Artículos
La Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA): un nuevo espacio de la integración latinoamericana con dimensión social
Autores corporativos:
Plataforma 2015 y más (canal)

Autores personales:
Sotillo Lorenzo, José Angel (Autor/a)

   Descripción    Clasificación    Documento   
 Índice:
     El escenario: una América Latina protagonista.
     El nuevo mapa de la integración latinoamericana.
     Nacimiento y puesta en escena de la Alternativa Bolivariana para América Latina.
     ALBA: propuesta de futuro con riesgos.
     Referencias.
El escenario: una América Latina protagonista.
Antes de entrar en el estudio de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), parece necesario realizar un breve diagnóstico del estado de la región.

Sin analizamos la realidad actual de América Latina y el Caribe, desde una cierta lejanía y con algo de frialdad -tarea a veces imposible-, parece innegable que en los últimos tiempos está llamando la atención y teniendo un protagonismo del que hasta entonces había carecido.

En ciertos momentos parece una región acelerada, con mucho dinamismo, que quiere sacar todo su potencial y tener una presencia viva en el escenario mundial globalizado. También es evidente que se suele transmitir una imagen de lo que sucede en América Latina bastante estereotipada, donde la violencia (en todas sus manifestaciones) aparece de forma recurrente.

Veamos brevemente algunas de las radiografías del estado del continente. En lo político, hay una clara revitalización de los procesos democráticos, tanto en los aspectos formales como en la configuración de otros espacios de participación política En el bienio 2005-2007 se han realizado 10 elecciones presidenciales, con un vuelco importante en la ideología de quienes han accedido a la presidencia de las Repúblicas, cambiando el mapa político de la región y mostrando otras formas de liderazgo. Gobiernos de izquierdas –con el abanico de posibilidades que tiene hoy esta opción- se han instalado en varios países tras esos procesos electorales: Tabaré en Uruguay, Bachelet en Chile, Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia, Kirchner en Argentina, Lula en Brasil, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua, Óscar Arias en Costa Rica. Este cambio tiene una enorme repercusión sobre las formas que adoptan los procesos de cooperación e integración regionales.

Esa revitalización se acompaña con una gran crisis de credibilidad con respecto a las instituciones tradicionales del sistema político, especialmente los partidos políticos y los parlamentos, y con lacras como la corrupción. El telón de fondo sigue siendo la enorme desigualdad en la distribución del ingreso y la exclusión social, combinando las altas tasas de crecimiento económico que presentan muchos países, con el hecho de que la pobreza en la región llegue al 40% de la población, lo que tiene un efecto directo sobre ciertos liderazgos, con propuestas que permiten canalizar las reivindicaciones socioeconómicas y el descontento de buena parte de la población, excluida de los beneficios de ese crecimiento, al mismo tiempo que redefine la posición de América Latina ante la globalización.

Por otro lado, podemos constatar una mayor autonomía latinoamericana en su desempeño internacional. Lo cual podemos visibilizar en varias imágenes. Por un lado, la ausencia progresiva de Estados Unidos, que pierde poco a poco su papel de hegemonía en la región. Se dijo que América Latina había desparecido de los radares de Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Es más que evidente que la superpotencia va a seguir estando muy presente en los asuntos latinoamericanos, que la Administración estadounidense cuenta con socios e interlocutores en distintos gobiernos de la región y que la relación de vecindad es ineludible. Pero, por otro lado, podemos constatar que el proyecto estrella de Estados Unidos para todo el hemisferio, el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) no está precisamente en sus horas más boyantes. Hecho que ha cambiado la estrategia de la Administración Bush para trocear el diseño general y rellenarlo con acuerdos llamados de libre comercio, con los gobiernos más afines.

La llegada de Gobiernos de izquierdas ha hecho que se marquen las distancias con Washington, en el ámbito comercial (caso de Brasil) y especialmente en el político (Venezuela y Bolivia), estableciendo un nuevo marco de relaciones que supera la supeditación a los intereses de Washington y dejando atrás esa consideración de que el territorio latinoamericano era el patio trasero de la superpotencia. Eso se materializa en el despliegue exterior de estos Gobiernos y en el hecho de que se intensifique la relación con otros socios hasta ahora totalmente ausentes de las relaciones internacionales latinoamericanas. Es el caso, sobre todo de las relaciones con los países asiáticos, y muy especialmente con China, India e Irán, lo que en este último caso hace saltar las alarmas del poderoso vecino del Norte.


El nuevo mapa de la integración latinoamericana.
Dentro de la imagen negativa a la que frecuentemente se asocian los asuntos latinoamericanos, se tiende a calificar de fracaso las experiencias integracionistas en la región. Es cierto que, si las medimos bajo ciertos cánones, como la integración europea, el caso latinoamericano está a bastante distancia. Pero hay que medirlas con baremos de la región y bajo las circunstancias en las que ésta vive y desempeña sus actividades. Décadas de dictaduras, de sometimientos a potencias extranjeras, de subordinación a intereses económicos foráneos, de ser territorio donde aplicar recetas del modelo liberal y de conflictos internos y entre países, condicionan mucho el marco cooperativo que se propone para los países de la región. A pesar de todas las dificultades y ralentizaciones la integración en Centroamérica, en la región andina y en el área suramericana sigue su curso.

Junto a los mecanismos tradicionales que reflejan las relaciones de vecindad, encontramos en los últimos años, conforme a las características que antes destacábamos, unas nuevas formas de reflejar la cooperación interregional, que también conviene redimensionar en un marco más amplio. Y ese marco más amplio viene determinado por una voluntad colectiva por actuar frente a modelos dominantes que se basan fundamentalmente en garantizar un llamado libre comercio, que beneficia en gran medida a las empresas, dejando de lado los intereses de las personas, aunque sean éstas las destinatarias de las presuntas bondades del libre mercado globalizado.

Desbordando la integración institucionalizada por entidades oficiales, asistimos a una recreación de otras formas que dan vida a mecanismos no formales, difícilmente identificables con cánones ortodoxos, pero que sin duda vienen desempeñando un papel importante en esa otra forma de ver la integración. Aunque sigan siendo objetos políticos extraños vislumbramos toda una serie de grupos, organizaciones no gubernamentales, movimientos, asociaciones, redes y otras entidades que en América Latina sobrepasan la dimensión local o nacional para alcanzar un protagonismo regional latinoamericano; sin duda la facilidad que otorga el uso de internet ha dado alas a ese protagonismo creciente.

Ese reconocimiento lo expresa así Rojas Aravena [1]: “La integración latinoamericana es hoy, sin embargo, un proceso que no sólo se realiza desde los espacios públicos y estatales. Hay ‘otra’ integración, aquella que se produce y reproduce en los amplios espacios privados en donde reside la sociedad civil. En estos espacios de informalidad, también es posible hallar integración y promoverla. De allí la importancia de realizar aproximaciones más inclusivas y plurales, más creativas y heterodoxas, a un tema que por demasiado tiempo fue ámbito exclusivo de ‘lo oficial’”.

Por eso, las nuevas experiencias latinoamericanas se insertan en una nueva forma de trabajo internacional que hunde sus raíces en lo que se ha denominado cooperación sur – sur, que ahora deja de estar constreñida por las coordenadas de la Guerra Fría. A ello dedica su último número la Revista Alternatives Sud [2].Es significativo que en su portada aparezcan los presidentes de India, Sudáfrica y Brasil, que está desempeñando ese papel de potencia regional que busca reforzar su proyección exterior, sobre todo en el terreno económico, pero también en el político (como su presencia en un Consejo de Seguridad de la ONU ampliado).

Antes de avanzar en este terreno, conviene que tengamos en cuenta esta reflexión: ¿Por qué los latinoamericanos estamos siempre inventado nuevos proyectos para conseguir lo mismo, si no hemos sido capaces de terminar debidamente los que pusimos en marcha en su momento con igual o mayor entusiasmo que ahora? Esta pregunta-reflexión lanzada por el ex presidente chileno Eduardo Frei puede servir para abrir la puerta a esta cuestión, intentado encontrar respuestas a tan sencillo y, a la vez complejo, interrogante.

Es un punto de partida para tener en cuenta la puesta en escena de la Comunidad Suramericana de Naciones, cuya acta de nacimiento se dio en Cuzco, con motivo de la III Cumbre Sudamericana de Naciones, el 8 de diciembre de 2004, transformada en la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), el 17 de abril de 2007, en la que participan 12 países de la región.



NOTAS:
  1. ® ROJAS ARAVENA, Francisco / SOLÍS RIVERA, Luis Guillermo (coords.): La integración latinoamericana. Visiones regionales y subregionales. San José (Costa Rica), Editorial Juricentro, 2006, pp. 8-9.

  2. ® “Coalitions d’États du Sud. Retour de l’esprit de Bandung? Points de vue du Sud”, Alternatives Sud, vol. XIV – 2007, n. 3.


Nacimiento y puesta en escena de la Alternativa Bolivariana para América Latina.


No caben muchas dudas que la propia denominación de “alternativa” hace referencia a la propuesta realizada por varios Gobiernos frente al Área de Libre Comercio de las Américas, impulsado por Washington, que pretende, según una de sus frases que definen su objetivo, llevar el libre comercio desde Alaska a Tierra de Fuego. Para concretar el proyecto, Estados Unidos lo impulsó desde las Cumbres de las Américas, realizadas bajo el paraguas de la Organización de Estados Americanos (OEA), de la que Cuba está expulsada de hecho. La proclama con la que se lanzaba el proyecto se basaba en un Pacto para el desarrollo y la prosperidad: democracia, libre comercio y desarrollo sostenible en las Américas. El asentimiento logrado en la Primera de dichas Cumbres (Miami, 9 a 11 de diciembre de 1994) se ha ido desvaneciendo (la II se celebró en Santiago de Chile, 18-19 abril 1998; la III en Quebec, 20-21 abril 2001) hasta llegar a la clara confrontación en la última, la IV Cumbre, que tuvo lugar en Mar del Plata, donde finalizó con una declaración suscrita el 5 de noviembre de 2005. El tema en esta ocasión fue “Crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática”. Tras dos días de negociaciones entre los representantes de los 34 países miembros, las propuestas de Estados Unidos fueron rechazadas por los socios de Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), además, lógicamente, de la de Venezuela En este clima, y bajo el liderazgo del presidente venezolano Hugo Chávez, que rescata el ideal bolivariano, en total alianza con el presidente cubano Fidel Castro, se firma en La Habana (Cuba), el 14 de diciembre de 2004 –en el 180 aniversario de la Batalla de Ayacucho, que prácticamente puso fin al dominio colonial español-, el acuerdo bilateral que da vida a ALBA. Unos meses antes, el presidente venezolano había superado una prueba importante que le confirmaría en el poder, al vencer en el referéndum revocatorio del 15 de agosto. Además de un claro contenido económico –como la desaparición de aranceles en el comercio bilateral- se trata de dar impulso al intercambio de bienes y servicios que resulten más beneficiosos para las necesidades económicas y sociales de ambos países.

El acto sirvió para recordar que diez años antes ambos dirigentes habían sentado las bases de una relación muy especial, que alcanza al ámbito personal, que hemos ido viendo con motivo del empeoramiento del estado de salud de Fidel Castro. Desde entonces, Venezuela se ha convertido en el primer socio de la isla: Cuba recibe unos 53.000 barriles de crudo a precios preferenciales, mientras que Venezuela es destino de decenas de miles de médicos, maestros y otros profesionales que trabajan en el ámbito social.

Esa especial relación bilateral se confirmó con motivo de la Declaración final de la Primera reunión Cuba-Venezuela para la aplicación de la Alternativa Bolivariana para las Américas, que tuvo lugar en La Habana, los días 27 y 28 de abril de 2005.

En todo caso, el origen de ALBA hay que situarlo el 12 diciembre de 2001, donde en Isla Margarita, con motivo de la III Cumbre de Estados Caribeños, donde el presidente venezolano describe su propuesta alternativa al ALCA, que se fundamenta en tres principios básicos: oposición a las reformas que proclaman el libre mercado; desmarcar al Estado como promotor de la liberalización económica; armonizar la relación entre el Estado y el mercado.

Nuevos socios se han ido incorporando al proyecto creado por Cuba y Venezuela: Bolivia, con el presidente Evo Morales, se incorpora el 28 de abril de 2006 y Nicaragua, con el presidente Daniel Ortega, lo hace el 11 de enero de 2007. El 20 de febrero de 2007 los estados caribeños de Antigua y Barbuda, Dominica y San Vicente y las Granadinas, pertenecientes al CARICOM (Comunidad Caribeña), suscriben el Memorando de Entendimiento.

El proceso ha venido adquiriendo un cierto grado de institucionalización, especialmente como consecuencia de lo acordado en la II reunión del Consejo de Ministros de los miembros de ALBA, celebrada en La Habana el 21 de septiembre de 2007. Ahí nace una estructura de la secretaría del ALBA, llamada Coordinadora Permanente del ALBA, que tendrá su sede en Caracas. Además se aprueban seis proyectos calificados como “grannacionales”: una empresa distribuidora y comercializadora de productos farmacéuticos; el Centro de Vigilancia Epidemiológico para el ALBA; las empresas de manejo integral de cuencas, la de acceso a agua y saneamiento; el Instituto Nacional del Ambiente y la Universidad del ALBA. En el calendario de futuro figura también la creación del Banco del ALBA y la fecha para la VI Cumbre, que se celebrará el 20 de diciembre.

En paralelo se trata de activar los Tratados de Comercio entre los Pueblos, que tienen como principal objetivo el siguiente: “Los países elaborarán un plan estratégico para garantizar la más beneficiosa complementación productiva sobre bases de racionalidad, aprovechamiento de ventajas existentes en los países, ahorro de recursos, ampliación de empleo, acceso a mercados u otra consideración sustentada en una verdadera solidaridad que potencie nuestros pueblos” (artículo 2 del Acuerdo suscrito por los presidentes de Venezuela, Bolivia y Cuba, reunidos en La Habana los días 28 y 29 de abril de 2006).

Otro paso importante se dio con motivo de la I Cumbre Energética Suramericana, que concluyó con la firma de la Declaración de Isla Margarita (18 abril 2007), por la cual los 12 socios (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela), subrayan que “la integración energética de la Comunidad Suramericana de Naciones debe ser utilizada como una herramienta importante para promover el desarrollo social, económico y la erradicación de la pobreza. En ese sentido, reiteran el compromiso con la universalización del acceso a la energía como un derecho ciudadano”.

En muchas ocasiones, y con razón, se ha criticado a estas cumbres por la ambición en las palabras y la escasez de los hechos, por su exceso de retórico, en definitiva. Pero es cierto también, como venimos comentando, que no podemos aplicar los clichés de la integración en un mundo compuesto por países ricos, a otros donde el punto de partida dificulta la puesta en marcha de esos procesos.

Para concretar algunas de las cuestiones planteadas es necesario tomar en consideración que Venezuela posee una poderosa herramienta económica como es el petróleo; lo que ha llevado a calificar como “petrodiplomacia” el despliegue de la política exterior de ese país. El primer lugar donde tiene repercusión la aplicación de esas medidas es en el grupo de países que componen el ALBA. Así, en la reunión celebrada en la localidad de Tintorero (Venezuela), el 29 de abril de 2007, el presidente Hugo Chávez se comprometió con sus socios a cubrir todas sus necesidades energéticas, financiando Venezuela el 50% de la factura energética de Bolivia, Cuba y Nicaragua. Haití fue el país invitado a esa cita, asociando de este modo al Caribe. También participó una delegación de alto nivel de Ecuador y representantes de Uruguay y países del Caribe Oriental. El presidente venezolano insiste en que estos son caminos para profundizar en la integración de los pueblos, incluyendo mejoras en los campos de la educación, la sanidad y el medioambiente, entre otros.

Así pues, se reitera el firme compromiso en seguir profundizando la construcción del ALBA, entendido como una alianza estratégica cuyo propósito fundamental es producir tales cambios en la región con miras a garantizar un desarrollo compartido que ponga la política y la economía al servicio de los pueblos.

En lo concreto, se firmaron los proyectos acordados en la V Cumbre de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, entre ellos: ALBA Educación, ALBA Cultural, ALBA Comercio Justo Tratado de los Pueblos, ALBA Financiero, ALBA Alimentación, ALBA Salud, ALBA Telecomunicaciones, ALBA Transporte, ALBA Turismo, ALBA Minería, ALBA Industrial y ALBA Energía.

Otro paso reciente es el acuerdo adoptado en Rio de Janeiro, el 10 de agosto, para formalizar la creación del Banco del Sur, que nacerá el 3 de noviembre de 2007, en Caracas. La nueva institución nace con el objetivo de convertirse en una fuente adicional de financiamiento de proyectos de desarrollo e integración de los 12 países miembros de la Unión de Naciones Suramericanas, sin la intención de sustituir a los organismos de financiación multilaterales ya en funcionamiento. Para el ministro venezolano de Finanzas, Rodrigo Cabezas, “ese Banco no nace contra nadie, nace a favor de Suramérica y de los pueblos de Suramérica, tratando de construir una nueva arquitectura que supone una relación distinta del banco y de la capacidad de financiamiento con los pueblos. No habrá créditos condicionados a políticas económicas y no será instrumento de dominación. No es el banco de un país o de un presidente, es el banco de Suramérica”.

Hay que recordar que el Gobierno de Ecuador declaró el 20 de abril de 2007 al representante del Banco Mundial, Eduardo Somensatto, “persona non grata”; más allá de alguna cuestión técnica, el telón de fondo sigue siendo la aplicación de ciertas doctrinas propias de una ortodoxia económica a los países latinoamericanos, algunos de cuyos Gobiernos la rechazan.

Uno de los mayores conocedores de la realidad socioeconómica latinoamericana, el profesor José Déniz, nos recordaba que en su conjunto América Latina presenta la mayor brecha de ingresos entre estamentos superiores e inferiores de la sociedad, durante los últimos años, al tiempo que creció la pobreza en la región. Destacaba también la negación de los procesos de integración tradicionales que en esta parte del mundo contradicen la lógica de generar mayor desarrollo.

Acerca del ALBA consideró que además de los acuerdos comerciales y la infraestructura se manifiesta en otras dimensiones como el Banco del Sur, el canal multinacional Telesur y búsquedas en el sistema educativo. Elementos que le llevan a ver el ALBA como un modelo alternativo real y no sólo económico, sino social, político, cultural y educativo, señaló el profesor español. (Ver la referencia a esta noticia en la página http://www.sela.org/sela/impnoticia.asp?id=11143)


ALBA: propuesta de futuro con riesgos.
Estamos, pues, ante un proceso en fase de nacimiento, que choca contra muchos obstáculos. Algunos estructurales como la crónica situación de la economía latinoamericana; siglos de subdesarrollo no van a finalizar de la noche a la mañana. Y también hay que contar con la firme oposición de quienes verían con simpatía el fracaso de este proyecto, tanto por poner en cuestión a quienes lo protagonizan, como por resaltar la invalidez de la carga ideológica que tienen detrás. Pero en el lado positivo, encontramos una firme voluntad de ejercitarlo y, por lo que conocemos, cuenta con un amplio respaldo popular.

Eso sí, conviene tener en cuenta algunos riesgos: aunque aumenta el número de socios, la puesta en escena de ALBA depende en gran medida de la voluntad política de los gobiernos de los países miembros. El riesgo es que un cambio gubernamental pueda alterar el propio proyecto. A lo que hay que añadir la dependencia que tiene el proceso con respecto a una fuente de financiación como es el petróleo; con los precios actuales se siguen ingresando grandes recursos que luego se redistribuyen. Aunque no es previsible un cambio en esa conducta, sería necesario activar otros procedimientos –y el Banco del Sur puede ser uno de ellos- para contar con cobertura de financiación suficiente para activar los distintos acuerdos que dotan de contenido real de las propuestas de integración, incluyendo las contempladas por la ALBA.

Coincidimos con que “la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe merece ser analizada como una opción de integración regional que no debería descartarse debido a razones estrictamente ideológicas” [3].

No es la primera vez que se ponen en marcha iniciativas integracionistas desde una base latinoamericana y con formas latinoamericanas. Conviene, por lo tanto, alejándonos de quienes lo critican desde cómodos lugares occidentales y con interesadas fórmulas preconcebidas, tenerla en cuenta y respetarla, con el fin de que sean los propios latinoamericanos quienes se encarguen de su futuro. Es un paso en el camino de la consecución de una patria grande.
NOTAS:
  1. ® Dossier: ALBA Alternativa Bolivariana para América Latina. San José (Costa Rica), FLACSO / Fundación Carolina, enero 2007. Disponible en la página web www.flacso.org .


Referencias.
  • AGUILAR, María de las Mercedes (2007) “ALBA: Un modelo exitoso para Cuba y Venezuela”, Observatorio de Bolivia, n. 7, invierno sur.

  • ALTMANN BORBÓN, Josette (2006), “Integración en América Latina: crisis de los modelos regionales y ausencia de certidumbres”, en ROJAS ARAVENA, Francisco / SOLÍS RIVERA, Luis Guillermo (coords.): La integración latinoamericana. Visiones regionales y subregionales. San José (Costa Rica), Editorial Juricentro, pp. 316-317.

  • Dossier: ALBA. Alternativa Bolivariana para América Latina. San José (Costa Rica), FLACSO / Fundación Carolina, enero 2007.

  • Página de ALBA: www.alternativabolivariana.org/


webmaster@gloobal.net