Ponencias
Interseccionalidad: Una alternativa para vivir en la diversidad
Autores corporativos:
Red de Educación Popular entre Mujeres de América Latina y el Caribe (canal)

Autores personales:
Munévar, Dora Inés (Autor/a)

   Descripción    Clasificación    Documento   
 Índice:
     1. Yo, nosotras, vosotras
     2. Identidad, homogeneidad, interseccionalidad
     3. Configuración de identidades.
     4. Identidades múltiples y cambio colectivo
1. Yo, nosotras, vosotras
¿Quién soy y dónde estoy?, ¿quiénes somos y dónde estamos?, ¿quiénes son y dónde están?, son preguntas que exigen actos de identificación/diferenciación para transformar a un ser sin rostro en una persona con una cara, en una persona que vive en un cuerpo, dejando de lado, sólo en principio, la idea de pluralidad humana en cuanto clave para efectivizar derechos. Asimismo, en esta triple interrogación está contenida una visión múltiple de las categorías básicas de diferenciación cultural con las que se describen adscripciones, subjetivaciones y objetivaciones de las personas consideradas individualmente y que, a la vez, evocan cúmulos de experiencias sociales, culturales: qué siento, qué sentimos, qué sienten; o políticas: qué deseo, qué deseamos, qué desean.

Abordar posibles respuestas para los tres conjuntos de interrogantes planteados implica comprender las relaciones con otras personas a sabiendas de que cada vez es más difícil analizar los grupos humanos a partir de una identidad única y exclusiva, fundamentalmente porque dichas relaciones se han ampliado para tejer identidades múltiples, haciendo más visibles los impactos de la globalización y los efectos del neoliberalismo entre grupos humanos diferentes, p.e., en los llamados países del sur. En paralelo, se van experimentando crisis en la construcción de proyectos políticos y crisis en la delimitación de paradigmas explicativos de la situación vivida por esos grupos, cuestiones que provocan un desplazamiento de los modelos analíticos hacia la interpretación de experiencias que hablan de lo otro, de la constitución de la otredad desde fuera o dentro de lo establecido, de una otredad que demanda redefiniciones centradas en intersecciones biológicas-culturales-económicas que, al quedar encarnadas en cuerpos sexuados, permiten comprender la diversidad de la vida. En definitiva, según experiencias individuales o colectivas.

Tras estas preguntas y respuestas circula la vida de las mujeres, una vida diversa como su existencia individual y como sus experiencias colectivas. En principio, se trata de la vida de cada mujer que convive con marcadores corporales, culturales, políticos e ideológicos pero, a la vez, abarca la vida colectiva que se va llenando de nuevos contenidos para señalar la imbricación de rasgos sociales encarnados en cada cuerpo de mujer; para exponer las diferencias identitarias que chocan con la homogenización construida por sectores dominantes; ya para incorporar su presencia heterogénea como principio de la construcción de justicia social.

Son contenidos que, además de reconocer los cruces que sujetan la vida cotidiana de las mujeres, acentúan la búsqueda de articulaciones que traspasen los límites del sustantivo "mujer"[1]. El género, la etnia, la clase y las capacidades, por nombrar las primeras, son categorías que incluyen o excluyen cuerpos, sirven para analizar cómo ese cruce de variables propicia inequidades y permiten identificar personas en las cuales confluyen múltiples discriminaciones. Por supuesto es mucho más que una ecuación o un conjunto de sumas y restas; más bien expresa una concurrencia de sujeciones que circulan por distintos escenarios sociales como experiencias colectivas.

Las experiencias narran trayectorias históricas y relaciones socioculturales de poder en las que están -o han estado- inmersas las personas -con todos sus sistemas de valores, ideas e instituciones-. Muchas de estas experiencias individuales se debaten entre la opresión y el privilegio según las intersecciones que se vivan; esto es, cada persona tiene algún privilegio y algún poder con los que expresa su ser/formar parte de un grupo o contexto social -de esta manera, se puede vivir el privilegio de ser hombre heterosexual, el privilegio de ser mujer con capacidad, el privilegio familiar de profesar una religión mayoritaria, el privilegio de ser mujer blanca u hombre de las élites-. Claro que son muchas más las experiencias colectivas tejidas en torno a los efectos de racismos, sexismos, intolerancias y discriminaciones, actitudes que han justificado la eliminación de quienes no pueden exhibir sus derechos a ser y estar en la economía capitalista global porque "la posición de clase determina la experiencia de género o porque el género sea un importante factor que interviene en la posición de clase, una relación responsable del alto nivel de dificultad en la definición de tales interacciones" (Achola Pala & Madina Ly, 1995, p. 14).

En consecuencia, para avanzar en la deconstrucción de las sujeciones vividas por las mujeres se requiere reconocer la existencia de la diversidad en toda su magnitud. Una vía analítica e interpretativa, derivada de la vida de mujeres de carne y hueso, ha quedado delimitada en la idea de intersecccionalidad como mecanismo para resistir a la opresión; confrontar las discriminaciones; transformar o construir nuevos lenguajes libres de dominación; configurar una meta política de convivencia donde se admitan las diferencias pero no se toleren las desigualdades o donde se comprendan nuevas categorías de análisis en torno al cuerpo habitado.

Cuando me pregunto quién soy y me respondo en términos de identificación inmediatamente me estoy transformando en una persona que habita un cuerpo; también estoy singularizándome a la hora de efectivizar mis derechos...
NOTAS:
  1. ® El feminismo de los años ochenta que centraba su interés en la diversidad de las mujeres lo hacía criticando el uso monolítico de la categoría "mujer", a la vez invitaba a examinar las consecuencias teóricas y prácticas de la diversidad de las mujeres que habitan el planeta. Dicha diversidad varía según el ciclo vital afectado la forma de pensar, percibir, relacionarse, actuar, sentir a las otras personas y al contexto.


2. Identidad, homogeneidad, interseccionalidad
La identificación de los seres humanos están ancladas en categorías sociales. Con la categorización se fijan oposiciones entre sujetos sociales/grupos sociales cuyos modos de ser, estar, sentir, siguen contribuyendo a la construcción de un otro estructurado sobre la diferenciación. En otras palabras, se delimitan identidades y se establecen homogeneidades que se rompen con la interseccionalidad.

La interseccionalidad se construye a partir de encuentros, cruces e intersecciones sociales / culturales / económicas / religiosas / lingüísticas / étnicas; se basa en interrogar a las clasificaciones con las que se determina la vida, una idea, un concepto, una explicación y toda opresión; considera la totalidad social, el contexto personal y todas las variables que configuran lo micro y lo macrosocial; muestra una amplia gama de situaciones vividas en primera persona; da cuenta de los intersticios conformados por el entrecruzamiento de dichas variables; y ejerce influencias serias sobre las vidas personales con alcances diferenciados.

El análisis interseccional recoge las categorías sociales que atraviesan los cuerpos habitados por mujeres y hombres; reconoce las diferencias que han servido para mantener mucho más a las mujeres en situaciones excluyentes u oprobiosas como las vistas y escuchadas en Durban (2001) [2], a partir de su inserción en la estructura social, según sean obreras, campesinas, amas de casa, intelectuales, blancas, negras, de diversas etnias o áreas geopolíticas. Las recoge, reconoce y agrupa para explicar formas de discriminación múltiple y compuesta.

Su introducción conceptual comienza por reconocer a las mujeres viviendo identidades múltiples y compuestas ancladas en relaciones sociales definidas según raza/etnia/género/clase/capacidad. Inicialmente surgió como un argumento de la teoría crítica sobre la raza adoptada por las feministas del tercer mundo preocupadas por la visibilización de las discriminaciones múltiples e interseccionales sufridas por mujeres indígenas, mujeres de color, mujeres raizales, es decir, por las mujeres diversas y la diversidad de mujeres. Aunque haya mantenido esa potencia, durante los últimos años, más feministas, muchas académicas y algunos académicos, defensoras y defensores de los derechos de las mujeres, la han utilizado para analizar identidades múltiples y múltiples discriminaciones encarnadas en cuerpos de mujeres. También se ha extendido a los cuerpos y experiencias de los hombres.

Como fundamento analítico, la interseccionalidad ha sido incorporada en la investigación social y política para destacar la interacción simultánea de múltiples diferencias humanas según género, raza/etnia, clase, religión, orientación sexual, edad, capacidad, ciudadanía, identidad nacional, contexto geopolítico o condiciones de salud. En su sentido interpretativo, la interseccionalidad es una herramienta que ayuda a representar cómo ocurre la convergencia de las múltiples discriminaciones en las vidas individuales y colectivas, principalmente en las vidas de las mujeres. Es una forma de retornar al punto de partida, el de las otredades reales que exigen respuestas políticas, tras acrecentar los debates sobre la heterogeneidad social frente a la homogenización construida por los sectores dominantes, quienes persisten en negar las diferencias humanas.

Las discriminaciones múltiples y compuestas son realidades develadas con los análisis interseccionales: por ejemplo las que están ocultas tras las intersecciones sexo/raza emergen con las intersecciones género/etnia. A la vez reclaman la presencia de otras categorías, especialmente clase, capacidad u orientación sexual, en la medida en que sobre los cuerpos se han inscrito históricamente. No se puede olvidar que la reproducción de clase depende del sistema sexual que divide a las mujeres en dominadas y subalternas; que la reproducción de género depende del sistema de clase; o que la construcción de masculinidades y feminidades son social, económica y culturalmente constituidas en función de rasgos de raza/etnia o de ciertas capacidades de las personas. Su comprensión como identidades tejidas con discriminaciones múltiples reconoce el potencial político de nuevas categorías de análisis en torno al cuerpo habitado.

El estudio social y antropológico del cuerpo, las distinciones en las formas de moldearlo según se trate de hombres o mujeres, las diferencias étnicas, nacionales, de clase, y sus manifestaciones en la opresión de algunos sectores de la sociedad por otros sectores casi siempre opuestos, se han ido acentuando con contribuciones marxistas y foucaultianas. Por un lado, las representaciones acerca del cuerpo pueden ser aprehendidas como realidades susceptibles de explicar en función de cuerpos sexuados intersectados, mientras por otro, las diferentes formas de ver y vivir corporalidades y corporeidades entran al ámbito de los análisis culturales y sociales como elementos inseparables del cuerpo y sus formas de pensar, vestir, sentir, resultantes de los procesos de represión de todas aquellas identidades que no encajan en el esquema pensado por el orden capitalista.

Cada aproximación al cuerpo obliga a reconocer las heterogeneidades que determinan una realidad humana, una elección filosófica, un órgano de goce, un instrumento polivalente de acción, una fuente de creación un espejo de relaciones sociales. El cuerpo opera como campo de "intersección" y "encuentro" que caracteriza los fundamentos de la exclusión y sus nuevas concepciones podrán ofrecer una nueva comprensión de las múltiples intersecciones que confluyen a su configuración a partir de las experiencias vividas por mujeres y hombres cuyas identidades expresan interseccionalidades género[3] / raza / etnia / clase /lenguas / edades / generaciones que paulatinamente, y al hilo de la conciencia colectiva, van siendo reconocidas en sus diferentes posiciones y perspectivas.

La aceptación, en su doble acepción analítica y política, de categorías que se intersectan sobre los cuerpos, no solamente ha abierto espacios de discusión sobre la distribución del poder social mediada por la condición, la situación o la posición de los seres humanos en cuanto sujetos cognoscentes, sociales y políticos. También ha propiciado cúmulos de encuentros entre estrategias de resistencia para reclamar el desentrañamiento de los modos como se entrecruzan las múltiples sujeciones y comprender las relaciones con otras mujeres también surcadas por cruces que van configurando identidades intersectadas y que nos obligan a preguntar ¿cómo enfocar, por ejemplo, problemáticas como los desplazamientos forzados sin desconocer su configuración étnica o de género?, ¿cómo plantear la vigencia de los derechos humanos y de la ciudadanía plena, si en las propias dinámicas sociales circulan racismos, homofobias y sexismos?, ¿cómo convivir en un mundo multicultural, globalizado, altamente diferenciado y desigual?, ¿cómo reconocer la heterogeneidad de los grupos humanos con sus complejidades?, ¿cómo incorporar las discriminaciones interseccionales o proclamar la construcción de procesos de transformación[4].

Vamos a despojarnos de eso que no soy yo, pero que he vestido y he usado inconscientemente para buscar, con mucha frecuencia, la aprobación política, económica, ideológica o cultura...
NOTAS:
  1. ® Pueblos africanos y afro-descendientes, pueblos árabes y del medio oriente, pueblo palestino, pueblos asiáticos y descendientes asiáticos, pueblos indígenas. Tráfico de personas, trata de esclavos y esclavitud, discriminación basada en ocupación y descendencia, migrantes y trabajadores/as migrantes, personas refugiadas, personas que buscan asilo, personas sin Estado, personas desplazadas. Crímenes por odio, intolerancia religiosa, antisemitismo, islamofobia. Castas, colonialismo y ocupación extranjera, etnia y minorías nacionales, minorías lingüísticas. Justicia criminal y sistemas judiciales.
  2. ® Por distintas circunstancias inherentes a las realidades discriminatorias, el género ha sido percibido como algo propio de mujeres. El concepto género, acuñado por las feministas el pasado siglo, está relacionado con la puesta en evidencia de relaciones de poder y desigualdad estructural entre los sexos, cuyas manifestaciones alcanzan todas las esferas de la vida social y privada, a tal punto que su erradicación es parte de los compromisos éticos impostergables de las sociedades y, más aún, de los movimientos comprometidos con el desarrollo de alternativas para el cambio.
  3. ® La política de la identidad / identidades entrecruzadas han sido descritas como luchas entre los componentes de la categorización jerárquica de diferentes opresiones que definen las vidas y el activismo de las personas; por ejemplo, los debates sobre quién es más objeto de opresión y, por tanto, quién goza de más legitimidad para pronunciarse en contra de ciertas opresiones (y sus causas).


3. Configuración de identidades.
La identidad no es el fin sino el principio de la autoconciencia y de la existencia colectiva. Las mujeres han profundizado en la comprensión del entrecruzamiento de sus múltiples categorías constitutivas en la medida en que sus propias diferencias han enriquecido el activismo colectivo. A la vez, continúan exigiendo no solamente nombrar dichas identidades sino entender las dinámicas locales, regionales y globales como elementos claves para analizar la exacerbación de nuevas formas de discriminación que agudizan la problemática de las mujeres. Buscan detener sus avances devastadores.

Las identidades afectan las maneras de pensarse, trabajar e involucrarse en las organizaciones, movimientos o grupos. También originan y mantienen debates. Dichos debates se mueven entre la política de la identidad, la interseccionalidad, las identidades entrecruzadas o las identidades intersectadas, para referirse a las formas de interacción entre dos o más categorías sociales con el fin de conceptualizar sus efectos políticos e ideológicos dentro del marco de los derechos humanos, incluyendo (pero sin limitarse a) nacionalidad, clase, socialización, cultura, edad, sexualidad, género, generación o ubicación geográfica. Así se observa la diversidad de las mujeres y la su vida diversa en:

La constitución de las identidades dominadas de los grupos afrodescendientes, según reflexiones de teóricas como Gloria Andalzúa o Levins Morales, es "la historia de las identidades construidas y reconstruidas en la diáspora y la hibridación, es decir en los desplazamientos y experiencias multilocales o pertenencias múltiples".

Las mujeres que experimentan en sus cuerpos cierto tipo de discapacidad viven su "ser-mujer" de manera muy particular al extremo que ninguna otra especifidad marca de manera tan determinante el cuerpo de las mujeres, porque comporta normalmente un sentimiento de carencia muy agudizado.

Las mujeres mayores no son invisibles porque no se vean, sino porque no cuentan, una realidad que expresa a profundidad la construcción cultural del ciclo vital de las mujeres y las relaciones entre generaciones:

El sistema social organizado con la interacción entre individuos sigue y obedece dinámicas y leyes propias que pueden estar influenciadas o condicionadas por normas institucionales.

La experiencia es una estrategia que permite ver las marcas que han dejado las inequidades, aquellas que se pueden ver pero también las que no se dejan reconocer para saber lo que hemos sido, lo que somos, lo que estamos siendo.

En esta dinámica, la configuración y la organización estructurales de las relaciones sociales no sólo están institucional y/o socialmente condicionadas sino, también, aparecen como "acciones y probabilidades de acción" entre individuos. Estas últimas son en realidad producto de la acción humana y se puede cambiar por la misma; con sus interrelaciones los individuos participan en dinámicas llenas de conflictos encarnados en la confrontación identidades/discriminaciones múltiples. Cada mujer va a vivir experiencias distintas que, con harta frecuencia, de acuerdo con sus condiciones materiales e ideológicas, acrecientan situaciones adversas que les impide develar los alcances del poder impuesto a los marcadores corporales: sexo, color de la piel, forma de los ojos, características del cabello, lo mismo que a los marcadores culturales o políticos: casta, descendencia, acento y lengua, religión, discapacidad, estado de inmigrante, refugiada/o, traficada/o y inmigrante, orientación sexual, origen nacional o étnico.

Las múltiples discriminaciones que vivimos hoy las mujeres, unas más, otras menos, por ser mujeres, negras, pobres, rurales, muy jóvenes, viejas, lesbianas, feministas, tienen una causa común y sobre todo unas consecuencias devastadoras, en palabras de Martha Nussbaum estas múltiples discriminaciones han producido en nosotras, al menos en la gran mayoría de nosotras;

Capacidades Humanas Desiguales...


4. Identidades múltiples y cambio colectivo
Las ideas sobre diversidad se experimentan como asunto de grupos minoritarios aunque los movimientos dedicados a estas causas han producido análisis y propuestas de orden integral. En esa medida, la interseccionalidad ofrece múltiples discusiones a los sectores involucrados en la lucha por la erradicación de todas las formas de discriminación.

Interpretar los alcances del poder desplegado para homogeneizar cuerpos, sujetos, subjetividades, identidades, exige introducir múltiples saberes que den cuenta de las múltiples identidades, destruir los mitos e ideas que construyen una forma de identidad "estándar, única indivisible e inmutable", desestructurar las rígidas formas de conocimiento que subsumen a los individuos en un modelo oficial, deconstruir las formas de opresión y las relaciones sociales subordinadas, crear espacios y herramientas para resignificar poderes a fin de convertirlos en fuente de potencialidad de los sujetos que resisten, desarticular el amor como forma de sujeción, desintegrar los parámetros mentales de superioridad masculina que fabrican una definición jerárquica entre los sujetos.

En pocas palabras, exige múltiples acciones para que todas las vivencias diferenciadas contribuyan al cambio colectivo, para convertir las diferencias que sus cuerpos encarnan y sus mentes cultivan en fundamento de transformaciones políticas. Las identidades múltiples constituyen la génesis de los distintos procesos de resignificación orientados a las transformaciones. Entre estos nuevos significados surgen, con vigor, las metas culturales y políticas inscritas en los movimientos sociales, vistos como estrategias desplegadas para asegurar la producción de nuevos sentidos, valores y principios de inclusión en el ámbito del ejercicio de los derechos humanos. Por supuesto, si no se admite la integración de las identidades múltiples, el trabajo a favor de la justicia social se puede quedar en mera intencionalidad; además, se corre el riesgo de reforzar la homofobia o de acentuar la subordinación de género, raza y etnicidad.

La construcción de procesos de transformación reclama privilegiar el cuerpo como bien cultural para asegurar la construcción de identidades intersectadas y despojarse de la identidad única impuesta durante siglos. La meta ideológica es reconocer identidades que rompan fronteras para ir más allá de la discriminación por género, más allá de la discriminación por raza o descendencia y discriminación cultural, más allá de la discriminación basada en la clase. La meta política es recuperar las identidades múltiples, denunciar las múltiples discriminaciones y reivindicar sus derechos de grupo, que no sólo las diferencia de los hombres sino que experimentan lo femenino de manera diversa.

"Soy una mujer india viviendo en Estados Unidos, que experimenta discriminación como mujer de color y como mujer inmigrante pero que tiene privilegios de clase social.
El que yo niegue ese privilegio para poder ser poderosa como la voz de los oprimidos es ser irresponsable.
Como mujer india de clase media-alta e Hindú en India tengo la responsabilidad de enfrentar lo que los fundamentalistas Hindúes de derechas están haciendo en el nombre de mi religión.
Sólo por ser mujer no puedo declararme en solidaridad inmediata con las mujeres musulmanas y hacerme creer que mi experiencia de opresión es igual a la suya"
[5].
NOTAS:
  1. ® Mallika Dutt, Breakthrough, India/Estados Unidos. Reiventando la Globalización. Noveno Foro Internacional AWID. Guadalajara, México. Octubre de 2002.


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