todos, espíritu de cuerpo como bloque y justicia social como norte de nuestros esfuerzos, y fortaleciendo el único escenario en el que todos estos objetivos pueden concretarse: la democracia.

Asumamos una dimensión de la integración que no se limite a los aspectos comerciales, ni siquiera sólo a los económicos y productivos, sino que abarque los ámbitos de la ciencia, la tecnología y la cultura en el más amplio sentido.


webmaster@gloobal.net