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CARICOM: Los retos de una Política Económica para la integración
Autores corporativos:
Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (canal)

Autores personales:
Martínez Alfonso, Laneydi (Autor/a)

   Descripción    Clasificación    Documento   
 Índice:
     Introducción
     Evolución económica de los países del CARICOM: Los últimos 5 años
     Evolución de la integración en CARICOM: Fuerzas motrices y amenazas
     Retos de una Política Económica para la integración en la CARICOM
     Bibliografía
Introducción
La implementación del Mercado y la Economía Únicos en la Comunidad del Caribe (CARICOM)[1], ha sido erigida como el núcleo fundamental de la estrategia de integración de la región, en un contexto particularmente complejo para muchos de sus países miembros. El actual escenario se ha caracterizado por la profundización de importantes desequilibrios internos, la creciente vulnerabilidad y dependencia externa, la pequeñez de las economías, la erosión de las preferencias, entre otros. Estos aspectos alertan sobre la necesidad urgente de reformular la agenda integradora, desde una visión que implique un uso activo de la Política Económica[2] a nivel regional.

El presente artículo pretende, identificar los principales retos del diseño e implementación de políticas económicas regionales en los marcos de la CARICOM. Para ello parte de analizar las fragilidades internas y amenazas externas del contexto socioeconómico actual y su incidencia sobre la integración subregional. Este acercamiento al tema de la Política Económica desde la integración en la CARICOM, advierte, también, sobre la necesidad de complementar, de manera coherente, los objetivos integracionistas con las estrategias de desarrollo nacionales, teniendo en cuenta que la integración no debe ser asumida como un fin en sí misma, sino como una pieza más de las estrategias de crecimiento y desarrollo nacionales.


NOTAS:
  1. ® La Comunidad del Caribe (CARICOM) está integrada por 15 países: Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, Montserrat, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam y Trinidad Tobago. Dentro del Mercado y la Economía Únicos se excluyen: Bahamas, Haití y Montserrat. Sus objetivos fundamentales se refieren a alcanzar una plena utilización de la fuerza de trabajo, lograr una explotación completa de los factores de producción, obtener una producción competitiva de bienes y servicios, y mejorar los estándares regionales laborales, y en general, de vida, así como avanzar hacia un desarrollo económico sustentable (Información sobre estos temas relacionados se encuentra disponible en la página Web de la Secretaría de CARICOM, www.caricom.org). Esto implica directamente el logro de una libre movilidad de bienes, servicios, capital y personas en los marcos de CARICOM.

  2. ® Se asume como Política Económica, la intervención del Estado en la economía a través de instrumentos de política en función de alcanzar determinados objetivos. En su diseño se tienen en cuentas tres características fundamentales: Su eficiencia, efectividad y capacidad de hacerse cumplir.


Evolución económica de los países del CARICOM: Los últimos 5 años
Las perspectivas de la integración en los marcos de la Comunidad del Caribe, tiene dentro de sus determinantes más importantes, la evolución económica y social de sus miembros. Precisamente, un balance de la integración en el área, debe partir de un análisis de los principales retos de la situación socioeconómica actual.

En los últimos cinco años, el desempeño económico de los países de la CARICOM, ha estado marcado por la influencia de diversos factores. Entre ellos pueden citarse: La emergencia de desastres naturales, la evolución de las condiciones globales de financiamiento, el alza de los precios internacionales de los hidrocarburos, la evolución del turismo y la construcción, el incremento de las remesas, entre otros.

En el período 2002- 2006, las economías carib eñas mostraron un crecimiento económico promedio del 4,1% anual[3], cifra mayor que la experimentada por el resto de América Latina en ese mismo período (3,4% anual). Sin embargo, si se analiza por países, este desempeño subregional ha sido mucho más heterogéneo (Ver Gráfico 1). Como puede observarse en el Gráfico 1, en los últimos cinco años, los países de la subregión que ex hibieron los promedios anuales más elevados de crecimiento fueron Trinidad Tobago con 9,4%, Antigua y Barbuda con 6,1%, Suriname con 5,6%, Santa Lucía con 5,5% y Belice con 5%. Los más bajos crecimientos del PIB fueron registrados por Guyana con un 0,06%, Haití con un 0,2% y Jamaica con un 1,7%[4].



La recuperación de los sectores del turismo y la construcción, ha tenido una influencia positiva sobre la actividad económica de los países del Caribe. Solamente en el período enero-agosto de 2006, el número de arribos de turistas había aumentado un 5,1%, cifra superior al año anterior, cuando registró un crecimiento del 2,7%. Sin embargo, el Caribe constituyó la subregión de menor dinamismo en el arribo de turistas en América Latina, siendo superada por Centroamérica con un 8,7% y América del Sur con un 8,1% (OMT, 2005). Este menor dinamismo del turismo con relación a otras subregiones alerta sobre el progresivo agotamiento de determinados destinos del área caribeña, y la emergencia con especial fuerza de nuevos destinos regionales.

La mayor parte de los países del Caribe son altamente dependientes del sector turístico, lo que se refleja en la influencia del sector sobre: Los ingresos de la Balanza de Pagos, la generación de empleo, la contribución al PIB, y el papel en la recepción de inversiones, en virtud de su aporte a la generación de divisas. Sin embargo, dicho sector ha mostrado , tradicionalmente, un importante carácter pro cíclico, y ha sido altamente dependiente del comportamiento de variables externas, reforzando la vulnerabilidad de sus bases económicas.

En los últimos años, el repunte del sector de la construcción ha estado explicando parte del crecimiento de PIB, asociado a las actividades relacionadas con la Copa Mundial de Críquet y a la recuperación tras la emergencia de desastres naturales, entre otros. Como parte de los preparativos de este evento, se han continuado realizando obras destinadas a renovar y reconstruir instalaciones deportivas, así como, ampliar y mejorar la infraestructura turística. No obstante, existen importantes reticencias en cuanto al dinamismo de este sector como impulsor del crecimiento en un período post Críquet, teniendo en cuenta que este es, también, altamente propenso a cambios en el ciclo económico.

El sector externo del Caribe, en los últimos 3 años, se ha visto estimulado por la favorable evolución de los términos de intercambio. Sin embargo, este comportamiento subregional responde, básicamente, al peso de Trinidad Tobago, dentro de las exportaciones totales de CARICOM. Excluyendo a este país (exportador neto de petróleo), los principales productos exportables del resto del área caribeña han mostrado un escaso dinamismo. Esta situación ha deteriorado el déficit comercial de la mayoría de las naciones de la CARICOM, dada su condición de importadores netos de petróleo, y ha impactado negativamente en las condiciones de endeudamiento externo.

En este contexto, la progresiva erosión de preferencias, en el marco de acuerdos comerciales, especialmente, con la Unión Europea, tendrá importantes implicaciones para las exportaciones totales de la región. Esta situación impone retos significativos para el sector externo caribeño, y alerta sobre la necesidad urgente de su reestructuración desde una visión no sólo nacional, sino, fundamentalmente regional. Así, las escasas capacidades individuales para hacer frente a una reestructuración del sector transable invitan a la búsqueda de alianzas regionales sobre estos temas.

Por otra parte, aún cuando no se cuenta con detalladas cifras subregionales sobre las remesas, se estima que estas continúan siendo importantes flujos de entrada para las naciones caribeñas, especialmente para países como Granada, Guyana, Jamaica y Haití (CEPAL, 2006). Para el 2005, se estimó que este indicador ascendió a la cifra de 6.500 millones de dólares en la subregión. Durante este mismo año, dicho flujo ascendió a 1.500 millones de dólares en Jamaica y 1.000 millones de dólares en Haití. En términos relativos, en el 2005, las remesas representaron el 17% del PIB de Guyana (3 veces lo recibido por concepto de IED), el 17% del PIB de Jamaica (2 veces lo recibido por IED), el 6,8% del PIB de Belice (0,5% de lo recibido en IED) y el 0,9% del PIB en Trinidad Tobago (0,1 veces lo recibido por IED) (CEPAL, 2006a). Esta situación ha compensado levemente la situación deficitaria del balance de cuenta corriente de la mayoría de los países del área, significando una importante entrada de recursos destinados fundamentalmente al consumo de hogares.

Por otra parte, la situación de la deuda externa continúa siendo un grave problema para las economías caribeñas. Desde el 2002 y hasta 2006, la relación Deuda Bruta Total/PIB, ha registrado promedios anuales de alrededor del 105% en los países de la CARICOM. En la actualidad, la subregión registra los mayores niveles de este indicador en la región latinoamericana. Los casos más críticos son Granada con 239% de este indicador, Dominica con un 160%, Guyana con un 156%, San Kitts y Nevis con un 128% y Belice con un 135% (Ver Gráfico. 2). Los menores niveles de endeudamiento con relación a las exportaciones pueden ser encontrados en Bahamas con un 10%, Trinidad Tobago con un 17% y Suriname y Barbados con un 21% y 42% respectivamente (CEPAL, 2006).



El desempleo constituye otro problema, particularmente serio para las economías del Caribe. Aún cuando en la mayoría de las naciones para las que se dispone datos de este indicador, los niveles de empleo han mejorado coyunturalmente (de acuerdo con el crecimiento del PIB), en general, las tasas de desempleo continúan elevadas. Este indicador pasó de 9,1% en el 2005 a 8,1% en el 2006 en Barbados, en Belice de 11% a 9,4%, en Jamaica de 11,3% a 11,2% y en Trinidad Tobago de 8% a 6,8% (CEPAL, 2006).

Para el 2007, las estimaciones realizadas ubican el crecimiento del PIB para toda la subregión caribeña, en 5,4%, cifra menor a la registrada durante el 2006 (6,8%) (CEPAL, 2006). Así, el actual contexto de crecimiento del Caribe y las favorables perspectivas para el 2007, parecieran vislumbrar un escenario optimista para el próximo bienio. Sin embargo, existen numerosos factores que advierten, de manera creciente, sobre la fragilidad del crecimiento actual y las limitaciones de su sostenibilidad en la subregión caribeña. La situación del permanente déficit comercial de las economías del área, con excepción de Trinidad Tobago, el incremento de los niveles de endeudamiento, su coexistencia con elevados déficits públicos; el dinamismo comparativamente más bajo que otras subregiones en el turismo, entre otros, son algunos de los riesgos internos que se ciernen sobre el Caribe.

Unido a las fragilidades internas que imponen amenazas al crecimiento económico, se refuerzan y emergen riesgos externos. Asimismo, su condición de pequeñas economías les impone mayores retos dentro del escenario regional e internacional. Lo anterior refuerza el factor vulnerabilidad basado, fundamentalmente, en la incidencia de shocks externos contra los que tienen baja capacidad de adaptación y respuesta, y advierte sobre la necesidad de nuevas iniciativas regionales que permitan mitigar los efectos del contexto internacional sobre estas economías. Tradicionalmente, el comercio intraregional ha tenido poca influencia sobre el crecimiento. Sin embargo, de manera inversa esta relación ha sido bastante intensa. O sea, generalmente las desaceleracio nes del PIB han venido acompañadas de retrocesos en el comercio intraregional, de ahí que la dinámica del crecimiento en la región se encuentre muy ligada a la dinámica integracionista y sus posibles avances o retrocesos. Un escenario futuro de bajo desempeño económico para los países del Caribe, podría implicar ralentizar la agenda integracionista. Esto sería especialmente nocivo para la CARICOM, teniendo en cuenta que la integración transita por un momento de trascendental importancia: La implementación y puesta en marcha del mercado y la economía únicos.

NOTAS:
  1. ® Calculado por la autora a partir de CEPAL, 2006. Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2006, www.eclac.cl. Este dato no incluye a Haití.

  2. ® Los datos corresponden a cálculos realizados por la autora para los últimos 5 años, a partir de datos de CEPAL, 2006. Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2006, www.eclac.cl


Evolución de la integración en CARICOM: Fuerzas motrices y amenazas
Históricamente, la CARICOM se ha caracterizado por ser uno de los esquemas de integración más dinámicos de América Latina. El comercio al interior del bloque se ha mantenido en el nivel más elevado por subregiones, pasando de alrededor del 12% en 1990 a un 23% en la actualidad (CEPAL, 2006c). Sin embargo, es importante destacar que el comercio intraregional[5] de bienes en la CARICOM, se encuentra dominado por unas pocas naciones, fundamentalmente, Trinidad Tobago. Si se excluye el peso de este país dentro de este comercio, se puede concluir que ha habido una tendencia a la pérdida de importancia del comercio de CARICOM en las últimas dos décadas. Mientras Trinidad Tobago concentra alrededor del 76% del comercio intraregional, los países de la OECO apenas abarcan el 4,4% (Girvan, 2004).

Asimismo, se señala frecuentemente como un logro de CARICOM el importante componente manufacturado de su comercio intraregional (alrededor del 78,4% en el 2004) (CEPAL, 2005). Sin embargo, este alto componente se explica, igualmente, por las exportaciones de Trinidad Tobago de combustibles, lubricantes, químicos y otros materiales relacionados con la industria petrolera.

De la misma forma, las políticas comerciales de los países del área se han orientado hacia los mercados extraregionales, como motor principal del comercio en los últimos años (teniendo en cuenta que los principales socios comerciales de CARICOM se encuentran fuera de la subregión). Esto ha devenido en un incremento de la vulnerabilidad real del esquema integrador y su economía, debido a que ha reforzado los determinantes externos del crecimiento, el comercio y la inversión regionales. En este sentido, la proliferación y negociación de acuerdos comerciales de diversa naturaleza con socios extraregionales, ha multiplicado, aceleradamente, las interacciones entre los diversos ámbitos de negociación comercial (subregional, intraregional, extraregional, multilateral, entre otros), complejizando el escenario integrador.

Por otra parte, se estima que la Inversión Extranjera Directa (IED) intraregional es alrededor del 10% de total que afluye a la subregión caribeña. Este flujo, que es todavía muy bajo, se encuentra también concentrado en un grupo reducido de países y sectores. Trinidad Tobago lidera el grupo emisor de IED intraregional, seguido de Barbados y Jamaica. Entre los principales países destino pueden citarse estos dos últimos, seguidos de los países pertenecientes a la OECO, Belice, Guyana y Surinam[6] (BID-INTAL, 2005). El proceso de liberalización financiera acometido durante los noventa, por numerosos países de CARICOM, ha dejado a estas naciones más dependientes del financiamiento externo para activar su proceso de reproducción económica, y ha significado un reforzamiento de la vulnerabilidad financiera de la región, aunque con diferentes matices para cada país.

En general, todas estas diferencias intraregionales en términos comerciales, financieros e institucionales, entre otros, han explicado la posición de algunos países miembros de la OECO de reclamo de Trato Especial y Diferenciado, así como de una adecuada financiación de los sectores y regiones, potencialmente, afectadas con la implementación del Mercado y la Economía Únicos. La negociación desde posiciones y bases económicas desiguales podría generar impactos asimétricos, e implicar importantes costos de ajuste, fundamentalmente para los países más pequeños. Como resultado, los fondos de financiamiento de las asimetrías constituye uno de los temas más debatidos a nivel subregional.

La implementación del Mercado Único en los marcos de CARICOM, impone importantes retos en el corto y largo plazo para las economías miembros, con efectos potenciales sobre las balanzas comerciales, los niveles de endeudamiento, las decisiones de localización de las empresas, el desempleo, las migraciones intraregionales, el déficit fiscal, entre otros indicadores (Martínez, 2006). En el largo plazo, esta meta que presupone el logro de una mayor eficiencia, no se ha visto complementada por la elaboración de estrategias regionales de fomento de los determinantes internos del crecimiento y el desarrollo. Aún cuando la libre movilidad de capitales se ha logrado ya en los países signatarios, la movilidad de personas calificadas y el comercio de bienes se han encontrado con numerosos obstáculos en su profundización. La intergubernamentalidad que ha caracterizado las relaciones entre los países de CARICOM, entra en contradicción con la velocidad que exige la adopción de una meta que se ha convertido en el eje central del esquema. Dada la actual situación, la integración en el Caribe no se encuentra en condiciones de permitirse nuevos retrasos en la implementación del mercado único, debido a que podría generar pérdida de credibilidad del esquema, por una parte, y desincentivos en la profundización de los objetivos de integración.

Existe el riesgo de que algunos países de la región intenten compensar la pérdida de preferencias a través de la aceleración de las negociaciones de tratados de comercio bilaterales y de inversión con países extraregionales como la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, y otros. El mayor peso de estos países en la estructura del sector externo caribeño podría generar mayores incentivos por profundizar el acercamiento comercial y financiero hacia estos países.

Igualmente, en el contexto de Centroamérica, persiste el riesgo de que países como Belice exploren un acercamiento más profundo hacia esta subregión, teniendo en cuenta sus importantes lazos comerciales. Desde otra posición, se encuentran Guyana y Surinam que comienzan a adquirir compromisos dentro de la Comunidad Sudamericana de Naciones, mientras que San Vicente y las Granadinas y Dominica ya han firmado un tratado de adhesión a los principios de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). La simultaneidad de propuestas en las que pueden verse involucrados (o ya lo están haciendo) un grupo de países de la CARICOM pudiera estar reflejando la incapacidad del esquema de integración para dar respuestas a los crecientes retos que impone el contexto global.

Indudablemente, los países del Caribe se enfrentan hoy a crecientes desafíos internos y externos con importantes implicaciones para la integración del área. La evolución de la CARICOM constituye una pieza clave en las perspectivas socioeconómicas de estas naciones. El establecimiento del Mercado y la Economía Únicos, en este contexto, no puede ser asumido como una estrategia única, debido a que no cubre muchas de las principales limitaciones de las economías involucradas. Este objetivo no podrá ser efectivo ni beneficioso para CARICOM, sino se acompaña de la adopción de estrategias de políticas económicas regionales, enfocadas a la reducción de la vulnerabilidad externa de la región, y el fomento de determinantes internos regionales, dentro de la dinámica económica.

La conjunción de fragilidades internas, con la emergencia de amenazas externas de alta incidencia sobre la región, se han instituido en importantes desafíos a la integración en los marcos de CARICOM. En general, las debilidades internas del crecimiento se basan, fundamentalmente, en que este se ha sustentado en sectores altamente procíclicos y dependientes de factores externos para su evolución. El siguiente cuadro (Cuadro 1) resume algunos de las principales amenazas que se ciernen sobre la región en el contexto actual, diferenciando espacial (como internas y externas), y temporalmente (entre el corto y mediano-largo plazo).



Las amenazas descritas, representan elementos del contexto actual que pueden impactar las condiciones socioeconómicas del Caribe, y desacelerar o retrasar los objetivos del esquema integracionista. Dada la pequeñez de las economías, buena parte de los problemas de la integración y su aplicabilidad e implementación, han pasado a ser problemas de política económica, que no pueden ser enfrentados con efectividad, solamente, desde los marcos nacionales.


NOTAS:
  1. ® A pesar de que el comercio intraregional continúa siendo empleado como el principal indicador del avance de un esquema de integración, esta variable presenta aún innumerables limitaciones para realizar un adecuado balance. Otras fuerzas motrices de la integración en la CARICOM, como la cooperación funcional, los avances institucionales, la negociación frente a terceros en foros internacionales, entre otros, son aspectos mucho más difíciles de recoger dentro de un indicador económico.

  2. ® Los principales sectores beneficiarios con la IED intraregional en la CARICOM son el energético, el minero y el turístico.


Retos de una Política Económica para la integración en la CARICOM
La emergencia del regionalismo abierto, bajo el marco de las políticas económicas neoliberales, ha reforzado la vulnerabilidad externa y dependencia comercial, financiera y tecnológica de la región. Bajo este paradigma de Política Económica, la estabilidad en algunos de los macroequilibrios fundamentales, ha sido alcanzada desde una visión restrictiva y cortoplacista (Ffrench-Davis, 2005), que ha generado desequilibrios macrosociales, temporales y estructurales. Este escenario de Política Económica ha reforzado las condiciones de vulnerabilidad real y financiera de las economías caribeñas en el mediano y largo plazo. Asimismo, ha favorecido un proceso de desactivación progresiva de instrumentos de política y limitado su uso (enfocado de manera creciente hacia la estabilización, la compensación y la asistencia).

Los límites de la voluntad política de los gobiernos de la CARICOM (que son los límites que sitúan las estructuras económicas y las políticas), coinciden con los de la integración regional. Teniendo en cuenta los problemas de estructura económica que presentan estas economías, las posibilidades de cambio del escenario integrador caribeño se encuentran en la implementación de políticas económicas nacionales, y su compatibilidad y coherencia con las estrategias de integración. Dichas políticas deben estar orientadas no sólo a la reducción de la vulnerabilidad externa de la CARICOM, sino a fomentar los determinantes internos del crecimiento, el comercio, el financiamiento y el desarrollo. En síntesis, es necesario generar sinergias positivas entre las políticas económicas nacionales y las estrategias regionales. La política social desde una perspectiva regional, debe jugar el rol, no sólo involucrar a los Estados como actores trascendentales dentro de la integración, sino de conectar a través del fomento de valores, a otros actores sociales dentro de este proceso.

La forma en que se ha trazado la integración en la CARICOM actualmente, se ha vuelto, en sí misma, incapaz de dar respuesta a las fragilidades internas y amenazas externas que se imponen sobre la región caribeña. Así, un primer reto que atraviesa de manera trasversal la reformulación de la integración, es la necesidad de reorientar las políticas económicas en la región, a partir de reanalizar el rango y tipo de instrumentos de política disponibles, en función de los problemas estructurales de la subregión.

Este uso más activo de las políticas económicas desde una perspectiva regional, lleva consigo dos retos fundamentales. El primero se refiere a la necesidad de lograr una adecuada correlación entre objetivos nacionales y regionales, a partir de situar una estrategia común compatible con el fortalecimiento de los determinantes internos de largo plazo del crecimiento, y el desarrollo regional, en función de reducir la vulnerabilidad[7]. El segundo reto, se refiere a la necesidad de que el Mercado y la Economía Únicos, en su objetivo de aumentar la eficiencia regional, se complemente con la aplicación de estrategias de política económica. Este reto estaría dirigido a proveer a la CARICOM, de instrumentos que reflejen más ampliamente sus necesidades.

Problemas como la formación de capital, el crecimiento de la productividad, el desarrollo tecnológico, la permanente restricción financiera, las deformaciones de la estructura productiva, y las limitaciones en la expansión de su frontera, los problemas sociales, la dependencia comercial y financiera de los países desarrollados, entre otros, deben ser reinsertados en las estrategias de Política Económica desde la CARICOM. En definitiva, los límites de la integración se encuentran definidos por los límites de las políticas económicas nacionales, y su influencia e interacción con las necesidades de la integración regional.

La CARICOM debe aprovechar el actual contexto de crecimiento para impulsar políticas regionales destinadas transformar la estructura productiva, reducir la dependencia del turismo, desarrollar otros sectores desde una perspectiva regional, diversificar y ampliar la oferta predominante de sol y playa dentro de los servicios turísticos, lograr adecuados encadenamientos productivos con otros sectores y priorizar el desarrollo de componentes de largo plazo dentro del crecimiento. Asimismo, dada la dependencia del financiamiento externo, la región tiene el reto de implementar políticas que estimulen el ahorro y la inversión intraregionales, dirigida esta última hacia sectores priorizados de interés común. El Banco de Desarrollo del Caribe debe comenzar a jugar un papel más activo, (sin riesgos extremos para la eficiencia), en la reestructuración real y financiera que necesita la región.

Las diferencias en los sistemas impositivos al interior de la CARICOM es otro elemento que ha reforzado la competencia por el destino de la inversión. De ahí que el tránsito hacia su relativa homogenización, constituye un reto conjunto a asumir por las economías caribeñas. La reestructuración de la deuda, la diversificación de la composición monetaria de las reservas, el uso de moderados controles de capital, entre otros, son desafíos pendientes en la reducción de la vulnerabilidad financiera de la subregión.

El tema energético requiere, de manera urgente, el diseño de estrategias de alcance regional. Sin dudas la iniciativa PetroCaribe ha generado numerosas expectativas en cuanto a la solución de los problemas de suministro inestable y de elevación desmedida de los precios internacionales del petróleo. Sin embargo, dada la dinámica de las relaciones comerciales entre los países de la CARICOM, esta puede significar una reducción del interés de los miembros por el bloque, estimulando el acercamiento de algunas naciones caribeñas hacia mercados extraregionales. Otros temas relacionados con el deterioro ambiental, la vulnerabilidad ante desastres naturales y las estrategias a seguir en un contexto de creciente cambio climático, son aspectos a ser incluidos, de manera creciente, en los diseños transversales de políticas regionales.

Es necesario re-agendar dentro del debate de la integración en la CARICOM, el tema de la construcción de un escenario común, a partir del diseño de políticas económicas desde una visión regional. Estas deben estar dirigidas a reducir de manera conjunta, la vulnerabilidad externa de la región ante la emergencia de importantes amenazas. Las políticas que pongan énfasis en la creación de bases sólidas para el crecimiento y el desarrollo en el largo plazo, relacionadas con el uso y desarrollo del sector energético, el desarrollo educacional y tecnológico, ampliación de la estructura productiva, el desarrollo de la infraestructura de transporte y comunicaciones, el estímulo al ahorro interno para compensar el peso de financiamiento externo para la región, la creación de complementariedades que se revierta en incremento del comercio intraregional entre otros, son imperativos a solucionar.

La urgente necesidad de reformulación de la integración en el CARICOM, supone repensarla incluyendo una estrategia de política mucho más amplia, que la que hasta ahora ha intentado dar respuesta a las necesidades regionales.


NOTAS:
  1. ® Esta correlación implica acometer la necesaria reestructuración productiva, ampliando su frontera, estimular el ahorro interno como fuente complementaria de financiamiento, entre otros.


Bibliografía
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