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Bolivia: ¿De quién es la tierra?
Autores corporativos:
Instituto del Tercer Mundo (autoría; canal)

   Descripción    Clasificación   
Fecha:
12 de Septiembre de 2005
Entradilla:
Aproximadamente 100 poderosos clanes familiares se reparten las tierras más fértiles de Bolivia. Mientras, el 90% de la población compuesta por campesinos e indígenas se encuentra sumido en la pobreza, lo que está generando actualmente la ocupación de extensos latifundios improductivos. Según el Informe de Desarrollo Humano 2005 de Naciones Unidas, el mal reparto de las tierras y las riquezas es el principal generador de conflictos e inestabilidad social y política que desde hace ya un tiempo vive el país.
Introducción/Descripción:
El Informe Desarrollo Humano 2005 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), publicado recientemente, señala que la distribución de la tierra en Bolivia es tan dispar que menos de 100 familias son propietarias de 25 millones de hectáreas, mientras que dos millones de familias campesinas (la gran mayoría indígenas) apenas tienen acceso a la tierra y trabajan en cinco millones de hectáreas.

Esto significa que poco menos de 100 clanes familiares disponen de cinco veces más tierras que los campesinos pobres, que deben conformarse con subsistir en los minifundios, en su mayoría degradados por la sobreexplotación agrícola y la baja productividad.

Esta enorme desigualdad en el acceso a las tierras aptas para la agricultura y ganadería podría explicar, en parte, la paradoja que vive el país: cuenta con un territorio muy extenso y rico, dotado de grandes riquezas naturales y biodiversidad; sin embargo, la mayoría de la población vive en la pobreza o en la indigencia.

Según el PNUD, esta gran desigualdad es el motor de los constantes conflictos que vive el país y la causa principal de su inestabilidad política y social. A su vez, la persistencia de estas desigualdades torna inviable la democracia y la convivencia pacífica, aseguran los especialistas que realizaron el informe.

El agro partido en dos.

Según una nota publicada en Rebelión, el agro boliviano está partido en dos, parcelado entre los gigantescos latifundios, la mayor parte de ellos improductivos, y cientos de miles de pequeñas propiedades campesinas que no dan ni para el abastecimiento propio de los agricultores. La economía campesina aporta más alimentos y producción agrícola al mercado local, que los latifundios dedicados preferentemente la exportación de soja y los cultivos de arroz, azúcar, algodón y a la explotación de maderas preciosas que, por otra parte, trae consecuencias dañinas para el medio ambiente.

En el país existen al menos 250 mil campesinos sin tierra, que deambulan en las periferias de las ciudades ensanchando, cada vez más, los cinturones de pobreza y que constantemente ocupan tierras de los latifundistas, de las que son desalojados a bala y látigo por el Ejército y la Policía o por mercenarios contratados por los dueños de las tierras.

La principal consigna de los campesinos e indígenas es la realización de una reforma agraria que expropie las tierras a los latifundistas para poder trabajarlas. "Con un 90% de la población indígena y campesina sumida en la pobreza, la sed de tierra está generando actualmente la ocupación de extensos latifundios improductivos, que están en manos de empresarios, militares y adherentes a las dictaduras de las décadas de 1970 y 1980, y del esquema neoliberal de los 90", señala Econoticias Bolivia.

"Esas tierras las vamos a ocupar, si es que el gobierno no tiene la capacidad y la voluntad política de revertir estas propiedades que no cumplen ninguna función económica y social, y sólo sirven para negocios y tráfico de tierras", dijo a este medio el líder de los campesinos sin tierra, Ángel Durán.

Por otra parte, en el occidente del país, la tierra va perdiendo su fertilidad y ya no da para el abastecimiento de los campesinos. "El proceso de fragmentación extrema de la tierra en el altiplano y los valles, en superficies cada vez menores, presenta problemas para la aplicación de tecnologías más eficientes, las cuales posibilitarían la generación de excedentes y la acumulación de capitales", señala Econoticias sin citar su fuente.

Desigualdad al máximo.

En los últimos años, esta extrema desigualdad e inequidad existente en área rural ha potenciado las abismales diferencias de ingresos en el área urbana y en todo el país. El Informe del PNUD establece que el ingreso del 10% más rico de la población supera 90 veces al ingreso del 10% más pobre.

Estas diferencias basadas en la riqueza son el primer eslabón de un ciclo de desigualdad que persigue a la gente durante toda su vida, señala el documento. Y esto se repite de manera dramática en todas las esferas de la vida de los bolivianos. Las mujeres de hogares pobres tienen mucho menos probabilidad de recibir atención prenatal y en el parto por personal médico especializado y sus hijos tienen también menos probabilidad de sobrevivir y completar la escolaridad, y los niños que no la completan tienen más probabilidades de percibir menores ingresos. De esta forma, el ciclo de privaciones y exclusiones se va transmitiendo de una generación a la otra y cada vez a más personas, destaca el informe.
Publicado en:
Gloobalhoy nº5
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