Ponencias
Notas sobre la relación Estado, partidos y sociedad civil
Autores corporativos:
Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo (canal)

Autores personales:
Castellanos, Camilo (Autor/a)

   Descripción    Clasificación   
Fecha:
2 de Febrero de 2006
Entradilla:
Se presentan aquí algunos "apuntes" que servirán de guía para la presentación del tema "La Sociedad Civil organizada ante el poder político del Estado".
Para este caso, el autor propone una reflexión acerca de las experiencias latinoamericanas recientes y analiza el papel jugado por el neoliberalismo, no sólo como propuesta económica sino también "como un profundo reordenamiento de las relaciones sociales y políticas".
Finalmente, llama la atención sobre las relaciones entre las ONG y el movimiento popular; entre la razón y la fe;lo particular y lo colectivo; la política y los partidos.
Introducción/Descripción:
Los siguientes apuntes servirán de guía para una presentación en la Mesa "La Sociedad Civil organizada ante el poder político del Estado..." El ámbito de la reflexión se reduce a las experiencias latinoamericanas recientes y pretenden ilustrar una propuesta de nuevo trato entre el Estado, los partidos e instancias de la sociedad civil.

  1. América Latina vive el preámbulo de una fase de transición. Son evidentes los signos del agotamiento del esquema neoliberal que hegemonizó por casi treinta años la vida de la región. El giro hacia la izquierda como denomina la prensa el conjunto de sucesos electorales en los últimos años, puede ser otro rasgo de este período. Lo que para los neoliberales pueden ser signos de un tiempo crepuscular, para sus adversarios pueden ser las manifestaciones de una alborada. Como en todo tiempo de transición, los colores no son definidos ni los contornos precisos. Es necesario esperar que las nuevas circunstancias se consoliden para establecer una realidad con visos de permanencia. Desde esta perspectiva veremos las relaciones Estado, partidos y sociedad civil.

  2. El neoliberalismo significó no solo una propuesta económica, sino un profundo reordenamiento de las relaciones sociales y políticas. Fue un período de fragmentación de la realidad social y con ella de disolución de las formas tradicionales de representación, que se expresa ideológicamente en lo que se ha llamado la ruina de los metarrelatos. De las grandes centrales propias del fordismo, con estructura jerarquizada y pretensiones de absoluto se pasó a la atomización de las representaciones sociales y a la configuración de redes que articulan en una nueva lógica los intereses y las dinámicas sociales [1]. Los partidos políticos pierden perfil ideológico y tienden a confundirse todos en un centro cenagoso, mediante la búsqueda de la imposible representación de todos. El debilitamiento ideológico se quiso compensar con el uso a fondo de la publicidad y los medios masivos, en particular la televisión. La imagen y el slogan reemplazaron al programa. El ejercicio de la política devino entonces en una técnica para captar el favor del electorado, sin contenido ético ni político, un arte menor de manipulación de la realidad y de las conciencias.

  3. Esta disolución de la ideología se combina con el vaciamiento de la política por quienes asignan a las fuerzas de la economía las decisiones trascendentales. En el esquema del libre mercado corresponde a éste la asignación de bienes y oportunidades, en un concepto implícito y espontáneo de justicia que premia a los más idóneos, a los más competitivos. Toda intervención de la política en las relaciones económicas es indebida y apareja grandes males sociales. Por ello, la política debe abandonar toda pretensión de influir en el curso de la economía, introduciendo lógicas o razones extraeconómicas, con lo que se la vacía completamente. Este vaciamiento priva de sentido a la política -ahora confinada a la administración tediosa del orden en un presente sin futuro-- y genera despreocupación por la suerte de la democracia y desinterés y apatía por la competencia política al evidenciarse la imposibilidad de alternativas reales.

  4. En América Latina, luego de un largo período de guerras civiles y dictaduras, el retorno de la democracia coincidió con la generalización del esquema neoliberal. Tal esquema ha significado deterioro sostenido de la capacidad productiva tanto industrial como agraria a la vez que precarización del empleo y empobrecimiento de los hogares y las regiones. Esto explica que para la mayoría de los latinoamericanos la democracia no ha significado mejoría en sus condiciones de vida y que el reclamo por los impactos de la economía suela acompañarse del descarte de las representaciones políticas -"que se vayan todos", era el grito de los manifestantes en la agonía del gobierno de De la Rúa-- y de la búsqueda ansiosa de alternativas. Este conjunto de situaciones son el telón de fondo de los gobiernos de nuevo signo que expresan en buena medida la insatisfacción generalizada con el neoliberalismo sin agotar su representación.

  5. Dicha inconformidad se concreta en un auge de los movimientos sociales que asumen características novedosas: en muchos casos hacen una reivindicación de lo comunitario (identidades, representaciones, etc.) como estrategia de resistencia; reclaman autonomía frente a los Estados y a los partidos políticos, esto es, capacidad de pensar y decidir desde sí y por sí mismos (el caso típico puede ser el del MST brasileño); articulan de manera inédita lo local y lo global, haciendo de lo global factor explicativo de los fenómenos vividos en lo local y haciéndose presentes en lo global a partir de la articulación de dinámicas locales (es el caso de la peruana Confederación de Comunidades Afectadas por la Minería, CONACAMI); por último, influyen en la esfera política desde su especificidad al definir desde dónde se hace la política, cómo debe ejercerse e incluso quiénes deben ser los representantes (el proceso paradigmático puede ser el del MAS boliviano, que se creó como instrumento de los movimientos sociales). Este es el marco en el que se prefiguran las relaciones necesarias entre Estado - partidos e instancias de la sociedad civil.

  6. La dificultad de encontrar un rasgo común de los distintos gobiernos de nuevo signo -nacionales y locales-- se puede apreciar en el continuum de modalidades que adopta la relación gobiernos / sociedad civil. Desde el precarísimo apoyo con el que llegó al gobierno Néstor Kichner, pasando por un Chávez, cercano al gobernante populista que subordina la vida social a las necesidades del poder que pretende representarla, sin apoyo de partidos, apenas la figura del líder como poderoso imán, siguiendo con un Evo expresión de un vigoroso movimiento social pero sin un partido orgánicamente consolidado, para continuar con un Lula síntesis de un largo período de acumulación social pero que en el poder debe actuar con distancia de los movimientos sociales que le sirvieron de plataforma y basado en un partido consolidado que todo lo sacrifica para asegurar el acceso al gobierno, para terminar en Uruguay con un Frente Amplio que condensa un largo proceso de unidad entre partidos progresistas, de ejercicio persistente del gobierno local y de afirmación en un amplio apoyo social.

  7. En el anterior contexto, la relación Estado / movimientos sociales no se determina por criterios a priori sino que depende de la historia de cada país, de los vínculos que se hayan forjado entre el gobernante y el partido en el gobierno con el movimiento popular y de la maduración de los mismos movimientos sociales [2]. Puede afirmarse que ningún gobernante latinoamericano, con la excepción cubana, puede reclamar y menos imponer el apoyo incondicional de los movimientos populares, como ningún gobernante o partido en el gobierno puede proclamarse depositario de la razón histórica, con las excepciones conocidas. Hoy, los movimientos populares se plantean autónomos frente al gobierno y al Estado, si bien persiste en algunos la lógica discutible de que criticar las falencias del amigo es contribuir con su enemigo.

  8. Particular atención merecen las relaciones entre las organizaciones del llamado tercer sector (las ONG) y el movimiento popular. Estas encontraron su auge en la crisis de las formaciones políticas tradicionales. Hasta cierto punto fueron las formas de aglutinación de una intelectualidad sin partido, que a través de ellas pudo mantenerse en una perspectiva de política transformadora sin encuadramiento partidario. Nutridas por apoyos internacionales, no dependía su existencia de la simpatía popular, ni debían rendir cuentas a ningún sector de opinión ni menos aún pagar costo alguno por sus equivocaciones. Afirmadas en la defensa de un interés público, convirtieron esta representación ideológica en el sucedáneo de una representación social y política, hasta devenir en las expresiones de la sociedad civil por antonomasia. Hoy sin duda representan una forma de ciudadanía global que internacionaliza las ideas progresistas, generaliza prácticas y confronta poderes transnacionales. Sin embargo, parte de los movimientos sociales cuestiona el papel de las ONG, las considera usurpadoras de representación al tiempo que competidoras por los recursos de la cooperación. Esta disputa dificulta la consolidación del campo democrático y a la larga facilita la acción de los enemigos de la democratización. Urge hoy un reenfoque de las relaciones entre las ONG y los movimientos sociales, basado en la sincera autocrítica, y fundado en los conceptos de la autonomía, el trato igualitario y la no dependencia.

  9. Para explicar las relaciones entre la razón y la fe, los escolásticos encontraron la fórmula de que la filosofía era la sirvienta o la esclava de la teología. Era parte de una visión jerárquica de la sociedad, en la que cada uno debe ocupar el puesto que le ha sido asignado. Curiosamente, una concepción llamada a liberar a la humanidad de todo tipo de opresión clasista, dividía la sociedad en rangos según la capacidad revolucionaria, debiendo los menos revolucionarios servir o ponerse a discreción de las vanguardias. Estas ideas no tienen recibo en nuestros días. Nadie puede decidir por los demás, cada uno está llamado a decidir por sí qué le conviene, cada uno tiene derecho a ser sujeto de su destino, que no es otra cosa sino el fundamento de la autonomía. Por lo mismo que hoy un movimiento que aspire a transformar la sociedad capitalista del neoliberalismo no puede entenderse sino como un complejo entramado de expresiones autónomas, urdidas en un proceso arduo de conversaciones, concesiones y consensos, por los que cada uno aportará a la causa común desde su especificidad, sin renunciar a ella, por el contrario convencido de que su aporte es valioso y de que la diversidad será la mayor riqueza del nuevo orden.

  10. Desde la PIDHDD pensamos que no somos indiferentes frente al curso que se va perfilando en la región. Con independencia y autonomía debemos apoyar el bañase de la democratización. Nos proponemos profundizar la ruptura con el neoliberalismo desde la perspectiva de derechos. Neoliberalismo y DESC son tan incompatibles como DCP y fascismo. Lo social hace la diferencia: se requiere hacer realidad las promesas de vida digna contenidas en nuestras constituciones. Ello supone ganar capacidad de incidencia en el actual contexto a partir de un mejor relacionamiento con movimientos sociales, representantes de partidos y gobernantes locales y nacionales en procura de políticas sociales satisfactorias. Lo social implica también el protagonismo de la sociedad civil que para América Latina es en gran medida la presencia de los movimientos sociales en la escena política.

En esta coyuntura acaso ganen reconocimiento quienes de veras aporten a la construcción de un discurso alternativo, generen propuestas consistentes y animen cursos de acción eficaces. Debemos asumir el nuevo tiempo que vive América Latina como un desafío para la imaginación política.
NOTAS:
  1. ® Es el caso de las formaciones comunistas que se vieron afectadas además por la quiebra del socialismo real. El ejercicio de la política basado en el monopolio partidario de lo político, de la representación clasista y del correcto pensar, la sujeción de los movimientos sociales a las directivas partidarias, su condición de correas de transmisión de las orientaciones partidistas, todas estas concepciones y prácticas parecen no tener vigencia en la actualidad.
  2. ® Así fue en el país donde surgió la matriz del unipartidismo, la sujeción de lo social al partido revolucionario y la instrumentalización de la organización social por el poder. En la patria de Lenin, el punto de partida fue el pluripartidismo en el campo popular (comunistas, socialdemócratas, socialistas revolucionarios, como los principales agrupamientos), sólo los avatares del poder soviético y su racionalización por la versión leninista del marxismo, explican esta dogmática.
Actividades relacionadas:
III Foro internacional Democracia y Cooperación "Mirando al Sur". Sesión América Latina: Encuentro sobre Democracia - Cooperación Descentralizada - Ciudadanía e Interculturalidad - Sociedad Civil Organizada
Publicado en:
Gloobalhoy nº7
[email protected]