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Metodología Investigación - Acción - Participativa (IAP) aplicada a la Agenda 21 Local
Autores corporativos:
Observatorio Internacional de Ciudadanía y Medio Ambiente Sostenible (autoría; canal)

   Descripción    Clasificación    Documento   
 Índice:
     1. Introducción.
     2. Desarrollo sostenible y Agenda 21.
     3. Metodología.
          Fundamentación cronológica de la IAP.
          Descripción tecnológica en una Agenda 21.
     4. Participación: ¿Quiénes? ¿Cómo? ¿Para qué?.
     5. Conclusiones.
1. Introducción.
La Metodología Investigación-Acción-Participativa (IAP) es una metodología particular, fruto de la reflexión, del trabajo y la experiencia, que se aplica en numerosas zonas del planeta, principalmente en América Latina y España. Presenta como rasgo definitorio la elaboración de procesos participativos abiertos, incorporando a todos los sectores de la ciudadanía en la realización de planes de desarrollo local y comunitario.

Desde la Universidad Complutense de Madrid, y más concretamente en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, donde se viene desarrollando el "Máster en Investigación participativa para el Desarrollo Local", se aplica la metodología IAP al proceso de aprendizaje de los graduados universitarios, acercando investigación universitaria y realidad social. También en distintas universidades españolas, como la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad de La Laguna (Tenerife) o la Universidad Pablo Olavide (Sevilla), se realizan investigaciones, a partir de convenios universitarios, que emplean igualmente esta metodología. Además, como base y sustento epistemológico de la IAP, se han creado redes entre todas estas entidades y con organizaciones de otros países, principalmente con Centroamérica y América del sur. Esto provoca una constante reflexión y formación que, combinado con la inquietud y compromiso de profesores, investigadores y expertos, genera el rigor metodológico y teórico exigido en las Ciencias Sociales.

Desde el Observatorio CIMAS consideramos que el alcance práxico de esta metodología, por su capacidad de adaptación a cualquier espacio social, puede ser universal, aunque el ámbito de actuación ideal sea la esfera local. Es decir, se aplica en espacios regionales o municipales, que permiten incidir directamente en el proceso, evitando caer en la abstracción y en la dificultad investigadora que conlleva la diferenciación social, económica, política, cultural y medioambiental que existe de unas regiones a otras. La implementación de esta metodología en pro de la mejora local afecta al conjunto de la población del municipio, localidad o región, mientras que la aplicación en el espacio estatal, continental o planetario, por su ambigüedad, provocaría la pérdida de la intervención directa y concreción que, sin embargo, permite la aplicación en un ámbito más reducido. Además, y debido a que una población local no está conformada por una comunidad de iguales, sino más bien por individuos con opiniones, intereses y posiciones distintas en las estructuras de poder, la IAP permite articular redes sociales afrontando los conflictos derivados de este posicionamiento.

El criterio que regula la Investigación-Acción-Participativa plantea intervenir de forma integral e integradora en el territorio, persiguiendo la elaboración de un conocimiento del espacio investigado que sea útil socialmente y que permita, mediante acciones, la mejora de la calidad de vida local, donde la participación ciudadana, plena y consciente, se convierte en el eje articulador básico. Por eso se trabaja con grupos humanos, con el fin de transformar su entorno, a partir del conocimiento crítico de la realidad que les rodea y de la puesta en marcha de un conjunto de estrategias y propuestas vertebradoras.

El Observatorio Internacional CIMAS aplica esta metodología, e incorpora aspectos novedosos a partir del trabajo y la experiencia que ha reportado la dedicación al tema del desarrollo sostenible a nivel local. De esta forma, la metodología utilizada alcanza un componente operativo y pragmático, aplicado en la elaboración y ejecución de distintas Agendas 21 Locales (Arganda del Rey, Pinto, Olmeda de las Fuentes, Serranillos del Valle...), relacionando el marco teórico que sustenta la Agenda 21 (desarrollo sostenible y participación ciudadana) con los aspectos epistemológicos de la IAP.


2. Desarrollo sostenible y Agenda 21.
Previamente a explicar la descripción tecnológica, analizamos brevemente el proceso evolutivo tanto del concepto de sostenibilidad como de la realidad social y ambiental que comporta la aparición de las Agendas 21 Locales. La metodología aplicada en las investigaciones elaboradas por el Observatorio CIMAS, permite adaptarnos a las exigencias científicas, sociales y ambientales que configuran el Desarrollo Sostenible y la Agenda 21.

La aparición de estos términos está vinculado de forma estrecha con los criterios que rigen la evolución de la planificación y urbanización a nivel planetario y los efectos que provoca en el medio ambiente, al igual que, de manera más general, con las consecuencias derivadas del desarrollo económico. De hecho, los aspectos relacionados con el urbanismo y la planificación son los que presiden actualmente la política local en la mayoría de los municipios. Los presupuestos municipales que se aprueban están determinados por las tasas e impuestos locales que recaen sobre los vecinos, el porcentaje que ceden las comunidades autónomas de la recaudación estatal y el cobro a partir de la instalación y construcción de viviendas, empresas e infraestructuras. Por tanto, este último apartado presenta una doble ventaja, por un lado, permite incrementar la recaudación y, por otro, no afecta directamente al “bolsillo” de los contribuyentes. Sin embargo, la afectación al medio ambiente es evidentemente más elevada.

Adentrándonos más en el concepto de sostenibilidad reconocemos cierta ambigüedad sobre dicho término, motivado por el uso que se hace y debido sobre todo a la ausencia de operatividad en las variables conceptuales identificadas. La exigencia de un mayor acercamiento hacia el conocimiento del grado de afectación del desarrollo económico sobre el medio físico motivó la aparición del concepto, lo que implicaba un consenso de sectores afines a la protección, conservación y mejora del entorno natural. No obstante, el uso retórico del concepto, que originalmente aparece ligado a la reflexión económica y al medio físico, predomina en el sistema social y cultural actual.

En este sentido, el concepto de sostenibilidad implica otorgar la importancia a los asuntos económicos, sociales y ambientales a largo plazo, centrándose en la pervivencia de los ecosistemas terrestres, es decir, se refiere a los procesos y sistemas físicos. El problema se agrava en el momento que las referencias se hacen exclusivamente en el ámbito del crecimiento de los agregados monetarios, ya que la sostenibilidad pertenece a un nivel de razonamiento separado del nivel en el que se formula ordinariamente el crecimiento económico.

Sin embargo, el desarrollo sostenible se ha convertido en los últimos tiempos en el concepto utilizado en las propuestas de desarrollo, cualquiera que sea el ámbito de aplicación o el promotor que las impulse. Tanto la gestión pública local, como los gestores privados o empresariales, recogen el concepto y lo colocan como objetivo prioritario transversal a todos los proyectos. No obstante, los problemas ecológicos del desarrollo se abordan desde la retórica más que desde la práctica sostenible. En efecto, se reproducen modelos caracterizados por formas no sostenibles: multiplicación de autopistas y fomento del uso del automóvil, aumento de los recursos extraídos a los ecosistemas, incremento de residuos, del consumo de energía y agua, de las fuentes de contaminación (atmosférica, acústica y de la hidrosfera). En definitiva, la lógica de los sistemas de producción, distribución y consumo, no toman en consideración las causas de la crisis ni la gravedad de la problemática medioambiental.

Más que enfrentar el reto de la sostenibilidad, lo que algunos sectores de poder realizan es sortear el obstáculo que supone la cuestión ecológica respecto al modelo de desarrollo dominante, paliando los efectos en lugar de corregir las causas, dando un maquillaje ecológico a un modelo de desarrollo que se ha demostrado insostenible. El debate sobre la utilización de recursos no renovables, el uso de energías alternativas, la aplicación de tecnologías blandas, la producción de externalidades negativas, las consecuencias ambientales supralocales, el desarrollo de métodos de control y sanción de las responsabilidades, etc., se halla todavía en gran medida fuera del ámbito del discurso del gestor público. En lugar de aceptar la necesidad de supeditar el desarrollo económico a las leyes naturales de los ecosistemas, se oculta esta problemática tras un discurso pretendidamente ecológico, de modo que no sólo no se aborda el problema, sino que se reformula para ocultarlo y para legitimar procesos económicos ecológicamente insostenibles.

Además, el concepto de sostenibilidad no es aplicable exclusivamente a los factores naturales, al medio ambiente físico, sino que incluye también integración social, reducción del desempleo y la pobreza, acceso a la vivienda y los servicios, inclusión social. En este sentido, la gestión pública local tiende a plantear políticas que exaltan la competitividad, que facilitan la reconversión temático-consumista de los centros, que promueven barrios cerrados, que favorecen la vialidad para los automóviles privados en vez del transporte público de calidad. Y todo ello porque la sostenibilidad se concibe en el marco del discurso económico clásico, que no sólo se abstrae de las dimensiones y consecuencias naturales sino también de las sociales.

La sostenibilidad consiste esencialmente en la viabilidad ecológica. Los sistemas económico-sociales han de ser reproducibles sin deterioro de los ecosistemas en los que se apoyan. Producir y consumir respetando los límites de regeneración y absorción de los ecosistemas.

Por lo tanto, el alcance de la sostenibilidad planetaria implica fundamentalmente la actuación de la especie humana, principal transformadora de la situación ambiental del planeta. Debido a este carácter antropocéntrico, las formas, contenidos y normas socioeconómicas en las que se sustenta la vida humana en el planeta se incluyen en la noción de sustentabilidad. Con lo cual, este aspecto conlleva la participación social como medida necesaria para conocer los factores determinantes y aplicar las medidas necesarias que permitan la pervivencia de los ecosistemas terrestres.

Por lo tanto, se requiere una profundización democrática y formas de organización que no coloquen a los expertos y sus diagnósticos en el eje de la toma de decisiones que afectan a la supervivencia, ya que el resto de actores sociales deben intervenir en las actuaciones hacia la sostenibilidad.

Al igual ocurre con las Agendas 21, que son un proceso sociopolítico además de técnico. Éstas deben permitir la reflexividad de la sociedad y favorecer la capacidad para construir conocimiento, debate, plantear propuestas y ejecutar y evaluar las acciones desarrolladas. De este modo, la participación nunca tiene porqué acabar, en cualquier momento pueden surgir aportaciones nuevas.

Además, para abordar el proceso de Agenda 21 se recomienda tomar en consideración cuatro criterios: que exista un proceso, una política en la que se aplique lo que se decida, un producto, es decir, un cambio que se pueda apreciar con el tiempo y, de manera transversal, la participación de todos los sectores de la ciudadanía del municipio. En las Agendas 21 desarrolladas por el Observatorio CIMAS (proceso) se pone en práctica una teoría (política) que abarca la consecución de mejoras medioambientales, sociales y económicas (producto) implicando a todos los actores sociales del territorio (participación).

Para ello, el Observatorio CIMAS aplica la metodología participativa (IAP), que contiene rasgos que la hacen particular y diferente respecto a otras metodologías, aunque no renuncia a los elementos esenciales que, por consenso general, se considera tienen que existir y resultar visibles en una Agenda 21 tras el proceso de implementación: un diagnóstico inicial, el Plan de Acción, el Foro de Medio Ambiente, el sistema de indicadores para la Evaluación y seguimiento.

Sin duda, para alcanzar el desarrollo sostenible e implementar correctamente la Agenda 21 el elemento principal de la Investigación-Acción-Participativa es, como su nombre indica, la participación ciudadana. Se convierte, a su vez, en el eje articulador de trabajo del Observatorio CIMAS.


3. Metodología.
Para alcanzar los objetivos planteados en una Agenda 21 Local, proponemos aplicar una metodología que permita desarrollar un análisis participativo, donde los ciudadanos/as de municipios o regiones se convierten en los protagonistas del proceso, reflexionando sobre la realidad ambiental del municipio, detectando los problemas y necesidades y elaborando propuestas y soluciones.

Con el fin de detectar esas demandas reales relacionadas con el Medio Ambiente y la Calidad de vida, y posteriormente concretarlas en propuestas de acción ajustadas a necesidades sentidas, se desarrolla la investigación que apunta a la transformación mediante el trabajo con colectivos, asociaciones y/o grupos de vecinos/as con sensibilidades o intereses comunes, lo cual facilita una movilización hacia la implicación ciudadana que favorece la creatividad social en beneficio de toda la comunidad local. El conocimiento de la realidad se construye progresivamente en un proceso participativo en el cual la ciudadanía, los empresarios, los responsables educativos, las asociaciones... “tienen la palabra”, y de esta forma se crean las condiciones que permiten espacios de reflexión, programación y acción social relacionados con los problemas medioambientales de la localidad.

La IAP no ofrece una batería de respuestas y soluciones a los problemas, sino que propicia la conversación y el diálogo como mecanismo para que los sujetos afectados aporten soluciones a sus problemas. Al elaborar las respuestas con todos los sectores sociales de la localidad aumentan las posibilidades, pero las respuestas, soluciones y propuestas de acción se ajustarán más a la realidad concreta, en la medida en que han sido participadas y compartidas por la ciudadanía en el proceso de investigación acción.

En este artículo distinguimos entre los aspectos teóricos que delimitan la metodología IAP y la descripción tecnológica implementada en las Agendas 21, apreciándose escasas diferencias. Pasamos a describir ambos apartados.


  Fundamentación cronológica de la IAP.
Para hacer operativo este enfoque se lleva a cabo la siguiente secuencia metodológica:

  • Diagnóstico, también se puede denominar apreciación situacional (en terminología de Carlos Matus) o síntomas iniciales (Tomás R. Villasante): nos encontramos en el comienzo del proceso, aquí se trabaja para conocer los problemas, demandas y las autocríticas expuestas por los distintos actores que integran el municipio. El propósito tiene doble enfoque, por un lado, permite explicar la realidad, y por otro, refleja las carencias presentes que ayudan a comprender el enfoque que se le puede dar a estos problemas, y de esta manera poder solucionarlos. Es decir, estamos ante una valoración provisional, que tiene un carácter de síntoma o de situación problemática que requiere la intervención de los actores sociales para reflexionar sobre sus preocupaciones, y una investigación y acciones consecuentes, además de ser un diagnóstico objetivo de la realidad.

  • Análisis de redes y de conjuntos de acción: en esta secuencia metodológica implicamos en la investigación a todos los sectores sociales, incluyendo a los ciudadanos/as, empresarios/as, asociaciones formales y grupos informales para, a partir de la posición social parcial de cada uno de ellos y de las interacciones que se producen entre sí, iniciar la construcción de propuestas y acciones que permitan alcanzar los objetivos previstos. Este análisis favorece la concreción de los planes de acción y la consecución de las estrategias propuestas, incluyendo la potencialidad de cada uno de los actores. En este apartado se reconocen tanto las relaciones conflictivas, como aquellas entre actores que se encuentran en posiciones estratégicas generadoras de una mayor eficacia. Esto conlleva valorar como prioritario el análisis de las posiciones de los actores, enunciando las relaciones que se establecen y examinando con cuidado los posibles nuevos conjuntos de acción. En este sentido, se emplean técnicas como la elaboración de sociogramas, que son una representación gráfica de las relaciones sociales que están presentes en un momento determinado entre un conjunto de actores de una localidad concreta, y que tiene como objetivo transformar la situación.

  • Estudio de las de posiciones discursivas y de los planteamientos de los actores respecto a la problemática y a las soluciones a implementar: en esta fase se aplican técnicas de investigación cualitativa (entrevistas en profundidad, grupos de discusión, entrevistas grupales) y otras de carácter participativo, como la realización de talleres con los diferentes actores y empleando las técnicas de DAFO, Flujograma, grupos nominales, EASW, entre otros. Permiten analizar las afinidades y discrepancias existentes entre los actores del municipio y conocer la percepción-explicación causal de los problemas, estableciendo las alternativas a aplicar para solucionarlos y las responsabilidades de cada uno en el desarrollo de las acciones.

  • Plan de Acción concreto: Un plan debe contar con la información previamente obtenida en las fases anteriores, destacando los problemas detectados inicialmente en la apreciación situacional, y debe tener en cuenta los análisis de las redes y posiciones discursivas de los actores. Se enfoca en dos direcciones: por una lado, al apreciar las redes de los actores y sus motivaciones y estrategias, conocemos cuáles son sus propuestas; y por otro, en el momento de elaboración de los contenidos de las propuestas se jerarquiza la intervención en los nudos críticos de cada cadena causal. Es decir, se priorizan las propuestas y se reconocen los actores responsables en la ejecución de cada una de las actividades. En el Plan aparecen los tres sectores de población fundamentales que existen en un municipio o localidad, que son, los representantes institucionales, la población formalmente organizada (asociaciones de vecinos, empresarios, juveniles, educativas, entre otras) y la base social, o resto de la población que no está involucrada en ningún colectivo.

  • Paso a la acción: el paso a la ejecución de lo planteado previamente requerirá la capacidad de reconducir las situaciones nuevas que se presenten, monitorear las dificultades no previstas y estar en situación de evaluar y corregir constantemente los procesos. Para esto hay que dotarse de una serie de instrumentos y técnicas organizativas capaces de afrontar un cronograma que por muy bien que lo hayamos establecido siempre tiene que estar abierto a correcciones ante los imprevistos de estas situaciones complejas. Para ello se establecerán mecanismos de evaluación, de cronograma y de organigrama de funcionamiento, así como momentos de revisión para ir corrigiendo las decisiones erróneas de forma participativa y eficiente.


  Descripción tecnológica en una Agenda 21.
En cualquier Agenda 21 Local, el Observatorio CIMAS aplica esta metodología, adaptando el proceso al contexto social y territorial. No existe una Agenda 21 idéntica a otra, todas ellas difieren en cada una de las fases. Lo cierto es que el sustento epistemológico es el mismo y la metodología similar, pero la aplicación y la realidad social, ambiental y económica difieren.

En un primer momento de la investigación se detectan determinados síntomas relacionados con los problemas medioambientales del municipio, incorporando información a la obtenida en la recogida de datos socioeconómicos, demográficos y ambientales objetivos. Se contrastan las apreciaciones subjetivas de los individuos, que intervienen en el proceso, con los datos técnicos recogidos en tablas y análisis estadísticos. En una apertura a todos los puntos de vista que puedan existir en torno al tema, se devuelve la información recogida y analizada para, finalmente, concretar todas las propuestas recogidas en líneas de actuación donde los sectores implicados (asociaciones, colectivos, vecinos/as, empresarios...) asuman un papel protagonista en su desarrollo.

Las primeras actividades realizadas consisten en la revisión de datos y fuentes secundarias con el fin de tener un conocimiento previo del contexto sociodemográfico, socioeconómico, sociopolítico y ambiental del municipio. Las técnicas cuantitativas (como la entrega de cupones a los vecinos/as), cualitativas (grupos de discusión y entrevistas en profundidad) y participativas (talleres o encuentros) realizadas, sirven para completar dicho conocimiento, facilitando el diagnóstico.

En este proceso se recurre a diferentes técnicas participativas, técnicas de producción grupal y de búsqueda de consenso. Algunas son ya prácticas consagradas en la intervención social, aunque también se utiliza un cuerpo metodológico propio de la IAP que persigue incluir a la base social y a la ciudadanía organizada en los procesos de decisión. Las dinámicas grupales y las técnicas de corte cualitativo (encuentros/talleres participativos, grupos de discusión, grupos nominales, entrevistas, mapas de redes, sociogramas...), facilitadoras de toma de conciencia crítica, son instrumentos indispensables dentro de este proceso de investigación.

Por otro lado, durante el proceso de investigación, se trabaja con un grupo estable y permanente, llamado Grupo de Investigación-Acción Participativa (GIAP), de composición mixta: equipo investigador, asociados/as y vecinos/as individuales. Son personas comprometidas con el desarrollo del municipio, con cierta disponibilidad e interés por el Medio Ambiente y el entorno local y con ganas de ser parte activa en todo el proceso, en función del grado de implicación que cada cual decida asumir a partir de sus posibilidades, disponibilidad, capacidad... Este grupo proporciona conocimientos contextuales sobre el territorio y la comunidad y es capaz de colaborar en el diagnóstico que conduce a elaborar propuestas de mejora en el municipio. Se convierte tanto en objeto de la investigación (en cuanto fuente de información) como en sujeto de la misma (analiza, diagnostica, negocia propuestas de actuación, planifica, evalúa).

Del mismo modo, también se constituye una Comisión de Seguimiento (con representantes municipales, asociativos e institucionales) encargada de la supervisión, reorientación y asesoramiento a lo largo de la investigación. Su finalidad es plantear y debatir los puntos de vista de los representantes institucionales y asociativos en torno al Medio Ambiente y debatir y negociar propuestas. En principio, celebra reuniones trimestrales hasta que, con el tiempo, dicha Comisión se encargue ella misma de su propio funcionamiento, además de ir incluyendo entre sus miembros a diferentes personalidades y colectivos de la localidad con el objetivo de constituirse la Comisión de Seguimiento en el futuro Foro Local de Medio Ambiente.

Análisis de las redes sociales:

Una de las ventajas que tiene el análisis de las redes sociales aplicado a la implementación de la Agenda 21 Local es que puede ser de gran utilidad en diferentes momentos del proceso. Por ejemplo, tras la realización de un taller o encuentro participativo entre vecinos/as se puede, con la información recogida, dibujar un mapa de redes en el que aparezcan estructuradas las relaciones existentes entre los diferentes actores sociales para tener así un mayor conocimiento y comprensión del contexto social existente en la localidad. También es útil y conveniente contar con este “mapa” cuando hay que hacer la selección de la muestra estructural para la posterior aplicación de las técnicas cualitativas (entrevistas y grupos de discusión). Además, en tres momentos sucesivos, muy avanzado ya el proceso de implementación, el análisis de redes ha resultado ser especialmente relevante: uno ha sido a la hora de asignar tareas a los distintos actores sociales locales en relación a la ejecución de propuestas recogidas en el Plan de Acción, otro cuando se diseña la composición del Foro de Medio Ambiente, y el último cuando se evalúa su marcha.

En definitiva, se utiliza en los tres momentos del proceso de IAP: explicación de la realidad, planificación y ejecución.

El hecho de que el análisis de redes sirva tanto para el conocimiento del contexto local como para su transformación se debe a que su utilidad es doble, por un lado analítica y por otro pragmática. El primero consiste en conocer las redes para comprender los comportamientos de los actores; y el segundo en tratar de cambiar la realidad a través de la potenciación de las redes descubiertas. Pero debe aclararse que es sólo una herramienta para el análisis y la actuación. En el conjunto del proceso es preciso completarla con otros enfoques teóricos y metodológicos y con otras técnicas de investigación y planificación.

Las relaciones sociales:

Las situaciones en las que los individuos interactúan y, por tanto, las oportunidades para la elección de las relaciones personales, son fruto de la estructura formal de la sociedad. Las relaciones no surgen de forma arbitraria. Existen unos condicionantes macros o estructurales y unos condicionantes micros o coyunturales. Los condicionantes estructurales se refieren a un modo de desarrollo, la urbanización, los medios de comunicación y tecnológicos disponibles, los valores y normas de la sociedad de pertenencia y del grupo social de referencia. También el ciclo de vida, el género y el nivel económico son condicionantes principales en la generación de relaciones.

Así mismo, las redes personales son inseparables de un espacio o localidad particular. Se tiende a formar comunidades locales basadas en distintos conjuntos de redes sociales. Así, por ejemplo, las principales relaciones y redes sociales en la ciudad tienen que ver con vínculos modernos, como el ocio, la amistad o las organizaciones voluntarias, mientras que en el mundo rural tienden a prevalecer los vínculos tradicionales, relacionados con el parentesco, la vecindad o con aspectos religiosos.

Los actores:

Los actores pueden ser cualquier persona, grupo o institución. Es decir, una entidad social. De cara al desarrollo local, se ha demostrado útil la división en tres tipos distintos de actores: institucionales o de poder, asociativos y base social. Esta división no es arbitraria, responde a una concepción de la sociedad y del cambio social, que aquí se aplica al desarrollo local y que resulta útil para el trabajo con las diferentes entidades sociales locales implicadas en la implementación de una Agenda 21.

Los contactos intergrupales se producen tanto entre entidades y actores sociales de las mismas características (asociaciones, por ejemplo) como entre actores de distinto tipo.

Los actores pueden ser representados gráficamente. Habitualmente se emplean la pirámide, el cuadrado y el círculo como representación del poder, las organizaciones sociales y la base social, respectivamente.

Estructura de las redes:

Las relaciones entre actores configuran redes que muestran una estructura. Los componentes más importantes de la estructura son la posición de los actores (especialmente si se encuentran en situación de centralidad y de mediación) y las subredes que es posible descubrir (círculos sociales y grupos de equivalencia estructural).

Es preciso distinguir entre posición discursiva y posición en la red o posición estructural. La primera se refiere a la postura sostenida frente a un tema o cuestión, mientras que la segunda, al lugar relacional que ocupa un punto en una red. Desde posiciones discursivas similares se puede formar parte de redes sociales diferentes, aunque la similitud en las posiciones discursivas promueva la formación de red ya que las relaciones se suelen basar o partir de la homogeneidad. Igualmente, la pertenencia a una red no implica necesariamente la identificación discursiva, pues todos formamos parte de múltiples redes que nos influyen en diversas direcciones.

En nuestras investigaciones interesan los dos tipos de posiciones, reconociendo las diferencias. Por un lado, la posición discursiva se refiere a los contenidos fundamentales de un tema, y suele reflejar una ideología o una visión del mundo. La posición en la red se refiere a la posibilidad y capacidad de influencia, de comunicación, de poder, de liderazgo, de control social.

Lo más importante es conocer dónde las posiciones discursivas se dan, en qué posiciones de la estructura reticular o en qué subconjuntos de la red.

Otras técnicas aplicadas:

La utilización de técnicas de corte cualitativo y participativo, combinadas con técnicas cuantitativas, son instrumentos necesarios para crear condiciones de reflexión colectiva, de creatividad social y de planificación consensuada. Además, permiten llegar a un grado de concisión y ajuste al terreno difícilmente alcanzables con metodologías y técnicas más tradicionales. La experiencia práctica adquirida por el CIMAS en su utilización y los resultados positivos obtenidos constituyen una referencia para continuar en esta línea de trabajo.

Cuantitativas:

Tratamiento estadístico: datos sociodemográficos, socioeconómicos y medioambientales.

Análisis de datos y fuentes secundarias: documentos y actuaciones municipales de carácter técnico (sistema de gestión de residuos, PGOU, control y calidad atmosférica, contaminación acústica, actividad industrial, red de saneamiento, recursos, conservación de zonas verdes y espacios naturales periurbanos...); Cuestionarios; Ranking de priorización.

Cualitativas:

Destacan: Grupos de discusión; Entrevistas en profundidad; Mapas de redes sociales/Sociogramas; Diagrama de Venn/Flujograma; Mesas temáticas con expertos locales.


4. Participación: ¿Quiénes? ¿Cómo? ¿Para qué?.
La participación es considerada un proceso continuo y flexible, que no tiene un final predeterminado de antemano. Comienza cuando el equipo de investigación encargado de implementar el proyecto (Agenda 21 Local) contacta con el Ayuntamiento, y reconoce la realidad. Existe una primera red compuesta por el Ayuntamiento y el tejido social más próximo a él, que es necesario ampliar para acercarnos a los actores sociales más alejados de la corporación municipal. Una vez efectuado este proceso de apertura a la participación y al conocimiento del mayor número de puntos de vista existentes, se da paso a un proceso de cierre y de consolidación entre los actores sociales más implicados en la puesta en marcha de la Agenda 21 en el municipio. Así, se empieza a definir el sociograma o red en torno al cuál se consolidará el Foro Local de Medio Ambiente.

Como anteriormente se ha señalado, de cara al desarrollo local resulta adecuado dividir los actores sociales en tres tipos: institucionales o de poder, asociativos y base social. En este sentido, lo que se hace durante todo el proceso de elaboración de la Agenda 21 es agrupar dentro de estos tres tipos a todos los actores sociales locales que están vinculados de alguna manera al desarrollo económico, social y ambiental de la localidad: representantes políticos que gobiernan las instituciones públicas, técnicos o expertos, empresarios, comerciantes, asociaciones y otros actores sociales (jóvenes, adultos, ancianos, mujeres, inmigrantes,...).

Este ejercicio facilita el análisis y la comprensión del tejido de redes y relaciones que están presentes en una localidad. Además, el análisis posterior aporta una información valiosa para la planificación colectiva y la concreción de las acciones que se incluirán en el Plan de Acción.

La participación ha de partir de tradiciones, identidades, redes sociales propias de la población local. Por ello, no tratamos de imponer formulas de organización, más bien, aplicamos diversas técnicas y mecanismos para alcanzar la mayor participación posible. Tenemos en cuenta el momento del proceso donde nos encontramos, la diversidad de actores existente y las características y tradiciones participativas de la localidad.

La aplicación de estas técnicas no ha de provocar frustraciones. Es decir, hay que dejar que toda la gente interesada en participar tenga una oportunidad para hacerlo y evitar que pequeños grupos de personas se apropien del proyecto. Al mismo tiempo se hace preciso que las personas observen que su trabajo es valorado y tenido en cuenta, aplicándose sus aportaciones.


5. Conclusiones.
Las Agendas 21 Locales, siguiendo los postulados de la ONU, deben asumir que son procesos cuya finalidad es el desarrollo sostenible local, implicando también la sostenibilidad global. Los ayuntamientos, al poner en marcha la Agenda 21, han de concebir un proyecto que aboga por la sostenibilidad local y global de los ecosistemas sociales, adaptando el modo de producción, distribución y consumo a los principios físicos y ecológicos de funcionamiento del ecosistema natural.

Las Agendas 21 Locales, desarrolladas por el Observatorio CIMAS, se centran en una concepción fuerte de la sostenibilidad, prestando atención a asuntos que impulsan una reflexión sobre el cambio de concepción en el modelo de ciudad, la utilización de energías alternativas, la planificación del territorio, la utilización de transporte público, el reciclaje... aunque también tiene en cuenta los aspectos estéticos, de habitabilidad en el medio urbano y de conservación de lo natural, que son demandados por la ciudadanía.

En cualquier caso, sólo la apertura de un proceso realmente participativo con la intervención principal de todos los colectivos (incluyendo a ecologistas y expertos), puede desbordar y superar el planteamiento medioambientalista urbano de la mayoría de las Agendas 21 Locales por un planteamiento verdaderamente enfocado la desarrollo sostenible.

No obstante, en los procesos de Agenda 21, en los que el Observatorio CIMAS interviene, existen problemas para alcanzar los objetivos planteados. Falta comprensión e información por parte de la población de asuntos que sólo expertos y ecologistas manejan con soltura. No podemos olvidar que el Medio Ambiente y el Desarrollo Sostenible son considerados cuestiones secundarias frente a asuntos como el desempleo, el precio de la vivienda, la salud o el terrorismo.

A la hora de intentar poner en marcha procesos participativos en relación al Desarrollo Sostenible tenemos en cuenta varios aspectos: por un lado, que el Desarrollo Sostenible y el Medio Ambiente son cuestiones interdisciplinares, que repercuten y están relacionadas con otros asuntos. Por otro lado, existen temas ajenos al desarrollo sostenible y otros que pueden parecer menores, que preocupan a la sociedad civil y repercuten en su calidad de vida. La Agenda 21 ha de tener en cuenta esto, al igual que hacen con asuntos más vinculados con el discurso de la sostenibilidad, ya que son preocupaciones, demandas y soluciones planteadas por la ciudadanía.

En definitiva, las Agendas 21 Locales, tal como las entiende el Observatorio Internacional CIMAS, no pueden dejar de lado como objetivo reducir las desigualdades y permitir la integración social. Es necesario, desde un compromiso firme, integrar en el proceso de una Agenda 21 Local a los actores sociales cuya opinión no se pide normalmente (población infantil y juvenil, mujeres, mayores, población sin recursos, minusválidos, inmigrantes...). Esto se consigue mediante la aplicación de técnicas de investigación y dinamización social durante las distintas etapas del proceso.

La participación significa capacidad para tomar decisiones sobre la importancia de los problemas, sobre las soluciones y sobre los cambios a realizar en lo planificado a la vista de los resultados que produzca su implementación.


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