Artículos de opinión
La narrativa de la Nakba y las políticas de trauma
Autores corporativos:
Instituto de Estudios Políticos para América Latina y África (traductora)
Mada Al-Carmel (canal)

Autores personales:
García Albert, Remedios (Traductor/a)
Qossoqsi, Mustafa (Autor/a)

   Descripción    Clasificación   
Fecha:
7 de Agosto de 2010
Entradilla:
El autor hace un análisis, desde el punto de vista psicológioco, de lo que ha representado la herida de la Nakba en la vida de la colectividad palestina y en la formación de su identidad nacional y como ha marcado su esencia de forma casi exclusiva. Plantea la conveniencia de incorporar a la conformación de esa identidad nacional palestina otros aspectos olvidados de su transcurrir por la historia y la necesidad de la superación del trauma para enfrentar el presente y sobre todo el futuro del pueblo palestino.
Introducción/Descripción:

En uno de sus últimos poemas, “At the Station of a Train Which Fell off the Map” (En la estación de un tren que se cayó del mapa), Mahmoud Darwish escribe:

Estaba en la estación del tren, pero no esperando al tren; ni por mi emoción oculta por la estética de un objeto distante, sino para saber por qué enloqueció el mar y por qué se rompió el lugar como un vaso de porcelana. Para saber cuándo nací, dónde viví, cómo migran las aves de sur a norte.

(No quiero acabar este poema, 2009, p. 26)

“A los sesenta años de su herida”, el poeta nacional trata de comprender lo incomprensible. Contempla las ruinas que la guerra dejó en su mundo interior. Revive el escenario congelado de su infancia. Invoca repetidamente el trauma de la pérdida y el desplazamiento y los intentos que hizo la literatura palestina posterior a la guerra de 1948 para curar las heridas de la identidad individual y colectiva.

De mismo modo, la novela de Emile Habibi, The Pessoptimist -con su innovadora y magistral forma de expresión, sin precedentes en la literatura árabe palestina- refleja lo que el trauma de la guerra ocasionó en cuanto a crisis de identidad: un desorden psicológico colectivo basado en mecanismos de defensa primitivos. La novela relata los intentos del yo colectivo para reconciliarse con los aspectos menos favorables de su historia y de su identidad. La literatura palestina es fundamentalmente dos cosas: “literatura de trauma” y “literatura de identidad”. La denominada “poesía de resistencia” se ha caracterizado por ser romanticismo retórico y revolucionario. Se ha ensimismado en la misión de curar psicológicamente al yo colectivo, un yo aplastado por sus pérdidas.


La Nakba fue un momento crucial en la historia palestina moderna. El terrible colapso de la estructura de una comunidad en desarrollo y la traumática pérdida de la tierra, las relaciones y los recuerdos -pilares de la identidad personal y colectiva- proyectan sus sombras sobre las narraciones y la comprensión de esta historia. A pesar de los esfuerzos de investigación y documentación, la experiencia de la Nakba continúa envuelta en esas sombras que impiden el desmontaje y la reconstrucción de su significado.

Como acontecimiento traumático, la Nakba se filtró en los tejidos personales y colectivos de la narrativa palestina, tiñéndolos con sus colores, visible e invisible, presente y ausente, impidiéndose a si misma el ser capturada o mostrar sus diversas facetas.

En un tiempo en el que el terrible sufrimiento humano de la Nakba alcanza la categoría de los mayores actos de miseria humana, la historia de la Nakba se narra de manera parcial, truncada y a menudo superficial y blanqueada. A lo largo de la historia, se ha sometido al mismo tiempo a interpretaciones genéricas, dominadas por la tensión entre sus tonos trágicos y festivo-revolucionarios. La Nakba ha sido la víctima de la tensión postraumática entre la memoria y el olvido, entre el acontecimiento mismo y sus interpretaciones históricas.

Tales interpretaciones descuidan otros aspectos del lugar que ocupa la Nakba en la historia. Nosotros tenemos en poca consideración incluso en la experiencia colectiva de antes, durante y después de la Nakba, algo que parece sería de extrema importancia. De esta manera se olvidan aspectos como la supervivencia y la firmeza de la comunidad palestina de Israel (ella misma considerada como la primera victoria desde la Nakba); el inicio de la revolución palestina desde la Diáspora; su extraordinario impacto cultural; y la resistencia en todas sus formas, que sucedió -en palabras de Mahmoud Darwish- “haciendo una transición desde el papel de víctima que ocupa en la historia al de partícipe en la producción de la historia”.

La Nakba se ha convertido en referencia histórica e interpretativa de los hechos y experiencias colectivas que la precedieron y la siguieron y se ha transformado también en un violento dolor en el seno de la identidad colectiva. A pesar de su fundamental condición formativa, sigue siendo cautiva de un estereotipo dominado por las políticas y medios de comunicación, en lo que Ann Kaplan denomina “políticas de trauma”. Según Kaplan, es imposible diferenciar las dinámicas de memoria y olvido transmitidas por el trauma colectivo desde el contexto socio-cultural de un determinado grupo, o desde la complejidad de la relación entre el verdugo y la víctima. El discurso de la Nakba, como acontecimiento traumático en la sociedad palestina se ha dilatado. Durante las tres primeras décadas después de la Nakba el discurso del trauma se descuidó en favor de una épica revolucionaria, sin espacio para la debilidad o el dolor de las víctimas y el miedo.


El proceso de olvido ha sido esencial para liberarse y construir la identidad nacional y, desde luego, para las psicodinámicas postraumáticas colectivas que se destacan por la evasión y la disociación.

Si bien hemos sido testigos de esta utilización de la memoria en los últimos años, ello no ha sido con el propósito de liberarse de la influencia del pasado, o para invertir en el futuro. Más bien la memoria crea “lealtad” a un trauma colectivo que se ha conformado en identidad nacional, esta identidad se define fundamentalmente por la herida.

A modo de digresión, alguien puede argumentar que el discurso de la Nakba se ha apoderado completamente de la historia y la identidad palestina en los últimos años, sin producir más conocimiento ni ampliar sus horizontes a la luz de nuevos acontecimientos de la historia palestina de los últimos sesenta años. El acontecimiento –empezando por la designación definitiva de su significado- ha acabado siendo considerado en un sólo aspecto, el que absuelve a las víctimas de su responsabilidad de emprender cualquier acto de resistencia en medio de la tragedia.

Hay semillas de neurosis latentes en el término “Nakba”. No nombra a su objeto pero se convierte en el origen no nombrado del trauma. Como en los casos de los desastres naturales, su nombre es una prematura, aunque total legitimación, de una parálisis que es deliberadamente total y sin conexión con los traumatizados mismos y desde un contexto histórico específico ha incluido también la adaptación y la resistencia. Es una purificación de dependencia. Esta épica de la Nakba a menudo conduce a algo que se asemeja a lamentos fetichistas de los que se obtiene un dudoso placer gracias a que aseguran la flagelación de sí mismo. Evoca un imaginario, un pasado idealizado que evita una visión total de la verdad e impide cualquier interacción positiva con ella. Es como un llanto compulsivo y regresivo sobre unos restos que han tenido un aire de santidad y no pueden ser cuestionados, ni reconsiderados, ni incorporados a una visión histórica de la entidad nacional más amplia. Parece como si la identidad nacional palestina fuera postraumática, o no fuera nada, como si se tratara de un producto exclusivo de un trauma, despojado de su historicidad u objetividad, que se elevó desde las profundidades del inconsciente colectivo primitivo y desde la oscuridad de una historia metafísica. En este sentido, la Nakba es un “trauma elegido”.

Según Volkan, la historia de los grupos nacionales está llena de grandes acontecimientos traumáticos, sin embargo por lo general estos siempre suelen elegir un acontecimiento traumático específico a través de representaciones psicológicas del mismo. “Un trauma elegido refleja la incapacidad de una pasada generación, traumatizada por una pérdida luctuosa relacionada con el acontecimiento traumático compartido, y la incapacidad para superar la herida narcisista y la humillación infligida por otro gran grupo, generalmente vecino geográfico. (Volkan,1998, 2004).

La identidad nacional de un grupo es vista como el producto de una experiencia traumática aislada, el legado psicológico heredado por los individuos, en general inconscientemente, de generación en generación. La actual persecución de los palestinos, en Israel y en otros lugares, en sus formas convencionales y no convencionales, es una pesada carga sobre el destino de la identidad nacional palestina y para mitigar su traumática herencia psicológica. Esta persecución impide que la identidad nacional cristalice en una identidad colectiva madura, protegida de la regresión o el control absoluto. Sin embargo la siguiente pregunta sigue sin respuesta: ¿es la necesidad política de una identidad colectiva de los palestinos de Israel lo que les llevar a profundizar más en el nacimiento de esa identidad y a no terminar con el trauma de la Nakba?

Si la identidad palestina es algo más que el producto de una pérdida traumática, entonces siempre se podrá desarrollar por medio de una dialéctica entre la historia, la historiografía, la vida y la literatura; entre los procesos del inconsciente colectivo y las repercusiones de la realidad represiva; entre la Nakba y las posteriores representaciones de la misma. Así pues, tiene que haber una historia dinámica que sea capaz de adaptarse a este mecanismo, para racionalizarla y enriquecerla como una energía creativa de identidad, que no se asocie al pasado, ya sea traumático o glorioso, a expensas del presente y del futuro.

Referencias:
  • Darwish, Mahmoud. (2009). I Don’t Want this Poem to End. Riyad al-Rayyis lil-Kutubwa-al-Nashr: London.

  • Darwish, Mahmoud. (2007). The Returnee’s Perplexity. Riyad al-Rayyis lil-Kutub waal-Nashr, London.

  • Kaplan, Ann E. (2005). Trauma culture: the politics of trauma and loss in the media and literature. Rutgers University Press: Piscataway, NJ.

  • Volkan, Vamik D. (1998), Transgeneretional transmission and chosen trauma, Opening Address XIII International Congress International Association of Group Psychotherapy, London, UK.

  • Volkan, Vamık D. (2004). Chosen trauma: the political ideology of entitlement and violence. Berlin Meeting
URL:
http://jadal.mada-research.org/UserFiles/file/Jadal_PDF/jadal7-eng/Mustafa-qasqase.pdf
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Publicado en:
Gloobalhoy nº26
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