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A pesar de sus compromisos firmados, el G8 sigue armando a los déspotas
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Instituto del Tercer Mundo (autoría; canal)

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En un nuevo informe, la organización Amnistía Internacional denuncia que los países integrantes del G8 (los siete países más industrializados del mundo y Rusia) no sólo son los principales proveedores de armas del planeta sino que, además, no aplican sus compromisos y abastecen a gobiernos que violan los derechos humanos.
Introducción/Descripción:
Amnistía Internacional (AI) acaba de publicar el informe A Catalogue of Failures: G8 Arms Exports and Human Rights Violations, (Un catálogo de incumplimientos: Las exportaciones de armas del G8 y las violaciones de los Derechos Humanos), elaborado con datos facilitados por el Instituto Internacional sobre la Paz de Estocolmo y publicado en momentos en que los jefes de Estado de los países del G8 se preparan para su cumbre de Evian-les-Bains, a desarrollarse a inicios de junio.

Según A Catalogue of Failures, con gran luz, el mayor proveedor en las transacciones es Estados Unidos, "con un 28% de las transacciones globales de armas". El segundo en la lista de proveedores globales es Rusia (17%), luego Francia (10%), Gran Bretaña (7%) y Alemania (5%). De estos cinco países del G8 "provienen por lo menos dos tercios de la totalidad de las transferencias de armas entre 1997 y 2001".

Estos países, así como otros miembros del G8 como Italia y Canadá -Japón, el otro miembro del G8, proscribe oficialmente la exportación de armas y equipos militares), tienen legislación que obliga a solicitar una autorización para realizar exportaciones militares y han firmado acuerdos internacionales que prohíben las exportaciones de armas si existe el riesgo de que sean utilizadas para violar los derechos humanos y también poseen leyes que requieren licencias para las exportaciones militares.

Hace casi 10 años, Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Rusia y el Reino Unido firmaron, junto con otros Estados participantes de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), los Principios Reguladores de las Transferencias de Armas Convencionales, que obligan a los Estados participantes a evitar las transferencias de armas si cabe la posibilidad de que se utilicen para violar o suprimir derechos humanos y libertades fundamentales. Luego, en 1998, Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido, se comprometieron, como miembros de la Unión Europea, a cumplir el Código de conducta de la Unión Europea en materia de exportación de armas. Canadá, Estados Unidos y otros estados han manifestado su apoyo al Código. Éste, aunque deja la decisión final sobre las exportaciones en manos de los gobiernos, establece que no se deben exportar armas a países donde se corra claramente el riesgo de que se utilicen para ejercer represión interna o donde se hayan cometido violaciones graves de derechos humanos.

Sin embargo, A Catalogue of Failures muestra en cada caso cómo estas medidas de control han sido ineficaces o se han eludido.

Armando a los que abusan

La tecnología militar y de seguridad de las naciones más poderosas del mundo continúa sorteando las inadecuadas medidas de control existentes hasta caer en manos de regímenes que cometen abusos contra los derechos humanos. "A pesar de haber garantizado lo contrario, los gobiernos de estos países están armando a algunos de los peores autores de abusos contra los derechos humanos del mundo", explicita el informe.

Por ejemplo, Estados Unidos "abasteció de ametralladoras y de fusiles a las fuerzas armadas colombianas cuando esas armas son utilizadas insistentemente para facilitar violaciones de los derechos humanos". Sólo en 2001, "más de cuatro mil civiles colombianos murieron por razones políticas a manos de grupos paramilitares con el apoyo de las fuerzas armadas".

Francia, en el año 2000, "suministró munición para armas pequeñas a Senegal". A lo largo de la década de 1990, la propia AI documentó abusos contra los derechos humanos cometidos con en Senegal con este tipo de armas, entre ellos muertes de civiles por disparos de las fuerzas de seguridad. En enero de 2001, un estudiante resultó muerto a causa de un disparo en el curso de unos enfrentamientos entre manifestantes y la policía que estallaron cerca de la Universidad de Dakar. Según señala el informe, "el gobierno francés debía haber previsto que las transferencias de tales armas podían facilitar la comisión de abusos contra los derechos humanos en Senegal".

En julio de 2002, el Reino Unido autorizó la transferencia a Estados Unidos de sistemas de visualización frontal, o HUD (Head-Up Display), donde fueron incorporados a aviones de combate F-16 destinados a Israel. Estos sistemas permiten a los pilotos ver la información sobre los objetivos y las armas sin tener que atender otros instrumentos. "Ese mismo mes, Israel utilizó F-16 para lanzar una bomba de una tonelada sobre la ciudad de Gaza, matando a 17 personas e hiriendo a 70W"

Según el informe, las medidas de control del Reino Unido no habrían permitido el envío de este material directamente a Israel, pero sí permitieron que se efectivizaran a través de un destino intermedio. También se han utilizado en F-13 estadounidenses transferidos a Israel componentes informáticos canadienses.

Otros incumplimientos

Otras demostraciones de A catalogue of failures son las siguientes:

  1. los traficantes y agentes de transferencias de armas que actúan en la mayoría de los países del G8 pueden armar a autores de abusos contra los derechos humanos con sólo realizar su actividad en "terceros países" donde las medidas de control son menos estrictas.

  2. la mayoría de los gobiernos del G8 no tienen leyes que impidan la exportación de material de seguridad a fuerzas de seguridad extranjeras que hacen uso indebido de instrumentos legítimos para infligir torturas o malos tratos.

  3. cómo, con la excusa de la "confidencialidad comercial", se reteacea a los legisladores, los medios de comunicación y los ciudadanos en general, información significativa y oportuna sobre las decisiones relativas a la exportación de armas, menoscabando así el examen parlamentario del comercio de armas y la rendición pública de cuentas en relación con él.

De acuerdo a Brian Wood, coordinador del trabajo de AI sobre el control de armas, "una lección que el G8 debe aprender del conflicto de Irak es que no se puede permitir que la comunidad internacional suministre armas a quienes cometen violaciones graves de derechos humanos, envalentonándolos y recompensándolos así para que actúen con impunidad".

AI también exhortó a Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Rusia, Francia y China a publicar los nombres de las compañías que suministraron tecnología biológica, química y armamentística a Irak.
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