Artículos
El ALBA y la UNASUR: Entre la concertación y la confrontación.
Autores corporativos:
Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (canal)

Autores personales:
Oliva Campos, Carlos (Autor/a)

   Descripción    Clasificación    Documento   
 Índice:
     Introducción
     Algunas consideraciones generales sobre la hoy denominada Unión de Naciones Suramericanas
     La alternativa bolivariana para las Américas (ALBA)
     ALBA-UNASUR: Obstáculos y desafíos para una eventual concertación entre ambos proyectos
     Algunas consideraciones para estimular el debate
Introducción
Tal vez no sólo los que habitamos nuestra región, sostengamos el criterio de que América Latina es hoy uno de los escenarios más complicados del planeta, debido a los diferentes desarrollos políticos y socioeconómicos que convergen en esta área geográfica. De forma paralela, se mueven importantes debates sobre las consecuencias del neoliberalismo; las tendencias ideológicas que recorren la izquierda latinoamericana; la crisis de los partidos políticos tradicionales y la implosión de actores antes excluidos al juego electoral de partidos; así como los desafíos que enfrenta la gobernabilidad en nuestras naciones, por sólo mencionar algunos de los más significativos. Pero lo más interesante, es que toda esa gama de procesos y conflictos se sumergen, en no poca medida, en el macro-tema de la integración regional, generando múltiples interrogantes, como las siguientes:

  • ¿Qué contenidos pueden ser válidos hoy para estructurar un concepto objetivo y realista sobre la integración regional?;
  • ¿Qué papel deben desempeñar los aparatos estatales en los procesos de integración?;
  • ¿Cuánta voluntad política demanda la construcción efectiva de un escenario de integración regional?;
  • ¿Hacia qué horizontes avanzamos de no aceptarse la necesidad de trabajar por la superación de todos los obstáculos identificados, la integración o la no integración definitiva de la región?


En todo caso, lo cierto es que no siendo la integración regional la receta única para solucionar todos los males, la culminación de un proceso de esa naturaleza expresaría el alcance de un escalón superior de la estructura organizacional de una comunidad de naciones latinoamericanas y/caribeñas determinada, con instrumentos y mecanismos habilitados para dar solución a problemas históricos de diversa índole y mayores capacidades de inserción a nivel internacional. Por supuesto, como todo proceso, si trascendental es su puesta en marcha, mayor será el desafío para hacerlo viable y duradero.

Numerosos son los conceptos sobre integración regional a utilizar para precisar los caminos a recorrer en el presente trabajo; pero se prefiere colocar el siguiente concepto desarrollado desde la Coordinación Regional de la Asociación para la Unidad de Nuestra América (AUNA):

Se entiende por integración, un proceso multidimensional en el cual deben interactuar los factores económicos, políticos, culturales, educacionales, científico-técnicos, medioambientales, jurídico-diplomáticos, deportivos y laborales, que permitan y faciliten una interrelación entre pueblos y naciones. Partiendo de una voluntad política asumida por las diferentes partes, se desarrolla un proceso de negociación para la construcción de un nuevo sujeto supranacional en el cual, se acepta la sesión consciente de cuotas de soberanía en función del cumplimiento de los objetivos aprobados de consenso.

Un proceso de tal naturaleza requiere, al menos, de la capacidad para manejar y/o solucionar los siguientes problemas:

  • El papel de las hegemonías y los liderazgos
  • El tratamiento eficaz de las asimetrías
  • El manejo colegiado de la competencia económica
  • El favorecimiento de acciones de complementación económica
  • Incorporar una perspectiva social, no elitista, a la construcción del nuevo sujeto regional
  • Facilitar que los aparatos estatales desplieguen las capacidades que les son afines, para garantizar el desarrollo favorable del proceso y su exitosa culminación.


Sin embargo, entre cualquiera de los conceptos que pudieran haberse utilizado y la realidad de los acontecimientos dista un largo trecho, que se presenta por ahora como muy difícil de superar. De ahí que colocada la teoría en su justo lugar y bajo la óptica de mantenerla como la meta a alcanzar, sea una inmersión en la realidad el mejor camino para abordar los aspectos que interesa analizar. En tal sentido, se privilegia el uso del término dinámicas de integración para amparar todas aquellas acciones, bilaterales o multilaterales, que contribuyen en alguna medida a avanzar en determinados escalones de integración, como pueden ser acuerdos de cooperación, el desarrollo de estrategias sectoriales conjuntas y la aplicación de determinados beneficios en el orden financiero, como la condonación de deudas, extensión de facilidades de pagos, o el otorgamiento de créditos bajo condiciones ventajosas, entre otras.

En el universo latinoamericano de la integración, se mueven diferentes proyectos entre los que se encuentra la propuesta norteamericana del Área de Libre Comercio para Las Américas (ALCA), que aunque no transita por su mejor momento, sería un grave error pensar en su total fracaso; sobre todo, porque la respuesta estadounidense ha sido apelar a su viejo recurso del bilateralismo mediante los tratados de libre comercio. Asimismo, aparecen los conocidos esquemas sub-regionales de integración: el Tratado de Libre Comercio de América del No rte (TLCAN); el Sistema de Integración Centroamericana (SICA); el Mercado Común del Caribe (CARICOM); la Comunidad Andina de Naciones (CAN); y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) . Sin embargo, el o bjeto de interés no estará centrado en los mencionados procesos, sino en otro s dos proyectos que reúnen nuevas características que giran, principalmente, en torno a filosofías alternativas sobre la integración y un horizonte geográfico que rebasa las visiones tradicionales: la Unión de Naciones Suramericanas (UNA SUR) y la Alternativa Bolivariana para Las Américas (ALBA).

En el caso de la UNASUR denominada con anterioridad Área de Libre Comercio de Sudamérica, ALCSA y Comunidad Suramericana de Naciones, CSN- su filosofía supera, de una parte, la lógica histórica de la integración latinoamericana, por la redefinición de esa meta al plano sudamericano; que puede ser cuestionada por algunos, pero no deja de responder a la lectura realista de los acontecimientos que demandan los tiempos que corren. No es una alternativa anti-ALCA, aunque se beneficia de la oposición al proyecto estadounidense, al no ceder en determinados temas de la agenda de negociaciones; sin desconocer que la presencia de Venezuela y Bolivia, hasta ahora, eleva el nivel de las críticas a una confrontación con el gobierno de Estados Unidos. El ALBA, por su parte, siendo un proyecto en evolución, que pasaremos a definir posteriormente, se ha articulado a partir del pensamiento de próceres latinoamericanos como Simón Bolívar y José Martí, que desarrollaron sus ideas integracionistas partiendo de la defensa a la soberanía y la independencia nacional desde posiciones muy críticas con respecto a Estados Unidos y sus políticas hemisféricas.

La UNASUR, según ya se apuntaba, tiene como horizonte geográfico América del Sur, pero de una parte rebasa a los dos esquemas de integración existentes en el área, la CAN y el MERCOSUR, y de otra, incorpora a Chile y dos países prácticamente descolocados de todo enfoque tradicional sobre integración sudamericana, bajo el error de considerarlos como únicamente caribeños: Guyana y Surinam. El ALBA, por su parte, aunque su denominación lo ubica como un proyecto continental, se ha ido estructurando a partir de la identificación ideológica de sus miembros, a saber, Venezuela, Cuba y Bolivia, hasta ahora, con algunas expectativas en cuanto a otras posibles nuevas inclusiones. Tal es el caso de Nicaragua, ahora bajo un nuevo gobierno de Daniel Ortega o Ecuador, abriendo un crédito a las primeras declaraciones del nuevo presidente, Rafael Correa. No obstante, como bien han demostrado los acontecimient os, sería un error desconocer el interés histórico demostrado por la política exterior venezolana hacia El Caribe, un espacio reconocido en su universo geopolítico tradicional.

¿Cuáles son las características que los relacionan? En primer lugar, el ser proyectos que excluyen a Estados Unidos como actor a participar de su universo integracionista. En segundo lugar, que fijan sus dimensiones bajo diferentes filosofías de la integración, pero similares criterios en cuanto a realismo político. En el caso de la hoy UNASUR, el universo de expansión es América del Sur bajo presupuestos geopolíticos, geo-económicos e históricos bien definidos, siendo conscientes de que es la vía para negociar en mejores condiciones con Estados Unidos y el resto de los polos de poder internacional. En el caso del ALBA, partiendo de un imaginario político que retoma la tradicional confrontación ideológica con Estados Unidos, pero con determinadas capacidades económicas el empleo del recurso petróleo venezolano-, que le han permitido trascender el discurso político y comenzar a desarrollar un conjunto importantes de dinámicas de integración, que encuentran en Sudamérica su escenario principal. En tercer lugar, el replanteamiento de sus vínculos extra-continentales, ampliando sus relaciones económicas, comerciales y políticas con China, los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP); así como la India y Rusia. A todas luces, entre los propósitos está el generar nuevos espacios de inserción internacional, con un nuevo trazado geo-estratégico y la búsqueda de nuevas capacidades de negociación frente a sus socios tradicionales: Estados Unidos y la Unión Europea.

A la evaluación de las diferencias entre ambos proyectos y sus reales opciones de consolidación, será dedicado el desarrollo principal de nuestro trabajo; aunque, se identifica como problema fundamental de la investigación el estudio del ALBA, dado el nivel de cuestionamiento que enfrenta en no pocos medios políticos y académicos de la región. En tal sentido, se ha definido como hipótesis de trabajo que en América del Sur, escenario latinoamericano con mayores posibilidades para consolidar un proceso de integración, el ALBA y la UNASUR, procesos ampliamente diferenciables, se intervinculan en la realidad de los hechos. Mientras que la UNASUR no ha podido trascender del plano declarativo, el ALBA va avanzando en algunos de los más importantes campos de intervención comunes a ambos proyectos. De continuar esta tendencia con una UNASUR en funcionamiento, el ALBA puede no sólo profundizar su intervinculación, sino influir en su proyección definitiva.

Bajo este planteamiento quedan definidos los objetivos siguientes:

  1. Evaluar cuánto pueden significar los posibles consensos a identificar entre el ALBA y la UNASUR, como un factor muy importante para lograr concretar y posteriormente consolidar una integración sudamericana.

  2. Analizar cuánto pueden incidir las percepciones brasileñas sobre una eventual disputa venezolana a sus pretensiones de liderazgo sudamericano, para retardar e incluso hacer fracasar un proyecto de integración en el área.

  3. Prestar la debida atención a la evolución actual de las relaciones entre Estados Unidos con Brasil y Venezuela, y sus implicaciones para un evenproceso sudamericano de integración.


Algunas consideraciones generales sobre la hoy denominada Unión de Naciones Suramericanas
La idea de lo que hoy se conoce como UNASUR, tiene su antecedente en la convocatoria a una Cumbre Sudamericana, por parte del entonces presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, al reunir a sus homólogos del área, en Brasilia los días 31 de agosto y 1 de septiembre del año 2000. Numerosas son las razones para entender el lanzamiento del nuevo proyecto. Primero se benefició del desarrollo regional que había alcanzado la diplomacia presidencial, con las diferentes Cumbres y mecanismos políticos que venían desarrollándose. Sin lugar a dudas, las Cumbres Iberoamericanas, el Grupo de Río y las propias Cumbres de Las Américas, convocadas para el proyecto ALCA, facilitaron el lanzamiento de la nueva iniciativa. Era un momento, además, en que se estaban desarrollando negociaciones entre el MERCOSUR y la CAN y en particular Brasil, estaba interesado en desarrollar proyectos de carreteras con Perú y Bolivia; así como una interconexión eléctrica con Venezuela (Gudynas, 2006)[1]. En esencia, se trataba de reorganizar y fundir las estructuras ya existentes de la CAN y el MERCOSUR, con el fin de evitar la duplicación de funciones, aumentar la eficiencia y racionalizar el uso de recursos económicos y humanos (Vázquez, 2005)[2]. No obstante, no puede quedar fuera del análisis la preocupación del gran capital brasileño por generar espacios desde los cuales garantizar su participación en las grandes cadenas productivas mundiales.

La idea de un Área de Libre Comercio de América del Sur (ALCSA), término que quedó expresado en la declaración final del encuentro, venía a ser la contrapropuesta estratégica del Sur que concentraba geográficamente las mayores capacidades relativas para variar los marcos de negociación del ALCA, en primer lugar. Por otra parte, no se puede obviar el hecho de que México, histórico competidor regional de Brasil, se incorporó como miembro pleno del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), núcleo duro de la estrategia hemisférica de libre comercio de Estados Unidos. Con el TLCAN, México recibió el reconocimiento oficial de la dimensión geo-estratégica que le concede Estados Unidos en el hemisferio; factor que en la práctica, generó un mayor alineamiento político con su vecino del Norte y un mayor distanciamiento relativo del Sur.

También se debe considerar que a la altura de ese año 2000, ya habían quedado esclarecidos los principales temas de conflicto de la agenda brasileña y del Mercosur con el ALCA; las patentes, los subsidios agrícolas, y el acceso a determinadas tecnologías de punta, eran algunos de los temas a debate. En ese sentido, se puede entender la intención de crear un Área de Libre Comercio de Sudamérica. Según Gudynas, en la declaración final de la cumbre, conocida como Comunicado de Brasilia, el nuevo proyecto se presentó con:

Una visión de la integración como esencialmente comercial. El aumento del comercio permitiría el crecimiento de las economías nacionales y, por lo tanto, todos los países se estaban volcando a desmontar sus barreras a las importaciones y agilizar las exportaciones. No hay una crítica de la globalización como tal, ya que los presidentes entienden que tiene muchos potenciales beneficios y que lo que se debe hacer es manejar esos desafíos. Si bien no se cuestionan las ideas básicas de las relaciones comerciales, los presidentes apuestan a mercados libres y critican las protecciones comerciales que establecen las naciones industrializadas. Todo esto se daba bajo invocaciones al regionalismo abierto de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) (Gudynas, 2006).

La segunda Cumbre Sudamericana se celebró en julio de 2002, en Guayaquil, Ecuador. De este encuentro son dos los aspectos a destacar, con una evidente interconexión; uno, la interpretación del espacio a integrar en su dimensión física, como facilitador del proyecto económico final. El otro aspecto, que ya había sido abordado en Brasilia, quedando bajo el formato inicial de un Plan de Acción, es la llamada Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA). Generado originalmente desde el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y con el apoyo posterior de la Corporación Andina de Fomento (CAF) y la Fundación del Río de la Plata (FONPLATA), la IIRSA es un esquema multinacional, que abarca a los doce estados sudamericanos, y multisectorial, porque define numerosos proyectos y ejes sectoriales, entre los que destacan, las áreas de energía, transporte y comunicaciones (http://www.iadb.org/INTAL/tratados/iirsa.htm).

En diciembre de 2004, organizada por el presidente Lula y el entonces mandatario peruano, Alejandro Toledo, se celebró en Cusco, Perú, la tercera Cumbre Sudamericana, en la cual se proclamó oficialmente la Comunidad Sudamericana de Naciones. Nuevamente Brasilia sirvió de sede a la cuarta Cumbre Sudamericana, oficialmente la primera de la CSN. De este encuentro, del cual trascendieron las discrepancias y negociaciones entre el presidente Chávez de Venezuela y algunos de sus vecinos, destacó la aprobación de un programa mínimo de trabajo, con ocho áreas de acción prioritarias: diálogo político; integración física; medio ambiente; integración energética; mecanismos financieros sudamericanos; asimetrías; promoción de la cohesión social; la inclusión social y la justicia social; y las telecomunicaciones (Gudynas, 2006).

Durante la I Cumbre Energética Suramericana, celebrada los días 16 y 17 de abril de 2007, en Isla Margarita, Venezuela, los mandatarios sudamericanos decidieron que la Comunidad Sudamericana de Naciones pasara a denominarse Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR, en español). Llama la atención que el documento de Declaración Final del encuentro parece conciliatorio, en tanto recoge de una u otra forma, los principales temas y debates que han tenido lugar en las anteriores Cumbres; factor que debe ayudar al diálogo político, pero que no supera los límites que la realidad ha impuesto (http://es:wikipedia.org/wiki/Unionde Naciones Suramericanas).


NOTAS:
  1. ® Eduardo Gudynas, Comunidad Sudamericana de Naciones. Las Cumbres y la búsqueda de un nuevo marco de integración regional, En: Revista del Sur. No. 168, noviembre-diciembre 2006, Montevideo, Uruguay.

  2. ® Carlos Otto Vázquez, La Comunidad Andina en el 2004, En: Anuario de la Integración latinoamericana y caribeña, REDIALC/AUNA, Brasil, 2005.


La alternativa bolivariana para las Américas (ALBA)
En ocasión de la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), celebrada en la isla Margarita, en diciembre de 2001, el presidente Chávez esbozó algunas ideas sobre lo que posteriormente sería el ALBA. Pero no fue hasta el 14 de diciembre de 2004, cuando Chávez y el presidente Fidel Castro firmaron en La Habana, el Acuerdo para la aplicación del ALBA y la Declaración Conjunta Cuba-Venezuela, que se aprec ia una definición de los objetivos y alcances del proyecto. Entre los principios recogidos en la Declaración Conjunta aparecen:

...El comercio y la inversión no como fines, sino como instrumentos para un desarrollo justo y sustentable; la aplicación de un trato especial y diferenciado; la complementación económica; la cooperación y no la competencia entre los países participantes; planes especiales para los países menos desarrollados en la región, incluido un Plan Continental contra el Analfabetismo; la creación de un Fondo de Emergencia Social; el desarrollo integrador de las comunicaciones y el transporte entre los países latinoamericanos y caribeños; acciones para propiciar la sostenibilidad del desarrollo; integración energética entre los países de la región; fomento de las inversiones de capitales latinoamericanos en la propia América Latina y El Caribe; defensa de la cultura latinoamericana y caribeña y de la identidad de los pueblos de la región; medidas para que las normas de propiedad intelectual protejan el patrimonio de los países de la región y no se transformen en un freno a la cooperación entre ellos y concertación de posiciones en la esfera multilateral y en los procesos de negociación de todo tipo (Estay, 2005).[3]

Pero, ¿Qué es el ALBA? y, ¿Cómo definirlo? Evidentemente, es un proyecto novedoso que se ha ido construyendo en la práctica. Tiene una dimensión interna y otra externa. A la vez que retoma las viejas funciones que en tiempos de anteriores teorías económicas desempeñaron el estado y los grupos empresariales. Por ejemplo, Iris Varela, Diputada al Parlamento venezolano, resalta su dimensión interna cuando plantea:

El ALBA no es un proyecto de integración tradicional escrito o preconcebido por nuestro Presidente, tampoco es un mero tratado comercial, es una realidad que se construye día a día cuando en nuestro país observamos el funcionamiento de las misiones, cuando se ponen en práctica mecanismos para la organización social y el desarrollo endógeno, cuando observamos las cooperativas, la microempresa y su nueva relación con el Estado venezolano o la modalidad productiva de la cogestión (Construyendo el ALBA. Nuestro Norte es el Sur, Rafael Correa Flores, Coordinador y compilador, 2005).[4]

Por su parte, en la página Portal ALBA se suscribe que la propuesta da prioridad a la integración latinoamericana y a la negociación en bloques sub-regionales, con nuevos espacios de concertación que permitan la construcción de nuevas alianzas estratégicas, bajo la óptica de alcanzar un desarrollo endógeno nacional y regional que erradique la pobreza, las desigualdades sociales y asegure una creciente calidad de vida para los pueblos (http://www.alternativabolivariana.org/).

Y continúa Iris Varela:

Cuando Venezuela organiza ruedas de negocios con otros países y en las mismas participan empresarios, con el respaldo financiero de los estados y sin intermediarios lógica seguida al menos en el acuerdo bilateral con Cuba, N.del R.-, estamos en presencia de un nuevo modelo de integración que mira ya no a las elites tradicionales que se han beneficiado exclusivamente de las contrataciones de los Estados en sus relaciones internacionales, sino que vuelca su mirada hacia una nueva generación de empresarios que entienden que las políticas económicas del Estado están dirigidas ahora a saldar la enorme deuda social que constituye una pesada carga que hemos recibido como herencia (Rafael Correa Flores, Coordinador y Compilador, 2005).

Por tanto, es un proyecto de integración, con un nuevo formato, sobre todo y nadie duda que esto sea un gran desafío para sí mismo-, porque se desdobla y alimenta progresivamente de nuevas ideas y acciones; teniendo como premisas básicas la identificación de posiciones ideológicas críticas hacia el gobierno de Estados Unidos y hacia el ALCA, como su propuesta de integración regional; la negación de los proyectos de integración condicionados a un centro hegemónico; la búsqueda de un adecuado tratamiento de las asimetrías económicas; y el desarrollo de los vínculos bajo principios de solidaridad, cooperación y complementación económica. De ahí que los economistas cubanos Lourdes Regueiro y Jorge Mario Sánchez, planteen que las propuestas del ALBA:

Tienen que ver con : a) las relaciones políticas entre los países latinoamericanos como un proyecto integracionista frente a Estados Unidos, b) la facilitación de comercio y servicios financieros con criterios de prioridad para la atención de áreas deficitarias en lugar de los mecanismos convencionales de mercado rasgo que constituye su elemento distintivo, con énfasis en los mecanismos de gestión y las iniciativas gubernamentales-, incluyendo la colaboración en las esferas de la educación básica, cultura, ciencia, tecnología, e infraestructura social (Regueiro y Sánchez, 2007).[5]

Sin duda alguna, el ALBA es una resultante de los acontecimientos que han ocurrido y tienen lugar en América Latina. En primer lugar, era impensado esperar un proyecto de esa naturaleza de parte de un gobierno venezolano que no fuera el del presidente Chávez, agravado a la mirada de sus opositores, por esa alianza estratégica tejida con Cuba y marcada por la relación personal Fidel Castro-Chávez.

Pero hay un elemento esencial que avala a los participantes en el proyecto, como expresión de esos cambios que están ocurriendo. A diferencia de otros gobiernos latinoamericanos, asumidos por nuevos líderes considerados progresistas o de izquierdas, los gobiernos de Venezuela y Bolivia, se caracterizan, cada uno en su realidad, por intentar construir un nuevo poder, rompiendo con determinados soportes de la institucionalidad tradicional, como el control estatal de los recursos naturales estratégicos y la aplicación de determinadas nacionalizaciones. A partir de esta disposición es que se entiende la proyección hacia el gobierno de Estados Unidos y el ALCA; y la intención activa de desmontar los efectos de las políticas neoliberales en sus respectivas sociedades. Como metas finales para ese nuevo poder a construir aparecen otros temas altamente sensibles, pero que aún no han trascendido el discurso político de estos gobiernos, como la sustitución del régimen capitalista por otro que surgiría de proyectos basados en un nuevo ideario socialista para el siglo XXI.

No obstante, el ALBA ya ha dejado atrás hace mucho la retórica y acumula importantes resultados prácticos. El replanteamiento de las relaciones estado-sociedad, rebasa el viejo papel protagónico del primero, con un nuevo formato de la relación pueblo a pueblo, que se inserta como una nueva cualidad de los procesos de integración. Son el maestro y el médico cubanos o venezolanos que van a los más remotos lugares, olvidados siempre por sus pares locales; cuyos forcejeos legales se vieron neutralizados por la realidad de los hechos. O los hijos de pobres que estudian medicina y otras especialidades universitarias. Es un nuevo entretejido social, cuya fuerza mayor se aprecia en una misma generación emergente de jóvenes a una educación a la que estaban excluidos.

En un intento por interpretar la lógica de desarrollo del ALBA, se pueden identificar cinco ejes:

  • Eje energético, que es fundamental porque se beneficia del recurso petróleo, recuperado por el gobierno bolivariano, bajo una nueva PDVSA; siendo la principal fuente de financiamiento para todos los ejes. Este Eje se definió como el proyecto PetroAmérica, que en la práctica se ha ido reflejando en segmentos como PetroCaribe y otros bilaterales de Venezuela con Colombia, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, entre otros. Por su importancia, volveremos a retomar este eje en posteriores análisis.
  • Eje de programas de desarrollo humano, que contiene los programas de salud, como Barrio Adentro, que sostienen los médicos cubanos en Venezuela, o la Operación Milagro, un macroprograma de operaciones oftalmológicas que rebasa hoy las 300,000 mil operaciones de pacientes de diferentes países latinoamericanos, miembros o no del ALBA. También están los programas educacionales de alfabetización e instrucción deportiva y los proyectos culturales, entre otros.
  • Eje de construcción de infraestructuras, que tiene su mayor desarrollo hasta el presente en el segmento, Cuba-Venezuela, con numerosos proyectos conjuntos en diferentes ramas industriales, en particular, la energética.
  • Eje de comunicaciones, que por ahora se visualiza mediante el proyecto de TeleSur, un canal televisivo con criterios de comunicación y análisis alternativos, respondiendo a lo s postulados ideológicos del proyecto ALBA. También aparece el proyecto de tendido de un cable submarino entre Cuba y Venezuela, para mejorar las comunicaciones de la isla con ese país y el resto del mundo.
  • Eje financiero, con la creación de los bancos del Sur y del ALBA (Gustavo Gil, El Economista de Cuba. Edición ON Line, 2007; y Opciones. Semanario Financiero, Comercial y Turístico de Cuba, 2007).[6]


No se deben concluir estas breves reflexiones, sin mencionar el peso del Caribe dentro del proyecto ALBA. Fue durante la III Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno de la AEC que Chávez mencionó por primera ocasión su idea del ALBA. Fue con Cuba, que se dio vida al proyecto, mediante los mencionados acuerdos de diciembre de 2004; y PetroCaribe ha sido el único proyecto multinacional que se ha podido poner en práctica y hacer avanzar, independientemente de la proyección de otros bloques como PetroAndina y PetroSur.


NOTAS:
  1. ® Jaime Estay Reino, La integración latinoamericana en el 2004, En: Anuario de Integración Latinoamericana y Caribeña, AUNA/REDIALC, 2005, Brasil, p.23.

  2. ® Iris Varela, ALBA: Una propuesta de la Revolución Bolivariana, En: Construyendo el ALBA. Nuestro Norte es el Sur. Rafael Correa Flores Coordinador y Compilador. Ediciones del XL Aniversario del Parlamento Latinoamericano, Secretaría General, Segunda Edición, Caracas, República Bolivariana de Venezuela, octubre de 2005.

  3. ® Jorge Mario Sánchez-Egoscue and Lourdes Regueiro Bello, Latin America vis á vis. The FTAA: Between Relaunching and Alternatives, En: The Bush Doctrine and Latina America, Edited by Gary Prevost and Carlos Oliva Campos, PalgraveMcMillan, USA, 2007.

  4. ® Gustavo Gil-APM, El Banco del Sur y la autonomía financiera, El Economista de Cuba. Edición ON Line, http:// www.eleconomista.cubaweb.cu/ ; y Ministros acuerdan creación del Banco del ALBA, Prensa Latina, 9 de junio de 2007, Caracas.


ALBA-UNASUR: Obstáculos y desafíos para una eventual concertación entre ambos proyectos
En un artículo escrito hace ya algunos años, Wolf Grabendorft ofrece un diagnóstico que no ha perdido su vigencia, en tanto los problemas que coloca no han sido superados; siendo imprescindible una solución para los mismos, como paso previo para cualquier proceso de integración. Grabendorft afirma:

Pese a los esquemas emprendidos con sus limitaciones y éxitos, no existe en la región sino de manera embrionaria una noción unificadora que pueda brindar identidad política. Hay procesos de integración bien diferenciados, y una desigual preparación de los actores internos y externos. A ello se agrega las aspiraciones de liderazgo de algunos países y la proyección estratégica de los esquemas estadounidenses (Grabendorft, Nueva Sociedad, 2002).[7]

Lamentablemente, esta realidad ha cambiado muy poco o nada hasta el presente. Los problemas al interior tanto de la CAN como de MERCOSUR son evidentes y sin soluciones a corto plazo; lo cual tiene serias implicaciones sobre todo proyecto sudamericano de integración. Una revisión interna de la CAN nos dice que la salida de Venezuela y su incorporación plena al MERCOSUR, a mediados del 2006, es sólo uno de tantos otros problemas. Se suman el primer gobierno indígena con Evo Morales, presidente en Bolivia, muy cercano a Chávez; las incógnitas de un Correa en Ecuador, con un discurso anti-neoliberal y proclive al ideario de Chávez; Perú intentando apartarse de estos rumbos, en espera de un mayor oxígeno económico estadounidense; y Colombia, manteniendo su alianza estratégica con Estados Unidos, pero canalizando determinados intereses energéticos con Venezuela.

En cuanto al MERCOSUR, como bien se decía, los problemas tienen orígenes históricos y emergen desde el interior de sus países, tanto por su racionalidad política como por sus visiones externas. Brasil y Argentina han sido los tradicionales rivales; aunque las pretensiones de liderazgo regional de Brasil han sido una constante. La profunda crisis socio-económica y política que estalló a finales del 2001, llevo a Argentina a una inmersión profunda en sus problemas domésticos, mientras Kirchner desarrollaba una política exterior basada en la negociación con los organismos internacionales, la búsqueda de nuevos socios comerciales y la concertación política.

Cualquier aproximación al MERCOSUR nos dice de la división interna en al menos dos segmentos de países, marcados por profundas asimetrías. Este es un problema que se ha agudizado y el diferendo argentino-uruguayo por las papeleras, o el propio debate que envuelve al gobierno de Tabaré Vázquez en torno a la firma de un TLC con Estados Unidos, son expresión de la inconformidad de los pequeños estados miembros con el rumbo de los acontecimientos y la incapacidad demostrada hasta ahora por los líderes del grupo para encontrar soluciones duraderas.

Mientras que la UNASUR, por lógica, necesita de soluciones a estos problemas para poder traspasar el plano declarativo a la realidad, el ALBA demuestra una flexibilidad, que si bien a los ojos de algunos puede restarle credibilidad como propuesta de integración regional, en la práctica le permite influir desde otra posición sobre muchos de los problemas no resueltos. Eso le permite desentenderse, al menos por ahora, de un problema medular que los diferencia: el carácter eminentemente exportador al amparo del libre comercio que identifica a la UNA SUR. Es en este punto donde se puede especular sobre el pragmatismo del gobierno venezolano también calificado de oportunismo por sus críticos, en cuanto a la articulación de importantes acuerdo s con sus vecinos sudamericanos, que no se identifican declarativamente con el ALBA, pero se benefician de sus relaciones económico comerciales con la Venezuela de Chávez.

De ahí que tal vez los mayores diferencias entre ambos proyectos puedan estar, por una parte, en las diversas visiones sobre cómo asumir la nueva infraestructura regional que demanda Sudamérica, es decir, cómo se proyecta el tema desde las propuestas del ALBA; y cómo aparece reflejado en los textos de la IIRSA. El segundo posible diferendo estaría girando en torno al conjunto de especulaciones políticas que giran en torno a las preocupaciones por el liderazgo regional de Chávez, y las reacciones de Estados Unidos, Brasil y otros países latinoamericanos.

El primer tema en cuestión se ha visualizado más en torno al tema de los gasoductos sudamericanos. Desde la IIRSA aparece el proyecto denominado Anillo Energético Sudamericano; mientras desde el ALBA se ha proyectado el llamado Gasoducto del Sur. El Anillo Energético Sudamericano es un proyecto dado a conocer en octubre de 2005, consistente en una red de gasoductos, derivados del descubrimiento de los yacimientos de gas de Camisea en el Perú. En principio la idea se basa en la inversión de 2,500 millones de dólares para la construcción de 1,200 kilómetros de gasoductos, por terrenos generalmente montañosos, que van desde la mencionada zona peruana hasta el norte de Chile, implicando también a Brasil, Argentina y Uruguay. En cuanto al segundo proyecto, presentado por el presidente Chávez, durante la XXVIII Cumbre del MERCOSUR, realizada en Asunción Paraguay, en junio del propio año, Chávez propuso la construcción de una red de gasoductos y oleoductos que unieran el Cono Sur con el Norte de Sudamérica.

No se puede negar que estamos en presencia de un choque de intereses no sólo económicos, sino también políticos, por algo que nos llevará al segundo tema en cuestión: las preocupaciones de algunos actores por el protagonismo regional de Chávez. Pero en términos de factibilidad, parece que el planteamiento de Chávez sale favorecido, independientemente, que un resultado final favorable, sólo debe emerger de una concertación entre ambos proyectos. Eso sin contar que ambos proyectos deben evaluar cuidadosamente los impactos medioambientales y enfrentar una complicada negociación con las autoridades y organizaciones encargadas de defender el medioambiente.

El Anillo Energético depende de un volumen de reservas de gas natural peruano estimado en aproximadamente 247,000 metros cúbicos, que según fuentes consultadas representa aproximadamente menos de la mitad de las reservas de gas que posee Argentina 612,000 metros cúbicos y alrededor de la tercera parte de las reservas bolivianas 782,000 metros cúbicos (De Dicco, 2005)[8]. Por otra parte, De Dicco llama la atención sobre el hecho de que el Perú no puede colocar todo el gas en función del nuevo proyecto, por tener compromisos previos de exportación a Estados Unidos y México, además del porcentaje destinado al consumo nacional. A esto cabe agregar que el proyecto de Chávez se beneficia del entretejido de acuerdos energéticos ya firmados y en curso con diferentes países sudamericanos antes mencionados, lo cual representa avances innegables hacia la meta deseada.

En cuanto al segundo posible tema de diferendo, se ve muy enrarecido por el involucramient o de diversos actores. El problema de base es que Brasil siente amenazada su histórica pretensión de liderazgo sudamericano y en torno a esto giran determinadas acciones políticas de Estados Unidos quien, para no acusarlo de ser el principal instigador, aceptemos que sería doblemente beneficiado; por el papel hemisférico que como aliado viene desempeñando Brasil; y por tratar de frenar el activismo regional de Chávez.

Colocando el tema desde la óptica de Brasil, llama la atención que el diferendo se plantea entre dos líderes de izquierdas, asumiendo el riesgo del empleo de esa simbología; Lula, sería el muy moderado y Chávez, el muy radical. Pero lo interesante y en este caso definitorio, tomando como referente la historia de este hemisferio, es la relación que mantienen con el gobierno de Estados Unidos. Carlos Eduardo Linz, plantea que entre Lula y el Presidente Bush se estableció una relación definida por el Ministro de Relaciones Exteriores brasileño, Celso Amorín, como de solidaridad y respeto según Financial Times del 5 de noviembre de 2004, en la que Washington minimiza los ocasionales raptos retóricos o simbólicos de Lula y otros dirigentes brasileños, remanentes de su pasado izquierdista, y Brasilia, en relación con América Latina, tiene cuidado de no causar conflictos con la estrategia estadounidense dirigida a los demás países del subcontinente (Linz, 2005)[9].

Por su parte, Mónica Hirst destaca que entre los cambios asumidos por la política exterior del gobierno de Lula, está el inicio de una etapa afirmativa de diálogo con Estados Unidos. Y continúa:

...Así Brasil se mostró dispuesto a ampliar sus responsabilidades internacionales, estimuló nuevas coaliciones con potencias regionales, asumió un fuerte protagonismo en las negociaciones comerciales globales comandó la creación del Grupo de los 20 [G-20], reafirmó sus aspiraciones para obtener altos cargos en la burocracia internacional y otorgó una máxima prioridad a su candidatura para un lugar permanente en una eventual ampliación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Mónica Hirst, Nueva Sociedad, 2005).[10]

Según Hirst, esa nueva relación con Estados Unidos, se ha construido al asumir Brasil nuevas responsabilidades en situaciones de riesgo institucional, concepto que acoge las gestiones mediadoras en situaciones internas en Venezuela, Bolivia y Ecuador, en diferentes momentos; así como la creación del Grupo de Amigos de Venezuela, en el 2003 o el envío de militares brasileños a Haití, como parte de las fuerzas internacionales encargadas de garantizar la paz.

En cuanto a Chávez, que ha pasado a ser el gran antagonista de Estados Unidos en la región, incluso antes de ocurrir la enfermedad del presidente cubano Fidel Castro, el gran antagonista histórico, no ha sido nunca favorecido por lo medios políticos estadounidenses. Muchas pueden ser las razones. Una puede ser, la ruptura del sistema político tradicional venezolano, colocando en la oposición a los sectores políticos y empresariales aliados de Estados Unidos. Otra, la de generar un clima de inseguridad y percepciones de amenazas en Estados Unidos por los cambios asumidos con PDVSA y la industria petrolera. Mientras que la tercera podría ser el c ambio radical del mapa polít ico hemisférico venezolano, en lo referido a que el rescate del nacionalismo bolivariano se articuló directamente con una visión antiimperialista de los problemas socio-económicos acumulados y por resolver, generando redefiniciones de sus aliados en la región, incluida la estratégica relación con Cuba.

Los nuevos contenidos del liderazgo venezolano, son interpretados por Andrés Serbin, a partir de los siguientes factores:

...En primer lugar, su formación militar y su visión geopolítica del sistema internacional, donde los componentes de diferenciación y confrontación juegan un papel importante. En segundo lugar, la influencia del modelo cubano, no sólo en sus aspectos ideológicos sino también en lo referente a las posibilidades de desempeño internacional de un país pequeño, pero caracterizado por un alto protagonismo en el ámbito mundial. Y, en tercer lugar, la visión esencialmente bolivariana que, además de tener un fuerte componente militarista y personalista, les asigna un rol relevante y de liderazgo a Venezuela y a su actual presidente en el sistema hemisférico y en el proceso de integración regional. Aunque se vislumbraran desde la asunción de Chávez, todos estos elementos se acentuaron marcadamente a partir de 2004 (Serbin, 2005).[11]


NOTAS:
  1. ® Wolf Grabendorft, Perspectivas de una integración política de América del Sur, En: Nueva Sociedad, 177, enero-febrero, 2002.

  2. ® Ricardo Andrés De Dicco, En: Soberanía, Caracas, Venezuela, 29/07/05.

  3. ® Carlos Eduardo Linz, "La Casa Blanca y el Planalto: respeto y solidaridad, En: Foreign Affairs En Español, enero-marzo, 2005.

  4. ® Mónica Hirst, Los desafíos de la política sudamericana de Brasil, En: Nueva Sociedad, 205.

  5. ® Andrés Serbin, Cuando la limosna es grande. El Caribe, Chávez y los límites de la diplomacia petrolera, En: Nueva Sociedad 205, septiembre-octubre, 2006.


Algunas consideraciones para estimular el debate
No resulta nada novedoso hablar de los grandes obstáculos que históricamente han abortado procesos de integración regional en América Latina y el Caribe. Sin embargo, y aunque parezca recurrente, se viven momentos definitorios para continuar o no aspirando a alcanzar un proyecto de esa naturaleza. Desde la perspectiva de Estados Unidos, no estamos como región entre sus prioridades políticas globales. Sin embargo, los rumbos que debió tomar el proyecto ALCA, consolidando sus posiciones en la tradicional área de seguridad estadounidense en nuestro Sur; y el favorecimiento de los tratamientos bilaterales para alcanzar acuerdos de libre comercio, abren espacios e incógnitas para pensar seriamente en una integración latinoamericana y caribeña; a la vez que sí hay que pensar muy seriamente en cuánto se puede avanzar desde América del Sur.

Como afirmó en alguna ocasión Helio Jaguaribe: Para Estados Unidos, su zona de seguridad doméstica termina en Panamá; hacia el sur, son tolerables las autonomías periféricas. No nos engañemos, Estados Unidos presta una desenfadada atención a Brasil, Chile y Argentina en el Sur de nuestro Sur y a través de estos países y México, se canalizan sus intereses políticos en la región; y hace mucho tiempo que existen respuestas para quien pregunte si Estados Unidos aceptaría plenamente un proceso concluido de integración, latinoamericano y/o caribeño.

Los desafíos son enormes, porque ese proceso de integración por el que se aboga, en principio en América del Sur, dadas las relativas mayores condiciones que tiene para intentarlo, no se puede proyectar sobre una abstracción, sino sobre sociedades que están sufriendo profundos cambios y que en muchos casos no alcanzan aún la suficiente claridad sobre las metas que deben y pueden alcanzar. Sólo con un conocimiento objetivo de la realidad en que vivimos; una claridad en cuanto a alcanzar una maximización de los márgenes de maniobra; y un tratamiento multidimensional de los problemas, es que se puede defender la integración, o tal vez decir, evitar la sepultura definitiva de la integración regional.


webmaster@gloobal.net