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Populismo en América Latina
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Instituto del Tercer Mundo (autoría; canal)

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Entradilla:
La política en América Latina ha ido girando hacia el populismo y el pragmatismo en los últimos años. Esa tendencia parece afirmarse porque hoy en día, en 11 de 28 países de Latinoamérica, hay líderes que cuentan con alto respaldo popular y que se autodefinen como izquierdistas o de centro-izquierda. Siete de ellos ya son presidentes.
Introducción/Descripción:
En los últimos años América Latina ha visto un renacer del populismo. Cuando la región retornó a la democracia, a comienzos de la década de 1980, se generalizó la idea de que las aventuras golpistas, las tentativas subversivas guerrilleras y los gobiernos populistas no volverían.

El especialista en política internacional, Andrés Oppenheimer, en un artículo publicado en el diario estadounidense Miami Herald, dijo que el mapa político de la región se ve cada vez más rojo. Sin embargo, en los líderes se nota mucha cautela y prudencia, puesto que el tono anti-imperialista usado en sus campañas bajó bastante de temperatura una vez que ellos llegaron al poder y, en algunos casos, el discurso se volvió más pragmático.

"La región ha virado hacia la izquierda, sin embargo en muchos países la izquierda ha movido hacia el centro", agregó Oppenheimer. Los analistas políticos están de acuerdo en que Lula da Silva parece haber dado el tono a los nuevos presidentes de izquierda de América Latina, siguiendo políticas de mercado libre relativamente ortodoxas y, a la vez, adoptando una retórica más firme en asuntos exteriores.

Para Ricardo Paz, analista boliviano, lo que está ocurriendo es un viraje hacia lo que él llama lo "nacional popular". Existe una tendencia nacional popular que se extiende a lo largo y ancho del continente americano, afirmó. A su vez, agregó que basta con ver lo que ha sucedido en las últimas elecciones de, prácticamente, todos los países de América, donde la izquierda se está posicionando, y en algunos países ya lo hizo.

Para Paz, esta tendencia se explica como fruto de la aplicación ortodoxa, a rajatabla, y dogmática de un modelo que está en crisis, conocido por todos como neoliberalismo. Esta forma de hacer política se ha agotado, aseguró. Entonces, la gente está en busca de nuevas alternativas, ya que la crisis es a todo nivel.

El analista cree que esta situación se profundizará en los próximos años. De acuerdo a Paz, si uno asume que lo que estamos viendo es una crisis de modelo, entonces, hasta que no surja un modelo alternativo, diferente, necesariamente van a ir surgiendo opciones diferentes que traten de dar, precisamente, esa alternativa al modelo que está muriendo.

Oppenheimer aseguró que el populismo puede retornar en son de triunfo a Latinoamérica, pero no tiene perspectiva alguna de sostenerse ni de aportar nada nuevo.

¿Populismo, "eje del mal"?

Al otro lado del continente, más al norte, es difícil acertar cual será la posición de Washington, ya que éste nunca ha visto con buenos ojos a los gobiernos de izquierda, aseguró Paz. Hace dos semanas el periódico The New York Times publicó una nota escrita por Juan Forero, donde daba cuenta de la preocupación del gobierno estadounidense por el avance de la izquierda latinoamericana. Henry J. Hyde, un representante de Illinois de extracción republicana, dijo que existe un "eje del mal" en América Latina, como el que atacó el presidente Bush, primero en Afganistán y luego en Irak.

Para Hilda García, columnista de la revista digital El Faro, ésta es una acusación peligrosa, pues ella cree que la izquierda en América Latina está prácticamente desaparecida y lo que se ve son simplemente discursos populistas que no coinciden con la práctica. Sin embargo, Estados Unidos puede justificar con esta presunta acusación intromisiones en la política interna de cada país de la región, y hasta organizar ofensivas militares.

Según el republicano Hyde, este "eje del mal" está integrado por el nuevo presidente ecuatoriano, Lucio Gutiérrez; Luis Ignacio Lula da Silva, de Brasil; Fidel Castro, de Cuba y Hugo Chávez, de Venezuela.

Ricardo Paz, en cambio, cree que Washington en vez de adoptar políticas duras preferirá un acercamiento. Basta ver lo que sucedió con Gutiérrez primero, y lo que pasó con Lula después y el tratamiento que le está dando el Fondo Monetario Internacional (FMI) a Kirchner, presidente de Argentina. Estados Unidos está tratando de ponerlos de su lado, antes que enfrentarse a ellos. Paz menciona como ejemplo el recibimiento que Bush le dio a Lula en la Casa Blanca.

Paz cree que Washington tiene hoy problemas más serios, de orden económico, que tienen que ver con la competencia de la Unión Europea y el bloque asiático. De ahí su afán por sentar dominio sobre Medio Oriente, donde están las grandes petroleras del mundo, y por buscar que América Latina lo acompañe en su política internacional. "Si en América Latina tienen que haber gobernantes un poco más proteccionistas, un poco más nacional populares, mi impresión es que Washington lo va a permitir", aseguró Paz.

Los que, por el momento, no están incluidos en el "eje del mal" de la región que definió el estadounidense serían Ricardo Lagos, presidente de Chile; el presidente de Argentina Néstor Kirchner; y en Centroamérica, el presidente de Haití, Jean Aristide, quien sin embargo enfrenta desde hace años un bloqueo económico severo por parte de Washington.

El populismo económico

Existen algunas condiciones iniciales para que el populismo pueda llevarse a cabo. Podría decirse que una de ellas es la insatisfacción social respecto a los resultados económicos obtenidos por un gobierno. En este punto, se rechazan las políticas económicas conservadoras del mercado y se tiende a la adopción de políticas monetarias expansionistas (emisión) sin advertir los problemas inflacionarios que de éstas pueden derivarse. Finalmente, se adopta un programa populista con el fin de reactivar la economía, una mejor distribución del ingreso y una reestructuración del sistema productivo.

Según una investigación del Departamento de Investigaciones Económicas de Corfinsura, los primeros momentos del populismo están acompañados por una expansión de la producción, aumento del empleo, incremento de los salarios, bajos niveles de inflación y algunos problemas de abastecimiento de la economía que son resueltos mediante importaciones. La segunda fase toma lugar cuando la expansión de la demanda observada se ubica por encima de la potencial y produce una brecha inflacionaria que se acelera por el aumento de los salarios; a su vez, aumenta el déficit fiscal, aseguró la investigación de Corfinsura.

El informe también describe una tercera fase, en la cual la economía presenta excesos de liquidez, la inflación se acelera y comienza una salida masiva de capitales por percepción de pérdida de poder adquisitivo. El gobierno, al tratar de mantener la tasa de cambio, pierde un alto nivel de sus reservas internacionales. De esta manera, la aceleración económica inicial se convierte en estancamiento, la tasa de cambio se devalúa notablemente, los salarios reales caen por el aumento de la inflación y la política económica disminuye su efectividad para cumplir con sus objetivos. Finalmente, en lo que podría definirse como la cuarta fase, se vuelve a las políticas económicas ortodoxas tan poco populares.

La investigación, en su reflexión final anuncia que aunque el populismo económico ha sido permanente en la región y se ha repetido cíclicamente, se espera que presidentes como Lula en Brasil y Gutiérrez en Ecuador sean mucho más responsables en el manejo económico y no confundan la social-democracia con el populismo. Lo anterior permitiría reducir la volatilidad en la región, que bajo la actual situación no sería una buena estrategia para atraer nuevamente la inversión extranjera, tan necesaria para generar nuevos proyectos y empleos que, finalmente, son las estrategias correctas para poder reducir el problema de la distribución desigual de la riqueza en América Latina.
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