Guia de conocimiento
Guía de conocimiento sobre mujeres y desarrollo I
Autores corporativos:
Agencia Latinoamericana de Información (canal)
Instituto de Estudios Políticos para América Latina y África (canal)
Instituto del Tercer Mundo (canal)
Red de Educación Popular entre Mujeres de América Latina y el Caribe (canal)

Autores personales:
Bianchini, Maria Chiara (Autor/a)
Bosch, Anna (Autor/a)
Carrasco, Cristina (Autor/a)
Colchero López-Linés, María del Pilar (Autor/a)
Gómez, Fanny (Autor/a)
Grau, Elena (Autor/a)
López Montaño, Cecilia (Autor/a)
Pena Dovale, Lola (Autor/a)
Puleo García, Alicia H. (Autor/a)
Ruiz, Martha Cecilia (Autor/a)
Treré, Emiliano (Autor/a)
Velasco, Casilda (Autor/a)
Yépez del Castillo, Isabel (Autor/a)

   Descripción    Clasificación    Documento   
 Índice:
     1. Género, ciudadanía y desarrollo local.
          1.1. Una aproximación conceptual hacia el empoderamiento de las mujeres.
          1.2. Mujeres y ciudadanía.
          1.3. Los nuevos derechos: los derechos humanos de las mujeres.
               A. Sobre los derechos de las mujeres.
               B. Sobre el derecho a la comunicación en la Sociedad de la Información.
          1.4. Los nuevos actores.
          1.5. Participación política y representación política de las mujeres.
     2. Mujer y derecho a la salud.
          2.1. Salud sexual y reproductiva.
          2.2. Derechos sexuales y reproductivos.
          2.3. Salud y género.
          2.4. De África para América Latina: ¿hasta cuándo dejaremos que mueran las mujeres?. Objetivo del Milenio: Mejorar la salud materna
          2.5. Recursos.
     3. Mujer y medio ambiente.
          3.1. Encuentros y desencuentros entre feminismo y ecologismo.
          3.2. Hacia un feminismo con conciencia ecologista.
     4. Comunicación y género: las mujeres en la red.
          4.1. Introducción a la temática de género y de la comunicación.
          4.2. Enlaces de interés.
     5. Mujeres y empleo.
          5.1. El empleo femenino en América Latina: Avances y contradicciones en un contexto de globalización.
               Introducción.
               Una situación contrastada.
                    La progresión de la actividad femenina.
                    Informalidad y desprotección social.
                    Segregación ocupacional.
                    La disparidad de salarios.
                    Desempleo.
               Trabajo a domicilio, zonas francas y "maquila internacional".
                    Trabajo a domicilio.
                    Zonas francas y "maquila internacional".
                    Liberalización del comercio, flexibilidad y feminización del empleo.
               Familia y empleo.
                    Hacia nuevas configuraciones familiares.
                    ¿Varios proveedores del sostenimiento familiar?.
                    Aumento de las migraciones internacionales femeninas.
                    Familia: entre la continuidad y el cambio.
               A modo de conclusión.
               Bibliografía.
          5.2. Las maquilas: ¿solución o problema?.
          5.3. Migración y trabajo sexual.
     6. Mujeres y economía.
          6.1. Globalización, pobreza y las Metas del Milenio desde la perspectiva de género.
               Introducción.
               Globalización y pobreza en dos nuevos escenarios.
               Beijing y Cairo, una rápida mirada.
               Las Metas del Milenio.
               Una visión crítica a las Metas del Milenio.
               La verdadera contribución de las Metas del Milenio.
               Los nuevos desafíos para la sociedad civil.
          6.2. Integración económica y migración: Políticas restrictivas en tiempos de libre comercio.
               Introducción.
               La lógica de la migración.
               Mujeres migrantes.
               Algunas conclusiones.
               Bibliografía.
     7. Mujeres y desarrollo: Recursos en internet.
          7.1. Organizaciones y redes.
          7.2. Buenas prácticas.
          7.3. Instrumentos jurídicos.
          7.4. Documentos.
     8. Glosario.
1. Género, ciudadanía y desarrollo local.
 
  1.1. Una aproximación conceptual hacia el empoderamiento de las mujeres.
Como punto de partida nos parece fundamental un acercamiento a los conceptos que, en su conjunto, definen y expresan desde qué perspectivas y enfoques nos acercamos al tema, cual es nuestra visión de la realidad de las mujeres; a qué diagnóstico llegamos para a la hora de relacionar el binomio "mujeres y política", y, consecuentemente, a qué estrategias y fórmulas de cambio nos adherimos a la hora de pensar en la construcción de alternativas para el adelanto de las mujeres.

Conceptos fundamentales en primera instancia, son:

  • Mujer/Mujeres:

    Al hablar de "mujer", no nos referimos a una categoría homogénea. Logros, problemas, situación de vida y concepciones del mundo asumen una dimensión diferente en las distintas regiones y se ven afectadas por la posición que la mujer ocupa dentro del sistema social (mundial, nacional, comunitario).


    El reconocimiento y estudio de estas diferencias constituye un elemento esencial a la hora de planificar políticas de desarrollo. Es también básico tanto para la explicación como para la comprensión de situaciones de vida, universos vivenciales y producción social, en todas sus acepciones.

    Si bien la mujer ha sido históricamente relegada, en mayor o menor medida, de ciertas áreas de participación social, el ámbito de estudio de la mujer es tan amplio como lo es el del ser humano en su totalidad. Con fines analíticos, podría decirse que éste abarca: el ámbito vivencial; el entorno medio ambiental y de la familia; el ámbito laboral y de las instituciones y estructuras sociales y la esfera de las relaciones internacionales. Interesa conocer el modo de participación de la mujer en cada uno de estos ámbitos y las causas de su ausencia de participación; identificar las barreras y estímulos que encuentra en su desempeño y concebir medidas y políticas que favorezcan su adelanto en los ámbitos donde su participación se ve menoscabada.

  • Género:

    La categoría de género es una construcción social de carácter sociocultural generada por el poder en una doble dirección:

    • macro - sustentado en el sistema patriarcal;
    • micro - sustentado en las relaciones interpersonales y privadas, nucleadas en el espacio doméstico y familiar

    y pasa mucho por la mediación económica y los procesos de producción y reproducción económica de tal manera que el empoderamiento no se da si no es transformando dicha mediación económica.

    Las relaciones de género no son un problema circunscrito exclusivamente a las relaciones hombre/mujer. Es un problema más complejo que atraviesa la totalidad de sistema global económico y político. No se da sólo en nuestra cultura sino en todas las religiones que han jugado un papel de legitimación y consolidación del sistema patriarcal y androcéntrico.

    Una visión de la discriminación de género en los distintos niveles de la sociedad señala la necesidad de considerar la participación de la mujer en todas las dimensiones de la vida económica, social, política y cultural a fin de lograr la equidad y posibilitar el desarrollo sostenible.

    Y requiere un acercamiento al Sistema Sexo-Género para llegar a la comprensión básica de la diferencia entre los conceptos de "sexo" (atributos genéticos) y de "género" ("conjunto de atributos simbólicos asignados al sexo a través de mecanismos sociales").

  • Roles masculino y femenino:

    En prácticamente todas las culturas, mujeres y hombres juegan distintos roles dentro de la sociedad y tienen desigual acceso y control, tanto a los recursos como a los beneficios. Aun cuando la mujer desempeñe un rol preponderante en la actividad productiva, como lo es por ejemplo el que desempeña la mujer del Africa Subsahariana en la producción agrícola, ésta tiene un menor acceso que el hombre a los recursos productivos y a la información.

    Es justamente esta posición social diferente con respecto al hombre, la que también determina un efecto distinto de procesos y políticas en unos y otros. Por ejemplo, la posición inferiorizada de la mujer dentro de la sociedad, la hace más vulnerable a las vicisitudes del sistema económico, magnificando sus efectos, como ha ocurrido recientemente en la así llamada, "feminización de la pobreza" (según datos de la FAO, más del 70 por cien de la población pobre en el mundo, son mujeres. La pobreza tiene rostro de mujer). Eso hace también que los programas de ajuste estructural tengan una marcada connotación de género, que se manifiesta a distintos niveles. El reconocimiento e identificación de estas diferencias, tendiente a evitar una "planificación ciega a las diferencias de género", resulta fundamental en un proceso de planificación orientado hacia un desarrollo sostenible.

    "La socialización temprana, realizada fundamentalmente en el hogar, es fuertemente discriminatoria hacia la mujer; esas pautas son luego reforzadas a lo largo de toda la vida de los individuos. La participación pública-polìtica de las mujeres mantiene una íntima relación con el tipo de relacionamiento y distribución de poder intradoméstico" Susana Rostagnol.

    "La familia atribuye a las mujeres su identidad y su papel de mujeres, así como su lugar en el barrio donde actúan y se expresan. El centro de la vida de las mujeres es la familia y sus hijos a los cuales se deben, después pueden ocuparse de ellas mismas, luego de sus maridos y de otras cosas.

    En caso de ausencia del padre, la madre intenta cumplir los dos roles, cada uno con una función definida. Por consiguiente, la mujer hace a veces las tareas del hombre, pero las hace siempre para sustituirlo y no como algo que le corresponda. En este marco, es importante destacar el aumento progresivo de familias monoparentales en América Latina, en las cuales son las mujeres quien asumen la jefatura del hogar.

    La mujer educa a sus hijos reproduciendo los esquemas tradicionales de división de tareas entre las niñas y los niños.

    Un concepto de análisis útil es el de "ayuda". Hemos notado que la mujer que pide una mayor participación del hombre en los trabajos domésticos, es decir, una democratización de la vida familiar, no habla de "su participación-corresponsabilidad", sino de "su ayuda": "Hay maridos que ayudan, limpian, cocinan, planchan, lavan la ropa... Ayudan a la mujer....

    El concepto de "ayuda" para las relaciones hombres-mujeres intenta explicar la transferencia de los papeles tradicionales y, al mismo tiempo, crear puentes entre la destrucción de estos papeles e identidades y la construcción de identidades, de relaciones y de papeles nuevos entre los representantes de los dos sexos en el interior de la familia" Sonia Vásquez.

  • Desigualdades de de género:

    Las diferencias naturales (por sexo) por sí mismas no provocan desigualdad, pero en el momento en que el grupo social les asigna un valor a estas diferencias -los géneros- esta situación cambia y se producen las desigualdades para el desarrollo y el bienestar de mujeres y hombres. La desigualdad resultante de esta valoración social impide que ambos géneros tengan el mismo acceso a oportunidades para su desarrollo personal y colectivo.

    Ninguna persona por ella misma se ha propuesto estar en condiciones de superioridad o inferioridad, pero su formación de género le asigna un espacio en alguna de estas posiciones.

    Los estudios y la teoría de género nos han permitido conocer los contenidos de la desigualdad. Estos contenidos los vemos expresados y toman formas diferentes en todos los espacios en los que nos relacionamos mujeres y hombres y en todas las acciones que realizamos. Algunas formas de expresión de estas desigualdades son: -Por el sólo hecho de ser hombres, al género masculino se le asignan poderes sobre las mujeres: pueden controlar sus vidas, tomar decisiones sobre su salud, sobre su cuerpo, sobre su formación, sobre sus recursos, sobre sus ingresos... El ejercicio de este poder convierte a las mujeres en niñas eternas, consideradas como menores de edad, dependientes, aún cuando sean personas adultas.

    La construcción social de género marca la desigualdad con desventaja para las mujeres, puesto que los hombres desde temprado deben aprender a tomar decisiones y a valerse por sí mismos, sin consultar a otras u otros. Se les enseña que deben decidir y enfrentar las consecuencias de esas decisiones, mientras las mujeres aprenden que otras personas deciden y actúan por ellas.

    La construcción social de género otorga muchas más libertades sociales al género masculino que al femenino; libertades para el desplazamiento, para la toma de decisiones, para acceder y hacer uso de recursos, para tener la representación de grupos... Cortar la libertad de las mujeres aumenta su condición de vulnerabilidad, es decir, aumenta las dificultades de enfrentar la vida exitosamente.

    En cuanto al desempeño de las "libertades sociales", se argumenta que más bien se busca proteger a las mujeres de los peligros que pueden encontrar en la calle. Esta posición considera a los hombres como seres todopoderosos, que son poco vulnerables, lo cual atenta contra los mismos hombres pues les hace correr riesgos innecesarios con tal de demostrar sus capacidades. Las formas prevalentes de enfermar y morir de los hombres son la mejor evidencia de esta exposición al riesgo (accidentes y otras causas violentas).

    Existe una situación de violencia contra el género femenino, que tiene legitimidad social, oculta, silenciada, cobijada por las familias, las comunidades, las parejas, las instituciones... Las agresiones sufridas por ser mujeres no se reconocen como situaciones que limitan su desarrollo. Existen muchas formas de agresión: verbal, física, psicológica, sexual y patrimonial, aunado a la falta de oportunidades como la educación, el trabajo, el acceso a la salud y a la recreación, entre otra. Rosa María Alfaro.

  • MED/GED:

    MED (Mujeres en el Desarrollo) es un término que incluye los enfoques de equidad, antipobreza y eficiencia. Su objetivo es la mejora de la condición de las mujeres sin cuestionarse el modelo de desarrollo existente ni las relaciones de género.

    GED (Género en el Desarrollo) es la visión de desarrollo con la que se pretende mejorar la posición de las mujeres en relación a los hombres de manera que se beneficie y se transforme la sociedad en su totalidad. Dicha estrategia alude a las asimetrías de poder entre hombres y mujeres que deben ser afrontadas por las políticas de desarrollo, mediante el apoyo a procesos de empoderamiento, organización y autonomía de las mujeres.

  • Empoderamiento:

    • "Invertir en las aptitudes de las mujeres y darles poder (empoderar) para ejercer sus alternativas no basta por sí sólo, es también una manera más segura de contribuir al desarrollo general". PNUD.

    • "El empoderamiento de las mujeres es una cuestión esencial para el desarrollo duradero". Conferencias de Naciones Unidas.

    • "Los enfoques del empoderamiento cuyo origen se encuentra en las organizaciones feministas del Sur hacen hincapié en su dimensión colectiva. No se trata de dar poder ("empoderar") a individuos sino a organizaciones. DAWN.

    • "El empoderamiento de las mujeres como un proceso en el cual estas toman conciencia, individual y colectivamente, de cómo las relaciones de poder interfieren en sus vidas y ganan autoestima y fuerza para poner en duda las desigualdades de género. Hay que distinguir entre "dar poder" y dar los medios para reivindicar una distinta distribución del poder". Soé Oxaal.

    • "El empoderamiento como un proceso de desarrollo de la capacidad y aptitudes de negociación, en el ámbito familiar y colectivo, para alcanzar una distribución más equitativa del poder. Este interés:

      • no se fundamenta únicamente en una reivindicación de relaciones más equitativas entre hombres y mujeres,
      • sino en la hipótesis de que el empoderamiento de las mujeres puede conducir a las transformación de la sociedad que permita romper con el desarrollo desigual, no sólo en lo que al género se refiere. El empoderamiento implica buscar una transformación en las relaciones poder y nuevos paradigmas de desarrollo -integral, humano y sostenible.

      Gracias al empoderamiento se podría alcanzar un nuevo equilibrio en las relaciones sociales entre hombres y mujeres, así como una toma de conciencia de identidad, nuevos métodos de organización que tengan en cuenta las dimensiones masculinas y femeninas, pero sobre todo nuevos procesos que cedan la palabra a las mujeres y que les permitan el acceso a la toma de decisiones de las cuales normalmente se las excluye".

      "El empoderamiento es la conquista del poder para transformar por completo la realidad. Y se va dando conquistando espacios de poder, organizándose, formándose..." Christine Verschuur y Francois Hainard.

  • Techo de Cristal:

    También llamado techo invisible. Dicho término hace referencia al uso del tiempo de las mujeres, la sobrecarga de trabajo en los ámbitos productivo, reproductivo y comunitario, y las prácticas discriminatorias que obstaculizan el acceso de las mujeres a puestos de decisión. Dichos factores generan una barrera invisible con la que todas las mujeres se encuentran en un momento determinado de su vida profesional; obstáculo difícil de franquear y que, consecuentemente, conlleva a la mayoría al estancamiento y/o abandono.

  • Mainstreaming:

    Dado el carácter de integralidad que tiene la categoría de género, se requiere -para la creación de estrategias que transformen las relaciones de discriminación por desigualdad de género- no sólo la definición de políticas y puesta en marcha de mecanismos propios al servicio de las mujeres sino que dicha actuaciones se conviertan en dimensiones transversales a todas las políticas públicas: de educación, de desarrollo; de salud; de economía; de medio ambiente...

  • Ciudadanía:

    El movimiento de mujeres en América Latina sitúa el concepto de ciudadanía como estrategia política.

    Frente al enfoque teórico del concepto de ciudadanía que parte de la hipótesis de una lógica universal que subyace en la definición de los derechos ciudadanos; nos situamos en el enfoque histórico de la ciudadanía que evoluciona a partir de la hipótesis de que los diferentes contextos históricos contribuyen a una comprensión de la construcción del acceso y la identidad -en nuestro caso, de las mujeres-, como dimensiones fundamentales de la ciudadanía.

    El movimiento de mujeres defiende que dicho enfoque histórico contribuye a centrar el tema en los derechos de las mujeres y que el concepto de "género en la ciudadanía" también es factor básico para la construcción de las identidades.

    Desde este enfoque, tres niveles se constituyen en el marco en el que se debate la identidad: político (expresado por la práctica política); económico (relaciones económicas mundiales) y la sociedad como Estado organizado (dimensión constitucional)

    (A partir de este marco puede entenderse por qué las latinoamericanas luchan por el derecho a la ciudadanía o por qué las alemanas exigen cambios en la constitución).

    Si bien en ciertos marcos históricos la ciudadanía puede ser interpretada como una reivindicación reformista, en otros casos puede ser motor de cambios sociopolíticos significativos".


  1.2. Mujeres y ciudadanía.
La IV Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995), dentro del objetivo general de evaluar y dar seguimiento a los avances alcanzados sobre el adelanto de las mujeres planteados en las Estrategias de Nairobi, analiza la situación de las mujeres con relación a los ámbitos de poder y la toma de decisiones, porque se es consciente que esa relación le conduce al ejercicio de su ciudadanía plena.

La construcción de la ciudadanía en América Latina debe tener en cuenta su contexto y en él la pluralidad de escenarios: por su conformación étnica cultural, así como por las distintas formas y estilos de gobierno y ejercicio de la autoridad. Pero en el marco de esa gran diversidad, puede afirmarse sin riesgo a la equivocación que amplios sectores de la sociedad forman parte del bolsón creciente de los excluidos del ejercicio activo de la ciudadanía. Y de ese grupo de los excluídos forman parte las mujeres.

Lo público y lo privado.

Hablar de ciudadanía supone la existencia de un Estado y unas organizaciones sociales y políticas en cuyo marco se situa su ejercicio.

Magdalena León, economista e investigadora ecuatoriana, apunta sobre la necesidad de hacer una reflexión que permita situar las relaciones de dominación de género en el marco de las relaciones de dominación globales expresadas por el Estado; y el proceso -de análisis y acciones- tendientes a empoderar a las mujeres para el pleno ejercicio de su ciudadanía debe necesariamente tomar en cuenta las relaciones de dominación que la misma organización estatal representa. Poniéndose en cuestión, por tanto, la separación que se quiere hacer entre "lo público" y "lo privado" para reducir la problemática que comporta la discriminación de género a la esfera de lo privado y de lo doméstico en la que no tendría responsabilidad ni competencia el Estado...

El tema de la ciudadanía -tal como lo entienden las mujeres latinoamericanas-, que hace referencia a su participación en la escena pública pone en cuestión radical dicha dicotomía entre lo público y lo privado bajo la consideración de que, si bien la "ciudadanía" tiene que ver con el Estado, y en ese sentido con lo público; sin embargo, un gran número de factores que obstaculizan la construcción de dicha ciudadanía provienen del ámbito privado.

Si como expresaba Susana Rostagnol "la participación pública-política de las mujeres mantiene una íntima conexión con el tipo de relaciones, distribución de roles y del poder intradoméstico" en los periodos más determinantes de la socialización temprana -siendo niñas- de las mujeres, la estrategia de la democratización de las relaciones domésticas se convierte en una necesidad vital para la conquista de una mayor libertad para que las mujeres desarrollen su capacidad de elegir y ejercer su participación pública.

Construcción de Ciudadanía = derecho a todos los derechos.

No es discutible para las mujeres latinoamericanas la relación directa existente entre Democracia y Ciudadanía. Y, consecuentemente que el grado de democracia se mide con el grado de ciudadanía plena. Desde este enfoque, E. Jelín reconoce dos ejes claves para el debate -ideológico, teórico y político- sobre la ciudadanía: la naturaleza de los sujetos y el contenido de los derechos.

Ambos ejes -superando la tradición liberal individualista- se sitúan en la perspectiva aceptada por Naciones Unidas en la que se reconocen los nuevos derechos, pudiendo alcanzarse la articulación y el mismo grado de legitimidad entre la primera generación de los derechos individuales -recogidos en la proclamación de los derechos civiles y políticos; así como en los sociales económicos y culturales, de segunda generación - y la tercera generación de los derechos colectivos -recogidos en la proclamación de los derechos a la paz, al desarrollo, al medio ambiente y los derechos de los pueblos-.

Desde esta perspectiva "de ningún modo debe entenderse el concepto de ciudadanía como derecho a la ciudadanía, identificando a ésta con una serie de prácticas concretas vinculadas exclusivamente con lo jurídico, sino más bien debe entenderse como el derecho a tener derechos. Por tanto, la ciudadanía es un proceso, una construcción continua e inacabada y está asociado a una visión histórica del derecho. No existen referentes sobre-humanos, no hay autoridad suprema por encima de la sociedad. El derecho no emana de la divinidad, por lo tanto la justicia queda anclada en la existencia de un espacio público de debate y participación en la esfera pública y se convierte en un derecho y uno deber -el principal, es el deber de asumir los derechos".

A este respecto señala Susana Rostagnol que, aparentemente son solo los derechos legales -los estipulados por la ley- los que nos confieren la ciudadanía; sin embargo estos forman parte -al igual que el Estado- de un ordenamiento androcéntico. Y Ana Rivera afirma que las leyes, incluyendo algunas instituciones, garantizan "de jure" (de palabra) pero no necesariamente de facto" (de hecho); es por ello que el Programa de Acción de la Conferencia Mundial de la Mujer proclamó como objetivo estratégico "integrar perspectivas de género en la legislación, políticas públicas, programas y proyectos", llegando a aprobar que, entre las acciones que los gobiernos deben realizar para dar cumplimiento a dicho objetivo, figuran:

"Promover estrategias y metas nacionales sobre igualdad entre mujeres y hombres a fin de eliminar obstáculos para el ejercicio de los derechos de las mujeres y erradicar toda forma de discriminación contra las mujeres" (c).


  1.3. Los nuevos derechos: los derechos humanos de las mujeres.
Así como la Declaración de 1948 ha constituido la carta ético-jurídica y política de la segunda mitad del siglo XX, consideramos necesario que hoy, en el umbral del nuevo milenio, los Estados aprueben otro documento de protección internacional que, sin invalidar, eliminar o modificar la propia Declaración de 1948, integre en un cuerpo de similar naturaleza los avances desarrollados hasta ahora Esta perspectiva fragua a través de las dos últimas décadas en el contexto latinoamericano, a través de las organizaciones y movimientos sociales -de derechos humanos, de desarrollo, de mujeres...- más preocupadas por dar seguimiento a los compromisos establecidos en las Conferencias Mundiales.




Breve referencia histórica.

  • 1948: Declaración Universal de los Derechos Humanos:

    • El concepto de los derechos humanos está limitado a las relaciones individuo-Estado y a las violaciones ocurridas en el ámbito público.
    • Los Estados ponen mayor énfasis en el reconocimiento de los Derechos Civiles y Políticos -denominados de Primera Generación
    • Aunque la Declaración contempla los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, los Estados pusieron mayor énfasis en las "libertades básicas".

  • 1966- Adopción de la Asamblea General del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

  • 1977: Entrada en vigor:

    • El reconocimiento de los Derechos de Primera Generación no fue suficiente. Mientras la satisfacción de las necesidades básicas de las personas como salud, alimentación, educación y vivienda no constituyeran tambien derechos, no podía garantizarse la dignidad personal y el desarrollo de los pueblos.

    Debido al desarrollo teórico de estos derechos, así como a las demandas de los grupos organizados, las normas internacionales han ido incorporando los derechos económicos, sociales y culturales, concibiéndolos como intereses o necesidades cuya satisfacción debe exigirse tanto al Estado como a los particulares.

  • 1988-2000: Conferencias y Comisiones Mundiales del Sistema de Naciones Unidas:
    Para medir e incorporar los avances relacionados con la comprensión y desarrollo de los derechos humanos -a nivel conceptual y de medidas a impulsar-, se requiere hacer un seguimiento riguroso sobre los denominados temas globales (educación, medio ambiente, desarrollo social, población, mujeres, hábitat, pobreza...) tratados en el marco:

    • de las Conferencias Mundiales celebradas a lo largo de la década-desde La Educación para Todos (Jomtien, 1990), pasando por las de Medio Ambiente y Desarrollo (Río, 1992); Derechos Humanos (Viena, 1993); Población y Desarrollo (El Cairo, 1994); Desarrollo Social (Copenhague, 1995); Mujeres (Beijing, 1995), hasta la de Habitat y Asentamientos Humanos (Estambul, 1996); Seguridad Alimentaria (Roma, 1996), Cultura y Desarrollo (Viena, 1997).

    • de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo -creada en el seno del Decenio Mundial para el Desarrollo Cultural (1988-1997- y su Informe "Nuestra Diversidad Creativa (UNESCO, 1997) .

    Así mismo, se requiere dar seguimiento a los instrumentos e iniciativas complementarios y confluyentes impulsadas en este último año, en el marco que ofrece el 50ª Aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos.


  A. Sobre los derechos de las mujeres.
  • 1975: Conferencia de las Naciones Unidas en el Año Internacional de la Mujer (México). Se acuerda crear el INSTRAW.

  • 1975- 1985: Naciones Unidas declara el Primer Decenio de la Mujeres.

  • 1976: Se crea el Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de las Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer (INSTRAW).

  • 1979: En diciembre de 1979 la Asamblea General aprobó la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer.

  • 1985: La Conferencia Mundial para el Examen y la Evaluación de los Logros del Decenio de NU para la Mujer (Nairobi, 1985), aprueba las Estrategias de Nairobi orientadas hacia el futuro para el adelanto de la Mujer (Resolución 40/108).

  • 1985: En el marco de la Conferencia Mundial de la Mujer (Roma, 1985) fue designada la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, por el Consejo Económico y Social (ECOSOC) como la entidad organizadora de la IV Conferencia Mundial de la Mujer.

  • 1992: La ONU crea el CEDAW (Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer). Tiene como objetivo evaluar los progresos realizados en favor de la Mujer en los países que son Estados partes en la Convención.

  • 1993: Con motivo de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos (Viena), se incorporan al Programa de Acción los derechos humanos de las mujeres y de las niñas.

    Se da un salto cualitativo en la concepción de los derechos humanos: se vence un prejuicio que persistía en el plano teórico acerca de la imposibilidad de que el Estado responda por violaciones a los derechos humanos ocurridos en el ámbito privado.

  • 1994: Los Estados miembros de la OEA firman la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar toda forma de Violencia contra la Mujer (Convención de Belem de Pará).

  • 1994: La Conferencia "La Comunicación que Empodera a las Mujeres", organizada por WACC (Asociación Mundial de Comunicación Cristiana); IWTC (International Womens Tribune Center) e Isis-Manila (Bangkok, Manila, febrero), con una participación de más de 400 mujeres que trabajan en redes y comunicación de 80 países, adoptó una Declaración y recomendaciones de acciones entre las que cobra una especial significación la creación del Taller "Proyecto Global" de monitoreo de los medios, orientado recientemente al seguimiento de la legislación, la autorregulación y los códigos de conducto para los medios. "Se trata de mirar las políticas de comunicación existentes en cada región, y algunos modelos de aquellos países que han incluido una perspectiva de género en sus políticas".

  • 1995: La IV Conferencia Mundial de las Mujeres, enmarca todos los temas de su agenda en el eje: Igualdad, Democracia y Ciudadanía.

  • 1996: El Seminario Regional "Los Derechos Humanos de las Mujeres en las Conferencias Mundiales", CLADEM (Comité Latinoamericano de Derechos Humanos de las Mujeres) (Lima, Perú), conduce a las participantes a aunar esfuerzos por "la construcción de democracias reales desde una perspectiva de género, basadas en la igualdad de oportunidades y la participación ciudadana", lo cual les conduce a elaborar su "Declaración de los Derechos Humanos desde una perspectiva de Género: Aportes al 50º Aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, en la que se contemplan -junto al valor de la información-, como objetivos a alcanzar:

    • la incorporación de los derechos humanos como marco para las propuestas de las organizaciones de mujeres;

    • la incorporación de los derechos de las mujeres como marco para las propuestas de las organizaciones de pueblos indígenas y medioambientalistas

  • 1997-1998: Campaña abierta por CLADEM para la "Declaración de los Derechos Humanos desde una Perspectiva de Género", en cuyo marco se da reconocimiento a:

    • Derecho a la Ciudadanía.
    • Derecho al Desarrollo.
    • Derecho a la Paz y a una Vida Libre de Violencia.
    • Derechos Sexuales y Reproductivos.
    • Derechos Ambientales.
    • Derechos de las Personas y Pueblos en razón de su Identidad Etnico-racial


  B. Sobre el derecho a la comunicación en la Sociedad de la Información.
En el contexto de los nuevos derechos se sitúa la conceptualización y desarrollo del derecho a la comunicación.

  • Partimos del concepto que la UNESCO atribuye a la comunicación como respuesta a la aspiración a una vida enriquecida por la cooperación, lo cual comporta:

    • tanto el intercambio de noticias y mensajes;

    • como el quehacer individual y colectivo que engloba el conjunto de las transferencias e intercambio de ideas, de hechos, de datos,

    cuyas funciones -desde ser una necesidad vital para las comunidades-, están ligadas a sus propias necesidades de:

    • información
    • socialización
    • motivación por perseguir objetivos y promover opciones
    • debate y diálogo
    • educación
    • integración de la diversidad.

  • Ya en los umbrales de los setenta comenzó a cobrar fuerza una visión crítica que ponía en cuestión las viejas concepciones de la comunicación. Merece destacar la sensibilidad al respecto de la OCDE [1], cuando reconoce que:

    ... "quizás el acontecimiento más importante de esta década sea el reconocimiento del verdadero papel de la información -la información correcta, confiable y relevante-, disponible en forma adecuada para todos los que necesitan de ella" [2].

    El tema se plantea inicialmente a nivel político como una nueva dimensión en la búsqueda de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI), aunque adquiere pronto una dinámica propia que trasciende ese marco inicial "y cambió inclusive la prelación original en cuanto a que, dentro de la realidad del mundo moderno, se plantea que el NOEI no es realmente posible si previamente o por lo menos de manera simultánea no se establece un Nuevo Orden de la Información y de la Comunicación (NOMIC)" [3].

  • En 1980 se hace público el Informe de la Comisión Internacional sobre problemas de comunicación titulado: "Un solo mundo, voces múltiples. Comunicación e información en nuestro tiempo" [4], en el que se recoge:

    • "Como la comunicación no es un sector separado y autónomo, la interdependencia más acusada quizás en este campo que en otros, impone la necesidad de formular unas políticas de comunicación que no se limiten a la información y menos todavía a los medios de comunicación social, sino que tomen en consideración todos los medios que puede utilizar una sociedad para alcanzar sus objetivos generales de desarrollo".

    • "El antiguo modelo de desarrollo utilizaba la comunicación sobre todo para difundir información... Hoy se reconoce que, en los países en desarrollo, esos métodos han beneficiado a quienes ocupaban ya una situación privilegiada en la comunidad más que a los marginados"

    • ¿Cuáles son los cambios necesarios en los sistemas de comunicación para reflejar el paso de un desarrollo imitado a un desarrollo endógeno? ¿Qué tipos de prácticas y de estructuras en materia de comunicación se requieren para conseguir que los pueblos participen, de modo real y activo, en su propio desarrollo global? ¿Cuál es el sentido de un "orden de la información distinto" para un "desarrollo distinto"?.

      En el Informe MacBride se hace referencia expresa a las políticas nacionales de comunicación en cuyo marco se plantea la necesidad de incorporar el sector de la comunicación a la estrategia global para alcanzar el desarrollo social, económico y los pueblos; agregándose que tales políticas no deben ser formuladas unilateralmente por los gobiernos sino en consulta con los sectores interesados, de tal modo que los grupos organizados de la sociedad civil participen en la definición y aplicación de las mismas.

      Este enfoque y planteamientos sitúa -en palabras de Guido Grooscors [5]-, toda esta problemática de las políticas de comunicación y el desarrollo en íntima relación con la noción de democratización de la sociedad porque la "comunicación es fiel reflejo de la índole de sociedad sobre la que actúa". Y se produce una relación lógica entre democracia en la comunicación y democracia en la sociedad.

    En este marco se comprende que el derecho a la comunicación es un derecho humano que conduce a la profundización de la democracia porque significa intercambiar en igualdad, sin discriminaciones, garantizando la reciprocidad.

  • La década de los noventa nos sitúa en la era de la globalización en la que la relación estratégica entre la mundualización de la economía imperante reconocida como implantación del modelo neoliberal y la mundualización de la información y de la comunicación reconocida como Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación y, específicamente Internet nos sitúan en un nuevo escenario en el que se profundiza la "brecha" denominada ahora "digital" que separa al mundo representante del poder y de la toma de decisiones del grupo de los excluídos, de los "sin voz"...

    En el Encuentro Latinoamericano de Derechos Humanos y Comunicación, ALAI, (Quito, Ecuador, 16-18 febrero de 1998), se considera la comunicación, como:

    1. "factor que atraviesa las relaciones sociales, desborda el ámbito mediático e involucra todas las esferas de la actividad humana. La introducción de nuevas tecnologías que facilita el proceso de globalización, está teniendo consecuencias en la dimensión económica, la política, lo social y lo cultural".

    2. "En definitiva, la comunicación se ha convertido en un espacio estratégico de disputa de la economía, de los espacios de poder, y en el que se están definiendo las visiones y marcando el sentido de las sociedades".

    3. "La realidad de un mundo globalizado hay que enfrentarlo con respuestas globales, aprovechando las ventajas que presentan las nuevas tecnologías de comunicación".

    4. "El derecho a la comunicación" ... "involucra y preocupa a la ciudadanía, a la sociedad civil y al movimiento de derechos humanos".

      Posteriormente, se celebra el Encuentro Internacional Comunicación y Ciudadanía (San Salvador, 9-11Septiembre 1998) que tiene como objetivo "articular propuestas y acciones en favor del Derecho a la Comunicación y potenciar las iniciativas y movimientos que vienen actuando en pro de la democratización de la comunicación propiciando su confluencia"


  • Estamos de acuerdo con Roberto Bissio cuando afirma que las NTIC no son una tecnología más "sino que nos enfrentamos a una reformulación sustancial de la forma como las personas se relacionan entre sí a escala universal".

    El cap. 40 de la Agenda 21 "Información para los procesos decisorios" reconoce el potencial de las nuevas herramientas al instar a gobiernos, a ONU, a ONG a que "exploten diversas iniciativas de vínculos electrónicos que respalden el intercambio de información, para brindar como acceso a bancos de datos y otras fuentes de información, para facilitar comunicación en la consecución de objetivos más amplios, como la instrumentación del Programa XXI para transmitir alertas ambientales y para transferir datos técnicos" (CNUMAD, 1992).

    El programa del PNUD sobre Redes de Desarrollo Sustentable se sustenta en la experiencia de las ONG para establecer mecanismos de intercambio de información descentralizados, democráticas y transparentes En este marco, Cap. 40 de la Agenda XXI reconoce la necesidad de "llevar a cabo la necesaria transferencia de información desde y hacia los sistemas no electrónicos para asegurar la participación de quienes no están en condiciones de participar de esta forma"

    Bajo estos parámetros, para Roberto Bissio se abre la posibilidad con Internet de "Cerrar el círculo de las comunicaciones" entre los procesos de negociación y los lobbies a nivel internacional y los verdaderos protagonistas del desarrollo y el medio ambiente a nivel de base; pudiéndose abrir caminos para "promover, escuchar y traducir la visión de las comunidades locales, de manera que sus opiniones sean escuchadas y puedan influir a nivel nacional e internacional".

    Llegando a concluir que "si la información es, en efecto, poder en el mundo actual, la descentralización y creación de redes son los nuevos sinónimos de la antigua utopía que llamamos democracia.

NOTAS:
  1. ® OCDE (Organización Europea de Cooperación al Desarrollo).
  2. ® OCDE, "Information for a Changing Society". París, 1971.
  3. ® Comunicación y desarrollo. Instituto para América Latina (IPAL). Lima, Perú, 1987, p. 10.
  4. ® Sean MacBride y otros. Un solo mundo, voces múltiples: comunicación e información en nuestro tiempo. Fondo de Cultura Económica (FCE). París. UNESCO, París, 1980.
  5. ® Guido Grooscors. "Políticas de comunicación para el desarrollo". Comunicación y desarrollo. Instituto para América Latina (IPAL). Lima, Perú. 1987.


  1.4. Los nuevos actores.
Con la convocatoria "Otro mundo es posible" a la que se sintieron llamados masivamente los sectores sociales y ciudadanos de todo el mundo en Seattle, en diciembre de 1999, con ocasión de la Conferencia Ministerial de la OMC (Organización Mundial del Comercio), se abre una nueva etapa de reactivación social con una agenda que incluye temas globales y nuevos actores que buscan romper el aislamiento de sus luchas particulares; iniciándose así un proceso de convergencias de fuerzas sociales diversas pero con una voluntad de buscar y construir a partir de las coincidencias y de lo que une.

Se trata de un proceso incipiente pero dinámico cuya novedad radica en la capacidad de encuentro entre colectivos y redes sociales diferentes, con diversas trayectorias y prácticas organizativas. Es posible decir que se nutre de la diversidad, al mismo tiempo que responde al reto de descifrar dicha diversidad y pluralismo; sabiendo aprovecharse conjuntamente del capital acumulado en materia organizativa y propositiva por cada uno de los nuevos movimientos sociales. "Unidad en la diversidad" es la premisa que se ha extendido entre las fuerzas sociales de América Latina como parte de sus redefiniciones organizativas, sobre todo cuando se trata de vertebrar procesos convergentes.

Estos nuevos actores que rompen los esquemas de las fuerzas organizativas políticas y sindicales convencionales lo constituyen:
las mujeres, los indígenas, los campesinos, los afrodescendientes, las comunidades urbano-populares, los jóvenes, los medio ambientalistas, los defensores de los derechos humanos...
todos los que en América Latina se identifican como el "grito de los excluidos" y se plantean luchar por la inclusión social y la participación social y política, por la construcción de una realidad nueva no supeditada a la dictadura del mercado. Porque estos nuevos actores han buscado "conjugar los atributos democráticos con una visión holística del mundo, crítica del sentido mismo de la modernidad y de la civilización occidental".

La apuesta por "otro mundo posible" no se limita a juntar el descontento que crece día a día para articular acciones sino que responde al desafío de formular alternativas.

En el avance de ese proceso se sitúa la congregación de organizaciones y movimientos sociales en el Foro Social Mundial (FSM) de Porto Alegre, Brasil, en enero de 2001 que terminó siendo un catalizador de las nuevas energías sociales por lo que se acordó transformarle en "un proceso permanente de búsqueda y construcción de alternativas".

Las organizaciones y redes de mujeres.

En este contexto cobra una especial significación la aportación específica del movimiento de mujeres, fruto del dolor, del aprendizaje y del esfuerzo acumulados a lo largo de las últimas tres décadas, por hacer visible -cuando muy pocos "lo veía", ni siquiera en el conjunto de las fuerzas políticas- la discriminación de que eran objeto las mujeres hasta ahora, cuando el tema de la igualdad de oportunidades entre los géneros ha pasado a formar parte de la agenda pública y se dispone de importantes instrumentos internacionales y nacionales para controlar las prácticas discriminatorias.

Los procesos más significativos que originaron esta gran transformación dan cuenta de una larga trayectoria de encuentros y aprendizajes mútuos, entre el movimiento de mujeres, la sociedad civil y el Estado. Aunque resulta difícil hacer generalizaciones de lo que ocurre en un territorio tan amplio y diverso como América Latina, es posible, sin embargo, identificar algunos rasgos compartidos:

  1. El primer hecho relevante es la progresiva integración de las mujeres al mundo público en este último cuarto de siglo, abriéndose procesos expansivos de participación y generación de oportunidades para las mujeres que tienen que ver con su presencia continua y ascendente en el mundo laboral, reforzados por una serie de cambios sociodemográficos, el mayor de los cuales es el acceso a la educación y la defensa de los derechos sexuales y reproductivos.

    Estos cambios han ayudado a diversificar los proyectos de vida de las mujeres y a abandonar la imagen que las representa únicamente como esposas, madres, dueñas de casa o vecinas. La mayor parte de las mujeres tienen hoy otros espacios de desarrollo personal que, si bien coexisten con los roles más tradicionales, crean nuevas formas de relación con el entorno natural y cultural Sin embargo, estos procesos no han significado cambios sustantivos en la brecha de desigualdad que afecta a la mayoría de las mujeres:

    • el incremento a la educación no ha logrado diversificar las carreras laborales de las mujeres
    • tampoco ampliar sus oportunidades de empleo
    • las trabajadoras ganan menos que los hombres, tienen mayores dificultades para la contratación, promoción y ascenso, son discriminadas cuando son madres o quieren serlo
    • las opciones de vida siguen siendo coartadas por las responsabilidades domésticas y familiares
    • la sexualidad femenina se mantiene asociada exclusivamente a la procreación y al matrimonio
    • persiste una subrepresentación femenina en la política y en los procesos de toma de decisiones.

    Esto ha hecho de la discriminación hacia la mujer un asunto vivencial para cada vez más mujeres de la región y de la igualdad de oportunidades, una demanda que transciende al feminismo, involucrando a diversos actores e instituciones. Así la igualdad entre los géneros pasa a ser considerada como un problema social y político que debe ser regulado por el Estado
  2. Se destaca el desarrollo del movimiento de mujeres que adquiere fuerza social y simbólica en directa relación con las luchas sociales por la democracia.

  3. El tercer proceso es el impulso dado a la producción de conocimientos a partir de la instauración del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer (1975-1985). El Decenio inaugura diversos esfuerzos teóricos y prácticos por generar condiciones favorables para la participación económica y social de las mujeres. Es un periodo en el que se da una importante asignación de recursos para la investigación en el tema y se fortalecen los espacios de acción y promoción de los derechos de las mujeres.

  4. Los procesos de transición democrática y modernización.


  1.5. Participación política y representación política de las mujeres.
Es incontestable el papel activo del movimiento de mujeres en el proceso de reactivación social que se viene fraguando a lo largo de toda la década pasada en América Latina y que apunta, como ha quedado expresado más arriba, en la posibilidad de recobrar la esperanza colectiva por la construcción de otro mundo posible...; es del reconocimiento del conjunto de los nuevos actores la fuerza social y simbólica aportada por las mujeres en las luchas sociales por la democracia.

A lo largo de todo el camino recorrido, las mujeres han madurado sus propios presupuestos desarrollando un proceso colectivo de aprender a aprender, superando posiciones exclusivamente de denuncia y reivindicativas e integrando nuevas capacidades de diálogo, de negociación y de elaboración de propuestas y alternativas, buscando siempre la articulación con otros movimientos sociales y el aprovechamiento de los espacios comunes para como un fulcro impulsar hacia delante el conjunto de los movimientos sociales que caminan bajo el lema de la unidad en la diversidad.

Como reconoce Natacha Molina, socióloga chilena, los primeros pasos de interlocución entre el Estado y las mujeres no han sidos fáciles, dado que se trata de establecer relaciones inéditas en la historia latinoamericana, marcadas por trayectorias políticas y culturales resitentes al cambio en ambos polos de la relación. El Estado nunca ha percibido a las mujeres como objeto de una discriminación específica medida por las relaciones de poder ancladas en la cultura. Por su parte, para las mujeres tampoco es claro siempre el vínculo entre sus problemas y demandas concretas con las restricciones a la ciudadanía social, económica y política.

No obstante el proceso está abierto y se han venido produciendo logros que han permitido hacer frente a una serie de temáticas tales como:

  • sexualidad y derechos reproductivos,
  • feminización de la pobreza,
  • exclusión política,
  • igualdad de derechos...

en un campo más amplio de las fronteras del feminismo. Y la conciencia de la no discriminación hacia la mujer va calando crecientemente pasando a formar parte progresivamente del sentido común de muchos hombres y mujeres de la región.

En este contexto se ha venido produciendo un creciente desarrollo en el número de organizaciones sociales de mujeres y su articulación a nivel local, nacional, regional e internacional, poniendo en evidencia una capacidad de liderazgo que se traduce en la creciente autonomía y capacidad de negociación que adquieren.

La tipología se abre al más amplio espectro que recoge la diversidad que se produce en la realidad: organizaciones de sectores populares urbanos; de mujeres campesinas, mujeres indígenas, mujeres negras; mujeres juristas; mujeres católicas; mujeres...
En este contexto también tiene una importancia creciente el número de dirigentas populares. Entre ellas cabe mencionar la figura de Maria Elena Moyano El desafío de las mujeres latinoamericanas no parece estar, pues, en su participación aunque deba seguir desarrollándose, lógicamente, y tenga que ser una propuesta permanente de su trabajo y desarrollo- sino en el plano de la representación, es decir, en el número de lugares de carácter representativo que ocupan las mujeres, tanto en el aparato estatal como en el político partidario, como en el sindical y organizaciones profesionales...La Coordinadora regional de ONG de América Latina y el Caribe hacia la Cumbre Mundial de Mujeres, Virginia Vargas, manifestaba al final de la Conferencia de Beijing que:

Otro reto fundamental es cerrar la brecha que existe para las mujeres entre democracia participativa y democracia representativa, pues a pesar de nuestra enorme capacidad de movilización y participación en las últimas décadas, los niveles de decisión han permanecido casi intocablemente en manos masculinas.
A este punto específicamente la Conferencia Mundial de Mujeres se compromete a:

Objetivo estratégico: Tomar medidas que aseguren el igual acceso de las mujeres y la plena participación en las estructuras de poder y toma de decisiones.
Las mujeres parecen dispuestas a enfrentar el desafío de pasar de la participación a la representación. Del mismo modo, la mayoría de las mujeres tanto organizadas como no organizadas, parecen haber aceptado el reto que significa conquistar el derecho a tener derechos.


2. Mujer y derecho a la salud.
 
  2.1. Salud sexual y reproductiva.
La primera agenda global sobre salud sexual y reproductiva y derechos sexuales y reproductivos fue acordada en la Conferencia Internacional de las Naciones Unidas para la Población y el Desarrollo (El Cairo, 1994). Este hito marcó un cambio de paradigma desde un enfoque tecnico y médico basado en la facilitación de servicios, a un enfoque que pone los derechos al centro de las cuestiones de población y desarrollo, y que opta por una nueva definición de salud reproductíva: La salud reproductiva es una estado de completo bienestar físico, mental y social en todos los aspectos relativos al sistema reproductor, a sus funciones y a sus procesos. La salud reproductíva implica que las personas tengan la posibilidad de tener una vida sexual segura y satisfactoria y tengan la capacidad de reproducirse y la libertad de decidir si, cuando y cada cuanto tiempo hacerlo(Plan de Acción de la Conferencia de El Cairo, 1994).

Esta visión más amplia de la salud reproductiva integró la Agenda del Cairo en los debates políticos y económicos sobre el acceso y el derecho a la información, a los recursos y a servicios adecuados. Los movimientos de mujeres y de salud de la sociedad civil y sus aliados en las burocracias de las Naciones Unidas y de las administraciones nacionales han emprendido fuertes campañas para enlazar la salud pública, la equidad de género y las políticas de desarrollo, y han promovido los derechos sexuales y reproductivos fomentando información, servicios y recursos financieros para este objetivo.

Sin embargo, muchos factores macroeconómicos obstaculan los propósitos de la declaración de El Cairo, y están relacionados con la existencia de un entorno conservador y con la predominancia de las políticas del Banco Mundial. Por ejemplo, los Objetivos de Desarrollo del Milenio no incluyen una meta específica sobre derechos sexuales y reproductivos y estos no son considerados factores determinantes para la consecución de la equidad de género. En la declaración del Milenio se pone el énfasis en la educación de las niñas y en la salud materna, inscribiendo el tema de la salud sexual y reproductiva en un marco puramente biológico y dejando de lado al tema de los derechos.

El objetivo de reducir la mortalidad materna es extremadamente importante puesto que cada vez más mujeres en el mundo están muriendo y sufriendo enfermedades crónicas debidas a complicaciones en el parto. La mortalidad materna sigue siendo una prioridad particularmente en África sub-sahariana y en Asia meridional. Sin embargo, la ausencia de un objetivo especifico sobre otros temas relativos a la salud y los derechos sexuales y reproductivos refleja la falta de voluntad por parte de las Naciones Unidas de tomar una posición sobre cuestiones cuales la autonomía de las mujeres de decidir sobre su sexualidad, el aborto, la planificación familiar.

La difusión de cierto fundamentalismo con respecto a estos temas produce serios obstáculos para la puesta en práctica de la agenda sobre salud y derechos sexuales y reproductivos.

Por ejemplo, en 2001, el presidente Bush prohibió que las ONGs, que actúan en el extranjero promoviendo o proporcionando servicios relacionados con el aborto, reciban ayuda estadounidense. En 2002, el gobierno de Estados Unidos, negó 34 millones de dólares prometidos al Fondo de Población de las Naciones Unidas, alegando de que esta institución promovía el aborto en China. El Vaticano y los Estados conservadores atacan la agenda sobre salud y derechos sexuales y reproductivos y sus posturas obstaculizan muchos proyectos en los países en desarrollo e incrementan el aborto en condiciones de riesgo, provocan el cierre de clínicas para la planificación familiar y la mancada difusión de contraceptivos.

Además que la falta de fondos, otras condiciones económicas y políticas obstaculizan la salud de las mujeres y su capacidad de elegir sobre la actividad sexual y los embarazos en condiciones seguras. Los servicios de salud pública están en declive debido a las políticas de privatización y particularmente las mujeres pobres tienen poco o nulo acceso a los servicios de salud reproductiva. Los informes recientes sobre la pobreza demuestran el deterioro de la salud de las mujeres, especialmente de las que son económicamente desfavorecidas. La iniquidades en riqueza y en salud han crecido en la última década afectando más duramente a las mujeres y a las niñas. La políticas de ajuste estructural o la privatización de los sistemas de salud, siempre y cuando proporcionan servicios de salud reproductiva, ofrecen solo herramientas de planificación familiar para las mujeres y algunos tratamiento para las enfermedades de transmisión sexual y salud infantil. A menudo existe solo atención de emergencia, con impuesto para las usuarios, y frecuentemente solo en las área urbanas.

Viendo el fracaso de la comunidad internacional en poner en práctica la agenda de El Cairo, la sociedad civil está movilizada en la pugna para un enfoque distinto en el que los derechos sexuales y reproductivos sean incluidos en el análisis más amplio de los derechos humanos y de las políticas macroeconómicas. En los años después de El Cairo muchos grupos de mujeres han empezado a relacionar el comercio internacional, la salud y la equidad de género, afirmando que el aumento de la violencia hacia las mujeres y el surgimiento del nuevo fundamentalismo están directamente relacionados con el proceso de globalización neo-liberal. El fundamentalismo del mercado se acopla al fundamentalismo de los grupos etnicos, religiosos y moralmente conservadores en perjudicar las condiciones de vida de las mujeres, se seguridad económica y la auto-determinación sobre sus vidas y sus cuerpos. Todo esto socava los derechos de salud de las mujeres y su acceso a los recursos necesarios para que puedan tomar decisiones para su bienestar.


  2.2. Derechos sexuales y reproductivos.
La definición de Derechos Sexuales y reproductivos aprobada en la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer (Beijin, 1995) afirma que:
"Los derechos humanos de las mujeres incluyen su derecho a decidir libremente y responsablemente en materias relacionadas con su sexualidad, incluyendo la salud sexual y reproductiva, sin coerción, discriminación o vilencia. La relación igualitaria entre hombres y mujeres en materia de relaciones sexuales y reproductivas, incluído el lleno respeto de la integridad personal, requiere respeto mutuo, consenso y co-responsabilidad en lo relacionado con las prácticas sexuales y sus consecuencias".

Según esta visión, los derechos sexuales y reproductivos son definibles en términos de derechos humanos. La Carta de Derechos Sexuales y Reproductivos de la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF), explicita dicha convergencia:
  • El derecho a la vida debería invocarse para proteger a los mujeres cuyas vidas están puestas en riesgo por el embarazo.
  • El derecho a la libertad y la seguridad de la persona debe invocarse para proteger a las mujeres en riesgo de sufrir mutilación genital, embarazos, esterilización y abortos forzados.
  • El derecho a la equidad y a la libertad de toda forma de discriminación debe invocarse para proteger el derecho de todas las personas, cualquiera sea su raza, color, orientación sexual, estado civil, la posición familiar, la edad, el idioma, la religión, opinión política, origen nacional y social, propiedad, estado de nacimiento, al acceso equitativo a la información, educación y servicios relacionados con la salud sexual y reproductiva.
  • El derecho a la privacidad debe ser invocado para proteger el derecho de todos los usuarios de servicios, información y educación sobre salud sexual y reproductiva, a un cierto grado de privacidad y a la confidencialidad con respecto a las informaciones personales dadas a los proveedores de estos servicios.
  • El derecho a la libertad de pensamiento debe ser invocado para proteger el derecho de todas las personas al acceso a la educación e información relacionada con su salud sexual y reproductíva, libremente de restricciones procedentes de opiniones, conciencia y religión.
  • El derecho a la información y educación debe ser invocado para proteger el derecho de todas las personas al acceso a información completa sobre los beneficios, los riesgos y la eficacia de todos los métodos de contracepción, de modo que cualquier decisión con respecto a estos temas sea tomada con un consenso pleno, libre e informado.
  • El derecho a elegir si casarse y fundar y planificar una familia debe ser invocado para proteger a todas las personas de cualquier matrimonio hecho sin el consenso lleno, libre e informado de ambos miembros de la pareja.
  • El derecho a decidir si y cuando tener hijos debe ser invocado para proteger el derecho de todas las personas a contar con servicios de atención a la salud reproductíva que ofrezcan la mayor gama posible de métodos anticonceptivos seguros, eficaces y aceptable, y que sean asequibles y accesibles para todos los usuarios.
  • El derecho a la atención sanitaria y a la protección de la salud debe invocarse para proteger el derecho de todas las personas a contar con atención sanitaria de la mayor calidad posible, y el derecho a ser libres de las prácticas tradicionales dañinas para la salud.
  • El derecho a los beneficios del progreso científico debe ser invocado para proteger el derecho de todas las personas a acceder a la tecnología de salud reproductíva disponible, y que estudios independientes hayan demostrado tener un perfil aceptable de riegos/beneficios, y cuando la negación de dicha tecnología suponga efectos dañinos sobre la salud y el bienestar.
  • El derecho a la libertad de asociación y participación política debe ser invocado para proteger el derecho de todas las personas a formar una asociación dirigida a la promoción de la salud y de los derechos sexuales y reproductivos.
  • El derecho a no subir tortura y tratos degradante debe ser invocado para proteger a los niños y a las mujeres de todas las formas de violencia, abuso y explotación sexual.

(Carta de Derechos Sexuales y Reproductivos de la Federación Internacional de Planificación Familiar: http://www.ippf.org/ContentController.aspx?ID=6271)


  2.3. Salud y género.
La desigualdad de género y la discriminación perjudican directamente a la salud de las niñas y de las mujeres a lo largo del ciclo vital; y el descuido de sus necesidades de salud impide que muchas mujeres participen plenamente en la sociedad. Con frecuencia, las desiguales relaciones de poder entre hombres y mujeres limitan el control de las mujeres sobre la actividad sexual y su posibilidad de protegerse a sí mismas contra embarazos no deseados y las infecciones de transmisión sexual, incluso el VIH/SIDA; las adolescentes son las más vulnerables. Los inadecuados servicios de salud reproductiva para las mujeres redundan en altas tasas de embarazo no deseado, abortos realizados en condiciones de riesgo y muertes y lesiones previsibles, a raíz del embarazo y del parto.

La violencia en diversas formas también refuerza la desigualdad e impide que las mujeres alcancen sus metas en lo concerniente a la reproducción. Los hombres también tienen necesidades en materia de salud reproductíva y la participación de los hombres es una parte imprescindible de la protección de la salud sexual y reproductiva de las mujeres.

La salud reproductiva comprende tres principales sectores prioritarios:
  • 1. Planificación familiar.
  • 2. Prevención de defunciones y discapacidades en la madre y el recién nacido.
  • 3. Prevención y tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual (ETS) y del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA).

Uno de los procedimientos más rentables para mejorar la salud reproductiva es mejorar el acceso a los servicios en esos tres sectores. Otros problemas de salud reproductiva que requieren programas especiales son ciertas prácticas tradicionales peligrosas (p. ej., la mutilación genital de las mujeres), las violaciones, la violencia doméstica, la prostitución forzada y la trata de seres humanos, la esterilidad, la malnutrición.

Planificación familiar

La planificación familiar contribuye a salvar vidas de mujeres y niños y mejora la calidad de vida de todos, de hecho, es una de las mejores inversiones posibles para mantener la salud y el bienestar de las mujeres, los niños y las comunidades, así como un componente de todo servicio bien organizado de salud reproductiva.

El uso de anticonceptivos salva a muchas mujeres de la muerte y mejora su salud, dándoles la posibilidad de evitar embarazos no deseados o a destiempo. También salva a muchos niños al permitir a los padres que demoren y espacien adecuadamente los nacimientos, ya que cuando éstos sobrevienen antes de lo previsto o con menos de dos años de intervalo ponen en peligro la salud del recién nacido y de sus hermanos. El uso de anticonceptivos pone asimismo a las mujeres en una situación de poder al permitirles decidir el número y el espaciamiento de sus hijos, lo cual les brinda a su vez más ocasiones de participar en actividades educativas, económicas y sociales. Al mismo tiempo, las medidas encaminadas a mejorar la condición social de la mujer, junto con el acceso a la planificación familiar y a otros servicios esenciales de salud reproductiva, suelen traducirse en rapidísimas mejoras de la salud y el bienestar.

Además de salvar vidas, la planificación familiar reduce la fecundidad y puede contribuir a aliviar las presiones que pesan sobre los recursos económicos, sociales y naturales de muchos países a consecuencia de la explosión demográfica. El rápido crecimiento de la población impide el desarrollo económico y pone nuevas trabas al mejoramiento de la educación, la salud y la calidad medioambiental.

A pesar de todas estas ventajas, aún hay por lo menos 350 millones de parejas en todo el mundo - muchas de las cuales desearían espaciar los nacimientos o evitar nuevos embarazos - que no tienen acceso a la amplia gama de métodos de planificación familiar disponibles. Según datos de la OMS, otros 120 millones de mujeres casadas en todo el mundo estarían utilizando ya algún método moderno de planificación familiar si dispusieran de información más precisa sobre servicios anticonceptivos eficaces y asequibles, y si sus maridos o compañeros, además de los miembros de la familia y la comunidad, les dieran apoyo.

Mortalidad y morbilidad materna

La planificación familiar está estrechamente relacionada con el tema de la mortalidad materna e infantil, cuestión de enorme importancia en todo discurso relatívo a la salud y al desarrollo. De las aproximadamente 500.000 defunciones anuales derivadas de la maternidad, un 99% ocurren en países en desarrollo, donde las complicaciones del embarazo y el parto se cobran la vida de aproximadamente una de cada 48 mujeres. En algunos lugares, hasta un 40% de las mujeres padecen graves enfermedades, después del parto y en ciertos casos se trata de enfermedades que a falta de tratamiento adecuado pueden provocar disabilidades permanentes, como en el caso de la muy difundida Fistula Obstétrica.

La fístula obstétrica es tal vez la más devastadora de las lesiones derivadas del parto y afecta especialmente a las mujeres jóvenes y de bajos recursos. Se trata de una abertura anormal entre la vagina y la vejiga o el recto (o ambos) que resulta de una presión extrema y el consiguiente daño a los tejidos ocurridos durante partos obstruidos o prolongados, en los que el feto no logra salir a través de la pelvis de su madre. Si por alguna razón no resulta posible llevar a cabo una cesárea para superar este problema y permitir el parto, el bebé nace con frecuencia muerto y se forma una fístula que permite el pasaje sin control de orina y heces hacia la vagina. Tales fístulas pueden hacer que el trato dispensado a estas mujeres jóvenes que están a punto de ser madres pase repentinamente de la admiración social a la estigmatización, convirtiéndolas en parias que llegan a ser rechazadas y dejadas de lado incluso por sus propias familias. Las mujeres que padecen estas fístulas no sólo han perdido (en la mayoría de sus casos) a sus bebés, sino que pierden continuamente orina y heces, lo que causa un olor desagradable. Por esta razón, se sienten avergonzadas o deshonradas y sufren con frecuencia el abandono por parte de sus esposos, el rechazo de sus familias y amigos y la pérdida de sus actividades diarias, con lo cual terminan viviendo en la indigencia.

Los niños menores de un año y los niños en general también sufren como resultado de la deficiente salud de las madres. Los mismos factores que causan la mortalidad y morbilidad de las madres, inclusive las complicaciones del embarazo y el parto y la atención deficiente al respecto, contribuyen a una cantidad de fetos nacidos muertos y defunciones de recién nacidos que se estima en ocho millones por año. Trágicamente, cuando una madre muere, aumentan las probabilidades de que sus hijos también mueran.

Al evitar el embarazo no deseado utilizando métodos de planificación de la familia se reduce la mortalidad derivada de la maternidad. El mismo efecto puede atribuirse a la atención prenatal, pero sólo un 70% de los alumbramientos en el mundo en desarrollo han sido precedidos por alguna visita prenatal, aunque sea una sola. Cada año, 38 millones de mujeres no reciben ninguna atención prenatal. Sólo una mitad de todas las embarazadas reciben inyecciones antitetánicas; actualmente, el tétanos se cobra cada año más de 300.000 vidas de niños menores de cinco años.

También es importante velar por que en cada parto esté presente una persona con capacidad para atenderlo. En los países en desarrollo, sólo un 53% de todos los alumbramientos cuentan con atención profesional. Esto redunda cada año en el descuido de que son objeto 52,4 millones de mujeres.

El principal medio de prevenir las defunciones de madres es proporcionar acceso a la atención obstétrica de emergencia, inclusive el tratamiento de hemorragias, infecciones, hipertensión y obstrucción del parto. Muchas mujeres del mundo en desarrollo, especialmente en zonas rurales, no tienen a su alcance medidas que pueden salvar sus vidas, como la remisión a centros médicos, la administración de antibióticos y la posibilidad de operaciones quirúrgicas. Cuatro problemas comunes aumentan en gran medida el riesgo que corre la mujer en el parto: las demoras en detectar un problema incipiente, los retrasos en cuanto a la decisión de actuar, el retardo en organizar el transporte y las demoras en llegar hasta los servicios. Para salvar vidas de madres, tiene importancia crucial que se cuente con un sistema de base comunitaria que garantice el rápido transporte a un establecimiento médico bien equipado.

Aborto en condiciones de riesgo

Cada año, cerca de 600.000 mujeres mueren por causas relacionadas con el embarazo y, según estimaciones de la OMS, casi 80.000 de estas muertes derivan de la practica de abortos en condiciones de riesgo. Estos altos niveles de mortalidad materna y el enorme e innecesario sufrimiento padecido por las mujeres, pone en evidencia que el aborto en condiciones de riesgo es un tema muy importante de salud pública.

Según estimaciones del Fondo de Población de las Naciones Unidas (2000), en América Latina, el aborto en malas condiciones causa aproximadamente la mitad de todas las muertes derivadas de la maternidad. Al menos un cuarto de todos los abortos realizados en malas condiciones corresponden a niñas entre los 15 y los 19 años de edad. Las adolescentes tienden a aplazar la obtención del aborto hasta después del primer trimestre de embarazo y a menudo solicitan la ayuda de agentes no médicos, lo cual aumenta la incidencia de las complicaciones. En Chile y la Argentina, más de un tercio de las defunciones causadas por la maternidad entre adolescentes es resultado directo de abortos realizados en malas condiciones. Según estimaciones de la OMS, en África Sub-sahariana, hasta un 70 % de las mujeres hospitalizadas a causa de complicaciones en el aborto, son menores de 20 años.

El aborto en condiciones de riesgo es, al mismo tiempo, una de las causas más comunes de mortalidad materna y la causa más fácilmente evitable a través del acceso a la contracepción y a servicios sanitarios de calidad. En el centro de los derechos sexuales y reproductívos está el derecho fundamental de las mujeres a decidir si y cuándo tener hijos y las estadísticas relatívas a muchos países demuestran que la legalización del aborto y la provisión de servicios de planificación familiar reducen significativamente las muertes relacionadas con el aborto.

Casi todas las mujeres que mueren o sufren lesiones a raíz de un aborto viven en países pobres y no se pueden prevenir estas muertes y lesiones sino parando la práctica de abortos inseguros. El acceso a servicios abortivos legales y seguros así como al tratamiento de las complicaciones debidas a un aborto inseguro salvaría las vidas de miles de mujeres cada año y sería una oportunidad para que las mujeres accedan a servicios de planificación familiar y contracepción que eviten la repetición de los abortos.

Las medidas legales punitivas y el acceso restringido al aborto legal no reducen la incidencia del aborto, simplemente los hacen más peligroso. El resultado es el sufrimiento de más mujeres, sobre todo entre las pobres, que tienen menos posibilidades de pagar para un nivel mínimo de atención médica.

A pesar de que muchos encuentros internacionales (entre ellos la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de 1994 y la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, Beijin 1995) han resultado en un acuerdo a favor de los derechos sexuales y reproductívos, todavía existen gobiernos e instituciones que socavan sistemáticamente estos compromisos. Ejemplar a este respecto es la Global Gag Rule, restablecida por el presidente George W. Bush en el primer día de su administración, en 2001. Se trata de una norma que prohíbe la concesión de financiaciones procedentes de Estados Unidos a las ONGs extranjeras que realizan abortos en casos en los que no está puesta en peligro la vida de la mujer, o que no haya habido violación o incesto; ONGs que presionan para la legalización o la mayor accesibilidad del aborto en sus respectivos países. La misma actitud está a la base de la actuación del Vaticano y de las organizaciones vinculadas a ello. El resultado de estas políticas es el aumento de los embarazos indeseados, de los abortos peligrosos y de las muertes maternas e infantiles, afectando particularmente a las mujeres jóvenes, pobres y vulnerables.

Violencia de género

La violencia contra las mujeres y las niñas es uno de los mayores problemas de derechos humanos y salud pública. Incluye una amplia gama de abusos: la violencia física, sexual y psicológica dentro de las familias y las comunidades, incluyendo el maltrato, el abuso sexual infantil, la violación, la mutilación genital femenina y otras practica tradicionales dañinas, la prostitución forzada, etc.

La violencia doméstica es la forma más común de violencia de género: según estimaciones del Fondo de Población de las Naciones Unidas en todos los países que disponen de estudios confiables, un porcentaje entre el 10 y el 69 % de las mujeres denuncian haber sido víctimas de abuso físico por parte de una pareja.
La violencia de género, en sus distintas formas, tiene impactos importantes sobre la salud de las mujeres, especialmente sobre su salud sexual y reproductíva. Las mujeres que han sufrido abusos tienen más probabilidades de tener problemas de salud mental (depresión, ansiedad, trastornos alimenticios), disfunciones sexuales, interrupciones involuntarias del embarazo, VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, embarazos indeseados y abortos en condiciones de riesgo.

Enfermedades de Transmisión sexual y VIH/SIDA

Debido tanto a la cultura como a los condicionantes biológicos, las mujeres son más vulnerablesque los hombres a las enfermedades de transmisión sexual. Según en Fondo de Población de las Naciones Unidas, la carga de las enfermedades de transmisión sexual (excluído el SIDA) que pesa sobre las mujeres es más de tres veces superior a la correspondiente a los hombres. Debido a las diferencias anatómicas, las enfermedades del aparato reproductor se transmiten más facilmente a las mujeres, a la vez que son de más difícil diagnóstico para ellas. Además, debido a su más baja condición social y a su dependencia económica respecto a los hombres, las mujeres a menudo no están en condiciones de negociar el uso de condones como medida de prevención del contagio con enfermedades de transmisión sexual.

Actualmente casi la mitad de los 40 millones de persones que viven con VIH/SIDA en todo el mundo son mujeres; desde 1985 el porcentaje de las mujeres entre los enfermos de SIDA a nivel mundial ha crecido del 35% al 48%, aumentando dramaticamente los contagios de mujeres adolescentes y jóvenes.

En África Sub-sahariana, la región más golpeada por la pandemia, el 57% de los adultos contagiados son mujeres y las jóvenes entre los 15 y los 24 años tienen una posibilidad de infectarse que es tres veces mayor que los jóvenes de sexo masculino.

La difusión de la epidemia de VIH/ SIDA entre las mujeres está en relación con la violencia de género, la desigualdad de acceso a la información y a la educación para la salud sexual y reproductíva, la feminización de la pobreza y con la desigualdad de género en general. Por esta razón el trabajo de movimiento de mujeres y ONGs está dirigido mucha veces a fortalecer las políticas de empoderamiento de las mujeres como medida esencial para la lucha contra el VIH/SIDA.


  2.4. De África para América Latina: ¿hasta cuándo dejaremos que mueran las mujeres?. Objetivo del Milenio: Mejorar la salud materna
Es difícil y muy triste la realidad de las mujeres parturientas. En principio, el embarazo es un hecho normal y el dar a luz no debiera causar mayores dificultades, sin embargo "la razón fundamental para que estas muertes continúen debemos buscarla no sólo en que no haya atención disponible o que falte cali­dad en los servicios que se ofrecen, sino también en la realidad social y el papel que la mujer ocupa en estas sociedades".

Lo que muestran las estadísticas.

Actualmente la razón de mortalidad mater­na (RMM) en el mundo es de 400 mujeres muertas por cada 100.000 nacimientos, pero ésta es muy diferente según la zona del mundo de la que estemos hablando. Todos los países en que la RMM es supe­rior a 1.000 se encuentran en África Subsahariana con excepción de Afganistán que tiene una RMM de 1.900. La estimación de la RMM más elevada pa­ra el año 2000 es la de Sierra Leona que se ha calculado en 2.000. En Marruecos, un país tan cercano al nuestro, es de 220 y en sus vecinos Argelia y Túnez de 140 y 120 respectivamente. Si tomamos otros ejem­plos de países de América Latina, Colombia y Ecuador tienen 130 pero Cuba 33. ¿Cómo se pueden explicar estas dife­rencias en países cercanos, en lo geográfi­co, en lo cultural y en el nivel de desarrollo?.

Causas sociosanitarias.

El embarazo es un estado normal y es im­portante para la sociedad en general. Las mujeres no deberían fallecer al dar a luz. Hay una tendencia a pensar que las difi­cultades de las mujeres en los países po­bres para disfrutar de una vida sana y sa­ludable se explican, al igual que para los hombres, por la propia situación de po­breza, marginalidad, subdesarrollo, con­flicto bélico o catástrofe natural que les afecta. Sin embargo, la razón fundamental para que estas muertes continúen debe­mos buscarla, no sólo en la realidad del sistema de salud de los países, en que no haya atención disponible o que falte cali­dad en los servicios que se ofrecen, sino también en la realidad social y el papel que la mujer ocupa en estas sociedades.

Podemos identificar como causas indirec­tas de la mortalidad materna la anemia y la malaria. La alimentación en los países en vías de desarrollo es diferente en función del género, a las niñas se les da de comer menos que a los niños, sufren desnutri­ción y tienen una jornada laboral excesiva, sin embargo las mujeres de África Subsahariana son las productoras del 80% de los alimentos de esa región. En el Norte de África el 53% de las mujeres em­barazadas sufre anemia. En los países pobres las mujeres tiene más ni­ños, con un espacio entre un parto y otro muy corto, lo que no les permite recupe­rarse. Además, las mujeres no controlan su embarazo y, por lo tanto, no se les pue­de dar tratamiento para compensar la anemia. La malaria causa en África 3 millones de muertes al año, y en la mortalidad materna es un elemento importante ya que aumen­ta la anemia con todas las consecuencias que hemos visto anteriormente.

Las hemorragias graves son otra causa importante de mortalidad materna. En muchos casos esto no sería grave si las mujeres no sufrieran la anemia desde su infancia y si hubiera servicios obstétricos de urgencia con personal cualificado. Siendo las responsables de casi la cuarta parte de la mortalidad materna, a las he­morragias se les da ninguna o muy poca importancia.

Los abortos en condiciones de riesgo pueden suponer e113% de toda la morta­lidad materna. Las razones por las que las mujeres recurren al aborto son variadas: deficiente accesibilidad a la planificación familiar sobre todo de las jóvenes, fallo de métodos anticonceptivos, coacción se­xual, violación y otros problemas sociales, como, ser solteras, adolescentes, tener muchos hijos que mantener o haber sido abandonadas. Todo ello obliga a muchas mujeres a recurrir a realizar estos abortos. Pero si no existe una legislación que per­mita realizar abortos en adecuadas condi­ciones sanitarias, o falta accesibilidad a tales servicios, las mujeres suelen recurrir a abortos en malas condiciones.

Pero todas estas causas no pueden estar solo relacionadas con el hecho de que las mujeres vivan en zonas pobres. Tenemos ejemplos de países, como dijimos antes, cercanos desde un punto de vista geográ­fico y cultural, con Razones de Mortalidad Materna muy diferentes.

Causas políticas y violencia estructural.

Las causas de la mortalidad materna po­demos relacionarlas con elementos de violencia estructural en las sociedades de estos países. Sobre todo los siguientes:

  • Papel que las mujeres ocupan en la so­ciedad. Falta de capacidad de decisión de las mujeres para acudir a un servicio de salud. Analfabetismo importante de las mujeres sobre todo en medio rural. En Marruecos casi un 90% de mujeres en medio rural son analfabetas frente a un 30% en medio urbano. El papel que la mu­jer ocupa en la sociedad hace que existan diferencias importantes entre el trabajo del hombre y la mujer, así como en el tipo de alimentación de ambos.

  • La importancia o el valor que se da a las mujeres, a lo que hacen y a su salud. No existen políticas ni nacionales ni interna­cionales para mejorar los problemas de salud de las mujeres a pesar de que son muchas las que mueren, lo que va a repercutir en el nivel de salud de la familia, sobre todo de los hijos.

  • Falta de inversiones gubernamentales en servicios de salud de base relacionados con las mujeres, y de servicios obstétricos y de planificación familiar de calidad. Esto va a tener que ver con el lugar de residen­cia y su alejamiento de los centros de de­cisión, porque las inversiones destinadas al medio rural son siempre menores.

  • Diferencias económicas y sociales. Lo que hace que las mujeres tengan poca ac­cesibilidad económica a los centros sani­tarios.

Un objetivo difícil de alcanzar.

Uno de los ocho ODM es mejorar la salud materna. La meta sería disminuir desde el año 1990 al 2015 la razón de la mortalidad materna (RMM) en un 75%, pero, si vemos como ha evolucionado en estos últimos años, pensamos que es difícil, o mejor di­cho imposible, que pueda alcanzarse este objetivo. Han pasado 15 años y podemos preguntamos: ¿cómo ha disminuido esta mortalidad? En muchos países es un indi­cador que no se mide, en algunos se mide pero no de la manera que recomienda la OMS, en otros se dan los datos que más convienen a los gobernantes. La mortalidad de las mujeres no ha disminuido en la mayoría de los países más pobres. Nos debemos preguntar ¿por qué? Si la mayor parte de los países han firmado estrategias internacionales, si se han desarrollado programas de mejora de la salud materna y del recién nacido, si se firman acuerdos en convenciones, ¿dónde está el problema?.

Recientemente declaró en Nairobi Joy Phumaphi, Subdirectora General de la OMS para salud de la Familia y la Comunidad, "Si las defunciones de mujeres ni siquiera se cuentan, parece que no cuen­tan. Estamos ante una epidemia invisible".

Nuestro punto de vista es que se aborda la disminución de la mortalidad de las mujeres como si fuera sola­mente un problema de salud, cuando en realidad es un problema mucho más complejo en el que intervienen muchos factores y no sola­mente el hecho de que el parto sea atendi­do por personal no cualificado o el que no haya centros de referencia para atender las urgencias obstétricas.

Para resolver la epidemia que supone la mortalidad de las mujeres hoy en día en los países más pobres, se necesita la voluntad política de mejorar los derechos de las mujeres y el papel que representan en la sociedad. Los medios que permitirían reducirla son conoci­dos y no exigen tecnologías:

  • Compromiso político para mejorar recur­so.s
  • Movilizar a la comunidad y sobre todo a las mujeres.
  • Mejorar la accesibilidad y calidad de los servicios de salud.
  • Iniciar o reforzar los servicios comunitarios de base.
  • Poner en marcha servicios obstétricos de urgencia a menor coste, extender los centros de referencia, y, reforzar los cen­tros de planificación familiar.

Como podemos ver, muchos de estos medios para disminuir esta mortalidad, son medi­das sanitarias, tales como aumentar el control del embarazo y el número de par­tos atendidos por personal cualificado. Pero también, y más importante, es mejo­rar la situación social de las mujeres. Deberían desaparecer los elementos de violencia estructural que hace que las mu­jeres vivan en situación de desigualdad. Los gobiernos deberían tomarse en serio esta plaga que afecta a tantas mujeres en el mundo cada año y que está tan relacio­nada con el tipo de política social y sanita­ria de un país. Es un problema que se encuentra envuel­to en una "cultura de silencio y de resigna­ción".


  2.5. Recursos.
  • http://www.who.int/reproductive-health/index.htm

    Página del Departamento de Salud Reproductiva de la OMS.
    Ver también la página relativa al tema de género con enlaces a otros recursos de la OMS: http://www.who.int/topics/gender/en/

  • http://www.who.int/gender/en/

    Página de la OMS sobre temas de Salud y Género. Incluye una serie de textos analíticos sobre el impacto de la iniquidad de género sobre varios aspectos de la salud de las mujeres (VIH/SIDA, Salud mental, envejecimiento, etc.).

  • http://www.eldis.org/health/sexreprohealth.htm

    Guía de recursos sobre Salud de sexual y reproductiva contenida en el portal Eldis, herramienta de conocimiento sobre Salud y desarrollo del Institute of Developement Studies de la Universidad de Sussex (Reino Unido).

  • http://www.who.int/whr/2005/es/index.html

    OMS - Informe sobre la Salud en el mundo, 2005. ¡cada madre y cada niño contarán!.
    Último informe sobre salud en el mundo centrado en la salud reproductíva y en su importancia para la consecución de los Objetívos de Desarrollo del Milenio.

  • http://www.unifem.org/

    Página del Fondo de Naciones Unidas para las mujeres.

  • http://www.genderhealth.org/

    Página de la organización internacional CHANGE - Centre for Health and Gender Equity. Puede ser útil sobre todo por los enlaces a documentos contenidos en la sessión Resources.

  • http://www.choike.org/cgi-bin/choike/nuevo/page.cgi?p=ver_indepth&id=1110

    Página sobre Derechos Sexuales y Reproductívos del portal Choike.org. Contiene enlaces interesantes a actividades, documentos de política internacional, informes relacioonados con el tema de los derechos sexuales y reproductivos.

  • http://www.reddesalud.org/espanol/

    Página de la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe, RSMLAC. Ofrece informaciones y análisis sobre temas relatívos a los derechos y la salud sexual reproductivos. Contiene además muchos enlaces a textos jurídicos, actividades y otras organizaciones.

  • http://www.paho.org/Spanish/AD/GE/GenderBrochureSP05.pdf

    Folleto informatívo producido por la Organización Panamericana de la salud: Género, Salud y Desarrollo en las Américas - Indicadores Básicos 2005. Ver también la página http://www.paho.org/Project.asp?SEL=TP&LNG=SPA&ID=99 que contiene enlaces a otros documentos, publicaciones y actividades de la PAHO sobre salud y género.

  • www.unfpa.org/swp/index_spa.htm

    Fondo de población de las Naciones Unidas, Estado de la Población Mundial 2005 la promesa de igualdad: equidad de género, salud reproductíva y Objetivos de Desarrollo del Milenio.

  • http://www.unfpa.org/upload/lib_pub_file/524_filename_country_profiles_2005.pdf

    Perfiles de países por población y salud reproductíva, 2005. Datos proporcionados por el Fondo de Población de las Naciones Unidas sobre salud reproductiva por países.

  • http://www.reproductiverights.org

    El Centro para los Derechos reproductivos es una organización sin ánimo de lucro que hace asesoría legal para promover y defender los derechos de las mujeres en todo el mundo.

  • http://www.wgnrr.org

    Página de la Red Mundial de Mujeres para los Derechos Reproductivos. Útil sobre todo para lo enlaces a organizaciones y campañas internacionales para los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

  • http://www.dawnorg.org

    Página web de DAWN (Development Alternatives with Women for a New Era):red de mujeres del Sur que trabajaen en la investigación y el análisis feminista del panorama mundial compromitiendose con la justicia económica, la justicia de género y la democracia.

  • http://www.iwhc.org

    Página de la Coalición Internacional para la Salud de las Mujeres (International Womens Health Calition-IWHC), trabaja para generar políticas de salud y población, programas y financiaciones para promover y proteger los derechos y la salud de las mujeres y las jóvenes. Sus prioridades son la salud y los derechos de las adolescentes, el aborto seguro, los derechos sexuales y la equidad de género y el tema VIH/SIDA y mujeres.

  • http://www.ippf.org

    Página web de la Federación Internacional de Planificación Familiar, organización que trabaja en todo el mundo para la promoción de la salud y los derechos sexuales y reproductivos. La página web ofrece informaciones técnicas y médicas relacionadas con la salud sexual y reproductiva, un glosario y enlaces a documentos y a las oficinas regionales de la Federación. Entre los documentos descargables de la web está un informe de 2006 sobre aborto y pobreza: http://www.ippf.org/ContentController.aspx?ID=13100 .

  • www.cladem.org

    Página web del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres. Incluye un centro de documentación virtual con publicaciones y documentos relativos a los derechos y la salud de las mujeres.

  • http://www.isis.cl

    Pagina web de la organización de mujeres con sede en Chile, Isis International. La página ofrece análisis y enlaces relacionados con el tema de la salud de las mujeres, la violencia contra las mujeres y la comunicación para la equidad de género.

  • http://www.unfpa.org/swp/2000/espanol/index.html

    Fondo de Población de las Naciones Unidas, Informe sobre el Estado de la población, 2000. Este informa se centra en la desigualdad de género y en sus efectos sobre el desarrollo.

  • http://www.prb.org/SpanishTemplate.cfm?Section=Portada&template=NewInterestDisplay.cfm&InterestCategoryID=641

    Sección en castellano de la web del Population Reference Bureau sobre salud sexual y reproductiva. Ofrece articulos, ensayos y enlaces a datos estadísticos sobre temas relacionados con los derechos y la salud sexual y reproductiva. Incluye también una sección de informes y estadísticas por países. http://www.prb.org/SpanishTemplate.cfm?Section=Portada&template=/ContentManagement/ContentDisplay.cfm&ContentID=12121

  • http://www.globalgagrule.org/

    Página del Global Gag Rule Impact Project, proyecto conjunto de varios grupos que se ocupan de planificación familiar para monitorear el impacto de las normas restrictivas de la cooperación internacional estadounidense y ejercer presión política para su eliminación.

  • http://www.who.int/gender/violence/who_multicountry_study/en/index.html

    Informe de la OMS sobre Salud de las mujeres y violencia domestica. A través de 24.000 entrevistas a mujeres de 10 países, el informe analiza las formas, las causas y las consecuencias de la violencia sobre las mujeres. Este estudio retoma algunas conclusiones de un precedente informe sobre violencia y salud, publicado en 2002 por la OMS: http://www.who.int/violence_injury_prevention/violence/world_report/en/

  • http://www.unfpa.org/hiv/women/report/index.htm

    Informe conjunto de UNAIDS, UNFPA y UNIFEM sobre Mujeres y VIH/SIDA. Julio 2004.

  • http://www.eldis.org/health/srhr.htm

    Guía de recursos sobre salud y derechos sexuales y reproductivos, incluída en el portal Eldis desarrollado por el Institute of Developement Studies de la University of Sussex.

  • http://www.who.int/reproductive-health/publications/unsafe_abortion_estimates_04/index.html

    Informe de la OMS sobre la incidencia mundial y regional del aborto en condiciones de riesgo y de las muertes derivadas en 2004.

  • http://www.unicef.org/spanish/publications/files/FGM-C_final_10_October.pdf

    Estudio publicado por UNICEF en octubre de 2005. Esta publicación analiza las estadísticas disponibles acerca de la mutilación/excisión genital femenina. El estudio se centra en las mujeres de 15 a 49 años y sus hijas, presenta estimaciones y examina diferenciales en la incidencia, al mismo tiempo que subraya las tendencias en los datos que pueden servir de base informativa para la elaboración de políticas en este ámbito.


3. Mujer y medio ambiente.
 
  3.1. Encuentros y desencuentros entre feminismo y ecologismo.
Frente al pensamiento único, os proponemos una primera reflexión sobre algunos puntos de encuentro y desencuentro entre feminismo y ecologismo -en particular por lo que se refiere al trabajo de las mujeres y la utilización de los recursos naturales-. Se trata de iniciar un diálogo que nos permita repensar la economía desde una perspectiva más amplia y con otros objetivos que tengan más que ver con la vida humana y menos con el beneficio capitalista [6].

Un primer punto de encuentro entre el feminismo y el ecologismo lo situamos en lo que ambos pensamientos se plantean como objetivo básico y primero, es decir, hacia el que debiera orientarse tanto la reflexión como la acción: la llamada sostenibilidad humana, social y ecológica, entendida como proceso que no sólo hace referencia a la posibilidad real de que la vida continúe -en términos humanos, sociales y ecológicos-, sino a que dicho proceso signifique desarrollar niveles de vida, estándares de vida o calidad de vida aceptables para toda la población [7]. Sostenibilidad que supone pues una relación armónica entre humanidad y naturaleza, y entre humanas y humanos. En consecuencia, será imposible hablar de sostenibilidad si no va acompañada de equidad.

Acerca de la sostenibilidad y las necesidades humanas

Desde el feminismo se mantiene actualmente una reflexión abierta sobre los estándares de vida como algo que va mucho más allá de "una cesta de bienes". La idea de estándares de vida es un concepto complejo, que además de la satisfacción de las necesidades biológicas y sociales, incorpora también la satisfacción de las necesidades emocionales y afectivas. En este sentido, se trata no de una situación estática, sino más bien de un proceso que debe ser continuamente reconstruido, que requiere de recursos materiales pero también de contextos y relaciones de cuidado y afecto, proporcionadas éstas en gran medida por el trabajo no remunerado realizado en los hogares.

La reflexión sobre los "estándares de vida aceptables para todas y todos" tiene puntos de conexión con el debate sobre calidad de vida y desarrollo humano en los términos expresados por Amartya Sen [8]. El planteamiento de Sen está en la base de la idea de desarrollo humano que maneja el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo). Sin embargo, cuando el debate sobre desarrollo humano se orienta hacia la medición y cuantificación -como hace el PNUD- entonces dicho concepto se aleja del de estándares de vida que aquí manejamos. Los aspectos emocionales y afectivos que señalábamos no son susceptibles de cuantificación y, de hecho, los indicadores del PNUD no los consideran. De aquí que la cuantificación, al restringir el concepto a aquello que es cuantificable, reduce su contenido y, por tanto, lo empobrece[9].

Por otra parte, hablar de niveles de vida significa afrontar el tema de las necesidades humanas. La discusión sobre las necesidades humanas plantea terrenos complicados que han sido tratados desde diversas perspectivas. En cualquier caso, esta problemática nunca ha sido abordada por la economía neoclásica, que se ha limitado a hablar de preferencias, deseos y demandas (de mercado) [10]. Pero naturalmente, no es lo mismo. Existe una serie de aspectos, como el cariño, las relaciones, la creatividad, la libertad, etc. que no pasan por el mercado y ninguna persona sensata se atrevería a decir que no son necesidades humanas básicas.

En consecuencia, al hablar de estándares de vida, es necesario analizar la relación entre el bienestar y la satisfacción de ciertas necesidades humanas fundamentales. Entre los autores que han reflexionado sobre ello, Max-Neef [11] identifica como necesidades fundamentales las de subsistencia, protección, afectividad, comprensión y conocimiento, ocio, creatividad, identidad, participación y libertad; que operarían en las cuatro categorías existenciales de ser, tener, hacer e interactuar. Necesidades que tienen que ver con el cuerpo, con los sentimientos y con la mente de manera integrada, es decir, cada necesidad aparece claramente interrelacionada con las demás. El autor ve las necesidades señaladas sin jerarquía entre ellas, lo que le permite captar a los seres humanos en su totalidad, sin parcelaciones.

Max-Neef no trata las necesidades humanas como carencia sino como motor de la existencia humana cultural: entenderlas sólo como carencia sería restringirlas al aspecto meramente fisiológico que es el ámbito donde la necesidad asume con más fuerza la sensación de que falta alguna cosa. De esta manera, el autor acepta las necesidades de los seres humanos, dándoles un lugar en el ámbito socio-simbólico y asignándoles un papel en el juego de interrelaciones entre la vida biológica y la vida cultural. Las necesidades entonces se viven y satisfacen de manera continua y renovada de acuerdo a las características y condiciones del ciclo vital. Cuestión que conecta con la de "estándares de vida" como un proceso dinámico en continua adaptación de las identidades individuales y las relaciones sociales [12].

Volviendo ahora sobre la idea inicial, constatamos que las condiciones ambientales y el trabajo de las mujeres están en la base de la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales. Desde el pensamiento ecologista se plantea específicamente la participación de la naturaleza en la satisfacción de las necesidades, en el sentido de que el medio ambiente proporciona los recursos que se convierten en medios o servicios de muy diferentes tipos, para cubrir ciertas necesidades humanas básicas o que son necesarios para mantener una cierta calidad de vida, como determinadas condiciones ambientales (de temperatura, climáticas, etc.). Desde el pensamiento feminista se está planteando la relación directa que tiene el trabajo que tradicionalmente han realizado las mujeres en el hogar con la satisfacción de las necesidades humanas básicas, en especial con aquellas que tienen que ver con los aspectos más subjetivos señalados por Max-Neef.

Población creciente y recursos decrecientes

Ahora bien, a pesar de la analogía entre ambos pensamientos, existe una diferencia importante, un punto de desencuentro. El ecologismo cuestiona el capitalismo -y con ello, cuestiona algunos aspectos del patriarcado verdaderamente importantes como son las relaciones entre humanidad y naturaleza- pero no acaba de llegar al núcleo del problema. No llega a plantearse -y por tanto, a denunciar- la pérdida de centralidad de la vida humana. Si la vida humana deja de ser el valor central en nuestra sociedad, entonces puede ser objeto de manipulación en función de objetivos o necesidades establecidas por el patriarcado y/o el capitalismo.


Desde el feminismo se pone en cuestión todo el sistema patriarcal capitalista, su contradicción profunda entre la obtención de beneficio y los estándares de vida de toda la población. Desde esta perspectiva, la vida humana adquiere un valor central y, en consecuencia, los estándares de vida en todas sus dimensiones deberían ser el objetivo básico de toda la actividad de mujeres y hombres. En consecuencia, el feminismo está en la búsqueda de una relación profunda entre la actividad y actitud de las mujeres hacia el cuidado de la vida y el cuidado de la naturaleza como la base de toda vida.

Probablemente el fundamento de esta diferencia que se detecta en ambos discursos se sitúa en la presencia/ausencia de la experiencia vivida. El feminismo crece dando significado a la experiencia femenina y se enraíza, por tanto, en un cuerpo sexuado en femenino [13]. De ahí que para el feminismo sea más difícil desencarnar los discursos, permitir la instrumentalización de los cuerpos o justificar la destrucción de la vida, precisamente porque el discurso pasa por lo vivido en primera persona.

El ecologismo, en cambio, no se plantea desde un sujeto con experiencia a la cual dar significado. Habla en nombre de la especie humana y de su relación con la naturaleza. Se puede, pues, dar en el ecologismo un discurso desencarnado con el mismo nivel de abstracción que en cualquier otro discurso científico o político masculino. El ecologismo parte del conocimiento que las ciencias naturales aportan sobre las relaciones entre el sistema social y el sistema ecológico. Pero este conocimiento, falto de experiencia significada es incapaz de abarcar toda la complejidad de tales relaciones y corre el peligro de acabar reduciéndolas a un mero conjunto de datos y reglas. Susanne Schultz [14] explica cómo este reduccionismo tiene consecuencias importantes en el ámbito de la acción social: "Gracias a estos sistemas cibernéticos, el sistema ecológico debe convertirse de nuevo en previsible y controlable: el hombre como gestor ecológico debe simular o controlar los procesos naturales, concebidos en forma de estructuras circulatorias y sistemas de reglas, para evitar así un colapso ecológico". Y de ahí que se pueda llegar a aceptar la instrumentalización de los cuerpos de las mujeres -en el tema del control de la población- en nombre de la sostenibilidad ecológica.

Desde el ecologismo, la mayoría de planteamientos, con más o menos matices, consideran el control de la población como una necesidad para reducir el desequilibrio existente a nivel mundial entre unos recursos naturales decrecientes y una población creciente. Los desacuerdos con la visión desde el feminismo [15] aparecen ya en la propia manera de nombrar el tema y de plantear la cuestión. La mayoría de autores que la analizan desde una visión ecologista coinciden en plantearla como un problema de sobrepoblación. En cambio, desde el feminismo se considera que el problema radica en el desequilibrio existente entre población y recursos [16].

Para poder hablar de sobrepoblación, previamente se ha dado un proceso de abstracción de algo tan elemental como que la población son seres humanos, son la humanidad. Pero el proceso durante el cual la humanidad se convierte en biomasa, permanece invisible. Incluso las posiciones más críticas dentro del ecologismo -tal como dice Schultz- aceptan la separación entre sociedad (seres humanos) y biomasa de población susceptible de ser regulada. Es decir, los seres humanos de carne y hueso se convierten en una abstracción susceptible de ser manipulada; dejan de ser sujeto pensante, miembros de la sociedad humana, para devenir una variable llamada población que se utiliza como un factor más de la ecuación POBLACIÓN x NIVEL DE CONSUMO x TECNOLOGÍA = RECURSOS CONSUMIDOS [17].

Una vez deshumanizado el concepto población y convertido en variable ya no hay motivos éticos que impidan legitimar la intervención del Estado para reducir la población. En cambio el Estado, de acuerdo con los principios del liberalismo, no interviene para decidir cuál debe ser el nivel de consumo ni el desarrollo tecnológico de la sociedad; tal decisión está en manos de los actores económicos que incluso en el ámbito de la investigación priman por encima de la comunidad científica. De manera que el Estado respeta la libertad de los actores económicos para decidir cuánto y en que dirección invierten, en función de sus intereses, permitiendo que sea un ente abstracto y ciego como es el mercado quien decida. En cambio cuando se trata de la capacidad reproductiva de la especie humana, que está en manos de las mujeres, seres humanos inteligentes, considera que no tienen criterio para decidir como gestionar esta capacidad, e interviene con la justificación de salvaguardar el interés público.

Si del interés público se trata, y obviamente la buena gestión de los recursos naturales para atender las necesidades de una población en crecimiento es de interés público, ¿por qué el Estado no se plantea intervenir para racionalizar los demás factores de la ecuación? La respuesta, compartida incluso por los ecosocialistas, es que las desigualdades sociales provocadas por el sistema económico se consideran inalterables a medio y largo plazo [18]. Schultz sostiene que este proceso niega "la historicidad de construcciones como la fecundidad, la feminidad, la sexualidad y la organización social de la educación y el cuidado de los hijos". No se es capaz de ver el significado profundo que tiene esta negación, a partir de la cual el Estado se arroga el derecho de "convertir el cuerpo de las mujeres y su fecundidad en una magnitud maximizable tecnocráticamente". Tal ceguera en este punto vital debilita su discurso al cuestionar al neoliberalismo, y permite que el sistema, culpabilizando a los pobres de su pobreza -porque son demasiados-, obtenga un considerable margen de credibilidad que no podría tener si el pensamiento ecologista incorporara, con todas sus consecuencias, el carácter sagrado de la vida humana y del cuerpo femenino, que no pueden jamás considerarse una variable.

Si partiéramos del carácter sagrado de la vida humana, habría que replantear el análisis de la relación entre población y recursos, comenzando por entender las estrategias reproductivas que desarrollan las mujeres en función de las condiciones socioeconómicas y culturales de la comunidad a la que pertenecen. Ellas son quienes introducen civilización en medio de la barbarie, quienes convierten las piedras en pan para alimentar a sus familias, quienes con su inteligencia y su trabajo maximizan los recursos a su alcance para garantizar el futuro de su comunidad, de acuerdo con los valores culturales que la definen. Son quienes se hacen cargo de atender las necesidades humanas, y en función de ello construyen sus estrategias. Habría que contar con su experiencia y sus conocimientos para saber qué factores socioeconómicos debieran ser modificados en cada sociedad concreta con el fin de garantizar la sostenibilidad humana.

En este punto nos remitimos al concepto inicial de sostenibilidad entendida como una relación armónica entre la humanidad y la naturaleza, que no puede existir si no está vinculada al concepto de equidad. Ahí es donde debieran intervenir los Estados y las organizaciones internacionales como NN UU, FMI, Banco Mundial, y tal intervención no tendría nada que ver con las políticas de población, que en este nuevo contexto no sólo carecen de sentido sino que son un atentado contra la vida humana.

Desearíamos que las reflexiones planteadas contribuyeran de alguna manera al necesario diálogo entre ecologismo y feminismo, convencidas de que puede resultar enriquecedor para ambas y reforzar los instrumentos de que disponemos para hacer realidad este otro mundo posible.
NOTAS:
  1. ® Este artículo se basa en el texto "Verde que te quiero violeta" escrito por la mismas autoras como epílogo a la publicación La historia cuenta de Enric Tello, El Viejo Topo, 2005.
  2. ® A este respecto se puede ver Picchio, A, "Un enfoque macroeconómico ampliado de las condiciones de vida" en Carrasco, C, edit, Tiempos, trabajos y género, Publicaciones de la UB, Barcelona 2001 y Tello, E. "Eliminar residuos o gestionar materiales", en Medi Ambient, Tecnología i Cultura, número 29 (versión castellana pp 78-89).
  3. ® Sen, A., Desarrollo y libertad, Planeta, Barcelona 2000. La discusión sobre calidad de vida, estándares de vida o desarrollo humano continúa abierta. A veces se ha propuesto no utilizar el término de estándares de vida ya que la economía lo ha subordinado a un significado económico limitado, y usar en su lugar el de calidad de vida. En cualquier caso, como es obvio, el problema es mucho más que semántico.
  4. ® Aunque se han intentado desarrollar indicadores cualitativos que expresen percepción de aspectos subjetivos, en nuestra opinión, aún son muy insatisfactorios.
  5. ® Ver Jackson, T., y Marcs, N., "Consumo, bienestar sostenible y necesidades humanas" en Ecología Política, número 12, pp 67-80, 1996.
  6. ® Max-Neef, M., Desarrollo a escala humana. Conceptos, aplicaciones y algunas reflexiones, Icaria, Barcelona 1994.
  7. ® La idea de que las necesidades se satisfacen continuamente y no se "superan" es esencial en la crítica del pensamiento feminista a la ideología patriarcal.
  8. ® Grau, E., "No prescindir de los cuerpos", En Pie de Paz, número 53, dic 2000.
  9. ® Schultz, S., "El discreto encanto de la política demográfica" en Mientrastanto, nº 65, pp 115-138, 1996.
  10. ® Entre las diferentes corrientes de pensamiento feminista, quienes han tratado el tema a fondo han sido las pensadoras identificadas con el ecofeminismo.
  11. ® Ver el tema desarrollado en BOSCH, A, "¿En manos de quien está la reproducción humana? Una crítica ecofeminista al problema de la población", en Ecología Política nº 12, pp 9-17, 1996.
  12. ® En tal ecuación a veces se excluye el factor "nivel de consumo", de manera que no se tiene en cuenta algo tan fundamental como la inequidad en el reparto de los recursos.
  13. ® Sarkar, S., "¿Una síntesis ecosocialista del problema de la sobrepoblación?" en Ecología Política nº 6, pp 143-152, 1993. Pese al tiempo transcurrido desde la publicación de este artículo, sus argumentos continúan siendo utilizados por algunos ecosocialistas, e incluso ecoanarquistas para justificar las políticas de población.


  3.2. Hacia un feminismo con conciencia ecologista.
Puede decirse que, hoy por hoy, el ecofeminismo o feminismo ecológico es todavía una corriente minoritaria del feminismo mundial. Su profunda crítica al modelo de desarrollo hegemónico no encaja fácilmente en la agenda del feminismo mayoritario.

En el ámbito del Estado español, el porcentaje de presencia del ecofeminismo en el conjunto del feminismo, en tanto teoría y movimiento social, es aún mucho más escaso. Aunque en los ochenta se hablaba de la posibilidad de un diálogo con el ecologismo, en el siglo XXI estamos todavía en los inicios del contacto entre los dos pensamientos más revolucionarios de nuestra época.

El ecofeminismo no se reduce a una simple voluntad feminista de gestionar mejor los recursos naturales, sino que exige la revisión crítica de una serie de dualismos que subyacen a la persistencia de la desigualdad entre los sexos y a la actual crisis ecológica. Su análisis de las oposiciones naturaleza/cultura, mujer/varón, animal/humano, sentimiento/razón, materia/espíritu, cuerpo/alma ha mostrado el funcionamiento de una jerarquización que desvaloriza a las mujeres, a la Naturaleza, a los animales, a los sentimientos y a lo corporal, legitimando la dominación del varón, autoidentificado con la razón y la cultura. El dominio tecnológico del mundo sería el último avatar de este pensamiento antropocéntrico (que sólo otorga valor a lo humano) y androcéntrico (que tiene por paradigma de lo humano a lo masculino tal como se ha construido social e históricamente por exclusión de las mujeres). La negación y el desprecio de los valores del cuidado, relegados a la esfera feminizada de lo doméstico, ha conducido a la humanidad a una carrera suicida de enfrentamientos bélicos y de destrucción del planeta.

Origen de la sensibilidad ecofeminista

A estas alturas de la historia del feminismo, ya existen varias corrientes de teoría ecofeminista. Las más recientes, de carácter deconstructivo, suelen autodenominarse feminismo ecológico para distinguirse de las precedentes. Utilizo aquí los términos ecofeminismo y ecofeminista indistintamente para todas ellas. Por razones de espacio, no puedo referirme a sus diferencias conceptuales [19]. Me limitaré a señalar el origen de la sensibilidad ecofeminista para entender mejor su situación en el Estado español.

El desarrollo de una conciencia ecofeminista se dio en primer lugar en mujeres de sociedades hiperdesarrolladas preocupadas por su salud, por los riesgos alimentarios originados por pesticidas, fertilizantes, y por los efectos perversos de la excesiva medicalización del cuerpo femenino. Estas pioneras buscaron una ginecología alternativa y holística. De allí surgió ese extraordinario manual del Colectivo de Mujeres de Boston: Nuestros Cuerpos, Nuestras Vidas.

En el sur de Europa todavía no hemos llegado a un nivel tan alto de desconfianza con respecto a la tecnología y a sus expertos como para que el temor permita ese cuestionamiento de la sociedad química. Las campañas feministas que denuncian la vinculación entre el aumento de casos de cáncer de mama y los xenoestrógenos de pesticidas, dioxinas, productos de limpieza, plásticos, pinturas, etc., apenas han tenido eco. El fatalista y cómodo lema "de algo hay que morir" impide la reflexión crítica sobre estos temas a gran parte de un colectivo que, recordemos a modo de síntoma, todavía ve la adicción al tabaco como una conquista de igualdad (según las encuestas, entre los más jóvenes, 31% de fumadoras frente a un 23% de fumadores varones). Aún así, hay que señalar que la versión en castellano, actualizada en el año 2000, de la citada biblia de la salud femenina, estuvo a cargo de colaboradoras de la revista Mujeres y Salud (MYS) de Barcelona.

En el llamado Tercer Mundo, la miseria de las mujeres rurales, perjudicadas por el mal desarrollo basado en pesticidas y monocultivos, la marginación de pueblos indígenas con culturas más respetuosas de la Naturaleza y el activismo ambientalista de chabolistas de algunas megaciudades inspiran a la filósofa altermundialista Vandana Shiva y a la teóloga brasileña de la Liberación Ivone Gebara. Nuestro escenario local carece de estos tintes dramáticos. Se habla poco del infierno tóxico de los invernaderos, reservado a inmigrantes. Tampoco existen culturas ajenas a la tradición judeo-cristiana por lo que el ecofeminismo, en tanto justicia social y visión mística del mundo natural, no tiene una base tan cercana en la que apoyarse. No obstante, su discurso ha generado aquí importantes grados de solidaridad feminista internacionalista, así como reflexiones de teólogas feministas.

Algunas de las primeras formas del ecofeminismo dieron una explicación biologicista de la guerra y de la crisis ecológica y vieron en las mujeres a las salvadoras del planeta frente a la tecnología destructora masculina. Este esencialismo que no atendía más que a las diferencias entre los sexos, ignorando explicaciones históricas de clase, raza y economía y retornando a la antigua identificación patriarcal entre mujer y Naturaleza, generó un fuerte rechazo en el feminismo del Estado español, orientado mayoritariamente hacia la obtención de la igualdad en el marco de una comprensión feminista socialista de las relaciones entre mujeres y hombres. Identificado con su primera plasmación, el ecofeminismo fue desestimado. Sólo unas pocas nos interesamos por su evolución posterior. Para dar a conocer las nuevas corrientes, mucho más complejas e interesantes, organizamos el Simposio Internacional Feminismo y Ecología que tuvo lugar en la Universidad Complutense de Madrid en marzo de 2001 [20].

Ahora bien, aunque se comprenda que se ha superado la inicial identificación de mujer y Naturaleza, subsiste una objeción feminista a que las mujeres se preocupen por los problemas ambientales: ¿por qué agregar una tarea más a las oprimidas mientras los opresores destruyen alegremente? Ante esta cuestión, me parecen interesantes las acciones destinadas a integrar políticas de empoderamiento del colectivo femenino con otras orientadas al desarrollo sostenible [21]. Si la preocupación por la Naturaleza se canaliza hacia la generación de nuevos yacimientos de empleo, ya no se trataría de apelar al proverbial espíritu de sacrificio femenino.

En la medida en que aumente la conciencia ecológica general, se incrementará el número de ecofeministas. Y el ecologismo ganará espacio entre las mujeres si atiende a su sensibilidad, a sus intereses y a sus aspiraciones de igualdad en la realidad de la militancia actual y en el proyecto futuro de una sociedad que atienda a las necesidades de cuidado propias de los ciclos vitales humanos y no humanos. La meta ha de ser avanzar hacia un feminismo con conciencia ecológica y hacia un ecologismo profundamente igualitario y no androcéntrico. En ambos sentidos nos queda un largo camino por recorrer.
NOTAS:
  1. ® Ver Puleo, A. "Feminismo y ecología", El Ecologista, 31, verano 2002, pp.36-39; de manera más extensa en PULEO, A.,"Del ecofeminismo clásico al deconstructivo: principales corrientes de un pensamiento poco conocido", en Amorós, Celia (ed.), Historia de la teoría feminista, en prensa.
  2. ® Las ponencias se recogen en Cavana, M., Puleo, A., Segura, C., Mujeres, Ecología, Sociedad, ed. Almudayna, Madrid, 2004.
  3. ® Así, fruto de un acuerdo de la Consejería de Medio Ambiente y el Instituto de la Mujer de Andalucía, el proyecto Geoda se propone, con las posibilidades y limitaciones propias de lo institucional, investigar, asesorar, sensibilizar, impulsar movimientos ambientales liderados por mujeres, formar y apoyar iniciativas de empleo para las mujeres compatibles con el respeto al medio ambiente.


4. Comunicación y género: las mujeres en la red.
 
  4.1. Introducción a la temática de género y de la comunicación.
Para una óptima introducción a la temática de genero y de la comunicación: La comunicación como aliada: Tejiendo redes de mujeres por Montserrat Boix, Coordinadora de Mujeres en Red, http://www.mujeresenred.net/el%20viaje%20de%20las%20internautas/Tejiendo_redes_de_mujeres.pdf

http://www.mujeresenred.net/, el portal de género en el Internet es uno de los sitios más completos sobre las mujeres y la nuevas tecnologías.

En la sección de la biblioteca feminista virtual (http://www.mujeresenred.net/biblioteca_virtual.html) se pueden encontrar y descargar documentos y textos íntegros:

  • La otra mirada. Método de Alfabetización de Mujeres. Autora: Encarna Garrido http://www.nodo50.org/laotramirada/

  • El viaje de las internautas. Género y nuevas tecnologías. Autoras: Montserrat Boix, Cristina Fraga, Victoria Sendón.
    Un libro publicado por AMECO con información sobre la historia de las redes de mujeres en la Internet y un Manual Práctico sobre el Ordenador y la Internet; puedes bajarte los textos completos del libro aquí http://www.nodo50.org/ameco/el_viaje_de_las_internautas.html

  • El ABC del periodismo no sexista. Autoras: Valle, Norma; Hiriart, Berta; Amado, Ana Mª
    Inicialmente en la web de Fempress, ya desaparecida, ha sido recuperada por el Periódico Feminista: http://www.mujeresenred.net/news/article.php3?id_article=103

  • Materiales Didácticos para la prevención de la Violencia de Género- Junta de Andalucía Unidad Didáctica para la Educación Primaria Unidad Didáctica para la Educación Secundaria Unidad Didáctica para la Educación de Personas Adultas http://averroes.cec.junta-andalucia.es/publicaciones/violencia_genero.php3

  • La violencia doméstica. Informe sobre los malos tratos en España.
    Autoras: Ines Alberdi y Natalia Matas, versión virtual del libro. 300 páginas. http://www.estudios.lacaixa.comunicacions.com/webes/wpp0pdfp.nsf/vico/es10_esp.pdf/$file/es10_esp.pdf

  • Tres textos de historia de las ideas feministas. La teorización del género en España: ilustracion, diferencia y transmodernidad. Autora: Rosa María Rodríguez Magda. La memoria colectiva y los retos del feminismo Autora: Amelia Valcárcel 1848: la declaración de "seneca falls" Autora: Alicia Miyares http://creatividadfeminista.org/libros/gratis/3text_paridad_ya.pdf

  • Debate sobre multiculturalismo y tolerancia, I Parte: el multiculturalismo a debate. Autoras: Fatima Mernissi, Isabel Morant, Susan Moller Okin, Rosa Cobo, Alicia Miyares II Parte: La tolerancia como barbarie Aurelio Arteta http://creatividadfeminista.org/libros/gratis/multiculturalismo.pdf

  • Palabra dicha: Escritos sobre género, identidades, mestizajes Autora: Sonia Montecino, http://creatividadfeminista.org/libros/gratis/palabra.pdf

  • El genero en historia Por Anne Pérotin-Dumon. Un interesante libro accesible por completo en la red. Esencial sobre la historia de las mujeres en America Latina. Los cinco capítulos que componen la primera parte proponen volver a andar el camino recorrido durante los últimos treinta años en el mundo occidental. Para marcar etapas de cuestionamientos propios a la disciplina histórica y modos de intercambio entre ésta y las demás ciencias humanas. Quisiéramos -dicen en su presentación- por otra parte contribuir a familiarizar los conceptos que balizan la historia del género, ayudar a utilizarlos en conciencia, recapitulando las operaciones cognitivas que recubren.
    Elaborado en el Institute of Latin American Studies de la Universidad de Londres.
    http://www.sas.ac.uk/ilas/genero_portadilla.htm


  4.2. Enlaces de interés.
  • Portal de género y políticas TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) que cuenta con el apoyo del programa de mujeres de APC. Las periodistas que colaboran se encuentran en África, América Latina, Asia y Europa Central y Oriental.
    http://www.genderit.org/en/index.shtml

  • Sección del Centro Interamericano de Investigación y Documentación sobre Formación Profesional (Cinterfor/OIT) con Documentos de referencia / Artículos y ponencias / Experiencias / Enlaces sobre la Género y TIC.
    http://www.ilo.org/public/spanish/region/ampro/cinterfor/temas/gender/g_tic/doc/index.htm

  • El Woman Networking Support Program (WNSP) es una iniciativa de APC (Asociación para el Progreso de las Comunicaciones), una red global de mujeres apoyando a mujeres en el Internet para el cambio social y el empoderamiento a través del uso de las nuevas tecnologías. (en ingles)
    http://www.apcwomen.org/


  • PARM de APC (Programa de Apoyo a las Redes de Mujeres) es una red internacional de más de 100 mujeres en 35 países que trabajan por el cambio social y el empoderamiento de las mujeres, por medio del uso de las tecnologías de la información y la comunicación.
    http://www.apcwomen.org/parm/

    Se vea en particular el GEM (Gender Evaluation Metodology), una guía para integrar el análisis de género en evaluaciones de iniciativas que usan Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) para el cambio social dirigida a responder a las necesidades de las miembros de PARM APC que buscan herramientas de análisis de género y marcos adecuados para sus propias intervenciones en el campo de la tecnología de la información y la comunicación (TICs), así como a otras mujeres y hombres que comparten el compromiso con la igualdad de géneros y el fortalecimiento de la mujer.
    Consiste en un esquema que sirve para determinar si las TIC están verdaderamente mejorando la vida de las mujeres y las relaciones de género al tiempo que se promueve un cambio positivo tanto en los niveles individual e institucional como en los comunitarios y sociales. La guía proporciona a los usuarios una visión general del proceso de evaluación (que incluye enlaces a recursos de evaluación) y dibuja posibles estrategias y metodologías para incorporar el análisis de género en todo el proceso de evaluación. GEM no es un manual de instrucciones paso a paso sobre cómo realizar una evaluación ni tampoco es una mera herramienta de evaluación. También puede ser utilizada para garantizar la inclusión de las cuestiones de género en el proceso de planificación de un proyecto. GEM es una guía en constante evolución: sus creadores dan la bienvenida a cualquier opinión crítica o adaptación creativa que surja al ser puesta en práctica.

    Se vea también: http://www.apcwomen.org/parm/politicas/recursos/policyguide_esp.html donde hay la guía del PARM APC para implementar políticas de TIC con perspectiva de género.


  • Women Action 2000: una de la más importantes redes de mujeres a nivel mundial que impulsa discusiones y toma decisiones sobre el papel de las mujeres en los medios de comunicación http://www.womenaction.org/index.html: se vea en particular este informe WomenAction 2000 - Contribución alternativa sobre Mujer y Medios de Comunicación.


  • Enlaces y documentos de Interés particular sobre Género y TICs desde el International Development Research Centre http://www.idrc.ca/es/ev-2722-201-1-DO_TOPIC.html

  • Unidad de Igualdad y Género, estructura de apoyo para iniciar y consolidar el proceso de implantación del Mainstreaming de Género en Andalucía. Promovida por el Instituto Andaluz de la Mujer y la Consejería de Economía y Hacienda- Dirección Gral. de Fondos Europeos - Junta de Andalucía.
    http://www.unidadgenero.com/default.cfm

  • El Centro para las Comunicaciones de Mujeres Mayas (CMCM) de Guatemala es una organización sin fines de lucro que tiene una Web alojada por el Sustainable Development Networking Programme (Programa de redes para el desarrollo sostenible) que presta también asistencia técnica: www.sdnp.undp.org. Las actividades del Centro son decididas con la participación y coordinación de las mujeres indígenas a través de su comité directivo. La función principal del Centro consiste en unir y comunicar, así como en desarrollar destrezas en tecnologías de la comunicación para permitirles un «mejoramiento» de la representación de su imagen ante los medios locales y en el mundo.
    http://www.interconnection.org/cmcm/


  • Creatividad feminista: un espacio donde ser mujer no es un dato indiferente (artículos, libros, radio y una tienda virtual sobre el feminismo)
    http://creatividadfeminista.org/index.htm


5. Mujeres y empleo.
 
  5.1. El empleo femenino en América Latina: Avances y contradicciones en un contexto de globalización.
 
  Introducción.
Después de la crisis de la deuda en el año 1982, América Latina ha vivido un proceso acelerado de transformación de su sistema productivo, con la aplicación de severos programas de ajuste estructural para liberalizar el comercio y las finanzas, y estimular las actividades orientadas hacia las exportaciones. Igualmente, se han potenciado los espacios regionales o subregionales, como el MERCOSUR, el ALENA, el CAN, el MCCA y el CARICOM [22]. Por otra parte, la privatización, la desregulación y la reforma del mercado del trabajo han sido considerados, por los gobiernos, como elementos claves para aumentar la competitividad y productiviad, logrando asi una mejor inserción de los países latinoamericanos en una economía mundial cada vez más globalizada.

El aumento notable de la movilidad internacional de los capitales, y las políticas latinoamericanas destinadas a estimular las inversiones extranjeras, han dado por resultado durante los años 90, un aumento considerable de los flujos financieros hacia América Latina. No obstante, la volatilidad de estos flujos ha provocado una acentuada inestabilidad del crecimiento económico esperado para la región. Con más de quince años de ajustes y reformas, no sólo e han incumplido las metas de crecimiento, sino que este se ha tornado más inestable y vulnerable frente a los bruscos virajes de los mercados financieros internacionales. La crisis mexicana de los años 1994 y 1995, la brasileña de 1998-1999 y, más recientemente, aquellas que han golpeado a Argentina y Uruguay durante los años 2001 y 2002, además de la mantención de América latina como la región con la más grande inequidad mundial en la distribución de los ingresos [23], muestran los límites del modelo de desarrollo preconizado por los grandes organismos financieros internacionales.

En cuanto a los efectos esperados, relativos a la creación de empleo, tampoco los resultados han sido satisfactorios. Por el contrario, durante la década pasada, más de diez millones de personas pasaron a engrosar las filas del desempleo, presentando en 1999 una tasa anual promedio de 8,6% (poco más de 18 millones de personas), mientras que en 1990 no alcanzaba a superar el 4,6%. En los años noventa, de cinco jóvenes que buscaron trabajo, uno no lo encontró, de diez mujeres una no lo consiguió, ni tampoco el 15,2% de personas provenientes de hogares pobres (CEPAL, 2001).

Klein y Tokman (2000) identifican cuatro procesos característicos de las transformaciones del mercado del trabajo en Latinoamérica durante los años 90: privatización, tercerización, informalización y precarización. Como resultado de los procesos de privatización, las empresas del Estado han sido traspasadas al sector privado, reduciéndose las funciones del gobierno [24]. La transferencia de empleo no se ha realizado hacia las empresas de mayor envergadura (afectadas por la apertura de los mercados), sino que hacia las microempresas, lo que ha implicado un deterioro en la calidad del empleo ya que la situación de informalidad y de precariedad es mayor en este tipo de empresas [25]. Nueve de diez empleos creados durantes los años 90 han sido de servicios, especialmente dentro de la economía informal [26], de los cuales el 70% ha sido de escasa productividad, (servicios personales, comercio detallista y transporte). En este contexto, la tercerización implica un deterioro significativo del empleo, siendo el del trabajo formal al informal el tercer cambio más importante en la estructura del empleo en los años 90. De esta manera, de cien nuevos empleos que se crearon durante esta década, setenta y uno fueron informales.

Los procesos de flexibilización de facto, establecidos por las empresas en los años 80, y después la reforma del trabajo llevada a cabo por diversos gobiernos de la región en los años 90, introdujeron una profunda desreglamentación del trabajo que ha redundado en la desprotección social, la multiplicación de contratos atípicos y los procesos de precarización del empleo [27]. Según los autores mencionados, la proporción de trabajadores, potenciales o reales, sujetos a la precariedad, no es solamente elevada, sino que equivale a toda la expansión del empleo en los años 90 en la mayoría de los países. (op. cit., p. 17).

El incremento notable de la actividad femenina ha ido a la par con el aumento de la precarización del empleo en América Latina [28]; la mayor parte de los empleos generados en la región durante los años 90 fueron ocupados por mujeres. Entre 1990 y 1998, la tasa de ocupación femenina aumentó en 4,1% por año, mientras que la masculina aumentó en 2,6% (BIT, 1999) [29].


Con estos antecedentes a la vista, el objetivo de este artículo es realizar un balance acerca de la incorporación masiva de las mujeres al mundo del trabajo, así como de la mantención de las desigualdades y de la discriminación de género, en el contexto de desregulación y precarización que caracteriza a América Latina. Primeramente, intentaremos precisar las diferentes formas de segmentación y de desigualdades que encuentran las mujeres en el mundo del trabajo; luego presentaremos el empleo femenino en las zonas francas y en el trabajo a domicilio, para introducir el debate sobre la feminización del mercado del trabajo. Posteriormente abordaremos las relaciones entre familia y empleo, y finalizaremos con un esbozo de ciertos aspectos teóricos.
NOTAS:
  1. ® Se trata de las siguientes entidades: Mercado Común del Sur, formado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay; Asociación de Libre Comercio de América del Norte, que reúne a México, Canadá y Estados Unidos; la Comunidad Andina de Naciones, que agrupa a Bolivia, Perú, Venezuela, Ecuador y Colombia; el Mercado Común de América Central, integrado por Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua; y la Comunidad del Caribe, compuesta por Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, República Dominicana, Granada, Jamaica, Montserrat, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Grenadines, Trinidad y Tobago, Belize, Guyana y Surinam.

  2. ® Salvo en Costa Rica y en Uruguay, el 10% de los hogares con ingresos superiores, reciben más del 30% del ingreso. Por el contrario, la fracción recibida por el 40% de los hogares más pobres es muy reducida, situándose en todos los países entre el 9 y 15% del ingreso total. En países como Bolivia, Brasil y Nicaragua, el ingreso per cápita del quintil más rico (20% de los hogares), sobrepasa más de treinta veces al quintil más pobre. En Chile, país que ha conocido un ritmo de crecimiento sostenido, la distribución del ingreso ha mostrado su enorme resistencia a modificar su alto grado de concentración, persistiendo la profunda disparidad en esta materia.

  3. ® La contribución al empleo del Gobierno en la región latinoamericana ha bajado del 15,5% en 1990 al 13% en 1999 (Klein y Tokman, 2000).

  4. ® Entre el 65% y el 95% de los trabajadores de las microempresas no poseen contratos formales de trabajo, y entre el 65% y el 80% no tienen previsión médica ni pensión. En general, trabajan más horas que las jornadas clásicas y los accidentes del trabajo son más frecuentes, además de sufrir sistemáticamente violaciones a sus derechos laborales, toda vez que existen severas dificultades para constituir sindicatos.

  5. ® Preferimos utilizar el término de economía informal, en lugar de sector informal, que sugiere la idea de homogeneidad de situaciones. A pesar de la diversidad de las formas de empleo, estas tienen en común el hecho de no estar reconocidas ni protegidas al interior de marcos jurídicos o reglamentarios, concerniendo a trabajadores independientes en actividades de sobrevivencia: vendedores ambulantes, lustrabotas, basureros y recolectores de desechos y de vestimentas usadas; trabajadores remunerados para trabajos domésticos; trabajadores a domicilio y trabajadores de talleres clandestinos, que son trabajadores asalariados disfrazados en cadenas de producción; y trabajadores independientes de microempresas que trabajan solos o con algunos miembros de su familia o, a veces, con aprendices y otros trabajadores. (BIT, 2002a: 3).

  6. ® En Chile el 30% de los trabajadores no tenían contrato o tenían algún tipo de contrato atípico; en Argentina y Colombia alcanzaba al 40% y en Perú al 74%. En el caso de las microempresas, hay una superposición de informalidad y de precariedad, ya que ambas son el resultado de la incapacidad de pagar el costo de la protección del empleo. En aquellas empresas de mayor envergadura, la cantidad de trabajadores no registrados es un índice de evasión legal. Op. Cit.

  7. ® Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay, Venezuela.

  8. ® Sin embargo, como veremos más adelante, Durante estos años, el incremento de la oferta de trabajo femenino fue muy elevado, lo cual explica porqué el rápido incremento del empleo de mujeres no haya dado lugar a la disminución de la tasa de desempleo de éstas, la cual todo lo contrario aumentó y supero en casi 50% la tasa de desempleo masculino.


  Una situación contrastada.
 
  La progresión de la actividad femenina.
A pesar de que la participación económica de las mujeres no siempre ha sido registrada, en el año 2000 habrían sido 77,7 millones las mujeres integradas al mundo del trabajo, cifra que, en todo caso, es notoriamente más elevada a los 11,8 millones que registraba la PEA [30] en 1950 [31].

Un conjunto de factores ayudan a explicar la incorporación masiva de las mujeres al mundo del trabajo: por una parte, las transformaciones demográficas y culturales ligadas al proceso de migración campo-ciudad a partir de los años 50, el aumento de la educación formal y la mayor exposición a la cultura urbana, han influenciado una baja de la fecundidad, disminuyendo el número de hijos por familia, empequeñeciendo el tamaño de ésta, especialmente a partir de los años 60 y 70 [32]. Por otra, después de los años 80, la crisis de la deuda provocó el aumento de la cesantía y la caída de los salarios reales, estimulando a las mujeres a incorporarse al mundo del trabajo de manera más estable y prolongada, provocando un aumento del número de hogares donde dos integrantes de la familia desarrollan actividades laborales [33]. Finalmente, la reestructuración productiva, seguida por el cambio del modelo de desarrollo, ha estimulado a las industrias de exportación a abrirse al trabajo de las mujeres.

No obstante, la mayor participación de las mujeres en el mundo del trabajo no está solamente motivada por factores y restricciones económicas, sino que ella responde, igualmente, a las modificaciones y transformaciones en sus percepciones y aspiraciones en lo que concierne a su rol en la sociedad y sus prioridades en la vida, procesos que están relacionados con el incremento sensible del nivel de escolaridad femenino.

En los años 90, la diferencia de participación entre hombres y mujeres disminuyó, así como aquella entre mujeres pobres y mujeres de sectores de ingresos medios y altos, aumentando la tasa de participación femenina, en promedio, de 34% en 1990 a 44,7% en 1998. En Perú y en Colombia dichas tasas sobrepasaron el 50% y en el resto de los países [34], se situaron entre el 38% y el 50% (OIT, 1999).

No hay que olvidar, sin embargo, que el problema de la falta de registro del trabajo femenino es particularmente agudo en las zonas rurales y/o donde se concentra población indígena. Un estudio realizado entre la población indígena de Chile, Guatemala y Paraguay pudo establecer solamente que una mujer entre cinco en edad de trabajar era activa, mientras que los hombres aparecían prácticamente todos como activos [35]. El ejemplo de la subestimación de la participación femenina en las zonas rurales del Paraguay retrata la dimensión del problema: si se comparan las cifras del Censo Nacional de inicios de los años 90, con aquellos del Censo Agrícola del mismo periodo, se observan importantes diferencias. Según el Censo Nacional, la tasa de participación femenina en el trabajo de las fincas agrícolas era del 1,5%, sin embargo, de acuerdo al Censo Agrícola, este era del 20,2%, alcanzando al 64,5% si se le agregan las trabajadoras agrícolas y permanentes.

La feminización progresiva del mundo del trabajo tampoco se puede entender sin el aumento del nivel de escolaridad femenina en América Latina, que se ha acrecentado significativamente, siendo ya superior a la escolaridad masculina. Así, conforme aumenta el nivel educacional, la presencia de las mujeres se acrecienta y aquellas con niveles de instrucción de más de trece años alcanzan tasas de participación en las zonas urbanas muy semejantes a las tasas observadas para los hombres en diversos países.

Por el contrario, la presencia en el trabajo es menor entre las mujeres que tienen menos años de estudio y aquellas que pertenecen a hogares con menores ingresos. Las mujeres pobres son aquellas que encuentran las mayores dificultades para insertarse en el mundo del trabajo, debido, entre otras razones, a que están obligadas a sortear grandes obstáculos para traspasar generalmente a otras mujeres- las responsabilidades domésticas en particular, el cuidado de los niños [36]. Este fenómeno no se verifica en el caso de los hombres, donde el crecimiento de la PEA es ligeramente superior entre los trabajadores con menores ingresos. No obstante, después de varios años, las tasas de participación laboral de las mujeres más pobres aumentan a un ritmo acentuado, reduciéndose en este plano la distancia entre las mujeres pobres y aquellas de hogares medios y altos.
NOTAS:
  1. ® Población económicamente activa.

  2. ® Bureau Internationl du Travail (2002) Laborsta, htpp:/laborsta.ilo.org/cgibin/brokerv8.exe .

  3. ® Entre 1970 y 1995, la esperanza de vida para las mujeres aumentó en 8 años y su tasa de fecundidad pasó de 5,01 a 3,1, provocando que su vida, económicamente activa, se haya alargado en alrededor de 9 años. Al mismo tiempo, numerosas mujeres han migrado hacia las ciudades en búsqueda de trabajo remunerado, llegando a formar parte de una población urbana que, entre 1970 y 1995, pasó del 58% al 74% de la población total (Arriagada, 1998: 11).

  4. ® A consecuencia de los programas de ajuste estructural, los servicios sociales proporcionados gratuitamente por los Estados o aquellos con tarifas muy bajas, como la salud y la educación, disminuyeron considerablemente, provocando un aumento de los gastos medios de una familia para mantener el mismo nivel de bienestar real. Igualmente, las necesidades de estos servicios han aumentado y se han complejizado.

  5. ® Chile, Uruguay, Argentina, Brasil, México, Ecuador, Honduras, Costa Rica, Venezuela y Panamá.

  6. ® Valdéz y Gomaríz, 1995.

  7. ® El número limitado de guarderías y de centros públicos de educación preescolar, obstaculiza la inserción laboral de las mujeres que no están en condiciones de acceder a servicios privados o de pagar a un trabajador por los quehaceres domésticos.


  Informalidad y desprotección social.
Si bien en los años 90, el proceso de informalización del empleo ha aumentado para los trabajadores de ambos sexos, su ritmo ha sido más acentuado entre los hombres; de cien nuevos empleos masculinos, 70 han sido creados dentro de la economía informal, mientras que en el caso de las mujeres, esta cifra ha llegado a 54. No obstante, la incidencia de las ocupaciones informales dentro del total del empleo femenino (50%) es superior a la registrada en el caso de los hombres (44%) (OIT, 1999).

Las mujeres se incorporan a la economía informal a través del servicio doméstico, pudiendo ser trabajadoras familiares no remuneradas, o a través del trabajo a domicilio y el subempleo. En el conjunto de ocupaciones informales, las remuneraciones medias de las mujeres alcanzan a menos de la mitad (48%) de las remuneraciones de los hombres, y la calidad de sus empleos es relativamente más mala. La presencia femenina al interior de las microempresas donde los salarios son más elevados- es menor, pero su participación entre los trabajadores no remunerados es mayor, representando casi la totalidad del servicio doméstico. Durante los años 90, de cien nuevos empleos femeninos, veintidós correspondieron a este sector, y el 80,6% no disponía de ningún tipo de protección (a pesar de los progresos en la legislación, como el derecho a la protección social, comprendiendo la maternidad), mostrando mayor vulnerabilidad los grupos étnicos y los niños (Abramo, 2001). El año 2000, el porcentaje de asalariados sin cobertura social era más elevado entre las mujeres (37,1%) que entre los hombres (34%) (OIT, 2002).


  Segregación ocupacional.
En los países latinoamericanos, la mayoría del empleo femenino sigue concentrado en ciertas actividades y agrupado en algunas profesiones fuertemente feminizadas (segmentación horizontal). Del mismo modo, las posibilidades de acceder a puestos más elevados en la jerarquía laboral siguen siendo muy difíciles para la mayoría de las mujeres (el techo de vidrio), incluso para aquellas que han accedido a niveles superiores de educación, dándose el fenómeno que mientras más elevada es la posición, mayor es la distancia entre los sexos (segregación vertical). Esto significa que la disminución de la desigualdad se podría alcanzar en la medida que las ocupaciones y posiciones fueran ocupadas indistintamente por mujeres y hombres.

En 1998, más de la mitad (52,7%) de los empleos femeninos estaba concentrado en actividades de servicios sociales, municipales y personales, y cerca de un tercio (27,2%) en el comercio. Si se agregan los empleos del sector financiero (4%) y aquellos de transportes y de comunicaciones (1,7%), se obtiene el 85,6% correspondiente al porcentaje total del empleo femenino en el sector terciario [37]. La mano de obra femenina en la industria manufacturera alcanza al 13%, y su participación en otras áreas es poco significativa (OIT, 1999).

En general, las mujeres están presentes en una gama de ocupaciones más reducida que los hombres al interior de diferentes actividades. Un estudio realizado en Santiago de Chile, confirma la segregación de las mujeres en la industria manufacturera según tres aspectos: 1) la envergadura de las empresas, mientras más grandes, menor es el número de mujeres; 2) el sector industrial, las mujeres se concentran en los sectores textil, vestuario y cuero, alimentos, bebidas y tabaco; y, 3) la categoría ocupacional, la participación femenina es más grande en los sectores administrativos, de ventas y de servicios (Abramo, 1993).

Igualmente el proceso de incorporación femenina a actividades modernas y de altos niveles de sofisticación, no ha significado necesariamente la disminución de la segmentación ocupacional. Además, existe la tendencia a que dichas ocupaciones modernas, hacia las cuales se orientan las mujeres, sean rápidamente definidas como típicamente femeninas. Así, según un informe reciente del BIT (2001), los esquemas de la segregación sexual se recrean en la economía de la información donde los hombres detentan la mayoría de los empleos más calificados, con un fuerte valor agregado, mientras que las mujeres están confinadas a empleos poco calificados y con escaso valor agregado. Los hombres se concentran en los empleos creativos y bien remunerados como la concepción de programas, mientras que la mano de obra empleada para la realización de tareas monótonas, como por ejemplo en cajas registradoras y en la digitación de datos [38], es mayoritariamente femenina y mal pagada. Así, aunque tanto hombres como mujeres utilicen la tecnología de punta, y aunque ambos lleguen a perfeccionar sus competencias, solo los hombres ocupan los cargos en los cuales la utilización de esta tecnología confiere una mayor autonomía profesional.

En cuanto al lugar de la mano de obra femenina en los procesos de innovación tecnológica en Brasil, Hélène Hirata (1998), constata que en los años 90, las nuevas tecnologías (digitales-informáticas, concepción de programas y fabricación asistida por computadores, controles programables), todavía poco extendidas en este país, parecen mantenerse todavía como bastiones masculinos.

De esta forma, en las actividades más modernas así como en aquellas menos avanzadas desde el punto de vista tecnológico, hombres y mujeres no se ocupan de las mismas especialidades ni tienen el mismo status. La segregación profesional, según el sexo, está lejos de ser un fenómeno exclusivamente latinoamericano, y ha sido definido por R. Anker (1997:343) como uno de los rasgos más tenaces del empleo en el mundo, en la medida que es común a todas las latitudes, a todos los estadios de desarrollo, a todos los regímenes políticos y a los contextos religiosos, sociales y culturales más diversos.

Varias aproximaciones teóricas intentan explicar las causas de esta segregación y las razones de su persistencia. En el marco de este artículo, queremos relevar especialmente una de las conclusiones de la investigación comparada, dirigida por el autor citado [39], que muestra que la segregación profesional por sexo está estrechamente ligada a las condiciones socioculturales e históricas, y muy poco a las condiciones socioeconómicas y a la situación del empleo [40], el nivel y la especialización educativa. Son los estereotipos y prejuicios acerca de las aptitudes, preferencias y vocaciones respectivas de hombres y mujeres que determinan la compartimentación de las profesiones, la concentración de las mujeres en ciertos sectores y que, además, alimentan la discriminación en su contra [41].

Las imágenes acerca del género [42], socialmente extendidas y reproducidas en las relaciones del trabajo, son un componente importante de las políticas de recursos humanos de las empresas y de las políticas del sector público. Ellas definen a menudo la percepción de las capacidades femeninas y masculinas, y pueden llevar a prácticas discriminatorias en el nivel de las contrataciones, de las remuneraciones y de las políticas de formación del personal.

Los resultados de una investigación, realizada en Argentina, Brasil, Colombia, Chile y México, en diversos establecimientos del sector metal-mecánico y alimentario, en proceso de modernización y preocupados por el mejoramiento de su competitividad y productividad, confirmaron que la formación ofrecida por dichos establecimientos a las mujeres, comparada con la ofertada al conjunto del personal, era en general inferior (Abramo, 1995).

Se ha observado, igualmente, la falta de reconocimiento a ciertas competencias, adquiridas en la socialización y el trabajo doméstico [43], y que son consideradas naturalmente femeninas. Debido a que las mujeres tienen la capacidad de efectuar diversas operaciones a la vez, y que poseen, en general, habilidad, rapidez y minuciosidad, se las contrata para trabajos parcializados y repetitivos, permitiendo al trabajo industrial servirse de este saber-hacer (savoir-faire), pero sin reconocerlo (Guilbert, 1966).

A menudo, las mujeres trabajadoras son asociadas al ausentismo laboral, la falta de puntualidad y la rotación externa. Sin embargo, estudios realizados en diversos contextos demuestran que estos problemas, lejos de ser típicamente femeninos, es decir, estar relacionados con la interferencia de la vida doméstica en el trabajo, afectan al conjunto de los trabajadores. Incluso, y contrariamente a una idea generalizada, los costos monetarios para el empleador, relativos a la contratación de mujeres, son reducidos, representando menos del 2% de la remuneración bruta mensual de las mujeres. Tal es la conclusión de un estudio realizado por el BIT en Argentina, Brasil, Chile, Mexico y Uruguay [44].

Como lo afirma Comas dArgemir (1995):

Las creencias y estereotipos acerca del carácter humano y sus diferencias, se incorporan a la lógica del trabajo como uno de sus elementos constitutivos. No se trata de factores agregados, sino que se encuentran en el corazón mismo del sistema, contribuyendo a reproducirlo como un sistema jerarquizado [45].
NOTAS:
  1. ® Un análisis más fino del empleo femenino en este sector permite distinguir dos polos: los servicios financieros, mejor pagados y que demandan niveles de instrucción más elevados, y los servicios domésticos, desprotegidos y mal pagados.

  2. ® A fines de los años 80, cerca de 5.000 mujeres del Caribe trabajaban en procesamiento de datos. Según este informe, en el sector informático, las mujeres son más numerosas en el procesamiento de la información en línea para la exportación que en el teletrabajo.

  3. ® Anker, R (1998).

  4. ® A partir de una investigación efectuada en 41 países de todas las regiones del mundo (contemplando todos los estadios de desarrollo y todas las condiciones en materia de empleo) y que consideró, en promedio, 150 categorías profesionales.

  5. ® El estudio citado identifica trece cualidades (positivas y negativas) comúnmente atribuidas a la naturaleza de las mujeres, y que influye en la segregación profesional: preocupación por el prójimo, talento y experiencia doméstica, habilidad manual, honestidad, atractivo físico, poco gusto por dar órdenes, falta de fuerza física, falta de aptitudes en matemáticas y en ciencias, escasa disposición a viajar, rechazo al peligro y al uso de la fuerza, aceptación de la autoridad, disposición a aceptar remuneraciones reducidas (menor necesidad de ingresos) y, el interés por el trabajo a domicilio. La influencia de los estereotipos masculinos y femeninos en la segregación profesional han sido evidenciados en una serie de encuestas en el marco de la investigación realizada.

  6. ® Compartimos la perspectiva de Abramo (1995) que define las imágenes del género como las configuraciones de las identidades masculinas y femeninas producidas social y culturalmente, que determinan en gran parte las oportunidades y la forma de inserción de hombres y mujeres en el mundo del trabajo.

  7. ® Hirata y Humphrey (1986) han constatado diferentes formas de descalificación de la fuerza de trabajo femenina en la industria electrónica brasilera. Las mujeres son siempre contratadas en un nivel ocupacional muy bajo.

  8. ® Los costos son bajos en razón de la débil incidencia anual de embarazos (y por consecuencia de licencias de maternidad y otras prestaciones asociadas) entre las trabajadoras asalariadas. Las prestaciones médicas y monetarias asociadas a la maternidad no son financiadas directamente por el empleador que toma la decisión de contratar a una mujer, sino que por el fondo público o los sistemas de seguridad social (Abramo y Todaro, 2002).

  9. ® Citado por Arango, 1999. P. 27.


  La disparidad de salarios.
Aunque se observa durante los años 90, una ligera disminución de la diferencia entre los salarios femeninos y masculinos [46], en todos los segmentos del mercado laboral las mujeres reciben menos ingresos que los hombres. En 1998, en promedio, las mujeres ganan en promedio 64,3% de los ingresos masculinos. Esta diferencia es más amplia entre las mujeres calificadas.

Las diferencias salariales mencionadas están relacionadas con los procesos de segmentación vertical y horizontal mencionados anteriormente [47]. La magnitud de esta diferencia depende, también, de si las remuneraciones son consideradas por hora o por mes. En términos generales, la diferencia es más significativa (en todas las categorías) si se miden los ingresos por mes en vez de hacerlo por hora. La razón de esta disparidad es que, según los datos de fines de la década pasada, las jornadas de trabajo promedio de las mujeres (39,9 horas por semana) son más reducidas que las de los hombres (OIT, 2000).

La reducción de las diferencias de salario entre hombres y mujeres (41% entre 1990-1993, 34% entre 1998-2000) está relacionada con el estancamiento de los ingresos del conjunto de los trabajadores. Así, por ejemplo, los salarios medios industriales no sólo son bajos y crecen poco -recién en el 2000 superaron el índice de 1980- sino que sino que disminuyeron entre 1998 y 2000 (OIT, 2001).

No obstante, las diferencias de género son ostensiblemente superadas por las diferencias económicas, medidas en el ingreso de los hogares. Las tasas de cesantía de los más pobres (quintil 1) superan de 10 a 30 puntos a aquellas de los más ricos (quintil 5 [48]) (Gálvez, 2000: 20).

Si el aumento del nivel educativo genera mejores remuneraciones, tanto entre los hombres como entre las mujeres, la diferencia de ingresos entre las mujeres tiende a acrecentarse, en lugar de reducirse, frente al aumento de la escolaridad [49]. A fines de los años 90, en el tramo más bajo de educación, las mujeres que tenían hasta cinco años de estudio, percibían el 82% de los ingresos de los hombres por hora, sin embargo, en el tramo superior, las mujeres, habiendo realizado trece años o más de estudios, percibían únicamente el 74% de los ingresos masculinos. Un estudio reciente realizado en seis países [50] muestra que en el año 2000, las diferencias de salarios hombre-mujer alcanzaron hasta un 30% en el segmento más calificado en el empleo, 20% en los menos calificados y eran iguales o inferiores al 10% entre los empleados de oficinas (donde las mujeres son mayoritarias) y de transporte. Estos hechos irrefutables muestran que la idea generalizada de que las mujeres ganan menos porque son menos instruidas, es falsa. Además, la diferencia salarial hombre-mujer se acrecienta de manera significativa con el aumento de la edad de los ocupados.

Veamos la evolución registrada en la diferencia de remuneración por grupos de ocupación. A fines de los años 90, las asalariadas del sector privado -comprendidas las trabajadoras domésticas- recibían el 76% del salario horario masculino. Un elemento de diferenciación es el tamaño de la empresa: la diferencia es menor en las empresas de menos de cinco trabajadores, donde las mujeres perciben el 97% del salario horario masculino, porcentaje que, en las empresas más grandes, alcanza el 88%. En lo que concierne a los salarios del sector público, la diferencia salarial es mínima; a fines de los años 90, las mujeres recibían, en promedio, el 97% del salario horario masculino [51]. Considerando el conjunto de salarios públicos y privados, la relación es de 82% para el total y de 96% si se excluye el servicio doméstico.

Al nivel de los sectores económicos, la mayor diferencia de remuneraciones entre los dos sexos se encontraba, a fines de los años 90, en el sector industrial, donde era de 24%. En la actividad comercial, las diferencias varían según se trate de asalariados (19 puntos en porcentaje) o de personas trabajando por cuenta propia (24 puntos). En igual fecha, las menores diferencias de ingresos medios por hora se observaron en las actividades financieras, con 2%. Por el contrario, en el sector servicios, que ocupa un número importante de mujeres, la diferencia alcanzaba los 24 puntos (OIT, 2000).

Las mujeres necesitan, en promedio, cuatro años más de escolaridad para obtener los mismos ingresos que los hombres, y dos años de más para tener la misma oportunidad en el acceso a un empleo formal (OIT, 1999).

Lo que se busca determinar en los estudios acerca de la disparidad de remuneraciones entre hombres y mujeres es en qué medida dicha disparidad se explica por factores de productividad o por otros referidos al mundo del trabajo y a la discriminación. Como lo muestra la investigación realizada por Anker, citada anteriormente, estas disparidades tienen múltiples causas: la segmentación horizontal y vertical que viven las mujeres en el mundo del trabajo tiene, sin duda, un peso apreciable; del mismo modo, tienen incidencia las diferencias generales de remuneraciones existentes entre países, es decir, las diferencias de salarios son menores en los países donde existen regulaciones estatales fuertes (salarios mínimos, acuerdos colectivos) y por el contrario, son mayores donde éstas instancias de regulación apenas subsisten quedando libradas al nivel de las empresas.
NOTAS:
  1. ® Durante los años 90, la brecha de remuneraciones por hora trabajada de las mujeres en relación a los hombres, en los sectores no agrícolas, se redujo de 32% a 22% (según datos de la OIT que incluye a quince países latinoamericanos). Si se consideran las remuneraciones por mes y no por hora, la disminución de la diferencia es menor, de 41% a 34%.

  2. ® En las actividades asalariadas formales, la diferencia mensual es de 18%, mientras que en el conjunto de las actividades formales 25% y en las informales 45% (OIT, 2001).

  3. ® Informaciones para 1997.

  4. ® BIT, op, cit. P. 22-23.

  5. ® Argentina, Brasil, Ecuador, México, Perú y Venezuela. Estudio realizado por el BIT (2001).

  6. ® Existen, sin embargo, algunas excepciones: Nicaragua (donde la relación es de 0,64%), Brasil y Ecuador (0,80%).


  Desempleo.
El crecimiento del empleo femenino durante la década de los 90 (4,1%), -superior al de los hombres (2,6%)-, no ha sido suficiente para absorber la oferta creciente de trabajo, toda vez que la cesantía casi se duplicó durante la citada década. También, la diferencia del desempleo entre hombres y mujeres se profundizó. En 1990 la tasa de cesantía femenina era 20% superior a la de los hombres y, en 1998, esta diferencia se elevaba al 47%. El aumento del desempleo ha sido muy significativo en ciertos países, como Brasil, donde casi se ha triplicado, y en Argentina donde se duplicó.

Esta primera aproximación nos ha permitido constatar, entonces, que la incorporación creciente de las mujeres al mundo del trabajo no ha significado un descenso significativo de las desigualdades. Incluso, y aun cundo se atienda a ciertas mejorías de los últimos años, diferentes formas de desigualdad continúan reproduciéndose y, a veces, reforzándose: diferencias de salarios, de carreras ligadas a las distintas formas de segregación horizontal y vertical, presencia creciente de mujeres en actividades de baja productividad, con bajísimos salarios y situación laboral más precaria y, tasas de desempleo más elevadas.


  Trabajo a domicilio, zonas francas y "maquila internacional".
Los lazos entre la liberalización del comercio, la reestructuración industrial y el empleo femenino son complejos. La liberalización del comercio y la desregulación implican un alza de la competencia global, proceso que lleva a reestructuraciones que conllevan, a su vez, importantes pérdidas de empleo.

En el caso de América Latina, el proceso acelerado de reducción de las tarifas aduaneras en los últimos veinte años, ha ocasionado el debilitamiento de ciertas industrias nacionales, como la textil, la de vestuario y del calzado [52], actividades en las cuales la presencia femenina es importante. No obstante, y al mismo tiempo, la feminización de la fuerza de trabajo ha estado muy marcada por ciertas actividades ligadas a nuevas formas de producción internacional, particularmente de producción en las zonas francas y por diversas formas de articulación productiva en cadenas internacionales. En dichos procesos aparecen imbricadas la formalidad y la informalidad; en tanto que formas arcaicas, como el trabajo a domicilio, encuentran todo su dinamismo. La búsqueda de una mayor flexibilidad implica recurrir a la menos costosa mano de obra femenina, generalmente a través de contratos precarios.
NOTAS:
  1. ® Por ejemplo, en México, las importaciones de zapatos pasaron de 5,5 a 42 millones de pares, provocando una baja continua de la producción interna. Con esta situación, el número de empleos en el calzado bajó de 122.600 en 1989 a cerca de 113.000 en 1994 (BIT, 1996).


  Trabajo a domicilio.
El trabajo a domicilio, lejos de haber sido marginado por la globalización, ha conocido un nuevo apogeo debido a la generalización de prácticas de subempleo industrial. Los trabajadores a domicilio ofrecen un medio privilegiado para adaptar la producción a las fluctuaciones del mercado; no constituyen una carga permanente para las empresas y no requieren ninguna inversión de capital.

En América Latina, el crecimiento del trabajo a domicilio está asociado a la apertura de los mercados nacionales, a la competencia internacional y a la reestructuración de las empresas luego de esta apertura, como es el caso de la industria del calzado, la textil y la del vestuario. Como lo muestra un informe reciente del BIT (2000), en México la industria del vestuario utiliza complejos esquemas de subempleo, en el cual los sistemas modernos e informales están estrechamente ligados [53]. El trabajo a domicilio se concentra en los barrios populares de México, así como en las zonas rurales más desfavorecidas del oeste del país, produciéndose una disminución del número de empresas legalmente registradas, mientras que el sector informal, que utiliza el trabajo a domicilio, aumenta. Los productos fabricados bajo este sistema son destinados al mercado local, pero también a la exportación, principalmente hacia Estados Unidos.

En Brasil, el trabajo a domicilio en el rubro del calzado está muy extendido, con pequeñas empresas familiares, subempleadas de grandes empresas, que utilizan este sistema como recurso productivo. En Panamá, luego de la apertura comercial, el proceso de reestructuración de la industria del vestuario provocó despidos colectivos, dándose el fenómeno de que, posteriormente, las empresas que han subsistido, han subempleado a mujeres despedidas para el montaje de vestuario.

Los sistemas de remuneración por unidad (por pieza), que predominan en el trabajo a domicilio, no garantizan necesariamente remuneraciones justas o adecuadas, a pesar del número de horas consagradas a estas tareas. Los plazos impuestos suelen generar periodos punta, que imponen horarios excesivamente extensos, obligando a los trabajadores a recurrir a todos los miembros de la familia, incluyendo a los niños. Además, las condiciones de higiene y de seguridad no son objeto de ningún cuidado ni control. Este tipo de empleo es excesivamente frágil, ya que las más de las veces no reposa sobre ninguna base contractual y depende de la buena voluntad del empleador o del intermediario, implicando que el trabajador no disponga de ninguna protección social, salvo raras excepciones.

El trabajo a domicilio no está presente sólo en los sectores tradicionales, como el de los textiles, vestuario y calzado, sino que también en actividades dinámicas orientadas hacia la exportación, como son la manipulación de alimentos, la pesca y la electrónica, además de otras actividades de servicios, como la venta de productos, bienes o servicios, ingreso de datos, dactilografía, encuestas telefónicas, etc. En las actividades de servicios con un nivel tecnológico superior, y que demandan niveles elevados de calificación, se ha observado el caso de trabajadores a domicilio que mantienen con el empleador un contrato de trabajo regular, que les garantiza los mismos beneficios y prestaciones sociales que los trabajadores industriales (Tomei, 1999).

Un análisis más detallado de los datos, nos permitirá conocer la proporción de mujeres que componen esta nueva categoría de trabajadoras a domicilio.
NOTAS:
  1. ® Según anota Juan Carlos Bossio, en el caso Centro-americano, el trabajo a domicilio en la maquila del vestuario, es poco utilizado.


  Zonas francas y "maquila internacional".
El aumento del número de zonas francas [54] de exportación (ZFE), al interior de las cuales las empresas se benefician de ventajas fiscales, créditos, concesiones tarifarias, constituye una manifestación más que visible del tipo de desarrollo industrial exportador, privilegiado por los gobiernos latinoamericanos.

Conocidas en América Latina como maquiladoras [55], estas industrias de exportación constituyen uno de los eslabones del proceso de globalización. La transferencia de un país a otro de ciertas industrias que utilizan gran cantidad de mano de obra, y de algunas partes del proceso productivo, constituye una de las estrategias desarrolladas por las empresas transnacionales, cuyo objetivo es aprovechar los menores costos de empleo [56] logrando un impacto importante en los costos totales de producción [57]. Así por ejemplo, en América Central, el costo de mano de obra representa el 54% de los costos totales de la maquila típica de esta región (textiles y vestuario), costos que son inferiores en 3,5 veces a aquellos de Estados Unidos (Klein y Tokman, 2000).

Las industrias de maquila representan más de un millón de empleos en México, y en América Central tres obreros de diez trabajan en ellas [58]. El porcentaje de mujeres es bastante elevado, variando las proporciones entre 56,7% en República Dominicana y 95% en Panamá; sus edades oscilan entre 16 y 30 años, alrededor del 40% son madres jefas de familia, y su nivel de escolaridad es igual o superior a aquel de los hombres del mismo sector (Fernández Pacheco, 2000, 2001). La significativa presencia de mujeres en estas industrias se asocia a ciertas características, consideradas propiamente femeninas: docilidad, capacidad de adaptación, habilidad, minuciosidad, responsabilidad, escaso interés en la acción sindical.

En el debate acerca del impacto de la industria de maquila sobre el empleo femenino, se confrontan dos posiciones: aquella que pone el acento en las condiciones de trabajo desfavorables (empleo instable y mal remunerado, trabajos poco calificados, tareas monótonas y repetitivas, controles arbitrarios y sexistas, malas condiciones medioambientales, dificultades para la sindicalización) y, aquella que sostiene que el trabajo en este sector representa un mejoramiento sustancial si se toman en cuenta las condiciones de empleo accesibles a las mujeres en América Latina, proveyéndolas de recursos económicos y sicológicos para negociar con los hombres en el hogar.

Ciertamente, el empleo en las zonas francas es uno de los principales medios a través de los cuales las mujeres pueden acceder a un trabajo asalariado formal, permitiéndoles tener acceso a prestaciones sociales, o al menos a salarios mínimos legales, todo lo cual, generalmente, no existe en las actividades informales o en el trabajo a domicilio que ocupan a un porcentaje importante de mujeres latinoamericanas. No obstante, la calidad del empleo ofertado en las maquilas, o por lo menos en las actividades donde las mujeres son mayoritarias, como las textiles y de vestuario, deja mucho que desear. Las mujeres sufren una discriminación que las incorpora, sistemáticamente, a ciertas categorías de empleo de las cuales es casi imposible salir, tratándose a menudo de trabajos poco calificados, muy mal pagados y con escasas posibilidades de avance. A esto se suma que estas trabajadoras tienen escaso acceso a la formación y, por ende, a reales posibilidades de calificarse y progresar. Finalmente, el acoso sexual permanece en muchas usinas como un grave problema, aunque escondido.

La complejidad y la heterogeneidad de la maquila internacional [59] requieren investigaciones comparadas como lo sugiere Juan Carlos Bossio-, que tengan en cuenta las características de los mercados locales para ambos sexos, el tipo de sindicalización, el tipo de protección del Estado, los modelos familiares, todo lo cual permita evaluar correctamente el impacto de este tipo de actividad sobre el empleo femenino.
NOTAS:
  1. ® Según la CEPAL, hay doscientas zonas francas en América Latina y en El Caribe (CEPAL, 2002).

  2. ® Por maquila de exportación se entiende una actividad productiva realizada para terceros situados en el medio internacional (un empleador y la casa matriz de una filial de una empresa transnacional), y no para cuenta propia. El maquilador no tiene relación directa con el mercado internacional y la empresa que realiza la actividad puede encontrarse al interior o al exterior de un parque industrial de zona franca. (Bossio, 2002: 4).

  3. ® Las diferencias salariales entre obreros de la actividad privada norteamericana y obreros de la maquila mexicana son considerables. Los salarios horarios eran 11.5 veces superiores en 1994.

  4. ® Es el caso de las industrias del vestuario, de ciertos productos textiles, del calzado y de artículos electrónicos.

  5. ® En octubre de 2002 se puso en vigor la ley de asociación comercial entre Estados Unidos y la Bahía de El Caribe (Guatemala, Honduras, Belice, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá), a través de la cual se fijaron las cuotas, para la exportación hacia Estados Unidos, de objetos y textiles provenientes de estos países. Una extensión posible de este acuerdo permitiría muy rápidamente doblar el número de empleos que, para diciembre de 2000, era de 361.037 (Fernández-Pacheco, 2001).

  6. ® Grandes diferencias se observan si se tiene en cuenta, por ejemplo, la identificación del empleador. Así, es posible hacer la distinción entre los maquiladores oficiales (es decir, las empresas calificadas como tales para beneficiarse del régimen de ZFE) y los contratistas externos que producen en régimen de subempleo para los maquiladores oficiales. Si bien entre estos últimos hay toda una gama de situaciones, los salarios y condiciones de trabajo son, en general, mejores que aquellas vinculadas a los contratistas externos, en donde predominan las pequeñas empresas, el trabajo a domicilio, con presencia de niños, y el trabajo familiar no remunerado, y/o con salarios, condiciones de trabajo y de salubridad muy deficientes. En esta modalidad de subempleo, la proporción de trabajadoras es habitualmente muy elevada (Bossio, 2002).


  Liberalización del comercio, flexibilidad y feminización del empleo.
La relación entre exportación y feminización del empleo está muy presente en la fabricación de bienes terminados, que demandan poca calificación y métodos de producción muy intensivos. Ciertas evidencias sugieren que el desarrollo técnico, y la demanda de personal calificado, producen una des-feminización del trabajo, como sería el caso de una maquila de alta tecnología situada en Costa Rica [60], donde las mujeres son minoritarias, y en aquellas llamadas maquilas de segunda y tercera generación [61] situadas en el norte de México. Si bien los métodos tayloristas no han desaparecido completamente, en estas maquilas de México se observa la introducción de procesos de automatización flexibles, acompañados de cambios en la estructura jerárquica, funcional y en materia de comunicación. Dichos cambios implican diferentes formas de participación de los trabajadores y una modificación en la estructura profesional existente, al reducir, por ejemplo, el personal directamente comprometido en la producción y aumentar el número de técnicos. Luego de estas transformaciones, el porcentaje femenino ha disminuido considerablemente; hasta el comienzo de los años 80, en promedio, ocho obreros de diez eran mujeres; a mediados de los años 90, en las maquiladoras de piezas sueltas de automóviles, solo cinco obreros de diez eran mujeres. Si bien algunas mujeres han logrado ser jefas de líneas de montaje, controladoras o, incluso, ingenieras, la mayor parte están en el nivel más bajo de la estructura organizacional (Carrillo, 1998).

Cabe preguntarse ¿existe una correlación positiva entre la liberalización de los intercambios y la reducción del abismo salarial entre hombres y mujeres, observada en ciertas industrias de exportación, o se trata de una igualación por abajo?.

Nos parece que la reducción de la diferencia salarial entre hombres y mujeres, observada en las industrias de maquila, se trata más bien de un deterioro de los salarios masculinos, que muestran tendencia a alinearse con el modelo salarial femenino. La falta de reglamentación del trabajo, y el abandono creciente de las responsabilidades por parte de las empresas y del Estado relacionadas con la reproducción social de los trabajadores, tienden a convertir en norma, para la mayoría de los trabajadores, lo que constituían las condiciones propias del trabajo femenino: el pago de salarios individuales y no familiares.

Guy Standing (1998) nos ayuda a clarificar los diversos contenidos del término feminización que, según él, expresan tres tendencias características de los procesos de cambio al interior del mundo del trabajo:

Los tipos de empleos asociados a los de las mujeres (inestables, mal pagados, irregulares, etc.) se han extendido a los empleos asociados a los hombres; las mujeres entran y se quedan en el mundo del trabajo con fuerza, mientras que se produce una caída, relativa y absoluta, de la fuerza de trabajo masculina [62]; los hombres están obligados a asumir trabajos marginales, de lo contrario, deben abandonar el mercado del trabajo.

Después de diversos esfuerzos para integrar a las mujeres al mundo asalariado, en un pie de igualdad con los hombres -nos dice Standing-, se observa la situación contraria: una convergencia hacia el modelo femenino, caracterizado por la inseguridad y la precariedad. Sin embargo, reconocer que la flexibilidad conduce, tendencialmente, hacia el deterioro de la calidad del empleo, no puede hacernos olvidar que hoy día esta flexibilidad tiene diferentes significados para los hombres y para las mujeres. En efecto, lo que para los hombres puede implicar en muchos casos- una reprofesionalización del trabajo, con una integración de nuevas funciones, para las mujeres implica, en general, una precarización del empleo.
NOTAS:
  1. ® Es el caso de la fábrica INTEL, donde la producción está a cargo, exclusivamente, de personal técnico, y en la cual el personal femenino representa solamente el 15% (Bossio, op. cit.).

  2. ® Carrillo clasifica a la industria maquiladora mexicana en tres categorías: las maquilas de primera generación, basadas en la intensificación del trabajo manual y las formas del sistema taylorista; aquellas de segunda generación, basadas en la racionalización del trabajo, y; las de tercera generación, basadas en las competencias técnicas intensivas.

  3. ® A partir de un análisis de las tasas de participación masculina y femenina, en el periodo que va desde 1975 a 1994, Guy Standing constata que para el 51% de los países denominados en vías de desarrollo, y que disponen de esta información, la tasa de participación femenina aumenta, mientras que la masculina disminuye. Así, en no menos del 74% de estos mismos países, la tasa de participación femenina aumenta, mientras que en el 66% la tasa masculina decrece. En los países industrializados, la divergencia entre las tasas de participación masculina y femenina es todavía más grande ya que se observa una baja de la participación de los hombres en el 95% de los casos. El autor constata igualmente que en la mayoría de los países donde se produce una disminución de las tasas masculinas, el total de la fuerza de trabajo aumenta, lo que sugiere un cambio importante en la división del trabajo según el género.


  Familia y empleo.
 
  Hacia nuevas configuraciones familiares.
El tamaño medio de la familia se ha reducido entre los años 80 y 90 en todos los países de América Latina, lo que se ha manifestado en la disminución del número de hijos y la mayor distancia temporal entre ellos. La heterogeneidad de las situaciones nacionales demuestra que ellas se encuentran en diferentes etapas de la transición demográfica: Uruguay es el país que registró en 1999 el menor tamaño medio por hogar, con 3,2 personas, Guatemala y Honduras, por su parte, se situaron en el extremo opuesto, con un promedio de 4,8 personas y Nicaragua con un 4,9 personas por hogar. Del mismo modo, el tamaño de la familia varía ostensiblemente según los niveles de ingresos.

Si bien las familias nucleares mantienen su predominio, tanto en las zonas urbanas como rurales, se pueden observar nuevas configuraciones familiares: parejas sin hijos; el creciente número de familias recompuestas -en un contexto de aumento de los divorcios y de uniones consensuadas- y, el aumento de familias monoparentales, habitualmente con una mujer como jefa de familia. Estas últimas representan entre un cuarto y un tercio de los hogares, según los países; por ejemplo, Nicaragua [63] (35%), República Dominicana y Uruguay [64] (31%) registraban las tasas más elevadas de hogares con una mujer a la cabeza, con una alta incidencia de pobreza en estos hogares. En Costa Rica y República Dominicana, más de la mitad de los hogares indigentes tenían una mujer como jefa de familia [65] (CEPAL, 2001).
NOTAS:
  1. ® Cifras de 1998.

  2. ® Ambos para el año 1999.

  3. ® A pesar de la vulnerabilidad material, diversos estudios mencionan las ventajas sociales de los hogares dirigidos por mujeres: reducción del maltrato conyugal e infantil, mejoría de la distribución y mejor provecho de los ingresos y recursos, con una incidencia sobre el mejoramiento relativo de la calidad de vida de las familias.


  ¿Varios proveedores del sostenimiento familiar?.
Desde el punto de vista de los hogares, las consecuencias de la inestabilidad y de la vulnerabilidad de la economía latinoamericana, profundizan la necesidad de contar con más ingresos para mantener a una familia y estimulan una mayor participación de las mujeres adultas en la generación de ingresos monetarios. Muchas mujeres deben trabajar para que la familia pueda mantenerse, en razón de la baja de los salarios e ingresos reales y del aumento del costo de la vida debido a la disminución de los servicios sociales del Estado y de las subvenciones a los alimentos de base. Según estudios de la CEPAL (1995) en uno de cada cuatro hogares urbanos en que ambos miembros de la pareja trabajan, las mujeres aportan el 50% o más del ingreso total del grupo familiar.

Como los riesgos o incertidumbres relativas al trabajo aumentan debido a la mayor inestabilidad laboral, a la débil cobertura del riesgo de cesantía y al escaso acceso a beneficios como el seguro de salud y de pensión, se acentúa la necesidad de acrecentar el número de trabajadores activos por hogar.Así, durante los años 90, las mujeres que se encontraban en las etapas del ciclo reproductivo familiar, es decir, en momentos de tener a cargo hijos pequeños, fueron incorporadas al mundo del trabajo en alta proporción. Sin los ingresos femeninos, los índices de pobreza aumentarían del 10 al 20% en la mayoría de los países latinoamericanos (UNRISD, 2000).

En diez años los hogares encabezados por mujeres suben desde el 25% al 35%.


  Aumento de las migraciones internacionales femeninas.
En los años 90 se produjo una fuerte expansión de la migración internacional latinoamericana, la cual ha involucrado a quince millones de personas [66], según otras estimaciones estas cifra alcanzaría 24 millones. La búsqueda de mejores empleos y por lo tanto, de mejores ingresos, son las razones esenciales que empujan a las personas a emigrar [67].

Diferentes investigaciones demuestran que la migración es una estrategia económica de los hogares para hacer frente a los crecientes niveles de pobreza y de privación que vive hoy día América Latina, en el contexto de ajuste y de reestructuración productiva. Se calcula que en el año 2000, el monto global de las transferencias monetarias enviadas por los emigrantes a sus países de origen superó los diecisiete millones de dólares y que, en promedio, los latinoamericanos y caribeños envían a sus familias doscientos cincuenta dólares entre ocho y diez veces por año (BID, 2001).

Para algunos países, los montos de estos envíos tienen un impacto muy significativo desde el punto de vista macroeconómico, representando entre el 8% y el 14% del PIB [68]. Más del 80% de los envíos familiares recibidos en países como El Salvador, Guatemala y Nicaragua son utilizados para la alimentación (CEPAL, 2000b). Respecto a los costos personales y sociales de la emigración, la desintegración familiar y los niños que quedan a cargo de parientes o amigos, son los de mayor impacto. También es importante la pérdida de calificaciones, para el país, y para el emigrante, en particular cuando migra clandestinamente, o con visa turística o duración determinada y decide no regresar, a un país de una lengua que no conoce y tiene dificultades para convalidar sus diplomas y antecedentes laborales.

Un elemento que se debe considerar es la presencia creciente de mujeres en los flujos migratorios que se dirigen tanto a los países latinoamericanos como a Estados Unidos [69] y a Europa. Diversos análisis destacan el número importante de mujeres migrantes en actividades de servicio personal, particularmente para el servicio doméstico, donde los salarios son bajos y las condiciones de trabajo bastante difíciles. Asimismo, la situación de ilegalidad de una parte de estas mujeres las convierte en altamente vulnerables a los abusos [70].

La partida de las mujeres al extranjero no implica, necesariamente, que el marido asuma, en su ausencia, el cuidado de los niños y las tareas domésticas. En una interesante investigación realizada por Carmen Gregorio (1998) [71] , se demuestra que el trabajo reproductivo de las mujeres dominicanas que han emigrado (a Madrid como empleadas domésticas), es asumido por las mujeres que se han quedado en la comunidad de origen (madre, hija, hermana, vecina), que ven aumentar su carga de trabajo, mientras que los hombres mantienen sus privilegios. En el país que acoge, en este caso España/comunidad de Madrid, el resultado es el mismo en lo que concierne a la responsabilidad masculina frente a las tareas domésticas. Contar con un contingente de trabajadoras migrantes, baratas, que pueden hacer el trabajo doméstico, facilita la incorporación de las mujeres al mundo laboral y permite a los hombres proseguir su rechazo a este tipo de trabajo [72].
NOTAS:
  1. ® La mayoría de los emigrantes se dirigen hacia Estados Unidos, pero hay otros lugares también, como Europa, Argentina, Brasil, Chile y México. Se estima en alrededor de 200.000 los emigrantes indocumentados de Bolivia, de Paraguay y del Perú viviendo y trabajando en Argentina (Stalker, 2000). El deterioro de la situación económica en Argentina y Venezuela (país que recibió en los años 80 un fuerte contingente de inmigrantes), está provocando el retorno a los países de origen o el cambio de país de emigración.

  2. ® De acuerdo a los resultados de una encuesta realizada en 1996 a 496 mexicanos indocumentados en Estados Unidos, se pudo constatar que ganaban en promedio, 31 dólares por semana en su último empleo antes de emigrar, mientras que en Estados Unidos recibían 278 dólares por semana, es decir, nueve veces más (Stalker, op. cit.). No obstante, se debe señalar que la situación de conflictos armados y de violencia política ha sido igualmente una de las causas de emigración en América latina. En 1980, por ejemplo, 261.519 mujeres colombianas vivían en Venezuela (CEPAL, 1990).

  3. ® Es el caso de El Salvador, Nicaragua, República Dominicana, Ecuador y Jamaica.

  4. ® En 1980 casi dos millones (1.951.742) de mujeres latinoamericanas habitaban en Estados Unidos, siendo en su mayoría mexicanas, cubanas y dominicanas.

  5. ® En las principales ciudades, como Madrid y Barcelona, se encuentran muchas trabajadoras domésticas de América latina, particularmente del Perú. La mayoría (60%) es considerada como ilegal y casi la mitad (49%) no está inscrita en la seguridad social, (Social Alert, 2000: 34).

  6. ® La investigación se refiere a la migración de las mujeres de la región suroeste de República Dominicana hacia la comunidad de Madrid. La autora propone, para analizar las migraciones internacionales según una perspectiva de género, dos unidades de análisis principales: el grupo doméstico (grupo de personas que asegura su mantención y su reproducción generando y disponiendo de un ingreso colectivo) y, la red migratoria (conjunto de relaciones sociales que organizan y dirigen la circulación del trabajo, el capital, los bienes, los servicios, la información y las ideologías entre las comunidades que envían migrantes y aquellas que los reciben). El estudio realizado por Gregorio le permite concluir que los grupos domésticos no son neutros con relación al género ni a los procesos económicos y políticos que han afectado a las poblaciones estudiadas.

  7. ® El aumento del empleo femenino en la comunidad de Madrid entre 1985 y 1994, se debe, fundamentalmente, a la incorporación de las mujeres de sectores medios, con un nivel de instrucción elevado, las que, según la autora citada, solicitan los servicios de trabajadores domésticos.


  Familia: entre la continuidad y el cambio.
Atendiendo a razones de orden histórico-cultural, compartidas por los países latinoamericanos, ha predominado hasta ahora un modelo de división sexual del trabajo que atribuye a la mujer la responsabilidad del trabajo doméstico y, al hombre, la actividad considerada propiamente económica.

Cabe preguntarse si la incorporación masiva de las mujeres al mercado del trabajo, asi como el aumento de la proporción de hogares con una mujer como jefe de familia ha modificado esta situación. Del mismo modo, otras interrogantes se abren con relación a las identidades masculinas y su capacidad de enfrentar el desempleo y el hecho de que las mujeres contribuyan cada vez más al sostenimiento familiar, siendo necesario también visualizar la forma en que se manifiestan las tensiones planteadas a las familias en contextos de crisis del empleo, como la vivida por América Latina.

La capacidad de negociación de la mujer en el seno de la familia es, evidentemente, mayor cuando ella dispone de un ingreso. Sin embargo, se sabe que la distribución del trabajo según el género, se mantiene considerablemente inalterada. Si como lo indican los datos-, la presencia femenina es mayor en el caso de las mujeres casadas con hijos, resulta indudable que la consecuencia es una sobrecarga de trabajo para ellas ya que las tareas domésticas no han sido redistribuidas. En muchos casos, la consecuencia ha sido la incorporación de las niñas de mayor edad a los trabajos de la casa y a la educación de sus hermanos y hermanas menores. Incluso, esto ha dado lugar a un cuestionamiento de los roles tradicionales de la mujer, lo que no ha sucedido con los roles masculinos.

Creo que cuando los menores incorporados no estudian su actividad es una forma de trabajo infantil. Me he referido ya a este hecho.

Los nuevos roles femeninos provocarían, según ciertos analistas, una crisis de la identidad masculina, asociada también a la incapacidad de los hombres de sostener su rol de proveedores económicos, lo que tendría incidencia en un aumento considerable de la violencia intrafamiliar.

Refiriendose al contexto colombiano, el rol proveedor del hombre y su carácter de eje constructor de la identidad, nos dice Luz Arango (2001 : 22) están en relación tanto con las diferencias culturales regionales como con las posiciones de clase (2001:22). Veamos con mayor detalle este argumento, a partir de la experiencia analizada por Arango. En primer lugar, históricamente el trabajo extra-doméstico ha sido parte de la vida de los sectores medios y altos, lo que si bien les ha permitido una mayor autoestima, acceso a relaciones sociales y reconocimiento, no ha dejado de representar condiciones de explotación bastante duras. En segundo lugar, los hombres de clases populares no sólo han aceptado, en general, la contribución de sus mujeres en la generación de ingresos para el sostén del hogar, sino que pueden llegar a obtener una ventaja de esta contribución. En tercer lugar, la cesantía afecta principalmente la pérdida de su propia autonomía económica, sus relaciones sociales, y el reconocimiento público de que no son más los principales proveedores de los ingresos de sus familias.

Indudablemente, los significativos cambios sociales, económicos y culturales vividos por América Latina tienen una incidencia sobre las relaciones internas de las familias, las mentalidades y las prácticas sociales, procesos que no están exentos de tensiones y conflictos. Tal como lo presenta el estudio citado de la CEPAL, lo nuevo, como la autonomía, la reducción de la maternidad y la independencia económica femenina, coexiste con lo antiguo, como la dependencia subjetiva y la mantención de la división del trabajo doméstico según el género. La participación femenina, en el ámbito público, engendra nuevas percepciones acerca de sus roles y permite, a las mujeres, una mayor autonomía con relación a sus familias. Este cambio cultural se expresa en el aplazamiento de la primera unión o del nacimiento del primer hijo, en la fecundidad más baja, en los conflictos que surgen en las parejas de doble carrera y en la necesidad de equilibrar el trabajo doméstico con el remunerado. Una definición diferente de los roles conyugales comienza a dibujarse, donde el principio de igualdad se manifiesta lentamente ligado al aporte económico de las mujeres y niños al hogar. Se observan igualmente, aunque emergentes, procesos de individualización de derechos.

No obstante, el panorama mantiene un carácter sombrío [73] . La violencia, y peor aun, los problemas estructurales de pobreza, de cesantía y el difícil acceso a los servicios básicos de salud y educación, se expresan en lo que se ha caracterizado como la desintegración familiar, manifestada en diversas situaciones: hogares monoparentales en situación de extrema pobreza, ausencia de padres, niños viviendo en las calles, aumento del consumo de drogas, alcoholismo, aumento de la violencia intrafamiliar, etc.
NOTAS:
  1. ® Interrogados a propósito de los principales problemas que afronta la familia en América Latina, dieciocho gobiernos de la región señalaron lo siguiente: en primer lugar, la violencia intra-familiar es considerada por la casi totalidad de los países como lo más grave (excepto Chile y Cuba); en segundo lugar, doce países mencionaron la cesantía (asociada a la pobreza, la crisis económica y al deterioro de las condiciones materiales en la vida de las familias, junto a la ausencia de los servicios de salud y educación). Seis países (Bolivia, Colombia, Cuba, El Salvador, México y Panamá), anotaron la desintegración familiar como un problema a resolver. CEPAL, op. cit.


  A modo de conclusión.
El análisis del empleo nos enfrenta tanto al estudio del tipo de sociedad (y de actores) como al del tipo de democracia (derechos) que se está estableciendo en América Latina. Los procesos de ajuste, de privatización y de reestructuración productiva, preconizados como elementos claves para una inserción exitosa de la región en un mundo cada vez más globalizado, no han producido las tasas de crecimiento esperadas, y el empleo es cada vez más vulnerable y precario. Por lo tanto, el deterioro de la calidad de vida de la mayoría de los latinoamericanos pone en cuestión el modelo de desarrollo en curso, así como las posibilidades de gobernabilidad democrática en el continente. Las interrogantes formuladas por Laïs Abramo (1999) adquieren todo su vigor: ¿qué nivel de pobreza y de exclusión puede soportar una democracia? ¿qué legitimidad tienen aquellas que no están en condiciones de asegurar el ejercicio efectivo del derecho al trabajo ni a los derechos universales mínimos de protección a sus ciudadanos?.

El análisis del empleo femenino ha contribuido a clarificar algunas articulaciones entre el trabajo productivo y el reproductivo, entre formalidad e informalidad, y a explicitar los aspectos simbólicos y culturales que intervienen en la segmentación del mercado del trabajo que viven las mujeres.

Como lo anota Scott (1988), el trabajo de la mujer se constituyó en tanto que problema en el siglo XIX, cuando la economía política convirtió al trabajo doméstico en una actividad natural, propia del sexo femenino, y según disposición de la naturaleza, excluyéndola de la economía y de las estadísticas nacionales.

El crecimiento de las tasas de actividad de las mujeres ha reforzado la importancia de la repartición del trabajo remunerado y no remunerado en el seno de la familia. Un elemento clave en el análisis de las desigualdades hombre-mujer en el mundo del trabajo es la articulación entre las esferas de la producción y de la reproducción. La división sexual del trabajo se apoya en una aprehensión profunda del concepto de trabajo que engloba lo profesional y lo doméstico o, más exactamente, esto demuestra la imbricación de las dos esferas: si los hombres y las mujeres no están en situación de igualdad profesional, es también porque existe una división desigual en la familia.

El análisis del empleo femenino en América Latina confirma que los mercados del trabajo deben ser abordados como instituciones de género, que operan en la intersección de la economía productiva y reproductiva. Estos mercados no son neutros, ellos están estructurados por prácticas, normas, percepciones y redes que actúan como barreras de género (Elson, 1999). El paso de categorías neutras a categorías sexuadas en el análisis del mundo del trabajo latinoamericano, que se ha producido en el curso de los años ochenta, ha permitido tener en cuenta la heterogeneidad de situaciones, -limitadas inicialmente al análisis del empleo asalariado industrial masculino-, contribuyendo a una extensión del concepto de trabajo al trabajo doméstico, al trabajo no remunerado, al trabajo informal.

Por lo mismo, se puede constatar que la globalización ha implicado una heterogeneización creciente de formas de trabajo, con la existencia de sistemas considerados arcaicos y donde la presencia de mujeres es mayoritaria (trabajo a domicilio, subempleo, trabajo sin contrato, etc). Esta heterogeneidad, vista del lado de los sujetos sociales, implica la articulación de una pluralidad de lógicas, donde se combinan el trabajo asalariado, el trabajo por cuenta propia, el salario disfrazado, combinando igualmente estrategias individuales o colectivas, familiares y comunitarias.

El estudio de este conjunto de problemáticas amerita ser continuado. A título de ejemplo, citamos algunos temas que nos parecen especialmente interesantes: las transformaciones de la división sexual del trabajo doméstico y familiar en situaciones de movilidad geográfica, incrementada con el mercado del trabajo (por ejemplo, el caso de trabajadores/trabajadoras migrantes que tienen varias residencias); la problemática de los cambios tecnológicos en las actividades de punta y el tema de la masculinización/feminización de los empleos, oficios y puestos de trabajo; la presencia femenina en múltiples cadenas de subempleo; las antiguas y nuevas divisiones presentes en el mercado del trabajo, entre hombres y mujeres, entre mujeres, entre personas de mayor edad, de etnias y de nacionalidades diferentes. En síntesis, cómo identificar y visibilizar esta gran complejidad y diversidad de situaciones. Dos temas clásicos requieren ser profundizados : el rol de las políticas públicas en la eliminación de las múltiples segregaciones que sufren las mujeres en el mercado de trabajo, y la indispensable adaptación del sindicalismo latino-americano a las exigencias de la perspectiva de género.


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  5.2. Las maquilas: ¿solución o problema?.
Las maquilas aparecieron en América Latina, impulsadas por Estados Unidos, entre las décadas de 1960 y 1970. En 1990 tomaron gran impulso con la liberalización del comercio internacional y la mundialización de la economía (globalización). Las principales compañías transnacionales del mundo compiten para situar fábricas y ensambladoras en países con bajos costos de mano de obra, obteniendo mayores facilidades y exoneraciones tributarias de sus gobiernos, y mejorando en competitividad.

A partir de 1990, las compañías transnacionales más grandes y poderosas del mundo iniciaron una carrera por situar sus fábricas en países con bajos costos de producción. Con el abaratamiento de la mano de obra, la materia prima y los impuestos, se aseguran una mejor competitividad.

El término maquila es sacado del árabe y significa: porción de grano, harina o aceite que corresponde al molinero por la molienda. En América Latina, en cambio, maquila se le llama a las actividades económicas nacionales o extranjeras que ejecutan una parte muy precisa en el proceso de producción.

Las maquiladoras inician, terminan o contribuyen de alguna forma en la elaboración de cierto producto destinado a la exportación. Ubicadas en zonas francas, o zonas procesadoras de exportación, obtienen numerosas ventajas como la exoneración de impuestos y las facilidades que les ofrece el país en que instalan.

Estados Unidos impulsó las maquilas en Latinoamérica entre 1960 y 1970, sin embargo, tomaron gran impulso con la liberalización del comercio internacional y la mundialización de la economía (globalización), a partir de 1990.

Debido a la afanosa competencia de la que son parte, las compañías buscan rebajar al máximo los costos de producción. El traslado de algunas de sus actividades productivas, especialmente las que demandan mayor uso de mano de obra, a los países periféricos (subdesarrollados), asegura ciertos beneficios y el abaratamiento de los costos de producción.

El traslado de las fábricas implica el cierra de las mismas en su lugar de origen, dejando sin empleo a miles de personas y provocando conflictos sociales. En Estados Unidos, durante la década de 1990, se perdieron más de 900 mil puestos de trabajo en la industria textil y 200 mil en la industria electrónica.

Las maquilas aprovechan las enormes diferencias salariales entre los países del centro y los periféricos. Mientras en 1998 los obreros mejores remunerados de América Latina ganaban 1,51 dólares por hora, un obrero que realizaba la misma tarea en Estados Unidos, ganaba 17,2 dólares (11 veces más), esta diferencia era aún mayor con las remuneraciones de Alemania y Japón.

Es igual de grande la brecha existente entre los salarios de los trabajadores de las maquilas con los precios finales de los productos que realizan, así como la diferencia entre los ingresos de los directivos de las compañías y los obreros de las mismas.

Según Raúl Fernández, de Rebelión, la implantación de las maquilas no promueve el desarrollo de la economía nacional, tampoco la regional, ni de las ciudades receptoras de las mismas. "Este resultado no debe sorprender, puesto que las maquilas se basan en el atraso y la mano de obra barata de los países pobres y las regiones más deprimidas económicamente del mundo", señaló Fernández.

Los países receptores de maquilas deben contar con una infraestructura adecuada, servicios de agua y energía eléctrica, puertos, telecomunicaciones, sistemas viales y una legislación laboral flexible. También son necesarias facilidades económicas que, muchas veces, ni siquiera los inversionistas nacionales poseen, al tiempo que el Estado debe hacer gigantescas inversiones para poder "cumplir" con los capitales transnacionales.

Las maquilas en Latinoamérica.

En 1970, en México, las maquilas tenían aproximadamente 20 mil empleados. A principios de la década de 1980 el número de maquilas fluctuó, interactuando con los altibajos de la economía estadounidense. El "programa" de maquilas creció acelerado por la crisis mexicana.

Tras la debacle económica de la década de 1990, creció y se aceleró la instalación de maquilas, empleando a varios cientos de miles de personas al final de la década. En contraste, la crisis había dejado sin empleo a más de un millón de mexicanos entre 1995 y 1997.

Las maquilas generan una competencia entre países pobres por atraer capitales y, también, entre distintas regiones dentro de un mismo país. Los países pobres implementan cambios en la legislación laboral, el comercio externo, el tratamiento del capital extranjero, el manejo de las condiciones ambientales, recursos naturales y de la diversidad biológica (biodiversidad).

Fernández destaca que en el actual modelo económico mundial, la maquila funciona como estandarte de la producción flexible, jugando un papel clave en el incremento de las disparidades entre y dentro de los países del mundo. "La maquila busca, en el mejor de los casos, utilizar modernas tecnologías con una fuerza laboral oprimida y "flexibilizada" al estilo de la del siglo XIX", declara Fernández.

Para lograr mayores niveles de ganancias, en las maquilas guatemaltecas aumentó la jornada laboral a 12 horas diarias y se ha recurrido al uso de estimulantes para elevar el rendimiento. Las drogas han sido incluso administradas a mujeres embarazas, lo que ha provocado el nacimiento de niños con deformaciones, según una denuncia de la Unión Sindical de Trabajadores de Guatemala (UNSINTRAGUA).

En Argentina, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem se implementaron varias leyes laborales para favorecer a las empresas, lo que determinó, por ejemplo, que un puesto de trabajo costara una tercera parte menos que antes. Sin embargo, el gobierno no consiguió que las empresas crearan nuevos puestos de trabajo, prefiriendo pagar horas extras.

En el Perú, la flexibilización de las leyes laborales permitió despidos masivos de mineros. Impedidos de formar sindicatos, los empresarios se han negado a atender los pliegos de reclamos presentados por los trabajadores. Estos son algunos ejemplos de como afectan las maquilas a la economía de cada país.


  5.3. Migración y trabajo sexual.
El intercambio de servicios sexuales por dinero o bienes es un tema que sigue generando controversias. En primer lugar, para hablar del tema es preciso tomar una decisión terminológica aparentemente trivial: es necesario optar por la palabra "prostitución" o por la expresión "trabajo sexual". Los diferentes actores que están relacionados con este tema no se han puesto de acuerdo ni siquiera en el terreno lingüístico.

Hay dos grandes posiciones al respecto: la de las abolicionistas y la de las defensoras de los derechos de las trabajadoras sexuales. La primera visión está representada por algunas organizaciones feministas como la Coalición contra el tráfico de mujeres (CATW por sus siglas en inglés). De acuerdo con ellas, la prostitución debe ser reconocida no como una parte sino como el cimiento de la subordinación patriarcal de las mujeres.

Denuncian al capitalismo patriarcal por empujar a las mujeres al comercio sexual, a causa de las desigualdades sociales, políticas y económicas que por su condición de tales padecen. No consideran que pueda haber ningún tipo de opción por su parte. Además, la prostitución refuerza las disparidades de género en cuanto a derechos y a estatus.

Se oponen al término trabajo sexual. Sostienen que el debate sobre la prostitución trasciende el terreno semántico ya que si la prostitución es reconocida como un trabajo legítimo, el tema deja de ser considerado como una forma de violencia contra la mujer. Critican a las ONG que consideran que esta terminología dignifica a las prostitutas. Argumentan que no dignifica a la trabajadora sexual sino a la industria sexual. El término trabajo sexual, señalan, no expresa la explotación que suponen el tráfico y la prostitución.

Con respecto a la legislación, las abolicionistas buscan la despenalización de la prostitución. Critican las políticas represivas contra las prostitutas pero promueven la persecución de los clientes y los proxenetas, responsables de la explotación de las mujeres. Se oponen a los sistemas regulacionistas que controlan la prostitución delimitando zonas, exigiendo registros y controles sanitarios. De acuerdo con ellas, estos sistemas propician el tráfico ilegal de mujeres hacia países donde la prostitución está permitida. Algunas ONG abolicionistas tienen como objetivo rescatar a las mujeres de la prostitución y capacitarlas para que puedan encontrar fuentes laborales alternativas o seguridad en el matrimonio.

Los defensores de los derechos de las trabajadoras sexuales tienen una visión muy diferente de la prostitución. De acuerdo con ellos el trabajo sexual (sea ejercido por un inmigrante o no) no siempre es forzado. Cuestionan el concepto tradicional de prostituta, mujer y víctima por un lado y de cliente, hombre y explotador por el otro. La activista e investigadora Laura Agustín si bien reconoce que la mayoría de los trabajadores sexuales son mujeres, resalta el hecho de que el número de hombres y transgénero que ejercen la prostitución va en aumento. También apunta que los clientes no son sólo hombres sino también mujeres y transgénero.

De acuerdo con esta visión, lo fundamental es diferenciar al trabajo sexual forzado del no forzado. Reconocen que hay gente que es inducida sin su consentimiento al comercio sexual a través de violencia y amenazas; sin embargo, como señala Agustín, muchos migrantes que realizan trabajos sexuales no se describen como forzados ni sin otra opción en la vida. Tendrán menos opciones o menos opciones agradables que otras personas, pero las tienen. Es también importante señalar que entre los que sufren de la pobreza, malos matrimonios y todo el abanico posible de factores causantes, no todos optan por el trabajo sexual, como no todos optan por migrar. Ningún tipo de determinismo explica por completo el fenómeno humano de la elección. Toda opción es intervenida por cuestiones de clase, género, etnia, nivel económico y las condiciones sociales del momento en su tierra [] Las acciones se dan dentro de estructuras y dinámicas geopolíticas y económicas.

Los defensores de los trabajadores sexuales reconocen las ventajas del trabajo sexual (horario flexible, la posibilidad de obtener efectivo al momento, en el caso de la prostitución callejera, entre otras) y sus desventajas, la mayoría de las cuales son consecuencia de la clandestinidad (falta de seguridad social y protección en caso de violencia o explotación por parte de los proxenetas).

Con respecto a la legislación, estos grupos buscan despenalizar todos los aspectos de la prostitución. Sostienen que si los clientes son perseguidos, el trabajo de las prostitutas será más riesgoso ya que la clandestinidad se agravaría.

En cuanto a la dimensión que la migración aporta al trabajo sexual las dos perspectivas resumidas más arriba tampoco coinciden. Las abolicionistas consideran que la distinción entre prostitución y tráfico es utilizada para que algunas formas de prostitución sean aceptables y legítimas, transformando el daño que la prostitución provoca en las mujeres en un acto voluntario y excluyendo la prostitución de la categoría de violencia contra la mujer.

La Relatora especial de Naciones Unidas sobre la violencia contra la mujer, Radhika Coomaraswamy, no comparte esta opinión. De acuerdo con ella, el elemento que distingue la trata de otras formas de circulación es el carácter no consensual del tráfico. La Relatora especial realizó algunas consideraciones con respecto al trabajo de algunas organizaciones que promueven el rescate de las mujeres que trabajan en burdeles: algunas organizaciones de mujeres se ven estimuladas por un imperativo moral de salvar a mujeres inocentes. Así, algunos programas provienen de la idea de que las mujeres necesitan ser "rescatadas y rehabilitadas", en lugar de apoyarlas y otorgarles derechos.

Su informe cita un manifiesto de las trabajadoras sexuales, en un esfuerzo por darles voz: las organizaciones benéficas son propensas a rescatarnos y colocarnos en hogares seguros, las organizaciones de desarrollo es probable que nos "rehabiliten" mediante actividades que generan escasos ingresos, y la policía parece inclinada a llevar a cabo redadas en nuestros barrios so pretexto de controlar la trata inmoral. Ni siquiera cuando se habla de nosotras en de forma menos negativa o incluso amable en disertaciones que ejercen cierta influencia nos libramos de la estigmatización o la exclusión social.

Hay estudios que cuestionan la inclusión de la trata internacional de mujeres para la prostitución como un tema que forma parte de las migraciones. Esta interpretación argumenta por qué no es conveniente vincular la trata con el fenómeno de las migraciones, dados los riesgos tanto teóricos como políticos y de intervención práctica que dicha presunción conlleva. ("Migraciones, globalización y género en Argentina y Chile", Cecym - 2006). Más análisis cuestionan la victimización que se genera en otras interpretaciones: "El discurso de la trata o el tráfico de mujeres supone que para las mujeres es mejor quedarse en casa que abandonarla y meterse en problemas; se considera que los problemas dañarán irreparablemente a las mujeres (que son evaluadas junto a los niños), mientras que se espera que los hombres enfrenten y superen los problemas de manera rutinaria. Pero uno de mis objetivos es encontrar una visión en la que los pobres y las pobres no sean construidos meramente como víctimas" (Cruzafronteras atrevidas: otra visión de las mujeres migrantes, Laura Agustín, 2005).

Los defensores de los derechos de los trabajadores sexuales si bien están preocupados por la situación vulnerable de los migrantes que ejercen esa profesión señalan la responsabilidad de las políticas antimigratorias de los gobiernos más que la naturaleza explotadora de la prostitución. Si las mujeres trabajan ilegalmente no pueden denunciar la violencia y los malos tratos que sufren ya que serían deportadas inmediatamente. De acuerdo con la Relatora especial, los gobiernos que optan por la ley y el orden para combatir el tráfico suele contradecirse con la protección de los derechos humanos. Este enfoque suele servir para crear o exacerbar situaciones ya existentes que provocan la trata de mujeres o contribuyen a ella.

El tema del tráfico ha estado el la agenda internacional desde fines del siglo XIX. El primer instrumento de Naciones Unidas que lo trató fue el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena. Este documento puede considerarse de orientación abolicionista, ya que establece que la prostitución y el mal que la acompaña, la trata de personas para fines de prostitución, son incompatibles con la dignidad y el valor de la persona humana y persigue a los proxenetas a otras terceras partes.

Más de 50 años después otro instrumento fue aprobado en la órbita de Naciones Unidas: el Protocolo sobre Tráfico de Personas, complementario a la Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional (2000). Si bien algunas organizaciones han reconocido que en el protocolo se establece la primera definición de tráfico, el caucus de derechos humanos denunció que no proporciona protección a las víctimas a no ser que testifiquen. Otra crítica apunta al hecho de que un tema de la complejidad del tráfico fue tratado en un convenio destinado a combatir el crimen y no en un tratado de derechos humanos.

La organización Network of Sex Work Project declaró que más que desarrollar medidas que reduzcan los riesgos que enfrentan grupos específicos, el protocolo propone medidas punitivas antimigragorias que confunden a los perpetradores con las víctimas del tráfico y se centra exclusivamente en la documentación ilegal en lugar de la violencia, el engaño y las violaciones a los derechos humanos. También señalaron que el protocolo se centra exclusivamente en las mujeres y en los niños y excluye a los hombres y a los transgénero, que también constituyen una población vulnerable y necesitan que sus derechos humanos sean protegidos.

Un informe de la Organización Internacional del Trabajo publicado en 1998 fue mejor recibida por los defensores de los derechos de los trabajadores sexuales. El sector del sexo: las bases económicas y sociales de la prostitución en el sudeste asiático fue considerado progresista y humano y una victoria para la diversidad. Reconoce la gran contribución de la industria del sexo a la economía de la región y convoca a los gobiernos a reconocer esta actividad como cualquier otro trabajo. Esto implicaría la extensión de los derechos sociales y laborales a los trabajadores sexuales, incluyendo atención a la salud y protección contra el sida.


6. Mujeres y economía.
 
  6.1. Globalización, pobreza y las Metas del Milenio desde la perspectiva de género.
 
  Introducción.
La década de los noventa se caracterizó por la realización de Cumbres Mundiales promovidas por las Naciones Unidas, las cuales trataron de abordar los problemas más pertinentes del desarrollo mundial. Dada la creciente inserción de la mujer en la vida pública, la mayoría de ellas tocaron intereses relacionados con el género y, dos de ellas, Beijing y Cairo, se dedicaron a visibilizar sus problemas más específicos.

Particularmente en el Cairo, las mujeres lograron una gran conquista que posteriormente se ratificó en Beijing, al reconocerse sus derechos sexuales y reproductivos como parte de los derechos humanos, elevándose este tema a una nueva dimensión que debería permitir nuevos espacios en organismos internacionales y gobiernos. Se han cumplido diez años desde su realización, de manera que ha llegado el momento de evaluar sus logros, frustraciones y retos futuros.

Como primer paso para iniciar esta evaluación, es fundamental reconocer los grandes y nuevos procesos que en este último período han vivido, el mundo en general y los países en desarrollo, en particular. Específicamente, América Latina durante la década de los noventa se enfrentó a cambios radicales en sus economías, en la concepción misma del desarrollo, en su modelo de organización política y en la dinámica de su sociedad civil.

Inició los noventa con la esperanza de superar la década perdida de los ochenta y con la promesa de que la nueva receta económica, conocida como el Consenso de Washington, le traería la estabilidad económica que se traduciría en crecimiento y como subproducto, en mejor calidad de vida. La Región siguió como ninguna la fórmula impulsada por los organismos internacionales pero al final, las expectativas fueron muy superiores a las realidades. ( French-Davis, Ricardo, 2003) Logró la estabilidad pero a costa de un bajo o nulo crecimiento y de inmensos costos sociales y políticos. Hoy la ingobernabilidad de estos países parece ser la nota común.

Los noventa han sido una época especialmente convulsionada para la Región que aún avanzado ya el segundo milenio no logra encontrar el desarrollo sostenible que busca, ni la equidad social para dejar de ser la Región más desigual del planeta. (BID, 2000) Los países latinoamericanos viven hoy el gran reto de resolver problemas viejos como la pobreza, la inequidad, el lento e inestable crecimiento económico, y de enfrentar los nuevos como la inseguridad, las distintas expresiones de violencia, el narcotráfico y el terrorismo.

El segundo hecho que debe reconocerse, antes de evaluar los resultados de las Cumbres mencionadas, se refiere a los profundos cambios que las mujeres han experimentado y sus implicaciones en términos de nuevas relaciones de género. Sin abandonar sus tareas tradicionales reconocidas hoy como la economía del cuidado, las mujeres han invadido el espacio de lo público y en los dos ámbitos en que se mueven se ven afectadas por las políticas económicas que han privilegiado los equilibrios macroeconómicos. Como prestadoras de servicios sociales de última instancia, las mujeres latinoamericanas, en particular, han visto recargar su trabajo no remunerado frente a la reducción del gasto público y, a su vez, su accionar en la economía de mercado se enfrenta a políticas que precarizan el mercado laboral. Menos estudiada es la nueva situación a la que se enfrentan los hombres que no logran asimilar sus nuevos roles en la sociedad.

El inicio del siglo XXI ha marcado una nueva era en la cual el mundo pobre y, más aún, el reconocido como rico, se siente vulnerable. Los países desarrollados han perdido la sensación de seguridad que los caracterizó y se enfrentan a un enemigo inasible, el terrorismo mundial, que no solo ha tenido altos costos sino que ha mostrado la debilidad de sus instituciones que se planteaban como modelos a los países del Tercer Mundo. Y este último que requiere salir de la pobreza, no logra posicionarse en las nuevas realidades que impone la globalización. Solamente China, la India y el Sudeste Asiático han logrado romper las barreras que frenaban su proceso de modernización y hoy avanzan hacia la consolidación de sus sociedades reduciendo pobreza y marginalidad. Este complejo contexto es en el que deben analizarse la globalización, la pobreza y el nuevo compromiso mundial, las Metas del Milenio.


  Globalización y pobreza en dos nuevos escenarios.
Al menos dos grandes cambios se observan como realidades irreversibles. En primer lugar, se identifica una nueva forma de industrialización que se aparta notoriamente de los procesos observados en los países hoy desarrollados. (Tedesco, Juan Carlos, 1999) Se supone que el mundo ha entrado en una nueva etapa en la cual el conocimiento y la información estarían reemplazando a los recursos naturales, a la fuerza y al dinero, como variables claves de la generación y distribución del poder. La esencia del cambio parece estar en la transformación de la organización del trabajo. Como anota Tedesco, después de un excesivo optimismo sobre la capacidad democratizadora de esta nueva fase se ha llegado a conclusiones preocupantes que coinciden con la realidad de mayor desigualdad en el mundo, tanto en los países industrializados como en aquellos en vía de desarrollo, pero especialmente en áreas que coinciden con sectores de transformación productiva y tecnológica. Los nuevos sectores dinámicos con alto componente tecnológico generan pocos puestos de trabajo con altos salarios dejándole a los servicios la capacidad de absorción de mano de obra barata. Como para estos últimos el costo laboral es una parte fundamental del precio del producto, su política laboral es generar empleo de bajo costo.

El resultado final es hoy evidente en América Latina, altísimos niveles de desempleo y la aparición del fenómeno de la exclusión en los ciclos productivos. Se plantea entonces que la diferencia entre el capitalismo industrial tradicional y este nuevo capitalismo es que el primero incluía pero explotaba y el segundo además de explotar, excluye. De ahí lo altísimos niveles de informalidad que afectan los mercados de trabajo latinoamericanos.

Durante la última mitad del siglo XX y en lo que va del presente, el elemento más dinámico del mercado laboral latinoamericano, ha sido el trabajo femenino por lo tanto es imposible entender todos estos procesos sin consideraciones de género. (Standing, Guy, 1999) La nueva forma del capitalismo, en el cual la descentralización mundial de la producción, la importancia de la inversión extranjera, el papel de las grandes corporaciones internacionales es evidente, ha estado acompañada por una gran demanda de mano de obra femenina. Este proceso requiere ser analizado cuidadosamente porque en forma ligera, la economía ortodoxa lo califica como una de las revoluciones positivas de las nuevas tendencias económicas. (BID, 2003).

En América Latina, la exclusión económica ha conducido al nuevo fenómeno social que hoy se identifica como la máxima preocupación de los latinoamericanos, la inseguridad económica (Rodrik, Dani, 1999). Sin embargo, su impacto diferencial entre hombres y mujeres no ha sido suficientemente estudiado. Esta nueva característica del desarrollo de la Región, se agrava por la exclusión política, dada las imperfecciones de los sistemas democráticos y conlleva a la poca analizada exclusión social que se suma a la pobreza de siempre y a la desigual distribución del ingreso.

Una de las características más importantes de esta exclusión productiva, también analizada por Tedesco, es que no genera un grupo contestatario, lo cual le quita todo poder político. Allí debe nacer la debilidad actual de muchas de las instancias de reivindicación social que en su momento frenaron los abusos y las graves consecuencias de la falta de una nueva institucionalidad que reconozca este fenómeno, como es el caso de los sindicatos. Como señala Castell, mientras que la explotación es un conflicto, la exclusión es una ruptura. (Castell, Robert, 1996).

A su vez, es evidente que a los viejos problemas sociales que afectan a las sociedades latinoamericanas como la creciente miseria y pobreza se le agrega un foco de mayor desigualdad de ingresos y de riqueza con connotaciones aún desconocidas, que genera la misma forma actual de producción capitalista. El aumento registrado en la Región en los niveles de criminalidad, de violencia social y aún el conflicto armado como en Colombia, puede encontrar fundamentos novedosos en los procesos de exclusión a que ha estado sometida la sociedad. Se muestra como un gran avance la relativa reducción que diversos índices señalan en la desigualdad por género. Sin duda no han pasado en vano las décadas de políticas dirigidas a las mujeres que hoy viven más, tiene mejor salud y mayor educación, pero la realidad es que la exclusión continúa. Los indicadores sociales han mejorado pero no han producido los cambios necesarios en los valores, las normas y las conductas que subordinan a las mujeres a los hombres y que limitan sus posibilidades de acceso igualitario a los activos productivos y al poder político. Se aplica entonces una conclusión que se ha planteado a nivel mundial: "Aunque los roles de género han cambiado, la desigualdad no cambia." (Shah, Talah and Deepa Narayan, 2000).

El otro nuevo escenario para las políticas públicas tiene que ver con la segunda etapa de la globalización, la de los acuerdos comerciales, tanto multilaterales como bilaterales, etapa que debería partir de la geopolítica, es decir, de reconocer la importancia que la geografía debe tener en las decisiones de Estado cuando se vive en un mundo interconectado. Sin embargo, en varios de los países de la Región, esta segunda fase estaría reducida a Tratados de Bilaterales de Libre Comercio, TLCs, con Estados Unidos y en menor grado, con arreglos multilaterales centrados en el comercio al margen de la geopolítica.

El elemento común a estos dos escenarios es el incremento en la pobreza y la mayor exclusión de significativos segmentos de la población. Las últimas cifras latinoamericanas corroboran esta preocupación. (Cepal, 2004) Estos temas están preocupando seriamente a los organismos internacionales y a los académicos del mundo, más concientes que los latinoamericanos sobre el drama que se está generando en muchos de los países en desarrollo y también en menor grado en las sociedades industrializadas. ( Ocampo, José Antonio, 2003) Lo que aún falta es un mayor análisis sobre las consecuencias de aplicar el lente de género a estas nuevas realidades.


  Beijing y Cairo, una rápida mirada.
Las Plataformas de Acción que se lograron aprobar en estas conferencias mundiales generaron una serie de expectativas entre las mujeres del mundo.

La presencia de los Gobiernos así como las presiones de las organizaciones de la sociedad civil, hechos que se sumaron a la salida masiva de la mujer del ámbito doméstico, permitían suponer un viraje sustantivo en las políticas públicas que deberían redundar en un mejoramiento de la situación de la mujer y una reducción de las desigualdades de género inexplicables e injustas. Sin embargo, en estos años se han vivido complejos procesos que han tratado de retroceder los logros alcanzados. Este proceso continúa y reviste particular gravedad dada la naturaleza de los logros alcanzados y los retos que se enfrentan para consolidar los acuerdos consignados en los documentos finales de las mencionadas cumbres.

Al revisar los acuerdos de Beijing, es evidente que se ha avanzado en darle una mayor visibilidad al tema de género en los discursos oficiales y, en general, en la opinión pública. Difícil encontrar un mandatario, en especial en América Latina, que ignore la importancia de mostrar interés en reconocer la necesidad de trabajar por la igualdad entre hombres y mujeres.

Esto es particularmente cierto frente al claro fenómeno de la feminización del mercado laboral y a los grandes avances que la mujer ha logrado en términos de su inserción en el sector educativo hasta el punto de superar en escolaridad a los hombres. Se han diseñado políticas de equidad de género y en alguna medida se ha tratado de crear una base institucional mínima pero aún dándole un trato sectorial. También debe reconocerse el avance que se ha alcanzado en la legislación pero no se logra fácilmente que el tema de sus derechos sea abordado explícitamente. No es aventurado afirmar que Beijing logró avances que se mantienen mucho en el plano teórico pero aún estos limitados logros están amenazados por posiciones de extrema derecha.

El verdadero fracaso de Beijing es que no se han producido los grandes cambios que se esperaban en las tendencias sobre la situación de la mujer en el mundo y en América Latina. La realidad en la mayoría de los países en desarrollo, es que la agenda de género sigue siendo un apéndice de la política gubernamental. Ni siquiera la alta contribución de la mujer al trabajo remunerado en condiciones precarias, bajos salarios, inestabilidad laboral y carencia de seguridad social, han logrado convertir al tema de género en prioritario. Las dificultades para avanzar en este campo continúan siendo inmensas y la institucionalidad en este campo se caracteriza por su debilidad, poco peso político y adicionalmente por su inestabilidad. Los esfuerzos por hacer del género una política transversal cuando se concretan no son sostenibles lo que confirma la debilidad política del tema. Adicionalmente, es evidente la dificultad de las mujeres para participar en el diseño de las políticas públicas, espacio que se creyó ganado con los resultados de Beijing.

Más aún, las grandes reformas adoptadas en la década de los 90 en el campo de la salud, la educación, del mercado laboral y, particularmente, en los sistemas de seguridad social que sufrieron procesos de privatización, no tomaron en cuenta las especificidades de las mujeres y las diferencias con respecto al hombre en su condición de actoras y beneficiarias en cada uno de estos campos.

Al comparar los avances obtenidos en el Cairo con lo realmente logrado, los resultados en el área de la salud sexual y reproductiva, son aún mucho más insatisfactorios. Un reciente balance realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, confirma lo ya mencionado, las reformas en salud realizadas en América Latina no mejoraron los niveles de salud de las mujeres. La mortalidad materna sigue siendo el principal problema de salud de las latinoamericanas y sus altos niveles han permanecido inmodificados durante los últimos 20 años. (Bid, 2004). La incidencia creciente del VIH/SIDA entre las mujeres es un fenómeno ignorado que no es objeto de divulgación ni de políticas. Así mismo, el aborto, el embarazo adolescente y la incompleta cobertura de la planificación familiar, demuestran que los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres están lejos de las metas trazadas.


  Las Metas del Milenio.
En septiembre del año 2000, los jefes de Estado y de Gobierno se reunieron en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, para reafirmar su fe en la Organización y reconocer que además de sus responsabilidades con sus sociedades, les incumbe la responsabilidad colectiva de respetar y defender los principios de la dignidad humana, la igualdad y la equidad en el plano mundial. Afirmaron su decisión de establecer una paz justa y duradera en todo el mundo, de conformidad con los propósitos y principios de la Carta y plantearon como tarea fundamental conseguir que la mundialización se convierta en una fuerza positiva para todos los habitantes del mundo, ya que, si bien ofrece grandes posibilidades, en la actualidad sus beneficios se distribuyen de forma muy desigual al igual que sus costos. Con base en estos y otros principios acordaron los siguientes objetivos y metas del milenio:

  • Objetivo 1. Erradicar la extrema pobreza y el hambre.
    • Meta 1. Reducir a la mitad la proporción de personas cuyo ingreso sea menor a un dólar por día.
    • Meta 2. Disminuir a la mitad el porcentaje de personas que padecen hambre.


  • Objetivo 2. Lograr la enseñanza primaria universal.
    • Meta 3. Garantizar que todos los niños y niñas puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria.


  • Objetivo 3. Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer.
    • Meta 4. Eliminar las disparidades entre los sexos en la educación primaria y secundaria, preferiblemente para el año 2005 y para todos los niveles de educación para el año 2015.


  • Objetivo 4. Reducir la mortalidad infantil.
    • Meta 5. Reducir en dos tercios la tasa de mortalidad de niños menores de cinco años.


  • Objetivo 5. Mejorar la salud materna.
    • Meta 6. Reducir la tasa de mortalidad materna en tres cuartas partes.


  • Objetivo 6. Combatir el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades.
    • Meta 7. Detener y comenzar a revertir la tendencia de expansión del VIH/SIDA.
    • Meta 8. Detener y comenzar a reducir la incidencia de la malaria y otras enfermedades importantes.


  • Objetivo 7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
    • Meta 9. Incorporar los principios del desarrollo sostenible en las políticas y los programas nacionales e revertir la pérdida de recursos del medio ambiente.
    • Meta 10. Reducir a la mitad el porcentaje de personas que carezcan de acceso sostenible al agua potable y a servicios básicos de saneamiento.
    • Meta 11. Haber mejorado sustancialmente, para el año 2020, la vida de por lo menos 100 millones de habitantes de asentamientos precarios.


  • Objetivo 8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.
    • Meta 12. Desarrollar aún más un sistema comercial y financiero abierto, basado en normas, previsible y no discriminatorio. Ello conlleva el compromiso de lograr una buena gestión de los asuntos públicos, desarrollo y la reducción de la pobreza, nacional e internacionalmente.
    • Meta 13. Atender las necesidades especiales de los países menos desarrollados. Ello incluye el acceso libre de aranceles y cupos para las exportaciones de los países menos adelantados, el programa mejorado de alivio de la deuda de los países pobres muy endeudados y la cancelación de la deuda bilateral oficial y la concesión de una asistencia oficial para el desarrollo más generosa a los países que se hayan comprometido a reducir la pobreza.
    • Meta 14: Atender las necesidades especiales de los países sin acceso al mar y los estados insulares pequeños.
    • Meta 15: Encarar de manera general los problemas de la deuda de los países en desarrollo aplicando medidas nacionales e internacionales, con el fin de garantizar la sostenibilidad de la deuda a largo plazo.
    • Meta 16: En cooperación con los países en desarrollo, elaborar y aplicar estrategias que proporcionen a los jóvenes un trabajo digno y productivo.
    • Meta 17: En cooperación con los laboratorios farmacéuticos, proporcionar acceso a los medicamentos de primera necesidad y a precios asequibles en los países en desarrollo.
    • Meta 18: En colaboración con el sector privado, velar por que se puedan aprovechar los beneficios de las nuevas tecnologías, en particular las tecnologías de la información y de las comunicaciones.


  Una visión crítica a las Metas del Milenio.
Las Metas del Milenio se consideran como el nuevo orden social para eliminar la pobreza y lograr objetivos en términos de pobreza y de acceso al desarrollo, que han sido postergados en particular durante la última década. Por consiguiente, y en especial en América Latina, se requieren análisis sobre su contenido y alcance, dada la trascendencia que cada día adquieren en las agendas internacionales y de los gobiernos signatarios de este acuerdo. Al ser mensurables se constituyen en instrumentos que permitirán evaluar la gestión de organismos y gobiernos. Sin embargo, ya se escuchan críticas sobre su contenido.

La primera crítica que se les hace se refiere a temas excluidos. No es fácil de entender que serios problemas del desarrollo han quedado por fuera de objetivos y metas. Tal es el caso del empleo precario, fenómeno generalizado que caracteriza los mercados laborales actuales tanto en países pobres como en sociedades industrializadas. Al no afrontar este problema se está dejando al margen la llamada democracia económica que se define como en derecho de todo individuo, mujer u hombre, a generar el ingreso que le permita una vida digna. La llamada flexibilización laboral tan en boga en las políticas de mercado, está generando problemas serios de inseguridad económica en la Región latinoamericana por las bajas remuneraciones, la falta de seguridad social y su característica inestabilidad laboral. Sin abordar este problema no es fácil entender como se logrará que grandes sectores de población salgan de la pobreza por la vía digna del trabajo.

Pero sin duda la no-consideración de los derechos sexuales y reproductivos, es la que ha causado mayor malestar entre los sectores de mujeres del mundo. Solo algunos de sus componentes como la mortalidad materna y la reducción del VHI/Sida se han tomado en cuenta pero han quedado por fuera temas neurálgicos como el embarazo adolescente, el aborto, la planificación familiar, entre otros más. La sensación de frustración frente a los debates del Cairo, centrados en estos derechos de las mujeres, se agrava hoy al no ser considerados como un todo en las metas del milenio.

Sectores comprometidos con la defensa de los derechos humanos no logran entender porque este tema quedó por fuera de las prioridades del milenio.

Hoy se reconoce que se violan aún en sociedades que pretendían tener la autoridad moral para juzgar a quienes los violan. La guerra de Irak ha demostrado que los problemas de derechos humanos no tiene fronteras y debían comprometer a todas las sociedades hasta lograr el respeto que las normas imponen. Así mismo es incomprensible que la equidad no haya sido planteada como una de las principales metas. El fracaso del gasto social como instrumento para abordar la pobreza, ha llevado a reconocer que las llamadas condiciones iniciales, concentración del ingreso, de los activos productivos, del capital humano y del poder político, son determinantes de la eficiencia de las políticas sociales. En sociedades desiguales los pobres se enfrentan a una selección adversa cuando se trata de acceder a los bienes públicos.

La naturaleza de un segundo grupo de críticas obedece al hecho de haber ignorado la experiencia vivida en temas que se plantean como metas que permitirán mejorar las condiciones sociales de la población. En primer lugar, la universalización de la educación primaria, ya lograda en la mayoría de los países latinoamericanos, no se ha convertido en motor de cambio. De igual manera, la mayor educación de las mujeres que es una de las conquistas ya logradas en la Región, tampoco ha asegurado la equidad de género en América Latina. En general el tema de equidad entre hombres y mujeres reviste una gran complejidad y es tratado de manera simplista en esta nueva agenda social. Las normas, reglas y valores que rigen en la sociedad siguen reproduciendo esquemas patriarcales a pesar de los logros alcanzados por las mujeres en educación, salud e inserción laboral. Si el objetivo es reducir la desigualdad entre los géneros, las metas exigirían propósitos más complejos llamados a construir un capital social funcional a estos fines.

Probablemente la meta más criticable es la que se refiere a Fomentar una Asociación Mundial para el Desarrollo; es obvia la influencia de los países desarrollados en su concepción y redacción. Su objetivo es válido pero no la naturaleza de las metas. En el tema del comercio mundial no se hace ninguna mención a la doble moral de los países ricos que son quienes mantienen barreras a los productos provenientes de los países en desarrollo. Sobre la deuda, se trata de manera limitada sin considerar la situación de los grandes deudores de ingreso medio. Y, finalmente, en el complejo problema de los derechos de propiedad intelectual que protegen a las grandes multinacionales afectando la oferta de medicamentos y de insumos agrícolas, la posición claramente va en contravía de los intereses de quienes no producen estos bienes sino que solamente los demandan.


  La verdadera contribución de las Metas del Milenio.
No obstante las limitaciones anotadas, las Metas del Milenio pueden estar induciendo uno de los cambios más esperados por el mundo que ha sufrido las consecuencias de la economía ortodoxa que propende por el mercado y poco estado. El Banco Mundial ha reunido a especialistas y a formuladores de políticas públicas de diferentes lugares del mundo, para analizar experiencias exitosas en reducción de pobreza que guíen iniciativas futuras y, quien lo creyera, puedan cambiar de manera fundamental, según sus propias palabras, el paradigma de desarrollo. Varias razones pueden explicar este viraje que sin duda repercutirá en las políticas nacionales.

En primer lugar, las Metas del Milenio, la primera de las cuales señala la necesidad de reducir a la mitad la pobreza extrema, le exigen a los Organismos internacionales unos esfuerzos que serán evaluados. Y serán todos los mandatarios del mundo que se comprometieron en el año 2000 a cumplirlas los que les tomarán cuentas a aquellos que han manejado el discurso del desarrollo en los últimos tiempos, entre los cuales el Banco Mundial ocupa el primer plano.


Por primera vez, existe una vara con la que estas entidades serán medidas y esa responsabilidad está haciendo mella. En segundo lugar, empieza a hacer carrera la responsabilidad de instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, en la pérdida de legitimidad de los gobiernos latinoamericanos. De acuerdo al reciente estudio del PNUD, la combinación de las políticas de libre mercado y nuevas democracias ha fracasado de tal manera, que más del 50% de los latinoamericanos estarían dispuestos a aceptar nuevamente las dictaduras, si estas aseguran el crecimiento económico. Sin gobiernos legítimos ¿cómo se pueden cumplir las metas del Milenio? Y finalmente, en tercer lugar, las recetas actuales ni generaron crecimiento, ni redujeron la pobreza ni mejoraron la distribución de los pocos beneficios del desarrollo logrado. En resumen, o se cambia de paradigma o no solo no se cumplirán los objetivos acordados por los mandatarios mundiales sino que es posible que la pobreza y todos sus males, se agraven en la próxima década.

Si el temor de no cumplir con la reducción de la pobreza a la mitad en el año 2015, induce a la reconsideración definitiva de las recetas económicas actuales y a la exploración de un nuevo paradigma del desarrollo, centrado en el ser humano, independientemente de sus limitaciones, las Metas del Milenio le habrán hecho una contribución histórica al desarrollo mundial.


  Los nuevos desafíos para la sociedad civil.
Las realidades actuales plantean claramente retos complejos que se ven sometidos a permanentes cambios que obedecen a la volatilidad de la economía y a los resultados de un mundo global donde hechos locales tienen repercusiones mundiales. La sociedad civil, y en particular los movimientos de mujeres, van a enfrentar nuevas situaciones que demandarán cambios en sus agendas. Para enfrentarlas, las mujeres deben partir del reconocimiento de cuáles son sus nuevos activos. El primero de ellos es la realidad misma que demuestra un creciente protagonismo femenino tanto en el ámbito privado, de la economía del cuidado no remunerada, sin el cual el costo de la reducción del gasto público por parte de los gobiernos hubiese sido mayor en términos de calidad de vida de diversos grupos de población, y de su creciente participación en el mercado de trabajo, en el proceso identificado como la feminización laboral que caracteriza a todas las sociedades del momento. De manera evidente las mujeres de hoy son actoras del desarrollo y el desbalance se identifica en su papel como beneficiarias del mismo dado que su esfuerzo no corresponde a las retribuciones económicas que reciben y a su reconocimiento social y político. (López, Cecilia, 2000ª, 2000b, 2000c).


El segundo activo proviene de las valiosas contribuciones que las economistas feministas están haciendo en el campo del conocimiento económico. Sus avances conceptuales han clarificado las relaciones entre género y macroeconomía pero además están realizando aportes en la búsqueda, no solo de temas pertinentes al género, sino de nuevas interacciones entre la economía y la equidad en general. Son las mujeres economistas las que señalan hoy "el contenido social" de la política macro que se espera desplace la práctica común de políticas sociales llamadas aditivas que no evitan sino que buscan remediar los efectos negativos de decisiones macroeconómicas. (Elson, Diane y Nilufer Cagatay, 2000).

Con base en estos elementos, los nuevos desafíos que se proponen al movimiento de mujeres son los siguientes:

  1. Aceptar como una realidad su innegable protagonismo como actores fundamentales del desarrollo. Esto implica abandonar el papel tradicional de víctimas y exigir reconocimiento por sus contribuciones al crecimiento económico, al desarrollo de la democracia, a la reducción de la pobreza y al manejo sostenible de los recursos naturales, entre muchos otros.

  2. Incorporar los nuevos desarrollos teóricos y empíricos que aporta la economía feminista, con el objeto de fortalecer el discurso de las mujeres. Existe suficiente evidencia para enriquecer con datos y análisis los planteamientos que buscan el reconocimiento de los derechos de las mujeres y sus nuevos roles en la sociedad.

  3. Vincular la actividad de la mujer y sus especificidades a los temas del desarrollo. Un claro ejemplo se encuentra en el área de la salud sexual y reproductiva. Dado el creciente aporte de la mujer a la producción, es necesario demostrar la interrelación que la salud reproductiva tiene con la productividad, tema que conmueve a los economistas y que puede facilitar la evolución favorable de este tipo de políticas que hasta ahora han sido postergadas. Este es un reto tanto para la academia como para el activismo feminista.

Los propósitos anteriores son una preparación para lo que se desea plantear como los grandes desafíos para los movimientos sociales de mujeres que son:

  • Contribuir definitivamente a la construcción del nuevo paradigma de desarrollo. Nadie como las mujeres de América Latina han sufrido los efectos perversos del Consenso de Washington. Hoy se abre una puerta para su replanteamiento y para posicionar de nuevo los objetivos sociales como prioridad del desarrollo. No pueden las mujeres sustraerse de esta oportunidad que deben trabajar conjuntamente la academia feminista, la academia no ortodoxa, con la cual existen intereses comunes y, el activismo, para posicionar políticamente el tema en la agenda que se construya tanto en los organismos internacionales como en los gobiernos y en la academia.

  • Buscar de manera decidida el posicionamiento de mujeres con sensibilidad de género en posiciones de poder tanto a nivel nacional como internacional. La mujer ha sido tímida frente a la política pero después de tantos aòos de lucha y tantas frustraciones ha llegado el momento de buscar el acceso al los niveles donde se toman las grandes decisiones. Llegó la hora de perderle el temor a la política, tema aún vedado para las mujeres.

Si no se aborda el gran debate sobre las nuevas rutas del desarrollo y no se busca de manera masiva llegar a los sectores donde se toman las grandes decisiones tanto a nivel mundial como local, los grandes logros se seguirán quedando en lo cualitativo, más visibilidad, y no en lo cuantitativo, capacidad de manejar las realidades del mundo en los distintos niveles.


  6.2. Integración económica y migración: Políticas restrictivas en tiempos de libre comercio.
 
  Introducción.
Mientras las fronteras comerciales se abren y se eliminan las restricciones para el libre flujo de mercancías, capitales, inversiones e información, las fronteras físicas se cierran cada vez más para evitar la circulación de seres humanos de un país a otro. Así, latinoamericano/as y caribeño/as tenemos posibilidades restringidas de vivir y trabajar en países como Estados Unidos y Canadá, pero al mismo tiempo contamos con una oferta cada vez más amplia de productos importados de esos mismos países. Es decir, no podemos movernos libremente a EE.UU. si así lo deseamos, pero en la tienda de la esquina podemos conseguir fácilmente, y a veces a precios bajos, ropa, insumos y hasta frutas y verduras de ese país.

Lo paradójico de esta situación radica en el hecho de que, por un lado, se está impulsando fuertemente los procesos de integración económica y el libre comercio en las Américas, mientras que, por otro lado, este tipo de acuerdos ha excluido el tema de la migración y el intercambio de mano de obra. Por eso, estos temas no son parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que desde enero de 1994 integró los mercados de México, Estados Unidos y Canadá, y tampoco forman parte de los debates y negociaciones que actualmente se están dando para crear el ALCA.

Representantes gubernamentales y empresarios han explicado este hecho argumentando que el crecimiento económico, el flujo de inversiones y la apertura comercial son formas de generar riqueza y empleo y, por ende, una manera de prevenir la migración laboral. Este fue precisamente el argumento que utilizó el presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, cuando explicó porque el TLCAN no incluía acuerdos sobre intercambio laboral. El objetivo, defendía Salinas, es exportar productos para no exportar personas. Sin embargo, esta lógica no resultó necesariamente acertada.

Hoy en día, se calcula que existen aproximadamente 30 millones de trabajadores y trabajadoras migrantes en el mundo, los cuales envían a sus países de origen alrededor de 67 millones de dólares anuales (Castles y Miller 1998: 5). En base a estas cifras, algunos estudios ubican a las remesas de los y las migrantes en el segundo lugar como fuente de divisas a nivel mundial, solo superadas por el petróleo.

A pesar de la importancia que hoy tienen los flujos migratorios, no solo a nivel económico, sino también político y cultural, y aunque varios países industrializados han reconocido la necesidad que tienen sus economías de mano de obra migrante, los acuerdos de integración económica y comercial siguen obviando el tema de la migración. Es más, estos acuerdos han coincidido con la implementación de políticas migratorias restrictivas y controles fronterizos cada vez más estrictos, como los que hoy existen en la frontera entre México y Estados Unidos. Entonces, cabe preguntarse cuál es realmente la razón por la cual los acuerdos de integración económica han excluido el tema de la migración, y cómo han afectado y cómo afectarán estos acuerdos a los actuales flujos migratorios al interior de la región.

Además, es importante tomar en cuenta que estos acuerdos tendrán consecuencias específicas para las mujeres migrantes, no solo porque su número crece en forma acelerada, sino porque las mujeres migrantes con poca calificación parecen responder muy bien al perfil del trabajador que requiere en este momento la producción capitalista, y por ello su alta demanda.


  La lógica de la migración.
La explicación más común al tema de la migración internacional ha sido que las diferencias salariales entre el Norte y el Sur empujan a latinoamericanos y caribeños (también asiático/as y africano/as) a países como Estados Unidos y Canadá. Supuestamente, los y las migrantes laborales hacen cálculos de costo-beneficio, comparando los gastos y los riesgos de moverse a otro país con los beneficios económicos de vivir y trabajar en un país rico e industrializado. Como, según esta teoría, el balance resulta ser bastante positivo, entonces lo/as potenciales migrantes deciden salir a trabajar en el Norte. Pero, la realidad es mucho más compleja.

Douglas Massey (1998) asegura que los procesos de migración internacional no emergen de la falta de desarrollo económico sino del desarrollo mismo. Mejor dicho, de un tipo de desarrollo que exige ciertas maneras de producir y trabajar, que exige a los países -incluso a los más pequeños y pobres- conectarse con el comercio mundial y que acelera las redes de comunicación e información a nivel mundial (y son justamente estas redes las que facilitan y estimulan los flujos migratorios). Así, las personas desplazadas por los cambios producidos en el mercado y por la implementación de políticas económicas neoliberales, en realidad tienen variadas y complejas motivaciones para emigrar [74].

Con una lógica también simplista, representantes gubernamentales han defendido la idea de que el crecimiento económico y la inversión extranjera son suficientes para reducir las presiones migratorias. Pero este vínculo de libre comercio como solución a la migración laboral es por lo general falso, y lo único que ha conseguido es que la mano de obra migrante quede sujeta a regulaciones específicas para mantener su carácter de ventaja comparativa regional por su bajo costo (Sandoval 2001).

En el caso de TLCAN, la migración quedó excluida de los acuerdos que firmaron México, Canadá y Estados Unidos, pero al mismo tiempo se buscaron diversos mecanismos para que la mano de obra mexicana (barata) se incorpore a los mercados laborales estadounidense y canadiense. Eso sí, la condición fue que el gobierno mexicano estableciera fuertes controles en su frontera sur, para excluir a la mano de obra centroamericana.

Sin embargo, las políticas migratorias restrictivas y selectivas y los controles fronterizos cada vez más estrictos no han frenado necesariamente los flujos migratorios. Quizás algunas de estas nuevas políticas y leyes de extranjería (como la de España, por ejemplo) mejorarán la situación de los y las migrantes regularizados, pero al mismo tiempo van a aumentar el número de migrantes irregulares (y las mafias que trafican con seres humanos), a quienes, además, se les ha negado los derechos más básicos.

De hecho, la creciente migración irregular (se habla de entre 6 y 8 millones de migrantes indocumentado/as en Estados Unidos y de tres millones en Europa) está proporcionando mano de obra barata a determinados países y a ciertos sectores económicos que, de otra forma, no serían competitivos (Pajares 2001: 3). Con esta especie de dumping laboral, se han beneficiado el sector agrícola, la construcción y el área de servicios. Esta es una de las razones por las cuales se mantienen políticas poco transparentes respecto a la migración (existe una oferta y una demanda de mano de obra migrante no reconocidas oficialmente) y por qué muchos gobiernos deciden no reglamentar la movilidad de la mano de obra.

Con respecto al TLCAN, algunos estudios aseguran que los flujos migratorios crecieron desde que se puso en marcha este acuerdo comercial. Ana María Aragonés (2001) asegura que los resultados preliminares de una investigación realizada en Maryland, Virginia, evidencian que la población hispana creció en un 98% en la última década y que la antigüedad máxima de los migrantes mexicanos que trabajan en esa zona, principalmente en las industrias de pollo, es de 8 a 9 años. Estos migrantes provienen básicamente del sector campesino de México.

Otros analistas señalan que los acuerdos comerciales y los actuales modelos de desarrollo económico tiene efectos diferenciales sobre el flujo de trabajadore/as migrantes (Tuirán, Partida y Avila, 2001: 5). La orientación exportadora de este modelo de desarrollo está generando regiones, sectores de actividad y grupos sociales ganadores y perdedores, los mismos que guardan diferentes relaciones con el fenómeno migratorio tanto interno como internacional. En el corto y mediano plazo, las reformas económicas y acuerdos como el TLCAN y el ALCA pueden contribuir a incrementar la migración de Sur a Norte, ya sea porque den lugar a un desplazamiento de trabajo de los sectores más vulnerables o, paradójicamente, porque las nuevas oportunidades económicas permiten a los trabajadores acumular los recursos necesarios para emigrar.


Según estas interpretaciones, a largo plazo, los flujos migratorios podrían disminuir, pero siempre que el libre comercio y la integración económica contribuyan a reducir las disparidades económicas y sociales y el diferencial salarial entre los países del Norte y el Sur. Pero, cabe preguntarse si estas brechas podrán reducirse con el actual modelo de desarrollo. Lo más seguro es que no.
NOTAS:
  1. ® Los/as migrantes no solo buscan un trabajo mejor pagado y radicarse definitivamente en el exterior, sino que muchas veces quieren migrar temporalmente para ahorrar dinero y mejorar sus condiciones de vida en sus países de origen. Existen además motivaciones subjetivas, sueños e imaginarios relacionados con la migración, y un cierto grado de iniciativa personal a la hora de tomar la decisión de emigrar; no se puede hablar solo de movimiento forzados.


  Mujeres migrantes.
No todos los sectores ni todas las personas han sido ni serán igualmente afectados por los acuerdos de libre comercio como el ALCA. Las mujeres serán afectadas de manera particular.

Las mujeres han participado activamente en los flujos migratorios nacionales y regionales. Ya en los años 70s, la instalación de industrias estadounidenses en países de bajos salarios intensificó la movilidad de las mujeres, pues ellas fueron las más solicitadas para trabajar en fábricas de ropa y plantas ensambladoras -como las maquilas instaladas en la frontera entre Estados Unidos y México-, con sueldos bajos y condiciones laborales inseguras y extenuantes.

De igual manera, alguno/as autore/as hablan de una feminización en las tendencias de los actuales flujos migratorios internacionales. Aunque algunas de estas mujeres se moviliza para reunirse con sus familiares y parejas, crece aceleradamente el número de mujeres jóvenes y jefas de familia que migran por razones de trabajo y lo hacen de manera independiente. Solo en Europa, se calcula que hay un millón de trabajadoras domésticas, la mayoría originarias de países pobres y viviendo en calidad de indocumentadas.

El empeoramiento de las condiciones de vida en el campo, el aumento del desempleo en las zonas urbanas y, en general, las políticas económicas neoliberales que se han implementado en los países de América Latina y el Caribe han golpeado de manera particular a mujeres con poca calificación, campesinas, indígenas y afrodescendientes, impulsándoles a migrar a la ciudad o al extranjero para encontrar oportunidades de trabajo y mejorar su situación económica y la de sus familias. Debido a esta situación de crisis y dado que las mujeres tienen múltiples y pesadas responsabilidades dentro del hogar, muchas de ellas aceptan trabajos con horarios flexibles, pero mal remunerados y con muy pocos derechos laborales.

Bilac (1994) dice que es necesario pensar la migración femenina en su relación con cambios generales vinculados a las transformaciones de orden estructural en la economía mundial, como la globalización de la economía capitalista, la segmentación de los mercados y, especialmente, la desregulación y flexibilización del trabajo, una característica que está presente en los acuerdos que hoy se negocian para dar vida al ALCA. En este contexto, en las grandes ciudades de América Latina, Estados Unidos y Canadá existen nuevas formas y oportunidades de incorporar la fuerza de trabajo de mujeres migrantes (internas e internacionales), pero su incorporación se produce de manera marginal (Sassen 2000) y básicamente en el sector informal: trabajo doméstico y de cuidado, área de servicios y trabajo sexual.


  Algunas conclusiones.
El crecimiento económico y los acuerdos de apertura comercial no son garantía de que las presiones migratorias se vayan a detener. Por el contrario, la reducción de estos flujos depende en gran medida de una profunda transformación de las condiciones estructurales de los países expulsores y receptores de poblaciones migrantes y, por su puesto, de la reducción de las disparidades económicas y sociales entre esos países.

Por esta y otras razones, no han sido ni serán exitosas las políticas asentadas en el control policial de las fronteras. Mas bien, se requieren políticas económicas y sociales que otorguen a hombres y mujeres del continente lo que Mármora (1999) llama el derecho a no migrar, es decir, suficientes oportunidades (acceso a la educación y al trabajo, condiciones de equidad, etc.) para desarrollarse social y económicamente en sus países de origen.

Debido a la importancia y las consecuencias que generan los flujos migratorios a nivel económico, político y cultural, es imprescindible que los acuerdos hemisféricos incluyan en sus debates y convenios el tema de la migración. Claro que hay que reconocer que la realidad migratoria es diversa en cada uno de los países de las Américas, por lo que no se puede imponer una política única y rígida. Así, abrir completamente las fronteras para la libre circulación de trabajadores y trabajadoras migrantes puede resultar contraproducente en ciertos contextos. Por tanto, resulta imprescindible que cada uno de los países de acogida adopten políticas que combinen en forma adecuada el control de su territorio y el respeto a los derechos humanos universales, entre ellos, el derecho a la libre movilidad de las personas.

De igual manera, las políticas migratorias que adopten los países deben reconocer que la migración femenina tiene características particulares, las mismas deben ser tomadas en cuenta al momento de firmar acuerdos comerciales y de intercambio laboral.

Algunas organizaciones sociales han insistido en que es imprescindible que todos los países del continente suscriban y ratifiquen el Convenio Internacional sobre la Protección de los Derechos de todos los Trabajadores Migratorios y de sus familiares (1990), que, entre otras cosas, protege la equidad de trato entre trabajadores/as migrantes y trabajador/as nacionales. Así mismo, se ha propuesto que los acuerdos comerciales y de inversión incluyan subsidios internacionales para programas específicos de desarrollo en zonas exportadoras de mano de obra (Alternativa para las Américas).

Sin duda, existen posiciones sumamente críticas frente al tipo de integración que propone el ALCA, por los efectos negativos que puede ocasionar en los países pequeños y menos desarrollados, así como en las zonas y poblaciones más vulnerables. Por ejemplo, la sindicalista mexicana Berta Luján considera que un modelo de integración como el de la Unión Europea (UE) puede resultar un poco más completo: primero, porque considera las asimetrías en los países que forman parte del acuerdo, por lo que previeron fondos compensatorios y medidas especiales para ayudar a los países menos desarrollados a alcanzar niveles de crecimiento distintos; segundo, porque incorporan el tema del libre tránsito de personas en los acuerdos, aunque se cierra las fronteras para lo/as trabajadores que no son de la UE; tercero, porque incorporan cláusulas laborales, y cuarto, porque se ha incorporado a algunos sectores sociales (como los sindicatos) en la toma de decisiones.

En cambio, los acuerdos del ALCA excluyen formalmente el tema del intercambio laboral, aunque, es muy probable, como ha sucedido en el caso del TLCAN, que paralelamente se busquen otros mecanismos y regulaciones para que la mano de obra latinoamericana y caribeña se incorpore a los mercados laborales estadounidense y canadiense, manteniendo su carácter de ventaja comparativa regional por su bajo costo. El riesgo es que, en este contexto de flexibilización laboral y reducidos derechos laborales, la mano de obra femenina resulta la más atractiva.


  Bibliografía.
.- Aragonés, Ana María, 2001, TLC, ALCA y migración, en La Jornada, 22 de mayo, México DF.

.- Bilac, D., 1994, Género, familia y migraciones internacionales, trabajo presentado en el Seminario Emigración e Inmigración Internacional en el Brasil Contemporáneo, organizado por el Núcleo de Estudios de Población de la Universidad de Campinas, Brasil, 25-28 de septiembre.

.- Castles S. y Miller J., 1998, Age of Migration, Guilford Press, Nueva York.

.- Constantini, P., 1998, TLCAN y después: sindicalista Berta Luján habla del Area de Libre Comercio de las Américas, en IPS, 23 de noviembre.

.- Tuirán R., Partida V., y Avila J., 2001, Crecimiento económico, libre comercio y migración, en Puentes, entre el comercio y el desarrollo sustentable, Publicación del ICTSD (Internacional Center for Trade and Sustainable Development), febrero-abril: 5-6.

.- Pajares M., A quién beneficia la migración ilegal?, en Puentes, entre el comercio y el desarrollo sustentable, Publicación del ICTSD (Internacional Center for Trade and Sustainable Development), febrero-abril: 3-4.

.- Mármora, L., 1999, Derechos humanos y políticas migratorias, en Revista de la OIM sobre Migraciones en América Latina, www.oim.web.cl .

.- Massey, D., 1998, Immigration Policy after NAFTA, en The American Prospect, marzo 1, página electrónica: www.prospect.org .

.- Sandoval, J. M., 2001, El plan Puebla-Panamá como regulador de la migración laboral centroamericana y del Sur-Sureste de México, ponencia presentada en el Foro Internacional de Información, Análisis y Propuestas sobre Libre Comercio y Asuntos Transfronterizos, organizada por RMALC, 12 de mayo.

.- Sassen, S., 2000, Mais porquoi émigrent-ils?, en Le Monde Diplomatique, noviembre.


7. Mujeres y desarrollo: Recursos en internet.
 
  7.1. Organizaciones y redes.


  7.2. Buenas prácticas.


  7.3. Instrumentos jurídicos.


  7.4. Documentos.


8. Glosario.
  • Abaya:
    Es el nombre que recibe el velo usado por las mujeres en Arabia Saudí y regiones vecinas.

  • Acceso de las mujeres a la producción alimentaria:
    Las mujeres de los países pobres son a menudo muy activas en la producción alimentaria local y en la alimentación familiar. Promover la seguridad alimentaria de las poblaciones incluye el reconocimiento y la promoción del papel de las mujeres en la producción alimentaria y en el acceso y control equitativo de los recursos productivos. Para conseguirlo, es necesario introducir un enfoque de género en el análisis de los aspectos socio-económicos y culturales de la alimentación.

  • Acciones positivas:
    Es la estrategia destinada a la igualdad de oportunidades por medio de unas medidas que permitan corregir aquellas discriminaciones que son el resultado de prácticas sociales y cuya finalidad es poner en marcha programas concretos que proporcionen a las mujeres ventajas concretas.
    Las acciones positivas suelen identificarse con medidas enfocadas a aumentar la participación política de las mujeres, pero también se diseñan medidas con el fin de eliminar o disminuir situaciones de discriminación allí donde existan y con el fin de ajustarse a la realidad de las organizaciones y proyectos de desarrollo rural.


  • Actividades comunitarias:
    Son todas aquellas actividades que se realizan en la comunidad, relacionadas con la organización social. Engloban el trabajo en comités o agrupaciones de carácter social que comportan una dedicación de tiempo y recursos por parte de quienes las integran.
    Dentro de la esfera comunitaria, mujeres y hombres suelen desarrollar actividades en grupos separados y, por lo general, los grupos de hombres reciben mayor reconocimiento social.

  • Actividades productivas:
    Son las actividades que generan ingresos o beneficios para consumo propio o para la venta en el mercado. La construcción social de los géneros asigna estas actividades a los hombres, a los que se encarga la obtención de recursos fuera del ámbito privado para mantener a su familia y, así, cumplir con su rol de proveedor que resuelve las necesidades de la familia. Sin embargo, en esta actividad productiva también participan las mujeres, las niñas y los niños.
    Las condiciones de pobreza presionan a muchos hombres a desarrollar trabajos que les sean más rentables que otros, no por razones de discriminación social de género, sino por otro tipo de opresiones sociales. En cambio, las mujeres se ven desplazadas hacia actividades productivas mal pagadas debido a la discriminación de género. La construcción social de género les limita sus posibilidades de formación y capacitación, formación que va a determinar el tipo de actividad productiva en la que podrían incorporarse. Junto a esto está el hecho de que los hombres son los que ejercen el control sobre sus vidas, decisiones y recursos.

  • Actividades reproductivas:
    Son tareas normalmente asignadas a las mujeres que comprenden las relaciones con la reproducción biológica junto con las actividades domésticas, labores del hogar, la socialización y la educación de niñas y niños, el cuidado de la salud familiar, la alimentación y todo el trabajo que esto implique. Son pocas las ocasiones en las que los hombres asumen estas tareas. Dentro de la construcción de género femenino y masculino, éstas son actividades "prohibidas" para los hombres.

  • Análisis de género:
    Proceso teórico-práctico que analiza las diferencias existentes en los roles desempeñados por hombres y mujeres, según sus papeles y responsabilidades, su acceso y control de los recursos y sus necesidades e intereses, con el fin de planificar el desarrollo de manera eficaz e igualitaria para superar las discriminaciones existentes, que limitan la posibilidad de que la mujer exprese sus necesidades y preferencias.
    Este análisis no debe limitarse al papel de las mujeres en la sociedad, sino que implica el estudio de las relaciones sociales dadas entre mujeres y hombres en temas como el trabajo productivo y reproductivo, el acceso y control de beneficios, las limitaciones y oportunidades y la capacidad de organización de mujeres y hombres para promover la igualdad.

  • Androcentrismo:
    Es una ideología, una forma de pensar, una visión del mundo que considera al hombre como centro de referencia del Universo y que, simultáneamente, oculta en un segundo plano el papel de la mujer.

    Punto de vista que considera lo propio y característico de los hombres como centro del universo, parámetro de análisis de la realidad y experiencia universal de la especie humana. Sitúa a la mujer en la periferia en base a una supuesta superioridad masculina y confunde la humanidad con el hombre-varón. Es una forma específica de sexismo que se manifiesta en la ocultación de las mujeres y en su falta de definición.

  • Anticoncepción:
    Son todos los métodos de prevención de la concepción.

  • Antropocentrismo:
    Es la visión del mundo desde un único punto de vista: el del ser humano, sin considerar que hay otros seres vivos en el mismo o situándose por encima de ellos en una escala de valoración de la vida jerárquica.

  • Asignación intrafamiliar de recursos:
    Es la distribución que se hace entre las personas que conforman un hogar de los recursos económicos y de la participación en la toma de decisiones dentro del mismo. Esta distribución suele ser desigual debido, sobre todo, a factores como son el género, la edad o el estatus de los miembros del hogar.
    Cuando el análisis económico estudia los diferentes roles, restricciones y necesidades de mujeres y hombres en el hogar se ve de forma clara que existen grandes diferencias entre los derechos y obligaciones que cada uno tiene.
    La división genérica del trabajo, el acceso a bienes de consumo y servicios, las aportaciones de ingresos, la toma de decisiones y la cantidad de trabajo realizado en el hogar siguen pautas marcadas por el género.

  • Burqa:
    Nombre del velo usado por las mujeres en Paquistán y otras regiones vecinas.

  • Capacitación de Género:
    Desde la perspectiva de la estrategia de Género en el Desarrollo, dentro de la cooperación al desarrollo, es el proceso de toma de conciencia acerca de las desigualdades existentes entre mujeres y hombres con el fin de promover un trato más equitativo en la planificación y la práctica del desarrollo que permita el acceso a los recursos y al poder a las mujeres.
    La capacitación de género es útil para sensibilizar hacia las desigualdades de género a la instituciones del desarrollo de manera que consideren las implicaciones que una política o proyecto determinados pueden tener en las relaciones entre mujeres y hombres.

  • Chador:
    Nombre dado al velo usado por las mujeres en Irán. Consiste en un velado completo del cuerpo de la mujer con tela negra, permaneciendo expuesto al exterior sólo el rostro o, en estricta observancia, un ojo.

  • Circuncisión femenina:
    Es un eufemismo que se emplea para designar la clitoridectomía o la excisión. El daño que se produce es mucho más grave que el ocasionado por la circuncisión masculina. A pesar de que se conocen dos prácticas culturales -ambas son practicadas sin condiciones médicas y con consecuencias para la salud- la clitoridectomía es más parecida a la total penisectomía que a la circuncisión (ver clitoridectomía, mutilación genital).

  • Clitoridectomía:
    La clitoridectomía consiste en la extirpación del órgano completo (tanto prepucio como glándulas) y las partes adyacentes del labio menor. La Circuncisión Sunna es la extirpación del prepucio y/o punta del clítoris.
    La clitoridectomía se practica en más de 26 países, desde el Cuerno de África y el Mar Rojo hasta la costa Atlántica del continente africano, y desde Egipto, en el Norte, hasta Mozambique, en el Sur, incluyendo también Botswana y Leshoto. Algunos investigadores sitúan la práctica de la clitoridectomía también en los dos Yemen, Arabia Saudí, Irak, Jordania, Siria y el sur de Argelia o en áreas tan diversas como Indonesia, Malasia, Australia, Brasil, El Salvador, Paquistán y entre la secta cristiana copta en la Unión soviética (ver mutilación genital).

  • Coeducación:
    Educación centrada en las alumnas y alumnos considerando ambos grupos con igualdad de derechos y oportunidades.

  • Condición de género:
    Partiendo de la realidad desigual entre mujeres y hombres y sus oportunidades de desarrollo, se ha planteado la condición de género como un apoyo al análisis de género. Con ella determinamos las condiciones de vida de las personas y la situación diferenciada de mujeres y hombres con el fin de apoyar estrategias que logren minimizar las desigualdades que puedan existir a nivel comunitario y resolver tanto las necesidades de mujeres como las de los hombres, realizando acciones que apoyen a quienes están en una situación de mayor desventaja con respecto a su desarrollo.

  • Condición de las mujeres:
    Es el concepto que alude al contexto material en el que se hayan las mujeres. Este contexto está definido por la pobreza, la falta de acceso a la educación, la falta de capacitación, la excesiva carga de trabajo, la desnutrición. Todos aquellos proyectos y políticas de desarrollo encaminados a atender estas necesidades y a definir la posición de las mujeres en un contexto determinado mejoran sus condiciones de vida.

  • Construcción de lo femenino y lo masculino:
    Cada sociedad elabora y moldea, a lo largo del tiempo y de una forma dinámica, sus normas prácticas, símbolos y valores. Lo que en una cultura es lo femenino y lo masculino puede serlo a la inversa en otra porque esa cultura así lo ha determinado.
    La construcción de lo masculino y lo femenino desde el poder y la subordinación, promueve el ejercicio de la violencia por parte de quien domina y la legitima al no denunciarla, penalizarla y evitar que suceda. Incluso se llega a aceptar como algo "normal". La violencia lastima tanto a las mujeres como a los hombres, quienes en muchos casos, han sido socializados para agredir y ejercer la violencia física.

  • Construcción social de género:
    La construcción de género se interrelaciona con otras condiciones que existen en la vida de cada persona como son su cultura, su etnia, su clase social, su edad, su comunidad religiosa, su planteamiento político y la historia de su comunidad o su familia. Todas las personas, mujeres y hombres, nacemos dentro de un grupo social que determina qué debemos ser dependiendo de nuestro sexo. Es por ello que no todas las personas tenemos las mismas vivencias de género.
    Esta construcción social de género conduce a la creación de las desigualdades sociales de género. La construcción de géneros determina la subordinación de uno de ellos, el femenino, frente al dominio y poder del otro género, el masculino. Se potencian unas características en el género femenino frente a otras en el género masculino que se concretan en las identidades de género.
    El proceso de formación de identidades determina las oportunidades y limitaciones que tendrá cada individuo, según su género, para desarrollarse plenamente: su acceso a recursos, su capacidad para la toma de decisiones, sus posibilidades de crear y de proponer formas eficientes de hacer las cosas, pero también determina las posibilidades de desarrollo sostenible para el colectivo en el cual se desarrolla.

  • Control de recursos, beneficios y oportunidades de las mujeres:
    La posición de subordinación de las mujeres en relación con los hombres, define un tipo de acceso y control limitado a los recursos y a las oportunidades.
    El control se refiere al dominio, la propiedad y el poder de decisión. En algunas circunstancias, las mujeres pueden llegar a tener el acceso a un recurso pero con un control limitado sobre éste.
    Por recursos se entiende bienes y medios. Entre los tipos de recursos que existen están los económicos o productivos, los políticos y el tiempo, que es uno de los recursos más escasos para las mujeres.
    Los beneficios son las retribuciones económicas, sociales, políticas y psicológicas que se derivan de la utilización de los recursos.
    Por oportunidades se entiende que son las posibilidades de realizarse física y emocionalmente, pudiendo alcanzarse las metas que se establecen en la vida.

  • Criminalización de la prostitución:
    La criminalización de la prostitución consiste en convertir en actividad ilegal el hecho de solicitar o mantener relaciones sexuales a cambio de dinero.
    Normalmente, la ley establezca que todas las personas implicadas, tanto la persona que ofrece sexo por dinero como quien lo compra como quien actúa de intermediaria con fines de lucro, han cometido un acto delictivo. Sin embargo, en la práctica sólo se arresta y procesa a la trabajadora del sexo, y no al proxeneta o al cliente.

  • Currículo integrador de géneros:
    Es el currículo que recoge la experiencia y los intereses de ambos géneros. Dejando de estar en la periferia, las niñas y las mujeres pasan a ocupar el centro con igualdad de derechos que los niños y los hombres.

  • Currículo masculino:
    Es el currículo que se centra en la experiencia y los intereses del género masculino. Está pensado para los niños y los hombres.

  • Datos desagregados por sexo:
    Es la recogida de información diferenciada en base al sexo.

  • Desarrollo sostenible:
    Desarrollo económico y social que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades, mediante el respeto al medio ambiente y la conservación de los recursos naturales.

    Es una expresión que se utilizó en un célebre y excelente informe conocido por el apellido de la señora Brundtland, que fue primera ministra de Noruega, y que, por encargo y dentro del seno de las Naciones Unidas, presidió una comisión del Medio Ambiente y del desarrollo, para estudiar los problemas e interdependencias entre la Ecología y la Economía (entendidas no sólo como ciencias sino como realidad actual, como formas de entender y organizar la vida de las colectividades). Con este término, se referían a la necesidad de que los patrones y "modelos" del desarrollo han de tener en cuenta el futuro común de los hombres y de las generaciones venideras que habitarán este mismo mundo que hoy habitamos los vivos actuales. Lo que supone no agotar los recursos; preparar formas de vida y desarrollo que tengan como horizonte la continuidad de la naturaleza, del medio, de la cultura, de la vida y sus especies; creando relaciones de ecointerdependencia, a través de una forma de cooperación y de solidaridad que contribuya a construir tejido socioeconómico y político libre de dependencias, en el espacio y en el tiempo. Es el desarrollo inter e intrageneracional, protagonizado por la colectividad humana que asegura la permanencia en el Medio y su calidad de sujeto activo y libre del desarrollo. La Conferencia en la Cumbre de Río en 1992, usará y consagrará dicho nombre; desde entonces se empieza a generalizar como expresión del prototipo de desarrollo al que hemos de aspirar, añadiendo otro adjetivo, "humano", procedente de los informes del PNUD. La expresión completa es, pues, Desarrollo humano y sostenible.

  • Descriminalización del trabajo sexual:
    El intercambio de sexo por dinero no se estima un crimen. Sin embargo, la ley puede prohibir la explotación o el abuso de las trabajadoras del sexo. La descriminalización de la prostitución no trae consigo automáticamente su regulación por parte de los gobiernos.

  • Desigualdades sociales de género:
    Son las diferencias naturales, por sexo, que por sí mismas no provocan desigualdad, pero que en el momento en que el grupo social les da un valor a estas diferencias, los géneros, esta situación cambia y se producen las desigualdades para el desarrollo y el bienestar de mujeres y hombres.


  • Dimensión de género:
    Es adopción del género como categoría de análisis de forma que sirva para analizar y evaluar el cambio en la condición y posición de las mujeres; o determinados aspectos en las relaciones de género. Asumir la dimensión de género como categoría de análisis nos permite visualizar con mayor claridad el sistema sexo-género vigente. Y asumiendo el enfoque de desarrollo desde esta perspectiva, nos permite comprobar cómo los proyectos o programas tienen efectos a la hora de reforzar este sistema o aportar un cambio al mismo.

  • Discriminación:
    Es trato desigual y diferencial dispensado a un grupo o en una sociedad, a una parte de la población, con relación al conjunto de acuerdo con su clasificación como miembros de categorías particulares, tales como raza, sexo, edad, clase social, etc, todo ello encaminado a hacer de la minoría discriminada un grupo con menos derechos que el conjunto de la sociedad.
    La discriminación social es el proceso por el cual uno o varios miembros de un grupo social determinado son tratados de manera diferente y desfavorable por el mero hecho de pertenecer a ese grupo.
    Las prácticas discriminatorias pueden darse tanto a nivel de las relaciones interpersonales y de la conducta individual, como a nivel institucional dentro del ámbito de las políticas públicas, legales o administrativas.
    Existen tres formas principales de discriminación por parte de un grupo dominante respecto al grupo minoritario: 1.- el aprovechamiento del monopolio del poder ejercido para explotar al grupo minoritario y obtener de ello ventajas; 2.- la dominación ideológica, por la cual el grupo mayoritario es el poseedor de la "verdad"; 3.- el racista, por la que un grupo mayoritario sostiene ser físicamente superior al grupo dominado.

  • Discriminación positiva:
    Es una forma de discriminación dirigida a corregir los efectos negativos que formas históricas de trato diferencial han tenido sobre grupos minoritarios, con el fin de conseguir una sociedad más justa e igualitaria. Es una discriminación en sentido inverso. Es la llamada acción positivia.
    La política de discriminación positiva ha sido impulsada por los gobiernos, sobre todo en campos como la educación y el empleo.

  • División del trabajo:
    Es la atribución diferencial que se da a las capacidades y destrezas de mujeres y hombres, y a la distribución de las distintas tareas y responsabilidades en la vida social. Al hombre suele dársele el rol de "proveedor" de familia y a la mujer el rol de "reproductora", responsable del hogar y de la crianza de los hijos.
    La división del trabajo por género es específica de cada cultura y época en particular, y se adapta a las condiciones cambiantes del hogar, de los recursos naturales, de la influencia de un proyecto de desarrollo local, de los efectos de la educación y otras causas.
    Se pueden diferenciar tres tipos de trabajo: productivo, reproductivo y comunitario.

    En una planificación internacional del trabajo, es la teoría y práctica por la cual los países se especializan en la producción de aquellos productos básicos para los que tienen la mayor ventaja comparativa.

  • Dote:
    Son los bienes materiales intercambiados entre las familias de los novios. Puede consistir también en un mutuo intercambio de los regalos entre las familias. Dependiendo del país y la cultura, la dote puede depender de la virginidad de la novia y ser pagada por la familia del novio a la de la novia o por la de la novia a la del novio.

  • Embarazo forzoso:
    Es el confinamiento ilícito de una mujer a la que se ha dejado embarazada por la fuerza con la intención de modificar la composición étnica de una población o de cometer otras violaciones graves del derecho internacional.

  • Empoderamiento:
    El empoderamiento de las mujeres consiste en dotar a las mujeres de mayor poder y control sobre sus propias vidas. Implica aspectos como la concientización, el desarrollo de confianza en sí mismas, ampliación de oportunidades y un mayor acceso a los recursos y control de los mismos.

    El empoderamiento es un concepto básico para el desarrollo humano. Cobra relevancia en la lucha por la equidad entre hombres y mujeres en tanto es una estrategia fundamental para generar y consolidar los procesos de emancipación, desarrollo, y crecimiento personal y colectivo.

    El término "empoderamiento" se empieza a utilizar en el campo del desarrollo debido al interés por superar la marginación de las mujeres y por incorporar la perspectiva de género articulando desarrollo y equidad.

    Los instrumentos utilizados para promover el empoderamiento de las mujeres deben simplificar el proceso de comunicar las necesidades y prioridades de las mujeres y fomentar un papel más activo en la promoción de estos intereses y necesidades. Entre los instrumentos importantes de empoderamiento se encuentran la información y las redes.

  • Enfoques de políticas hacia las mujeres:
    Son las diversas maneras de conceptualizar la situación de las mujeres, que dan lugar a diferentes políticas, programas y proyectos destinados a promover su participación en los procesos de desarrollo.

  • Equidad:
    Pretende el acceso de las personas a la igualdad de oportunidades y al desarrollo de la capacidad básica; esto significa que se deben eliminar las barreras que obstaculizan las oportunidades económicas y políticas, así como el acceso a la educación y los servicios básicos, de tal manera que las personas (hombres y mujeres de todas las edades, condiciones y posiciones) puedan disfrutar de dichas oportunidades y beneficiarse con ellas.

    Implica la participación de todas y todos en los procesos de desarrollo y a aplición del enfoque de género en todas nuestras actividades.

    Equidad es dar a cada cual lo que le pertenece, reconociendo las condiciones o características específicas de cada persona o grupo humano (sexo, género, clase, religión, edad); es el reconocimiento de la diversidad, sin que ésta signifique razón para la discriminación.

    Equidad significa "justicia". Se refiere, por tanto, a una situación de desequilibrio en la cual las diferencias son compensadas. Por ejemplo, por el hecho de haber nacido mujer o miembro de un grupo social oprimido, se crean compensaciones en las leyes, en las costumbres y en los hábitos sociales capaces de propiciar la igualdad de oportunidades. Sin igualdad no puede existir la equidad.

  • Estereotipos de género:
    Es el conjunto de creencias estructuradas sobre supuestos atributos "naturales" de mujeres y hombres. Cada sociedad establece sus patrones masculinos y femeninos como normas culturales.


  • Feminización de la pobreza:
    Es el predominio creciente de las mujeres entre la población empobrecida, constituyendo en la actualidad el 70% de la población mundial que vive en situación de pobreza.

    El concepto "feminización de la pobreza" alude al crecimiento de la proporción de mujeres entre la población pobre, al sesgo de género de las causas de la pobreza y a la mayor exposición de las mujeres a la pobreza debido a los mayores niveles de inseguridad, precariedad y vulnerabilidad que sufren por su posición subordinada a los hombres en el sistema de relaciones de género.

    Las políticas de estabilización y los programas de ajuste estructural aplicadas en la mayoría de los países del Sur, desde comienzos de los años 80, han impactado negativamente en los sectores femeninos de menos recursos, agudizando tanto su riesgo de empobrecimiento como las desigualdades entre los géneros.

  • Género:
    Es una construcción sociocultural que define las diferentes entre las mujeres y los hombres apoyándose en bases sociales, culturales e históricas, en los comportamientos y en los roles femeninos y masculinos que cada sociedad asigna a mujeres y hombres.
    Los géneros son construidos históricamente a partir de la identificación de características sexuales que clasifican a los seres humanos corporalmente. Una vez clasificados se les asigna a cada uno un conjunto de funciones, actividades, relaciones sociales, formas de comportamiento y normas. Son las características económicas, sociales, jurídicas, políticas, psicológicas y culturales, que crean lo que en cada época, sociedad y cultura son los contenidos específicos de ser hombre y ser mujer.
    El género determina lo que es conveniente y posible para hombres y mujeres con respecto a sus comportamientos, roles, y participación en los diferentes ámbitos sociales. Este comportamiento aprendido es lo que define la identidad de género y determina los papeles de género. Las instituciones sociales reproducen, refuerzan y controlan la funcionalidad de estos patrones de género, perpetuándolos mediante procesos de socialización.

  • Género en el desarrollo:
    Es la visión de desarrollo con la que se pretende mejorar la posición de las mujeres en relación a los hombres de manera que se beneficie y se transforme la sociedad en su totalidad.

    La estrategia denominada Género en el Desarrollo (GED) alude a las asimetrías de poder entre hombres y mujeres que deben ser afrontadas por las políticas de desarrollo, mediante el apoyo a procesos de empoderamiento, organización y autonomía de las mujeres.

    Las evaluaciones de los proyectos que iban dirigidos a mujeres pusieron de relieve que las relaciones de dominio/subordinación entre los géneros constituyen un obstáculo a la plena participación de las mujeres en el desarrollo.

    Como consecuencia de ello, el énfasis de los análisis y las propuestas dejó de estar centrado en la mujer y comenzó a enfocarse sobre el género y sobre las relaciones desiguales de poder entre los géneros, surgiendo el concepto de Género en el Desarrollo.

  • Grupos etáreos:
    Clasificación de la población por grupos de edad.

  • Hajib:
    Es la vestimenta modesta de una mujer en el mundo musulmán. Normalmente está constituida por el pañuelo u otra pieza para cubrir la cabeza, mangas y falda largas. También puede significar velados menos completos, como el chador.

  • Halacha:
    Código legal religioso del judaísmo fundamento de la ley de las cortes rabínicas.

  • Harén:
    Es una institución surgida en el período abbasí que designa los apartamentos privados donde residen las mujeres de la casa. El harén es propio de clases sociales elevadas y, por lo tanto, escaso.
    La fascinación que genera entre los viajeros y orientalistas europeos, debido a su carácter sacro, contribuye a generar una literatura y una imagen desproporcionada con respecto a la realidad.

  • Hogares encabezados por mujeres:
    Hogares donde la madre es el único progenitor que está físicamente presente convirtiéndose en la principal proveedora del sustento de sus miembros, desempañando, al tiempo, las funciones de autoridad, socialización y administración de la unidad de convivencia.

  • Homofobia:
    Es el temor y aversión a las personas homosexuales. Este término ha sido utilizado tradicionalmente para designar la aversión a los hombres homosexuales.

  • Idda:
    En la jurisprudencia islámica, es el período de aislamiento de una mujer después de la finalización del matrimonio. En caso de repudio (ver talaq) o de divorcio revocable (ver radji) una mujer debe permanecer aislada y no puede volver a casarse durante los tres meses (o hasta el parto, en caso de estar embarazada) siguientes al pronunciamiento final del divorcio. En caso de muerte del marido, la idda es para la mujer de 4 meses y diez días. En los divorcios entre los cristianos coptos, el período de idda para la esposa es de 10 meses.

  • Identidad de género:
    Durante el proceso de "socialización se construyen nuestras identidades: la identidad femenina y la identidad masculina y las formas de relación entre ambas. Nuestras identidades se construyen en relación con lo que debemos sentir, hacer, pensar e incluso imaginar, lo cual está previamente establecido para nuestro género, pero también de acuerdo con otras condiciones del mundo en el que nos desenvolvemos: identidad desde la cultura a la que pertenezco, de la clase o grupo social que determina nuestras condiciones materiales de vida, la identidad de acuerdo con nuestra edad, identidad religiosa, política. Mujeres y hombres aprendemos cómo nos valora la sociedad porque así nos lo demuestra y vamos formando nuestra propia valoración y nuestra idea de lo que podemos realizar y lo que no. Esto implica el reconocimiento de nuestras capacidades y potencialidades tanto como su desarrollo. Si todo el tiempo se nos califica como tontas, o tontos; si no recibimos apoyo y motivación y no tenemos experiencias que nos ayuden a reconocer lo que podemos hacer como personas y oportunidades para corregir nuestros errores, muy probablemente nuestra percepción personal será muy pobre y muy baja.

    Cada persona tiene una identidad que es el contenido de lo que es. ¿Quién soy yo?. La socialización del género implica mayores limitaciones para la construcción de una buena autoestima de las mujeres, lo cual repecute en la imagen que tienen de si mismas. Generalmente esta identidad corresponderá con la identidad asignada por la sociedad. Miramos y escuchamos todo el tiempo frases con mensajes acerca de lo que hace el género femenino y el masculino; los lugares a los que puede ir y a los que no; las horas en que puede salir; la forma de vestirse y la imagen que debe dar al resto de la sociedad; las cosas que puede aprender y los temas de los que es posible hablar; la forma en que vivimos nuestra sexualidad; los recursos y los beneficios a los que tenemos acceso; las decisiones que podemos tomar y las que no.


    La identidad femenina y la identidad masculina están definidas por el conjunto de características, cualidades y circunstancias que determinan a cada género.

  • Igualdad de género:
    Capacidad legal, social y política de mujeres y hombres para movilizar y gestionar todo tipo de recursos en condiciones igualitarias. Mientras el concepto de igualdad alude a que mujeres y hombres disfruten de similares oportunidades y recursos iniciales para desarrollar determinadas actividades o para disfrutar de los bienes y servicios, la equidad de género se refiere más bien a la igualdad "de resultados", es decir, al logro de metas iguales para ambos sexos.
    La necesidad de tomar en consideración las diferencias y las desigualdades existentes entre hombres y mujeres ha propiciado la aparición de las llamadas "políticas de diferenciación para la igualdad" o "políticas de acción positiva", que tratan desigualmente a quienes son desiguales con el fin de disminuir las distancias económicas, culturales, sociales y políticas entre ambos colectivos. Además, para lograr la igualdad entre mujeres y hombres es necesario modificar las prácticas institucionales y las relaciones que refuerzan y mantienen la desigualdad; asimismo se requiere que las mujeres manifiesten con firmeza su voluntad para determinar el curso de sus vidas.

  • Igualdad de oportunidades:
    Igualdad de oportunidades para participar en una intervención o en la utilización de los servicios que se proporcionan. La finalidad es la creación de un "campo de juego equilibrado" de modo que las mujeres y los hombres tengan oportunidades similares de progresar en la vida social, económica y política.

  • Impacto diferenciado por sexo:
    Son los resultados de las actividades que tienen un efecto diferenciado sobre la vida de mujeres y hombres.

  • Índice de Desarrollo relativo al Género:
    Propuesto por el PNUD en 1995, el IDG penaliza la desigualdad entre hombres y mujeres, de manera que su valor disminuye cuando desciende el nivel de adelanto global de hombres y mujeres o cuando aumenta el grado de disparidad entre el adelanto de los unos frente a las otras. El IDG utiliza las mismas variables que el IDH, pero ajusta los resultados para ser sensible a la disparidad entre el adelanto de mujeres y hombres en el logro de las capacidades básicas de salud, educación e ingreso. En todos los países disminuyen los valores del IDG en comparación con el IDH, lo que quiere decir que en todos existe algún grado de desigualdad, ya que en el caso de producirse la equiparación total entre hombres y mujeres los valores de IDG e IDH serían idénticos.

  • Índice de Potenciación de Género:
    El IPG pretende captar la desigualdad de género en esferas clave de la participación económica y política y de la adopción de decisiones. Así, se centra más en las oportunidades que se ofrecen a las mujeres que en sus capacidades. En cierta forma, puede decirse que el IPG resulta más un indicador de empoderamiento que de bienestar.

    Para ello se utilizan los siguientes indicadores: a) para reflejar la participación económica y la facultad de adopción de decisiones: el porcentaje de participación de mujeres y hombres en puestos administrativos y ejecutivos y el porcentaje de participación en empleos profesionales y técnicos; b) para recoger la participación política: el porcentaje de mujeres y hombres en los esaños parlamentarios.

  • Infibulación:
    Es la extirpación de todo el clítoris, los labios mayores y los labios menores; y la unión de los labios desgarrados de la vulva sobre la vagina, que son asegurados con espinas o cosidos con hilo. Se mantiene una pequeña abertura insertando una astilla de madera (comúnmente una cerilla) en la herida durante el proceso de ciatrización, para permitir el paso de la orina y del flujo menstrual. Una mujer infibulada, para mantener relaciones, debe ser abierta mediante un corte aún mayor para permitir el alumbramiento; a menudo, se la vuelve a coser después del parto, y así puede verse sujeta a tales procedimientos durante toda su vida reproductiva. La práctica de la infibulación existe todavía (a veces a pesar de las medidas legales contra ella) en ciertas áreas de Sudán, Somalia, Etiopía, Nigeria, Alto Volta, Costa de Marfil, Kenia y Mali. El nombre sudanés de la infibulación atribuye su origen a Egipto (circuncisión faraónica); los egipcios llaman a la misma operación "circuncisión sudanesa" (ver mutilación genital).

  • Intereses de género:
    Mientras los "intereses de género" son aquellas preocupaciones prioritarias que las mujeres o los hombres pueden desarrollar en virtud de la posición social que adoptan de acuerdo a sus atributos de género, las "necesidades de género" son los medios por los cuales tales preocupaciones son satisfechas. La conceptualización de los intereses de género dió lugar a un nuevo paradigma en el campo del análisis social, que ha demostrado ser un instrumento útil para integrar, en un marco común, tanto la variedad de intereses que atañen a los diferentes grupos de mujeres como a los intereses que les son comunes a cada género. Los "intereses estratégicos de género" se derivan del análisis de las relaciones de dominio/subordinación entre los géneros y expresan un conjunto de metas relacionadas con una organización más igualitaria de la sociedad. Aunque estos intereses varían según el contexto cultural y sociopolítico en que se desenvuelven las mujeres y los hombres, las feministas sostienen que las mujeres pueden unirse alrededor de ciertos aspectos asociados a su subordinación genérica para encontrar caminos que transformen dicha situación.

  • Intereses y necesidades estratégicas:
    Son aquellos que permiten colocar a las mujeres en una mejor posición respecto de los hombres, relativos al lugar que ambos ocupan en la sociedad. Comprenden aspectos como la participación ciudadana, las posibilidades de decidir en condiciones de democracia, la autonomía y solidaridad, las oportunidades de capacitación y formación, desigualdad respecto a la toma de decisiones, acceso y decisión sobre el control y uso de los recursos, barreras culturales para la participación y consideración en igualdad de condiciones de lo que sucede en los ámbitos público y privado.
    Estos intereses y necesidades están relacionadas con posiciones de desventaja: subordinación, falta de recursos y de educación; vulnerabilidad ante la pobreza y la violencia, ciudadanía, entre otras.

  • Intereses y necesidades prácticas:
    Son las resultantes de las carencias materiales y la insatisfacción de necesidades básicas. Tienden a ser inmediatas, urgentes. Están relacionadas con necesidades diarias: alimentación, alojamiento, ingreso económico, salud de los/las hijos/as entre otras; y pueden ser satisfechas mediante provisión de insumos específicos.

  • Invisibilización de las mujeres:
    Desvalorización que hace la sociedad de las actividades realizadas por las mujeres, considerándolas como naturales. Un ejemplo claro de esto es el concepto que la sociedad tiene de los oficios domésticos o del cuidado de los animales.

  • Kadi:
    Es el juez en las cortes religiosas islámicas.

  • Khul:
    Es el derecho que tiene la esposa, dentro de la jurisprudencia islámica, a obtener el divorcio de su marido mediante el pago de una cantidad de dinero en concepto de compensación. Este derecho también recibe el nombre de "divorcio por mutuo consentimiento". La cantidad de dinero a pagar siempre es negociable.

  • Laam:
    Bajo cierta interpretación de la ley Sharia islámica, es el derecho que tiene un padre a repudiar a los hijos ya reconocidos. Para ello sólo tiene que repetir tres veces, ante un testigo, la frase "te repudio".

  • Ley Sálica:
    Es la ley de sucesión a un trono que en muchos países europeos prohíbe a una mujer o a cualquier fémina de la descendencia real ascender al trono o reclamar títulos de nobleza.

  • Lucha contra las mutilaciones sexuales:
    Las mutilaciones sexuales femeninas recogen todas las intervenciones incluyendo la ablación parcial o total de los órganos genitales externos de la mujer y/o toda intervención practicada sobre los órganos genitales femeninos por razones culturales o religiosas o con fines no terapéuticos.

    Constituyen una afrenta para la integridad física de las mujeres y una violación de sus derechos fundamentales. Un estudio de la OMS (Organización Mundial de la Salud) llevada a cabo en 1998, subraya las consecuencias físicas, psicológicas y sexuales en las mujeres y las niñas que la padecen: muertes, hemorragias, traumatismos, lesiones de órganos vecinos, infecciones, dolores agudos, formación de abscesos, contaminación por el VIH/SIDA, hepatitis B y otras enfermedades transmitidas por la sangre, dismenorreas, problemas urinarios, complicaciones en el parto...

    Un número importante de países africanos las han prohibido y numerosas asociaciones casi siempre asociaciones de mujeres- intentan luchar por su desaparición, sobre todo, realizando un trabajo de sensibilización y de prevención junto a las poblaciones afectadas.

  • Mahar:
    En el mundo islámico; "regalo obligatorio" (forma de dote) que acompaña el contrato de matrimonio y que es pagado, o bien enteramente al establecimiento del contrato, o parte en ese momento y en pagos aplazados por la familia del prometido/novio a la de la prometida/novia. Según muchas interpretaciones de la jurisprudencia Sharia, el mahar pertenece a la mujer para disponer de él como quiera; pero este derecho sólo le revierte por el acto del matrimonio. En la práctica, su familia es a menudo la depositaria.

    Si el compromiso no se solemniza con el matrimonio, el mahar debe ser enteramente devuelto al hombre sea cual sea el causante de la ruptura; si el matrimonio se ha celebrado pero no se ha consumado, se devuelve al hombre la mitad del mahar. En caso de muerte de uno de los dos esposos, la mujer (o su familia) se queda con todo el mahar.

    Entre los cristianos coptos de Egipto, se observa también el mahar como parte del contrato legal del matrimonio. En la práctica el mahar es a veces usado como khul, por ejemplo, devuelto por una mujer para obtener el divorcio de su marido.

  • Mainstreaming:
    Enfoque político cuyo objetivo es la integración de las mujeres en la "corriente principal" del desarrollo (reconocimiento de la necesidad de influir en todas las metodologías, análisis, políticas y planificación desde una perspectiva de género). El objetivo inmediato es la mejora de la posición social y económica de las mujeres.

  • Malos tratos:
    Es una categoria jurídica más amplia que la tortura y los actos crueles, inhumanos y degradantes. Los malos tratos están prohibidos por el artículo 3 común a las cuatro Convenios de Ginebra y por los convenios sobre los derechos humanos.

  • Marcos para el análisis de género:
    Conjunto de conceptos, relaciones, instrumentos y procedimientos que operativizan el análisis de género de una realidad determinada. Desde mediados de los años 80, investigadoras y planificadoras preocupadas por mejorar la participacición de las mujeres en los procesos y beneficios del desarrollo, vienen realizando esfuerzos para aplicar el análisis de género en el campo de la planificación, con el objetivo de que los agentes del desarrollo dispongan de una serie de instrumentos que les permitan llevar a cabo el diseño, la implementación, el seguimiento y la evaluación de las intervenciones teniendo en cuenta su impacto en las vidas de las mujeres. Los diversos marcos analíticos construidos hasta la fecha responden a un determinado enfoque sobre la situación de las mujeres y la meta de la igualdad de género contiene -en mayor o menor medida- pretensiones descriptivas, analíticas o normativas, y suministra procedimientos para identificar y evaluar las acciones de desarrollo.

  • Matrifocal:
    Práctica por la que el esposo vive con la familia de su mujer o en la región de ésta.

  • Mikvah:
    Baño ritual de la ortodoxia judia que requiere la inmersión total de las mujeres para limpiar el estado "sucio" que sigue al período menstrual o al nacimiento.

  • Misoginia:
    Es la actitud de odio o desprecio a las mujeres por el sólo hecho de ser mujeres.

  • Monogamia:
    Es la práctica por la que una persona de uno u otro sexo se casa con un esposo/a.

  • Mujeres en el conflicto:
    Los conflictos actuales, dan lugar a un incremento de la inseguridad física de las mujeres, quienes en gran medida son objeto de violaciones sexuales empleadas como arma de guerra. En el plano socioeconómico, la desestructuración y paralización de las actividades económicas, asi como la destrucción violenta o el éxodo, dan lugar a un incremento de la penuria y de la miseria, que afecta sobre todo a las mujeres en la medida en que son ellas las responsables del cuidado y sustento de los familiares dependientes. Esta situación se ve agravada cuando falta el apoyo masculino, en el caso de las familias monoparentales (ver mujeres, hogares encabezados por) o cuando los hombres están combatiendo. En este contexto una via para obtener los ingresos con los que subsistir es el recurso a actividades como la prostitución, un fenómeno que se incrementa durante los conflictos y que genera rechazo social y familiar. Por otro lado al conflicto sobrecarga a las mujeres con nuevas responsabilidades, relativas al cuidado de heridos, enfermos, huérfanos y otros colectivos afectados por áquel. Los cambios sociales asociados a los conflictos desencadenan transformaciones en los roles de género femeninos que como hemos visto resultan gravosos para las mujeres. Sin embargo, en algunas ocasiones tales transformaciones resultan positivas y estimulan el empoderamiento de aquellas. Asi, por ejemplo, en la República Árabe Saharaui Democrática y en Eritrea, las mujeres han sido capaces de desarrollar durante el conflicto habilidades antes desconocidas por ellas mismas y de romper las restricciones de su dedicación exclusiva a la vida privada, desarrollando nuevos liderazgos y fortaleciendo sus capacidades individuales y colectivas. algunos de los principales costes del conflicto son los siguientes: el freno al desarrollo económico, la destrucción de los medios productivos, la destrucción de servicios e infraestructuras, las migraciones forzosas de la población civil, las crises sanitarias, el deterioro de la seguridad alimentaria y la perturbación de las relaciones sociales y familiares.

  • Mujeres en el desarrollo:
    Es un término que incluye los enfoques de equidad, antipobreza y eficiencia. Su objetivo es la mejora de la condición de las mujeres sin cuestionarse el modelo de desarrollo existente ni las relaciones de género.

    A mediados de la década del 70, las promotoras de la estrategia MED -particularmente aquellas ubicadas en la OIT y el BANCO MUNDIAL- destacaron el aporte que las mujeres podrían hacer con su trabajo productivo al alivio de la pobreza de sus hogares afectados por la crisis económica. Este planteamiento dió lugar al "enfoque anti-pobreza" de las políticas dirigidas a las mujeres (segunda aproximación de la estrategia MED), concretado en la puesta en marcha de pequeños proyectos generadores de ingresos.

    En los años 80, en pleno auge de las políticas de ajuste estructural, se popularizó una tercera versión del objetivo de visibilizar a las mujeres: no sólo éstas necesitan al desarrollo para superar su atraso y marginación, sino que además "el desarrollo necesita a las mujeres", pues la eficiencia de sus acciones nunca será lograda dejando de lado el potencial productivo de la mitad de la población. Ello dió origen al planteamiento más popular hoy en los ámbitos de la ayuda oficial al desarrollo y en instituciones como el Banco Mundial: el "enfoque de la eficiencia". Las políticas derivadas de este enfoque apuntan a lograr una eficiente asignación de los recursos del desarrollo, ya sea mediante la utilización del trabajo no pagado de las mujeres -cuando se dota a las comunidades de la infraestructura y servicios colectivos que el Estado deja de suministrar- o dirigiendo hacia ellas inversiones en capital humano (educación, salud, créditos o capacitación técnica), cuando se constatan los altos "retornos sociales" de invertir en las mujeres para conseguir otros muchos objetivos económicos y sociales.

  • Mujeres en la vida política:
    Término para designar a las mujeres que tienen puestos políticos (mediante proceso electoral o por nombramiento especial) o que ocupan cargos en partidos políticos.

  • Mujeres maltratadas:
    Refiérese a esposas maltratadas; también puede incluir otras mujeres maltratadas.

  • Muta (o mouta):
    En la jurisprudencia islámica, es la remuneración acordadada (del hombre a la mujer) a cambio de una boda contratada sobre una base temporal, para el placer del novio.

  • Mutilación genital femenina:
    A pesar de que muchos piensan que la mutilación genital en sus varias formas es una práctica islámica, el procedimiento es anterior a Mahoma, quien aconsejó reformar y moderar la operación. En el siglo V a.C., Herodoto la menciona como práctica de fenicios, hititas, egipcios y etíopes. Además, aparte de ser practicada por algunos pueblos islámicos, la clitoridectomía y/o la infibulación, se practican entre algunos cristianos coptos, entre miembros de varias religiones tribales indígenas, algunos católicos y protestantes, y algunos fellasha (antigua secta judia que vive en Etiopía).

    El procedimiento tampoco es desconocido en el llamado mundo desarrollado: la clitoridectomía se practicó en el Londres del siglo XIX (como cura para la epilepsia que podía resultar de un orgasmo femenino) y tan recientemente como en los años 40 en los Estados Unidos (como cura para la masturbación femenina), en los años 70, un ginecólogo de Ohio, Estados Unidos, ofrecía una operación que comportaba una reconstrucción de la vagina "para hacer el clítoris más accesible a la estimulación directa del pene". Además, la clitoridectomía psíquica legitimada por Freud (quien escribió que "la eliminación de la sexualidad clitoridiana es una precondición necesaria para el desarrollo de la "feminidad") ha causado un inestimable daño a las mujeres occidentales. Desde 1984, las estimaciones sobre el número de mujeres vivas que padecen varias formas de mutilación genital física, oscilan entre los 65 y los 75 millones.

    La clitoridectomía es practicada usualmente por comadronas, y la edad de la niña varía entre los 9 y los 40 días (Etiopía), entre los 4 y los 6 años (Egipto) y cerca de la pubertad (Sudán)- . Las graves consecuencias para la salud incluyen efectos fatales de shock, hemorragias o septicemia, y posteriores complicaciones como incontinencia, calcificación de depósitos en las paredes vaginales, fístulas recto-vaginales, abcesos vulvares, retención e infección de la orina, formaciones queloides, infertilidad, y una ristra de graves complicaciones obstétricas, sexuales y psicológicas. Las justificaciones públicas esgrimen explicaciones tan contadictorias como de costumbre: religión, honor de familia, pureza, iniciación, seguridad sobre la virginidad de la novia y prevención de la promicuidad femenina. Mujeres valientes como Nawal El Saadawi, Marie Angélique Savané, Edna Adan Ismail, Marie Bassili Assad, Esther Ogunmodede, Fawzia Assad, y muchas más en las regiones directamente afectadas han estudiado durante años los efectos de esta costumbre y han presionado a los gobiernos y a los organismos internacionales para que se opongan a esta práctica. Algunos gobiernos han adoptado una posición (Sudán ilegalizó la infibulación en 1946. Egipto aprobó leyes contra la clitoridectomía en los 70, y en 1982, el presidente Daniel arap Moi de Kenia denunció públicamente e hizo prohibir esta práctica); algunas organizaciones no gubernamentales (incluidas la Asociación de Mujeres Africanas para la Investigación y el Desarrollo, la Federación de Mujeres del Volta, la Organización Democrática de Mujeres Somalís, la Comisión Internacional para la Abolición de las Mutilaciones Sexuales y la Coalición de Mujeres Africanas, Árabes y Occidentales que formaron el Grupo de Acción de Mujeres contra la Excisión e Infibulación de las Mujeres) y algunas agencias de las Naciones Unidas (entre las que hay que señalar a UNICEF y WHO) han organizado seminarios y conferencias para desarrollar estrategias legislativas y/o educativas y creativas con las que combatir con efectividad la práctica de la mutilación genital femenina.

  • Necesidades de género:
    Las necesidades prácticas de género son las necesidades que se derivan del interés de las mujeres por cumplir con los roles que les son asignados por la división genérica del trabajo. Las políticas destinadas a satisfacer estas necesidades de género apuntan a mejorar las condiciones materiales de vida de las mujeres y sus familias, cumpliendo con sus requerimientos de vivienda, agua, alimentación, educación y salud de hijas e hijos, generación de ingresos y acceso a servicios básicos en el ámbito de la comunidad.
    Estos requerimientos son necesidades básicas de toda la familia pero son identificados como necesidades prioritarias de las mujeres y no tienen como objetivo promover la equidad entre los géneros.

  • Necesidades estratégicas de género:
    Son las necesidades relacionadas con las mejoras en la igualdad entre las mujeres y los hombres. Entre estas necesidades están la igualdad de salarios o la distribución igualitaria de la responsabilidad sobre las tareas domésticas y familiares.

  • Necesidades prácticas de género:
    Son las necesidades relacionadas con las condiciones de vida que mujeres y hombres identifican en el contexto de sus papeles socialmente aceptados en la sociedad y cuya satisfacción no altera el equilibrio de poder y posición entre las mujeres y los hombres.

  • Niños y niñas soldado:
    Son las personas menores de 18 años enroladas en un ejército regular o en cualquier tipo de organización armada irregular. Son considerados niños soldados no sólo aquellos que portan armas y combaten sino también aquellos que realizan otro tipo de funciones como son los vigilantes, mensajeros, espías, y desminadores. A las niñas, a parte de realizar estas funciones, se las emplea para las tareas domésticas o como objeto de violencia y esclavitud sexual.

    Los niños soldado suelen ser sometidos a un trato cruel y degradante, incluyendo torturas y violaciones, con el objetivo es humillarles para demostrar su subordinación, brutalizarles y adoctrinarles y que sean capaces de destruir, torturar o matar. Por desgracia, se ha demostrado que los niños después de haber sufrido estas espantosas condiciones son más obedientes que los adultos ante las órdenes para cometer atrocidades.

  • Organización genérica:
    Es el orden que establece el tipo de actividades que realiza el género masculino y el género femenino y su ubicación social. Así se produce una división genérica del trabajo, de la política, de la economía, de la cultura y de todas las actividades que se desarrollan en la sociedad.

    Por el género se asigna a las mujeres y hombres ciertas tareas y responsabilidades de acuerdo con el rol de proveedor de la familia para el género masculino y rol de reproductora de la familia para el género femenino.

    Básicamente los géneros desarrollan tres tipos de actividades: reproductivas, productivas y comunitarias. La construcción de género plantea las actividades a cargo de las mujeres como "complementarias".

  • Otros significativos:
    Otros significados es el término que denomina a nuestra familia, a aquellas personas, que por su cercanía en nuestros primeros años de vida, alimentaron una parte importarte de nuestro proceso de formación como personas. Son nuestros referentes de los comportamientos de género: nos transmiten los códigos de comportamiento y las valoraciones de desigualdad, que nosotros interiorizamos porque nos enseñaron que era "natural" comportarnos de esa manera. Aprendemos del comportamiento de otras y otros Los grupos sociales transmiten la formación de género y este proceso se da de generación en generación a través de múltiples medios que actúan simultáneamente y se refuerzan entre sí.

    Todas estas prácticas de género las observamos en los ámbitos de la familia, de la escuela, del trabajo, de las instituciones, del gobierno, de las empresas y de otras instituciones sociales en que es posible integrarse. Junto a esto, los medios de comunicación , la iglesia, la historia, la música, el arte y todo el imaginario cultural tienen contenidos de género elaborados por el mismo grupo social, en donde existe estereotipos que expresan la desigualdad. La construcción del género se hace gracias a la transmisión oral, simbólica y oficial de las distintas instituciones sociales, a los ejemplos que nos inculcan y a las experiencias a las que tenemos acceso de acuerdo con nuestro género.

  • Papeles relacionados con el género:
    Son los papeles y las responsabilidades que son adscritos a las mujeres y los hombres basándose en las diferencias del género percibidas.

  • Paridad:
    Un planteamiento que reconoce que, debido a las diferencias entre los sexos, el tratamiento igual o "similar" de las mujeres y los hombres es inadecuado. Recalca la necesidad de un tratamiento diferente, pero con términos iguales.

  • Patria potestad o responsabilidad parental:
    Concepto legal del código romano, literalmente "Poder del Padre", definido a veces como los poderes, derechos y responsabilidades paternas o tutoras. En muchos países, este concepto está legislado y declara específicamente al marido/padre cabeza del hogar y la familia, con pleno poder para determinar el lugar de residencia, la educación de los hijos, etc.

    En Brasil, por ejemplo, el Patrio Poder define al marido como "cabeza de la unión marital". Los movimientos de mujeres, y en particular los de Latinoamérica, han apoyado la reforma de las leyes sobre la familia para permitir que el padre y la madre compartan la guardia y custodia.

    Patria potestad o responsabilidad parental son los términos jurídicos más frecuentemente empleados en los diferentes sistemas jurídicos internos de los Estados para hacer referencia al conjunto de responsabilidades, funciones y derechos-obligaciones que corresponden a los sujetos unidos por vínculos de filiación conforme a la legislación vigente con personas menores de edad y que deben ser ejercidos conforme al principio de interés superior del niño y de la niña. El término responsabilidad parental quiere poner el énfasis en la vertiente de responsabilidades- obligaciones en lugar de en los derechos, a fin de destacar el hecho de las funciones inherentes a esta institución han de ser ejercidas conforme al interés superior ya mencionado.

  • Patriarcado:
    El patriarcado es un orden de poder, un modo de dominación cuyo paradigma es el hombre. Y está basado en la supremacía de los hombres y lo masculino, sobre la inferioridad de las mujeres y lo femenino. Es asimismo, un orden de dominio de unos hombres sobre otros y de enajenación entre las mujeres.

    Nuestro mundo es dominado por los hombres. En él, las mujeres, en distintos grados, son expropiadas y sometidas a opresión, de manerra predeterminada. En este orden se apuntala a los hombres como dueños y dirigentes del mundo -en cualquier formación social- , se preservan para ellos poderes de servidumbre sobre las mujeres y los hijos de las mujeres, y se les permite expropiarles sus creaciones y sus bienes materiales y simbólicos. El mundo resultante es asimétrico, desigual, enajenado, de carácter androcéntrico, misógino y homófobo. En él, el sujeto no sólo es el hombre sino el patriarca.

    El patriarcado plantea un ejercicio autoritario del poder a quien lo ejerce, concentrado en una o en pocas personas. Este esquema de relación aleja a quien ejerce el poder del grupo que domina del resto de las personas y le impide tomar decisiones apropiadas y acordes con las necesidades y condiciones de aquellas a quienes representa. Esta situación genera desigualdad en el acceso al poder, no sólo en relación con las mujeres, sino también en relación con otros hombres. Este ejercicio del poder limita la construcción de sociedades democráticas y sostenibles.

  • Patrifocal:
    Práctica por la que la esposa vive con la familia de su marido o en la región de éste.

  • Patrimonio:
    Herencia legada por el padre.

  • Personas trabajadoras inmigrantes:
    Las y los trabajadores migrantes se desplazan fuera de sus respectivos países con el fin de desempeñar un empleo temporal, teniendo previsto retornar una vez realizado su trabajo. Sin embargo, las y los inmigrantes se trasladan de forma permanente, sin que necesariamente tengan intención de regresar a sus países de origen. La coacción es el factor diferenciador entre las personas sometidas a tráfico y las personas trabajadoras migrantes, puesto que éstas últimas no suelen ser obligadas a abandonar sus países con fines laborales, al menos con el mismo componente de "fuerza" que aquellas que son víctimas del tráfico de personas. No obstante, hay que reconocer que la "libre elección" es relativa, puesto que habría que preguntarse si la "coacción económica", la necesidad de huir de la pobreza extrema, contiene o no elementos coercitivos.

    La situación económica no otorga el derecho al refugio ni al asilo y cualquier persona es considerada migrante si no se ha producido fraude, ausencia de consentimiento o coacción. Los Tratados sobre derechos humanos protegen, dentro de las fronteras nacionales, los derechos fundamentales de todos los indivíduos (debido proceso, igualdad ante la ley, ausencia de tortura, derecho a la libertad de asociación y expresión ...) No obstante, en la práctica, a las personas trabajadoras migratorias están en condiciones de reclamar muy pocos derechos en los países en los que trabajan.

    Por otra parte, aunque las personas objeto de tráfico y las/los trabajadores/as migrantes, tanto regulares como irregulares, han de afrontar situaciones abusivas similares, el trato que la ley les dispensa puede serdistinto. En teoría, las leyes sobre el trabajo migrante podrían ser aplicables a muchos casos de tráfico de personas.

    En 1988 Naciones Unidas adoptó, en forma de tratado, una Convención para la protección de los trabajadores migratorios dotada de un lenguaje minucioso y enérgico que debería beneficiar a este colectivo, si bien es de lamentar que contenga escaso análisis y protección de género. Sin embargo, parece ser que la contundencia del lenguaje ha frenado la ratificación por parte de muchos gobiernos, en particular de aquellos que cuentan con un gran número de trabajadores inmigrantes. Hasta la fecha, el tratado ha sido ratificado por sólo seis países y no podrá entrar en vigor hasta que lo hayan hecho veinte.

    Algunos grupos insisten en que la esclavitud sexual debe ser identificada como violación específica de los derechos humanos, de forma separada de la protitución "per se". Una situación en que ningún dinero llega jamás a una mujer y a su libertad; en que todos sus movimientos, sus alimentos, y su vivienda están bajo control, es equivalente a la esclavitud, la cual está fuera de la ley en todos los países, mientras que la protitución cuenta con diferentes grados de legalidad. En algunos países el comercio sexual está tipificado de crimen. En otros, las relaciones sexuales al margen del matrimonio civil o religioso, también están prohibidas por la ley.

  • Perspectiva de género:
    Este concepto se refiere al género como opción política para el cambio del sistema sexo-género vigente. La perspectiva de género supone considerar sistemáticamente las diferencias entre las condiciones, situaciones y necesidades respectivas de las mujeres y de los hombres, en las fases de planificación, ejecución y evaluación de todas las políticas comunitarias por lo que respecta a Europa, a los países industrializados y a los países en desarrollo. En definitiva exige el compromiso de todo tipo de organizaciones e instituciones para la modificación de la condición y posición de las mujeres, y en trabajar para lograr un sistema sexo-género equitativo, justo y solidario.

    Se trata de: modificar la posición de desigualdad y subordinación de las mujeres en relación a los hombres en los campos edonómico, político, social, cultural y étnico; abordar también los aspectos referidos a la condición de las mujeres, que tiene que ver con las circunstancias materiales inmediatas en las que vive: ingresos, salud, vivienda, etc., con el fin de mejorar las condiciones de su vida cotidiana. A tres niveles: el hogar como unidad básica de intervención; la comunidad y las instituciones. Ambos aspectos, condición y posición, están íntimamente relacionados. El avance de uno puede potenciar al otro, en un proceso dinámico e interactivo. Consiste en el compromiso institucional para modificar la condición y posición de las mujeres y lograr así un sistema sexo-género más equitativo, justo y solidario.


  • Poder:
    1. Capacidad o posibilidad genérica de obrar, ya sea referido a acciones humanas, ya sea referido a hechos de la naturaleza.
    2. Capacidad del ser humano de influenciar la conducta ajena.
    3. Capacidad del ser humano de determinar la conducta ajena.
    4. Capacidad de dirigir o transformar las relaciones sociales, reduciendo o anulando, incluso, la resistencia de quienes se oponen con fuerzas opuestas.

  • Poliandria:
    Es la práctica por la que una mujer está casada al mismo tiempo con más de un marido; una (rara) forma de poligamia.

  • Poligamia:
    Práctica por la que una persona de uno u otro sexo está casada al mismo tiempo con más de un esposo (del sexo opuesto).

  • Poliginia:
    Práctica por la que un hombre está casado al mismo tiempo con más de una esposa; es la forma más común de poligamia.


  • Política de aborto:
    Es la política del gobierno con respecto a la disponibilidad y prestación de servicios de aborto.

  • Políticas de control de la natalidad:
    Conjunto de programas y actividades realizadas por los organismos públicos orientados a regular la natalidad, con objeto de promover bien su reducción o bien su incremento. Esta regulación se lleva a cabo en cada país de acuerdo a diferentes factores socioeconómicos, políticos y culturales, por lo que básicamente se puede hablar de dos tipos de políticas de control de la natalidad: las antinatalistas en los países pobres, para limitar el número de nacimientos, y las pronatalistas en los países desarrollados, orientadas a fomentar la elevación de sus bajas tasas de natalidad.

    Las políticas antinatalistas han sido impulsadas con profusión durante las últimas décadas en los países en desarrollo. El empeño a favor de tales políticas, tanto entre los gobiernos de dichos países como entre los donantes de ayuda internacional, ha venido alentado por los enfoques que han argumentado que la pobreza y el subdesarrollo son consecuencia fundamentalmente del fuerte crecimiento demográfico.

    Muchos de estos programas carecen de un componente de educación sexual o de información sobre las consecuencias de los métodos anticonceptivos en la salud de las mujeres. Además, a fin de bajar la tasa de natalidad a toda costa, a veces se ha recurrido a implementar pro

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